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Que levante la mano quién no ha tenido sexo en uno de esos lugares donde se puede ser sorprendido, como un baño, un estacionamiento o la casa de la suegra. Pues bien, acá cinco relatos de situaciones que acaso nos harán recordar momento vividos en medio de la adrenalina de tirar con gente dando vueltas por ahí.

En la casa de la suegra

“Llevábamos 3 años de pololeo y la relación ya era de confianza”, cuenta la mujer que se identifica como Pamela en el blog “sexo sentido” de Karen Uribarri.

Refiere que el nivel de confianza era tal que “mi suegra no nos molestaba si estábamos en la pieza con la puerta cerrada”.

“Un día salimos de la piscina y nos fuimos a su pieza. Ya habíamos hecho precalentamiento en el agua… así que entramos y sin ninguna vergüenza, hicimos el amor con toda la familia dando vueltas. Claro que lo hicimos calladito… todavía nos acordamos del susto cuando sentíamos los pasos cerca de la puerta”.

En las rocas de Con-Cón

La protagonista se llama Andrea y cuenta que “esto fue en 4 medio, verano, fuimos con unas amigas al Jamaica-Jamaica a bailar y conocimos a unos argentinos guapos. Luego de tomar y bailar y cantar mucho, comenzamos a -en esa época- a “atracar” y la cosa comenzó a subir de tono y bueno, partimos todos, mis amigas y sus respectivos ‘pinches’ de esa noche a las rocas que están al frente. Entre lo romántico que era estar al lado del mar y la luna, las cosas se fueron dando y dando y bueno, terminamos ‘tirando’ arriba de una roca. Imagínate lo duro que era cuando él estaba encima mío y más encima moviéndose. De todas maneras fue anecdótico y rico, además que inolvidable. ¡Tenía 18 y aún me acuerdo! Por lo demás él no era muy suave que digamos, porque a esa edad (habrá tenido 19 máximo), lo que menos te importa es cómo se siente el otro, ¿no? Con mis amigas del colegio aún nos matamos de la risa cuando nos acordamos. Además que estábamos bien expuestas, porque era un conocido mirador y donde pasaba mucha gente, pero filo a esa edad nada te importa, eres inmortal y puedes hacer todo, incluso tirar en unas rocas”.

En el escritorio de su Jefe

Katia relata que el amante ocasional era un empleado de la empresa. “Un día subí a su oficina y ahí empezó todo (ajajjaa). Entramos a la oficina de su jefe que era terrible y lo hicimos sobre su escritorio. La oficina era casi toda de vidrio ¡y pasaban los conserjes alumbrando hacia dentro de la oficina con linternas! Fue pura adrenalina. Luego yo estaba en el baño ahí mismo y llegó la secretaria que venía de un Happy Hour y también tenía llaves… Él tuvo que entretenerla y hacer que entrara a otro baño ni me acuerdo con qué mentira. Estuve más de una hora encerrada en un baño de 1×1. Pero valió la pena porque fue lo máximo. Nos reímos un año y hasta el día de hoy me acuerdo de él por eso…”.

Paula y su historia en un baño

“Nos invitaron a un asado fuera de Santiago. Como nuestro hijo estaba enfermo lo dejamos con mi suegra y partimos solos. Estábamos contenidos y lo único que queríamos era estar juntos. Así que en medio del aperitivo y mientras se asaba la carne, nos escabullimos al baño de la casa (era muy grande, en medio de una parcela) y en las baldosas tuvimos el sexo más ardiente de todo nuestro matrimonio. Los amigos se escuchaban en el pasillo, pasando para allá y para acá, y nosotros hasta sudados en el suelo del baño. Inolvidable”.

En un estacionamiento del Alto Las Condes

Francisca narra que estaba con su pareja en el conocido mall capitalino, donde se quedaron haciendo compras hasta tarde. “Pasamos a comer algo y tomamos vino… mucho parece. Cuando fuimos al estacionamiento nos íbamos besuqueando de lo lindo muertos de la risa. No quedaban casi ya autos, pero estaba todo iluminado. Nos subimos a la camioneta y terminamos haciendo el amor como animales en celos. ¡Súper calientes! Y además con el miedo a ser vistos… Luego nos dimos cuentas de que había cámaras en todas partes… Dimos un espectáculo”.

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Cruising en Santiago: Sexo casual en baños públicos – The Clinic Online