Ninguno de sus amigos se acuerda cuándo apareció exactamente en el Portal Galicia. El hombre de capa negra, lentes oscuros y un eterno pañuelo que jamás se sacó, acostumbraba llegar cerca de las cinco de la tarde, hora en que salen de clases la gran mayoría de los liceos del centro de Antofagasta. Cuando se acercaban los grupos de estudiantes a comprar juegos, revistas de animé y peluches de series japonesas, se ponía a conversar con ellos durante horas, a veces casi hasta medianoche, cuando cierra el portal.

Con los años se transformó casi en parte del paisaje del centro. Como jamás se cambió la capa negra, lo tomaron como un freak más de los tantos que hay en Antofagasta. El Juan Limón. Limón porque decían que era tan feo como chupar un limón. A todos sus amigos les sorprendió la semana pasada verlo en la tele sin pañuelo y con un chaleco de colores, ahora con su verdadero nombre, Juan Francisco Díaz Cuba, de 32 años, declarando no tener ninguna culpa en el suicidio de dos niñas entre septiembre y octubre, ni menos de dirigir una secta.

Ninguno de los niños que alguna vez fueron parte de su grupo le quiere llamar secta. Las reuniones con Juan Limón en el Portal Galicia eran un encuentro entre varios escolares, todos con problemas personales o con sus familias. Se daban refugio entre ellos y consejos. “Pero como son todos depresivos, en vez de tirarse para arriba, con el ambiente terminan echándose más para abajo”, cuenta Amelia (19), una de las ex amigas de Juan Limón, hoy universitaria.

Amelia tenía 14 años en el 2009, y estaba al borde de la depresión por el bullying que sufría en el colegio, cuando conoció el grupo de Juan Limón. Alguien le pasó el dato que este hombre escuchaba y comprendía los problemas de los liceanos. Juan Limón tenía magnetismo, era simpático, bueno para la talla, un niño más a los ojos de los escolares. Según ella, con el tiempo fue para peor: los niños comenzaron a cortarse los brazos y ella se intentó suicidar con pastillas, agobiada por la presión emocional.

Ese mismo año, Juan Limón comenzó a obsesionarse con la saga Crepúsculo. Invitaba a las niñas menores del grupo (entre 12 y 14 años) a leer capítulos del libro al Parque Brasil. Un día, Juan Limón se “reveló” ante todos como un vampiro, descendiente directo de un abogado yakuza, y por lo tanto, inmortal. Los más grandes del grupo se reían de sus historias de inmortalidad y comenzaron a abandonarlo. Logan (26) fue uno de esos niños que volvió al mundo real. Hoy reflexiona:

-Los demás avanzaban en la vida, él se quedaba estancado. Y como se quedaban ahí los más jóvenes, se acercaban y le decían ‘oye, te vestí bacán’ y cosas así. Como le gustaba engrupir empezaba de nuevo a decir sus cosas. Él tenía como el síndrome de Peter Pan, nunca quiso asumir la edad que tenía.
Peter Pan o no, Juan Limón hoy tiene conmocionada a Antofagasta, desde que lo denunciaran como líder de una secta satánica vinculada al suicidio de dos niñas.

JUEGOS EN EL CEMENTERIO

Con el tiempo, Juan Limón empezó a creerse el cuento de que realmente era un vampiro. Sus seguidoras más jóvenes lo veían como una especie de salvador, un auténtico líder oscuro infiltrado en el mundo de los humanos que les abriría la puerta a los misterios de la inmortalidad. A nadie le extrañaba que Juan llegase de la mano al Portal Galicia con niñas de 12 a 14 años. Ya no eran sus pololas, sino que se “casaba” con ellas, según Amelia. “Había una niña súper agresiva que estaba con él, que se había casado también con el Limón. Era ultra garabatera y vivía hablando de la sangre”, dice. Como era una situación común, nadie tampoco quiso denunciarlo.

En ese mismo tiempo se tornó agresivo, intimidante; ofrecía protección a su grupo. “Me decía que le pegaba a los tipos que le colmaban la paciencia, me quedé tiritona, pero mis otros amigos me dijeron que no le creyera, porque el hueón era un chanta”, cuenta Amelia. Y al parecer efectivamente era así. Todos los entrevistados coinciden en que ofrecía combos a medio mundo, pero que siempre terminaba en el piso, prometiendo que “se iba a vengar”.
Desde el año pasado, Juan Limón comenzó a visitar el cementerio todas las semanas, seguido por su séquito de niñas incondicionales. Esperaban para entrar todas de la mano en la plaza frente al Cementerio General de Antofagasta, casi siempre poco antes del cierre. Misael Cortés, administrador del recinto, vivía teniendo problemas con las mañas de Juan Limón. “Las niñas se besaban acá en la plaza, entre ellas. Cuando salían, él se besaba con las niñas, se iba y las niñas quedaban llorando”, dice. Cortés reconoce que nunca denunció estos hechos, pese a que duraron meses y eran reiterativos. “Lo amenazábamos con Carabineros, pero nunca manifestó un comportamiento agresivo, cuando lo sacábamos se iba al tiro”.

A Juan le gustaba ir a dos mausoleos: el chino y el boliviano. Ambos tienen subterráneos, lo más propicio como para llevar a las niñas a jugar a la tabla ouija. Les decía que eran rituales, pero la gran mayoría de las veces era pura improvisación disfrazada de ocultismo. “Decía que tenía contacto con espíritus. Le gustaba chamullar harto de ese tema, era más un mitómano que un verdadero líder de secta”, insiste Logan.

