Las pellejerías de la carrera más cara de Chile

Aranceles que bordean los siete millones de pesos, la adquisición de materiales e insumos de alto costo, la dependencia de los pacientes para aprobar determinados ramos, carencias en la docencia y el abandono del Estado en asuntos de calidad son algunos de los obstáculos para ser odontólogo. “En Chile no existe un control de calidad. Vienen universidades de papel, hacen carreras de papel, dan títulos de papel y después dan una atención de papel”, declaran desde el Colegio de Dentistas.

Futuros-Odontólogos-endeudados-hasta-los-dientes

Fue un diente. Un simple diente el que le costó un año en la carrera más cara de Chile.
Era el quinto y último tratamiento que le quedaba por hacer para cumplir la meta del ramo de endodoncia. Se había preparado durante todo el primer semestre, al igual que sus compañeros, practicando con dientes en mano. Debido al atraso de algunos, la universidad había extendido el periodo académico con el objetivo de que los estudiantes rezagados alcanzaran a terminar los cinco tratamientos de conducto que se estipulan como requisito. Era un viernes, había pasado ya Navidad y esperaba a su último paciente del año. A las 9 de la mañana este arribó con la radiografía debajo del brazo. El examen daba cuenta de una lesión compleja. Algo que podría parecer un desafío mayor para un alumno, era una desgracia. En endodoncia, un estudiante de cuarto año solo puede tratar al paciente que tiene una lesión menor, las situaciones más complejas son derivadas a profesionales. Este caso requería la atención de un odontólogo. “Las condiciones de la pieza dental no eran las adecuadas y, por culpa del diente, me eché el ramo”, declara.

El estudiante debió permanecer un año más en la universidad, una situación que, producto de los altos aranceles y gastos, se hace difícil de sobrellevar.

La carrera más cara

Dentro de los 30 primeros puestos en el ranking de las escuelas más caras de Chile, 15 son ocupados por carreras de odontología de diferentes facultades del país.
No hay una facultad de odontología cuyos aranceles bajen de los $4.000.000 al año. La Universidad de Talca es la institución más barata del país en esta área e imparte la carrera por $4.076.000. El otro extremo es ocupado por la Universidad del Desarrollo (UDD). Solo el arancel alcanza los $6.625.000 al año sin considerar la matrícula, que implica un gasto de $710.000 más. Es la carrera más costosa en la universidad más cara. Nadie en Chile paga más por estudiar, y no está acreditada. “Hace por lo menos tres años nos vienen diciendo que está en proceso de acreditación. El año pasado insistimos y nos dijeron que estaban arreglando todo para poder recién postular. Cada vez que alegamos nos dicen que la acreditación se está tramitando”, declara una alumna de tercer año en la UDD.

Después de la UDD, el arancel más caro es el de la Universidad Andrés Bello (Unab). En agosto, más de 600 alumnos de odontología de esa casa de estudios se dieron cita en la sede de Casona de Las Condes con el objetivo de funar la reunión que ahí congregaba a todos los decanos, el vicerrector académico y la comisión de acreditación. Durante más de tres horas, al son del ensordecedor ruido de tarros metálicos de dentistas, centenares de jóvenes vestidos de delantal celeste, gorra, mascarilla y guantes entorpecían el diálogo al interior de la sala de reuniones. Por la ventana podían ver al propio decano de su facultad con una cara de indisimulable molestia.

“Dónde están los $7.000.000”, reclamaba el lienzo principal de la manifestación. Solo en términos de matrícula y arancel un alumno de la Unab tiene que desembolsar $7.138.000 al año. La facultad alberga a cerca de 1.200 alumnos y cada año entran 220 que, en promedio, demoran ocho años en egresar. “Se nota que no hay una reinversión. Esa es una de las cosas que exigimos, que se transparente en qué se gastan los siete millones que pasan los mil alumnos todos los años”, afirma Matías Villanueva, coordinador general del Centro de Estudiantes de Odontología (CEO). Él fue uno de los líderes de la movilización y, según cuenta, alrededor de un 60 o 70% de sus compañeros estudia con crédito. La plata no se ve reflejada en la infraestructura y las salas clínicas y cursos están colapsados, dice. No dan abasto, por eso demandaron que el cupo de alumnos descendiera a 120. Las manifestaciones duraron tres semanas y cesaron hace meses. Las esperanzas de sus estudiantes están depositadas en unos cuantos compromisos de palabra proclamados por las autoridades para dar fin a las movilizaciones, entre ellos rebajar la cifra de ingreso a 170 para el siguiente año. Los aranceles, sin embargo, no están dentro de las promesas; esos no se tocan.

