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Si el delantero uruguayo Edinson Cavani está leyendo este artículo sabrá a ciencia cierta que el dedo de Gonzalo Jara metido en el orificio de su ano es una situación más que corriente, pues aunque no se crea, los seres humanos, de manera deliberada o casual, suelen introducirse objetos en aquel oscuro rincón de la existencia.

“Hay un paciente que ha sacado lo mejor de mí. Ya van tres veces que meto mi mano con guante en su canal anal con miedo de causarle dolor. Pero no, resulta que el masoquista pervertido disfrutó cada segundo”, relata una profesional de la salud a Vice.

En su narración, la mujer sostiene que “las personas se meten todo tipo de objetos en todos los orificios del cuerpo y el ano es, por mucho, el orificio favorito”.

Recuerda, por ejemplo, el caso de una persona que “llegó a urgencia tambaleándose al caminar y no quiso sentarse en la sala de espera. Lo que pasó fue que trató de hacer sus propias cuentas anales con nueces y pernos dentro de un condón pero el condón se rompió y tanto las nueces como los pernos se quedaron dentro de su ano”.

“Cada semana llegan mínimo cinco pacientes con cosas atoradas en el culo”, revela.

Cuenta además que si hay algo particular en el hecho son las excusas que algunos presentan a la hora de pedir que les metan las manos en el recto.

“Un hombre aseguró que guardaba sus pepinos en la regadera, se resbaló y cayó sobre uno de esos pepinos y que por eso terminó perdido en su canal anal”.

Dice que casos como esos son comunes, y que la “gente es muy imaginativa cuando se trata de estimulación anal autoerótica”.

Aquí rememora la historia de un hombre de 50 años de edad que se “insertó una anguila viva en su recto para “curar el estreñimiento”. Por desgracia, la anguila devoró parte de su intestino y lo perforó. El hombre tuvo que someterse a cirugía y estuvo dos meses con una bolsa para colostomía. ¿Por qué metió la cabeza primero? Por lo visto, los jerbos también son populares por los rasguños. Una vez llegó un paciente al que le dolía un costado y en las radiografías vimos que un jerbo había mordido su intestino y se había sofocado dentro de él”.

En el catastro de lo que ha sacado del poto de las personas cuenta: columnas de bases de cama, manijas de puerta, frascos de mayonesa, velas, una pistola pequeña, un combo de periódico con dulces, un salami de 30 cm de longitud y 20 cm de ancho, pelotas de tenis, un tubo de aluminio, mangos de hachas, soldadores eléctricos, una cola de cerdo congelada, una espátula y un picador de hielo. Incluso hubo un caso donde tuvimos que extraer un vibrador de un hombre de 65 años de edad que lo tuvo dentro del recto por seis meses y hasta viajó por el mundo con él. También llegó un chico de 20 años con una botella de V8 en el colon. Trató de sacarlo con un gancho para ropa y se desgarró el colon. Lo triste es que todavía vivía con sus padres cuando pasó y lo acompañaron durante la cirugía. Terminó cagando en una bolsa por el resto de su vida”.

Como para cerrar, la experta aconseja: “si te gusta meterte objetos domésticos por el culo, los doctores te van a preguntar cómo ocurrió. Puedes decir que te caíste sobre una naranja al tratar de cambiar un foco pero no te van a creer, así que lo mejor es ser honesto (…)  El menor de los riesgos es volverte un pedorro incesante que no puede controlar su esfínter y que tiene que ir al baño a cada rato. Y el mayor riesgo es que te perfores el intestino, lo cual es muy raro pero puede ser mortal”.