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El trabajo fotográfico de Carlos Vera se instala en un rincón premeditadamente chileno, el de la aparente invisibilidad, el rincón oculto. El artista observador, con su cámara fotográfica ingresa en la intimidad visual de esos verdaderos palacios del voyerismo nacional, los llamados “Café con piernas” que redundan larvariamente en el laberinto central del viejo casco de la ciudad de Santiago.

La práctica masculina chilensis, de la mirada disimulada, se ve expuesta y desfachatada en estos lúbricos espacios donde el nimio acto de tomar un café o una bebida, se transforma en un escenario de transformaciones y espejismos. Son tan genuinas las ilusiones que estos espacios se constituyen de marcas explícitas del deseo reprimido del macho nacional.

Las mujeres que sirven estos café son la atracción, ataviadas con sencillo y alambicados vestidos, trajes que exponen turgentes anatomías de pechos y nalgas: siempre paraísos matriarcales compensatorios. Pues, en la oscuridad que proporciona la luz refractada, el neón de bajo presupuesto, la luz estroboscópica, desde la mañana, con escasez de ropa, ellas se transforman en reinas seductoras, heroínas de lo cotidiano.

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No importando ni el frío o el calor exterior, la temperatura ambiente de estos cafés es siempre constante: mezcla cuerpos, miradas con los aromas del café, más algunas bebidas, música estridente y voces. En medio del olor a cigarrillo, una música a tono con el estilo casual, tropical o naif, se instala un verdadero teatro de trasformaciones y representaciones.

Continuando con sigilo, el trabajo fotográfico reconstituye estos universos retenidos. Su trabajo visual se aboca en juegos de escorzos, con una búsqueda formal que en colores de clave baja y en tomas en picados o contrapicados realizan un verdadero ejercicio indagatorio: el fotógrafo también se constituye en un aventajado voyeur.

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Así sus imágenes retienen el instante cada vez más fugaz, un no lugar se establece, una metáfora oscura, viscosa y delirante. Las mujeres y sus trozados cuerpos, los espacios estrechos, atiborrados desde la toma se realiza, la conjugación de luces cenitales y laterales constituyen un verdadero ingreso al inframundo, un infierno deformado, oscuro.

Los clientes con la mejor de las sonrisas, simpatía y agresividad; ellas las mujeres que sirven el café con la mejor de las expectativas, maquillajes y perfumes. La opereta funciona en fracciones de minutos, los héroes anónimos y las heroínas se constituyen en modelos de la pulsionalidad masculinidad y de la femineidad chilena. Así todo ocurre tan rápido, que las ilusiones contenidas son desenmascaradas por el chirriar de la locomoción colectiva, la dura luz solar, la contaminación ambiental. Todo o nada ha ocurrido.

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Lo más destacado del trabajo fotográfico es un singular encuadre que realiza Carlos Vera, el creador trasforma estos paraísos momentáneos en una gran alegoría sobre las miradas oblicuas que la sociedad chilena oculta. El valor del testimonio tiene en su base estética una lúcida reflexión sobre el cotidiano urbano, donde los anónimos alcanzan una fama de celebridad que se desdibuja con el vapor de un café.

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*Instituto de Estética, Pontificia Universidad Católica de Chile

Datos: El jueves 10 de noviembre a las 20:00 horas será la inauguración de la exposición fotográfica “Santiago Seducción” del fotógrafo Carlos Vera Mancilla, en las terrazas del restaurante Zully.