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“Así le conté a mis padres que soy actriz porno” se titula un artículo que publica el diario El País de España en el que da cuenta de la historia de algunas jóvenes que se dedicaron a las películas XXX.

La estadounidense Jiz Lee, es una de ella, y dice que “todo empezó ignorando una llamada de teléfono de mi padre”.

Relata que“soy una mentirosa horrible y responder significaba dar explicaciones de por qué estaba en Berlín: porno, estaba haciendo porno”.

La frase, confiesa, fue el momento en que optó por sincerar ese aspecto desconocido de su vida.

“Estaba manteniéndolo aparte de mis familiares como si estuviera avergonzada cuando en realidad estaba muy orgullosa. Todos los testimonios reflejan los estigmas de una sociedad cuya madurez cultural en este terreno está todavía en un bochornoso nivel previo a la adolescencia”, expone en un texto que se titula “ensayos sobre pornografía”.

Otro testimonio que recoge El País es el de Amarna Miller.

“Empecé detrás de las cámaras con mi propia productora hace cinco años, así que mi círculo más cercano ya sabía que me dedicaba a algo relacionado con la industria sexual. Cuando di el paso y empecé como actriz, nadie se sorprendió”.

“Con mi familia no tenía en aquel momento demasiada relación y lo supieron cuando aparecí en medios de comunicación ‘mainstream’. No me sentí en la obligación de contárselo. ¿Tendría que llamarles para decirles que era camarera? Entonces, ¿por qué sentirse en la obligación de decirlo si soy actriz porno?, manifiesta.

Según cuenta Silvana Violet, de 22 años, al principio sólo le contó a una amiga que iba a Madrid a rodar una escena de corte porno. Pero después se vio obligada a confesar todo, pues luego de unas horas todo su pueblo de origen, Monzón, incluida su familia, la había visto.

“Les solté que hacía de doble para secuencias comprometidas de cine convencional, pero cuando se enteraron de la verdad me dijeron que hiciera las maletas y me fuera”.

“Estuvimos dos o tres meses sin hablarnos. Son muy cerrados, de otra mentalidad. Me quedé en Madrid y dejé pasar algo de tiempo para volver al pueblo y hablarlo. Les pedí perdón y lo asumieron”, agrega.

“Siempre hay dudas y miedo”, afirma Gala Brown, que se lanzó al cine XXX después de meses de striptease, oficio que ejercía a la par de un trabajo convencional.

“Mi madre se lo olía, pero no se atrevía a preguntar. Cuando se lo dije me apoyó totalmente. Al que más me costó decírselo fue a mi hermano pequeño, que tenía 16 años cuando empecé hace cuatro años, con 20. Luego se lo tomó súperbien”, recuerda.

Otro caso es el de Carolina Abril, española de 23 años.

“Dijo que si era lo que quería hacer, adelante”, fue lo que le dijo su madre, mientras su padre no reaccionó nada bien.