El sitio Vice.com publicó un reportaje en el que recogió el testimonio de Paola, una joven prostituta que reveló detalles sobre su pega y algunos gustitos o peticiónes que le realizan sus clientes.

Esta chica de 21 años contó por ejemplo que le dan asco los hombres que huelen mal o aquellos que son gordos “porque tienen el pito chiquito”.

Por su parte, destacó que algunos hombres le piden prestada su ropa para ponérsela mientras tienen relaciones sexuales. Otros le han solicitado que les muerda los pezones con confianza.

Pues bien, a continuación te dejamos el relato íntegro (transcripción Vice.com):

“Tengo 21 años y llegué a Baja California hace seis. Soy de Mazatlán, Sinaloa. Hice la preparatoria en Mexicali y quedé embarazada en el sexto semestre. Estuve tres meses como cajera en la Central de Autobuses, pero era muy poquito lo que me pagaban. Me cambié a trabajar de mesera en una fonda de tacos de carne asada, pero tampoco me salía mucho dinero. A cada rato mi mejor amiga me invitaba a trabajar con ella en el bar donde bailaba. Me negué hasta que un día enfermó mi niño y tomé la decisión de trabajar de prostituta.

Mi fantasía es tener sexo con dos hombres guapos al mismo tiempo. Hasta cuatro clientes a la vez han querido llevarme al cuarto, pero me da miedo, son muchos pitos.

Odio a los hombres que huelen feo, a algunos hasta los he tenido que meter a bañar. ‘Vente mi amor, báñate conmigo’, les digo con voz sensual. Algo es seguro: si no te gusta el cliente, si no se te hace guapo, sí se siente horrible tener sexo con ellos. Recuerdo que el primero con el que me acosté estaba de buen ver, pero el segundo estaba viejito, 60 años; me dio asco. También los gordos me dan asco porque tienen el pito chiquito.

En este tipo de trabajos hay clientes que les gustan cosas muy raras, como que les preste mi ropa interior: les gusta cogerme vestidos como si fueran yo. Hace poco un cliente me pidió que le chupara y mordiera los senos; tuve que hacerlo, le lamí y mordí los pezones, lo bueno es que no era muy feo, pero por dentro me daba risa. En otra ocasión me tocó un cliente que se desnudó y se puso boca abajo para que le echara cerveza en las nalgas. ‘Si le vas a echar cerveza chúpale, méteme la lengua entre las nalgas, absorbe’, me dijo el tipo. ¡Pinche loco! Pero si me pagan tengo que hacerlo y lo hice. También en una ocasión un cliente de 70 años se puso a gatas y me pidió que con una mano lo cacheteara mientras que con la otra le metía los dedos en el ano.

Lo que sí no soporto es que me besen los senos o la boca; algunas compañeras se dejan besar, pero yo no. Eso sí, lo que más cuido de mi cuerpo porque es sagrado. A veces me piden el ano, pero ese nadie me lo toca. ‘Sáquese a la chingada’, les contesto cuando me dicen que me dan propina si me dejo penetrar. Lo sí me gusta es que me besen el cuello y las orejas, siento rico.

Hace seis meses subí a bailar por primera vez al escenario. Baile la canción Rompe la cintura de Alexis y Fido. Estaba borracha y no me dio vergüenza, hasta me caí del tubo y no me importó. Al día siguiente no estaba borracha y el patrón me dijo: ‘Quiero que te subas a bailar, a los clientes les gustó’. Sí lo hice, pero me puse muy nerviosa, la mirada de los clientes me hace sentir muy incómoda. Hasta la fecha bailo poquito porque me da vergüenza.

Una de las noches que estaba bailando en el tubo llegó un tío, hermano de mi papá. Vi que se sentó y que se me quedaba mirando, como que no estaba seguro de que era yo. Hasta que se dio cuenta de que sí era se salió y ya no regresó al bar, le dio vergüenza, también a mí.

Los más que he hecho son siete cuartos (sexo servicios) en una noche y lo menos que hago son tres. En cuanto el cliente termina (eyacula), no me importa que le queden 10 minutos, yo me paro de la cama y me meto a bañar; me vale que el cliente se enoje. ‘Ay ya, no estés jodiendo’, le digo.

Debo coger con 50 personas distintas en una semana, aunque regularmente solamente vengo tres días, los otros me quedo en casa.

Engordé trabajando de sexoservidora. Cuando comencé estaba muy flaquita, la cerveza me infló. Todas mis amigas trabajan de sexoservidoras. Cuando nos vamos de antro ya no podemos conocer muchachos sin estar pensando en cuánto podemos cobrarles. Te vuelves muy interesada en este ambiente y ya no coges con nadie si no te pagan. Nunca me he enamorado de un cliente, pero sí se han enamorado de mí. Había uno que a cada rato venía a verme, pero yo siempre estaba ocupada con otros hombres. Un día se peleó con otro cliente por mí, se agarraron a madrazos en la entraba del bar.

Antes de trabajar en este bar trabajé con una madrota y me pagaba muy poquito. Trabajé tres semanas y me salí, porque aparte me pasó algo muy feo: tuve que aventarme de un carro en movimiento. Las cosas pasaron así: Unos tipos me pidieron servicio a un hotel que está sobre la carretera que va para Tijuana. Llegué al cuarto y solamente tuve sexo con uno de ellos, el otro me dio propina, pero solamente se dedicó a ver. Regularmente el taxi pasaba por mí para llevarme de regreso a la casa de citas, pero los tipos se ofrecieron a regresarme y como se habían portado buena onda, acepté. Comenzaron a manejar y a fumar cristal (metanfetamina). Vi que se transformaron muy gacho y les pedí que me bajaran, pero no quisieron. El tipo que sólo estuvo mirando cómo tenía relaciones con su amigo iba en el asiento de atrás; de pronto comenzó a morderme el cuello y los hombros, muy fuerte, como si fuera un vampiro. No sabía qué hacer, me estaba lastimando mucho y fue cuando en una calle de tierra me aventé del carro y me golpeé las piernas y la cabeza. Tuve que dejar de trabajar como un mes.

Actualmente vivo con mi hijo y mi mamá. Duré un año para confesarle a mi amá que no era recepcionista en un hotel, sino que trabajaba en un bar. ‘Mamá, la verdad trabajo de bailarina en un table dance’. le dije. ‘Con razón traes mucho dinero, ya no te creía que de recepcionista se ganaba tanto dinero. Cuídate mucho, en ese ambiente hay mucho borracho y drogadicto’, fue todo lo que me dijo. Si supiera que para aguantar la desvelada me meto perico (cocaína). Una cosa sí te digo: Nadie nace siendo prostituta, la pobreza nos orilla a serlo.

En el sexo servicio te haces vieja rápido. El tipo de vida que llevas te acaba: desveladas, tomar cerveza, bailar en el tubo y coger con los clientes me quita toda la energía. Se supone que nomás trabajaría unos meses de prostituta, pero ya tengo dos años y parece que no tiene fin. Sí me gustaría trabajar en otra cosa, pero no sé en qué. Sé usar la computadora, lo aprendí en la preparatoria. Quiero juntar dinero para que cuando esté viejita no tenga que trabajar.