“Estaba sentada comiendo tacos con unos amigos, cuando uno de ellos dijo: “Deberías hacer porno”, y yo dije: “Sí, voy a hacer porno”. Así fue. Al día siguiente, le conté a mamá”, cuenta la periodista colombiana Alejandra Omaña para referir cómo fue que se decidió a incursionar en el porno, la industria en la que su compatriota Esperanza Gómez lleva la delantera.

Omaña recuerda que fueron las lecturas de Charles Bukowski las que despertaron esa veta que ahora ya la llevó a grabar su primer video XXX, grabación de 13 minutos que comparte en su página web “www.amarantahank.co” (ver video completo acá).

“Cuando me hice buena lectora, pensé: “Yo puedo escribir como él. ¿Qué tan difícil puede ser contar mis desgracias separadas por varios puntos seguidos en un párrafo?”. Y así fue como me aventuré a escribir. Lo mismo pasó con la pornografía. Apenas comencé a consumirla, me dije: “Yo puedo hacer lo que hacen esas chicas. ¿Qué tan difícil puede ser desnudarse ante una cámara y coger?”. Y así fue como, hace unos años, decidí que algún día iba a grabar un video”, relata en una crónica que publica Soho.

Omaña detalla que antes de grabar, “llegué a casa y pensé en las razones que me motivaban a hacer mi primer video porno, aunque solamente las ganas de hacerlo ya lo justificaban. Sabía que quería sentirme sexy, retar mi experiencia sexual al compararla con la de las expertas y vivir una vez más mi sexualidad libre. También quería repetir el gozo que me produjo una anécdota con mamá (…) Cuando pensé en el video porno, creí que sería una oportunidad para que mamá, que siempre respaldó la obligación de llegar virgen al matrimonio, mirara hacia la libertad sexual de las mujeres, hacia su propia libertad sexual. Estuvo triste una vez más a causa de mi libertad y de sus creencias, pero nuestra relación continúa, como debe, repleta de amor”.

Sobre la grabación, describe que “elegí unas medias veladas de malla y un liguero. Ambos negros. Lo frustrante es que casi nunca encuentro mi talla de brasier. Por eso, tendría que asumir que mis areolas —grandes, de 5,1 centímetros de diámetro, que abarcan buena parte de mis tetas— se verían en plano detalle, y en ese momento no estaba muy segura de que fueran bellas”.

“A la hora de grabar, sin embargo, se vieron jugosas. Y mi nariz, elegante, aunque en el colegio me decían que parecía la de Michael Jackson. Mis ojos lucieron expresivos, no grandes ni feos, como me repetían en secundaria. Mi lengua, sexy, mientras humedecía el consolador antes de pasarlo por mis pezones; en la universidad se burlaban de mi gran lengua, pero luego comprendí que es uno de los elementos que permiten que mis mamadas sean de primera categoría. Descubrí que mi belleza existe y que está en muchas partes de mi cuerpo que antes había repudiado”.

Si usted quiere constatar que lo que cuenta Alejandra es así, pinche el video completo acá.