JUAN, EL GUARDIA

Sin embargo, el vampiro tenía otra vida aparte mucho más mundana. En la tarde era Juan Limón, el inmortal, el que dormía en un ataúd. De día, cuando sus amiguitos estaban en el colegio, era Juan Díaz Cuba, guardia de seguridad de un supermercado, un tipo normal que vivía con sus papás y gustaba de escuchar a Los Nocheros, Marisela y hasta “El baile del Gorila” de Melody.

Fue en esa segunda personalidad que conoció a principios de este año a Jocelyn, una mujer de 40 años que estuvo pololeando con Juan Díaz durante un mes. Se relacionaron por intermedio de su hija, que ubicaba anteriormente al conocido personaje del centro. Pero Juan nunca llevó a Jocelyn a pasear cerca del portal Galicia. Siempre sus encuentros eran en plazas o alguna playa del sector norte de Antofagasta, lo más alejado posible del mundo otaku y gótico.

Según relata Jimmy (17), amigo de la familia de Jocelyn, Juan jamás se vistió de negro mientras estuvo con ella. “Al principio era tierno, y ella le dijo que se fueran a vivir juntos. Se puso obsesivo, si la llamaba una amiga altiro decía ‘oye, quién te está llamando’, o ‘qué andái hablando con ese hueón’”.

Juan se enfurecía de celos, y sólo aplacaba su ira encerrándose a escuchar metal y los éxitos de Marisela. Apenas pudo obtener de Jocelyn su contraseña de Facebook, se dedicó a borrar e insultar a los amigos y familiares que encontró en su página. La relación explotó cuando, enojado, le dio un pisotón con sus bototos en el pie a su polola, que andaba con chalas. Jocelyn terminó la relación y lo echó de la casa ese mismo día. Con suerte alcanzaron a durar un mes.

Aunque desde el día del pisotón nunca más Jocelyn habló con él, en la declaración que Juan Limón dio en la PDI aparece domiciliado en la dirección de su ex polola. “Debe haberlo hecho para cagarla”, piensa Jimmy. Según él, la PDI llegó a la casa frenéticamente buscando a Limón, pero no encontraron más que unos corticoides que toma la hija de Jocelyn, pensando que eran drogas.

Al día siguiente del quiebre, Juan Limón volvió a tragarse a Juan Díaz y el vampiro regresó a las calles a dar rienda suelta a sus historias sobre inmortalidad y a pasear con su grupo de niñas por el centro de Antofagasta. Eso, hasta que un suceso daría vuelta toda la vida del hombre que decía dormir en un ataúd.

SUICIDIOS SIMILARES

T. (15 años) conocía a Juan Limón desde hacía un tiempo, pero nunca reveló algún tipo de conexión con la secta de la que todos hablan. Un familiar de T. recuerda que este año ella sufrió de bullying vía la página Ask.fm, donde constantemente era insultada por anónimos, “porque era muy bonita, de rasgos finos, le decían que era gorda, que era fea, pelo con zanahoria. Eso te come psicológicamente”, relata.

Agobiada por los problemas psicológicos y el constante bullying que sufría de parte de sus compañeros, no soportó más y decidió colgarse de una viga de su habitación. Un espejo, acomodado por ella, reflejó el triángulo masónico en la pared, que otros atribuyen al “Ojo de Horus”.

Una muerte similar tuvo N., de la misma edad. Un joven que intentó suicidarse de la misma manera a principios de octubre.

Según el familiar de T, no hay un vínculo directo del suicidio con Juan Limón, piensa que es sólo la carnada y que posiblemente detrás hay alguien más. De hecho no piensa que no hay secta, más bien una posible red de pedofilia entrelazada con drogas. Respecto a Juan Limón, el familiar de T. cree que “él era guardia de seguridad, y a ellos les hacen un test sicológico, y si estaba tan mal, no habría pasado el test. Entonces encuentro que este gallo tiene toda una red pero no es el líder”.

El caso explotó y la única acusación hoy es contra Juan Limón, a quien apuntan como el inductor de los suicidios, por ser la única cabeza visible del grupo que se juntaba en el portal Galicia. Los medios comenzaron a dar diariamente nuevos detalles de la supuesta secta, que aún estudia la Fiscalía de Antofagasta, sin pruebas concretas por el momento.

Juan declaró a la prensa que no tenía ninguna relación con el caso. Dijo no saber nada sobre las niñas, menos haber visitado el portal. El pasado viernes, Investigaciones lo fue a buscar a la casa para conducirlo al cuartel de la PDI, donde declaró por cerca de cuatro horas.

Con respecto a las “pololas” de Juan Limón, según el vocero de la fiscalía, Hugo León, tampoco se han recibido denuncias sobre pedofilia, pese a la foto donde se le ve besando a menores de edad. “La foto da cuenta de un hecho, de una niña, no sabemos qué edad, primero hay que determinar edades (…) por lo menos necesitamos que la persona que aparece ahí, ella, diga a la Físcalía, vengo a hacer una denuncia”.

Hoy en el portal Galicia ya no circula el Juan Limón. Los grupos están dispersos y la historia de una secta se cuenta más como otra invención del personaje que como una preocupación. Algunos se lo esperaban. Creen que Limón pagará por juegos que se le escaparon de las manos. “Pero yo sé que él está feliz como lo muestran en la tele. De que lo tomen como un loco malo, como siempre quiso ser”, dice Amelia cuando le preguntan qué es lo que cree va a pasar con Juan. Logan cree lo mismo, que Juan Limón al final llegó a creerse sus propias ilusiones vampíricas.

¿Su personalidad daba como para liderar una secta y tomar sangre?
-Ahh… lo de tomar sangre lo dudo, porque con cuea tomaba chela.