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A más de alguna persona le habrá tocado vivir ese incómodo momento en que sólo se quiere escapar de la cama, sin tener alguna razón de peso para derechamente arrancar.

Fue bajo ese contexto que el sitio web Vice.com recogió el relato de un grupo de personas que reveló las mejores chivas que han ocupado para zafar de esa experiencia, sin tratar de herir o molestar a la otra persona.

Ana (21): La mejor forma es decir que vas al baño, agarrar tus cosas y huir…En unos festivales, una vez, estaba con un tipo en mi tienda de campaña y decidí que ya no quería hacerlo. Para correrlo, simplemente dije, “mierda, esa es la voz de mi novio. Es muy grande y da miedo. ¡Corre!”.

Emily (27): Una vez me quería ir como a las 6 AM y dije que tenía que ir a cuidar niños, y nunca en mi vida he cuidado niños.
Lo llevé a mi casa pero me dio asco y al final fingí estar dormida para no hacerlo. En cuanto amaneció, estaba tan aburrida que dije “oh, tengo que ir a cuidar a unos niños”. Siendo honesta, estaba tan cansada que ya nada me importaba. Me fui a bañar y le dije “vete antes de que salga”. Escuché cuando cerró la puerta y me volví a meter a la cama. Creo que levantarse y alistarse para “salir” es una buena forma de hacer que la gente no se sienta bienvenida. Soy muy malvada.

Julián (30): Hace poco estaba en Europa, conocí a una chica y nos fuimos al hotel. Estuvo muy bien. Nos quedamos dormidos y todo pero a las 4 AM ella se empezó a vestir porque “tenía que estudiar”. No me molestó para nada. El desayuno a la cama fue para mí solito. Si lo hubiera hecho en cuanto nos conocimos, sí me hubiera bajoneado. Pero a las 4 AM no podía pensar, estaba medio dormido. Me di cuenta de que era una excusa y me volví a dormir. Tengo la teoría de que todas las excusas son poco creíbles. Es mejor decir “debo irme” y ya.

Ale (21): Una vez, después de coger con un tipo —que, por cierto, fue muy malo—, él quería un segundo round y obviamente yo no. Se supone que tenía que ir a trabajar y esa era mi excusa pero mi jefe me marcó y me dijo que no era necesario que fuera y que podía trabajar desde casa. Él escuchó que me marcaron, me preguntó si tenía que ir y trató de convencerme de que me reportara enferma para no ir y quedarme con él. Le dije que mi jefe me marcó porque le urgía que llegara a la oficina. Se ofreció a acompañarme y le pedí que nada más me llevara al metro. Cuando llegamos, se esperó a que me subiera al metro y en la siguiente estación me bajé, cambié de dirección y me fui a mi casa. En la tarde me mandó mensajes de cómo me estaba yendo en el trabajo y le dije que todo iba bien. Intentó que volviera a suceder pero fue un rotundo no.

Ingrid (24): Siempre digo que tengo que ver a mi mamá o algo así. Es difícil insistir si te dicen eso. Lo difícil es mentir para escapar cuando te arrepientes y ya no quieres hacerlo. Una vez, estaba con un tipo que acababa de conocer en un bar. Ya había tomado mucho, estaba borracha y había mucha gente. Hubo un momento en el que trató de meter mano y ahí sentí sus uñas súper largas. Creo que se creía vampiro. Solo quería coger pero al ver eso me dio mucho asco y me di cuenta de que él también me daba asco y ya no sabía qué hacer. Lo primero que se me ocurrió fue decirle que estaba en mis días pero en vez de desanimarlo, se le iluminó el rostro y dijo “¡Mejor!”. Me metí al baño y me quedé mucho tiempo ahí adentro con la esperanza de que se desesperara y se fuera. Cuando salí, recorrí todo el bar para buscar a la amiga con la que iba y le dije que teníamos que irnos ya. Le expliqué por qué y solo se rió e insistió en que nos quedáramos. Después lo vi pero ya me había agarrado a otro y como me vio con él, ya no se acercó.