En la Universidad de Chile el arancel rasguña los cinco millones. Una gran parte de los estudiantes solo puede abordar este gasto a través de créditos. Un ex dirigente estudiantil de la facultad, beneficiario del Fondo Solidario (con un interés del 2%), sacó algunos cálculos para estimar su futura deuda. “Si se sigue el pago del crédito al pie de la letra, es decir, si pago el 5% de mi sueldo una vez licenciado, calculando un sueldo promedio de 800 o 900 lucas, voy a egresar debiendo 40 millones y voy a terminar de pagarlos casi a los 60 años”. Esa estimación solo contempla la carrera regular. La especialidad, alternativa cada día más frecuente dentro de los estudiantes, la aumenta de manera considerable.

Pero, además de los altos aranceles, odontología tiene otra particularidad: es una de las carreras con el índice más alto de gasto por insumos durante el periodo universitario.

El desafío de los insumos
Rafael, estudiante de 5to de odontología, fue a buscar el botiquín en el que guarda las cuatro herramientas más importantes y costosas de su carrera. Estaba en uno de los pasillos de la clínica odontológica de su universidad cuando reparó en que la pequeña maleta estaba abierta. Le habían robado la turbina. “Luego de alegar mucho pude ver las cámaras de seguridad, pero la pésima resolución no dejaba ver absolutamente nada. No me dieron ni pelota en la u”, relata. El robo le costó $100.000 que tuvo que desembolsar él mismo para poder seguir cumpliendo con las prácticas de su carrera. Esta situación no es poco usual y las consecuencias nuevamente perjudican la economía del estudiante.

Las herramientas e instrumentos requeridos para cursar la carrera forman parte de otro tema que despierta polémica. En la mayoría de las facultades solo se proveen los elementos básicos: gorras, mascarillas y guantes. Todo lo demás corre por cuenta del alumno. La Universidad de los Andes es una excepción en esta materia. Dentro del arancel (6,5 millones) están incluidos todos los insumos que el alumno requerirá durante la carrera. “En promedio, sin considerar primer año, uno se gasta aproximadamente un millón de pesos al año en puros materiales”, dice Juan Carlos Carrasco, miembro del CEO de la Unab. La cifra varía dependiendo de la universidad, pero no suele bajar de los $300.000 por año.

El kit imprescindible para cualquiera que curse la carrera (incluye Micromotor, Turbina, Contrángulo y Pieza Recta), ronda los $400.000. Aunque algunas universidades prestan instrumentos, esto es la excepción a la regla. Casi todos los compran. Algunos los consiguen de segunda mano con compañeros recién egresados, otros en el persa en su versión pakistaní, y los más afortunados, adquieren la versión japonesa (NSK) en casas dentales. “La carrera de odontología es súper elitista. Estai rodeado de viejos paltones. Quieras o no se genera una especie de discriminación con lo de los materiales. Al alumno que no tiene, el profesor le agarra mala”, dice un estudiante de la Universidad de Chile de 5to año.

“Con lo que están cobrando algunas universidades podrían pagar los insumos y mucho más. Según lo que uno ve, especialmente en las privadas, los ingresos económicos son desproporcionados”, afirma el presidente del Colegio de Cirujanos Dentistas, Jaime Acuña.

Incluso los dientes se han convertido en un problema. Hay ciertos ramos en los que, a modo de práctica, se exige tratar con dientes. Cuando las prácticas son con fantomas –maniquíes habilitados para tratamientos odontológicos-, se requiere de dientes de marfilina. Cada uno de ellos cuesta entre $1.500 y $2.000 y los alumnos que cursan preclínica (de 1er a 3er año), dependiendo de cuán hábiles sean al trabajar con ellos, deben comprar entre 20 y 40 anualmente.
Otro requisito lo componen los dientes naturales. Estos son gratis, pero conseguirlos es una tarea dificultosa para algunos. Las alternativas más frecuentadas son los consultorios, las postas y los hospitales. Sin embargo, no es llegar y pedir. The Clinic, dateado por alumnos de la carrera, intentó conseguir dientes en algunos centros odontológicos de la capital recibiendo únicamente respuestas negativas.

Hay quienes, incluso, han recurrido hasta los cementerios. El año pasado, Josefina (estudiante de tercero, que no quiere revelar su nombre real) fue al Cementerio General en búsqueda de dientes de cadáveres no reconocidos para cumplir con el requisito que le hicieron en la UDD. Al llegar a Recoleta, desde la administración le indicaron que era necesaria una carta del director de carrera dirigida al director del cementerio acreditando que los dientes serían utilizados con fines médicos. El director de la carrera redactó la carta, pero el Cementerio General hasta el día de hoy no da una respuesta. “Se supone que ahí uno puede pedir cualquier tipo de dientes, pero no me respondieron nada. Por eso tengo que pedirle a dentistas conocidos para que me puedan dar dientes”, afirma la alumna.

Misión pacientes
Y si conseguir dientes parece ser un elemento de estrés, tener pacientes es por lejos el factor que más genera tensión entre los alumnos. A partir de 4to año la carrera inicia los ramos clínicos con atención directa de pacientes. En odontología se funciona con metas. Cada ramo plantea las suyas en términos de atención y, si al final del semestre (o del año) el estudiante no las ha cumplido, se reprueba el ramo sin apelaciones.

Conseguir pacientes no es una misión fácil. Hay ramos con más de 100 alumnos en los cuales todos necesitan pacientes que precisan del mismo tratamiento. Encontrarlos se ha convertido en un desafío considerando que los alumnos deben condicionar la atención únicamente para los horarios en que se imparte el ramo. Además, el tratamiento debe ser costeado. De ahí se desprende el segundo problema.

Son los pacientes los que deben pagar sus tratamientos. Los precios, ampliamente más baratos que los del mercado, siguen alcanzando cifras que algunos no pueden costear. “Hay dos tipos de pacientes: el que, habiendo terminado su tratamiento, no ha pagado todo y el que se da cuenta de que no va a poder terminar de pagar y no va más”, sostiene un alumno de la U de Chile. En el primer caso, el estudiante se convierte en una suerte de deudor solidario con el paciente. Es decir, con el objetivo de no reprobar y repetir un año entero más -lo que implicaría el pago otro año de arancel-, los futuros odontólogos sacan la billetera nuevamente para financiar la atención. “Es mejor pagarle las 100 lucas del tratamiento antes que pagar los millones del arancel”, concluye Juan Carlos Carrasco, de la Unab.

“Los alumnos están en la universidad para aprender, no para andar cobrando cuentas. No hay dos discursos para el Colegio de dentistas, no lo aceptamos. Creemos que académicamente es malo. Se lleva la razón del alumno a un componente de mercado y eso no corresponde”, afirma Jaime Acuña.

El hijo no reconocido
Dentro de las carreras de salud, odontología es una abandonada por el Estado. A diferencia de medicina, no existe la obligación de rendir una prueba nacional que dé cuenta de las competencias del egresado. Tampoco hay una exigencia legal que implique que todas las facultades acrediten la carrera. “Los médicos y dentistas son los únicos profesionales que pueden diagnosticar y tratar. Sin embargo, la odontología ha pasado a ser el hijo no reconocido de la salud. En garantías de calidad tenemos un Estado absolutamente ausente”, afirma Jaime Acuña, presidente del Colegio de Dentistas.

A principios del 2000 las escuelas de odontología no superaban la media docena. Hoy, son cerca de 40 y, según datos del Colegio de Dentistas, solo 15 de ellas están acreditadas. Esta misma demanda explosiva es la que ha generado que hoy haya institutos técnicos y universidades impartiendo la carrera sin la infraestructura necesaria. Por otro lado, los cuerpos académicos de las distintas facultades están siendo formados por docentes con escasa experiencia en docencia.

En la actualidad, Fonasa solo cubre cierto tipo de tratamientos dentales (obturaciones y endodoncias) y únicamente a pacientes que tengan entre 12 y 18 años. “Es absurdo. Si tienes 20 años todo sale de tu bolsillo, por eso los dentistas son tan caros. El Estado no asegura la atención dental, acá la cosa no es un derecho, esa es otra señal de abandono. En Chile es más barato tener una guagua que arreglarse los dientes”, afirma el mismo Acuña. Y las isapres tampoco son un gran alivio. “Es difícil hablar de las isapres en general, porque todas tienen planes distintos. Hay unas que no tienen ninguna cobertura, otras una muy básica, pero están obligados a cumplir algunas prestaciones específicas, que son las que cubre Fonasa. Pese a que deben entregarlas, nadie dice cómo, entonces las coberturas suelen ser muy bajas”, declara Camilo Cid, secretario ejecutivo de la comisión encargada por Bachelet para revisar el sistema de isapres.

Teniendo en cuenta los problemas que los aquejan, hace tres años alumnos de odontología dieron vida a la Asociación de Estudiantes de Odontología. El organismo busca conformar un proyecto político de representación estudiantil que busque mejoras en las condiciones del estudiantado de esta carrera. “El que se abra una escuela de odontología hoy, al no tener regulación, puede estar al arbitrio de quien tuvo la voluntad y las lucas para poder implementar el programa. Además, tampoco sabemos si las escuelas no acreditadas tienen las exigencias académicas que corresponden”, sostiene el presidente de la organización, Edgardo Pacheco.

Nadie les advirtió de todas las consecuencias que tiene estudiar para ser dentista. El panorama era mucho más esperanzador cuando tomaron la decisión de ingresar a la universidad. Ya cursando la carrera, el mayor consuelo de estos futuros profesionales es, una vez titulados, ganar un sueldo lo suficientemente alto como para poder sortear las millonarias deudas que hoy los aquejan a ellos y a los miles de aspirantes a dentistas de Chile.

The Clinic Newsletter
Comentarios