“Un placer conocerme”: El taller de sexualidad femenina para hacer el amor con una misma

“Un placer conocerme”: El taller de sexualidad femenina para hacer el amor con una misma

Catorce mujeres en una pieza calurosa que de a poco te obliga a desnudarte. Doce están para aprender, dos para enseñar. La kinesióloga pélvica Carolina Silva y la terapeuta sexual Constanza del Rosario dirigen una jornada de autoconocimiento, con módulos teóricos y prácticos, donde se aborda desde la anatomía de la zona pélvica y las relaciones de pareja, hasta la masturbación.

En una pieza sin ventanas, hay doce mujeres sentadas en semicírculo en un mat de yoga, cada una rodeada de pañuelos desechables, guantes de latex, alcohol gel, lubricante, condones, unas bolitas chinas, un espejo y un vibrador. Adelante, dos mujeres desnudas, con batas que sólo cubren sus espaldas y traseros; una prenda que se vuelve inútil pero que le da estilo a su exposición. “Este es un taller sobre cuerpos, para conocernos, así que es lógico que los mostremos”, dijeron las expositoras justo antes de desvestirse y ponerse la bata rosada frente a las asistentes. La kinesióloga pélvica Carolina Silva y la terapeuta sexual Constanza del Rosario imparten el taller “Un placer conocerme”, una instancia de entrenamiento orgásmico de 11 horas, donde se aprende desde la anatomía de la zona pélvica y los ciclos orgásmicos, hasta cómo enfrentarse a miedos e inseguridades en las relaciones de pareja. En orden -y vestidas-, nos presentamos con nombre, edad y una breve biografía sexual. Las realidades son diversas: mujeres que van desde los 22 hasta los 51 años; algunas que estuvieron varios años sin tener una relación sexual, porque genuinamente no les daban ganas; otras, que permanecieron 23 de matrimonio y están recién separadas. Mujeres solteras, con pareja estable, con o sin hijos, que nunca han sentido un orgasmo en su vida o quienes están más familiarizadas con esa sensación. Ninguna igual a la otra, pero todas con la motivación de mejorar su vida sexual. Junto con esos datos, tenemos que entregar el número de nuestro eneagrama, a partir de un test de 135 preguntas que hicimos antes del taller. A mi forma de ver, es una especie de carta astral que comprende distintos tipos de personalidades del 1 al 9, y que hasta ahora no tenía idea que existía. Con cada una de las descripciones del número, las asistentes apuntan los consejos de Constanza y asienten dispuestas a evolucionar a una mejor versión de sí mismas.

Las complejidades de la vagina

La privacidad (falta de ventilación) de la sala torna el aire denso y un calor seco nos fue sacando de a poco la ropa. Un par está en sostenes; otro par, en calzones. La mayoría seguimos con ropa. Este bloque es el turno de Caro, la kinesióloga. Comienza su exposición diciendo que los genitales de hombres y mujeres son “la misma cosa”. ¿Cómo? Me sorprende que, en realidad, cada una de las partes de los genitales tienen su homólogo en el sexo opuesto y me pregunto por qué no me enseñaron esto en el colegio, con colores, el dinamismo y la energía colombiana con que explica la Caro. Pero la explicación siguiente me gusta y sorprende más. Resulta que el clítoris no es solamente el puntito que conocemos (que algunos hombres creen que es un timbre o no logran encontrar). Con una figurita de tamaño real, vemos que ese puntito es solamente el glande -que tiene muchísimas terminaciones nerviosas- y que tiene algo así como cuatro patitas: dos gordas y dos flacas. Las gordas son las que conocemos como labios menores. El clítoris es el único órgano que tenemos que nos proporciona exclusivamente placer. Un bacán. Vemos imágenes de una vulva “en erección”, paradita, gordita y rosadita, como una cobra a punto de atacar. Y la comparamos con una vulva en su estado normal, de un color entre morado y cafesoso, con los labios menores arrugados y caídos, esos que muchas mujeres se operan. “Son bendecidas por tenerlos grandes. ¡No se los operen!”, dice Carolina, y agrega que tampoco sintamos vergüenza de tener la vulva oscura, porque esto significa que se tiene el piso pélvico más fortalecido.

El soporte que no sabemos que existe

A lo largo del taller, tanto Constanza como Carolina insisten en que hay que fortalecer el piso pélvico. Algo había escuchado de esa zona y que había que ejercitarla, pero hasta ahora no sabía ni su función ni cómo hacerla fuerte. El piso pélvico es un músculo que se encuentra en la zona baja de la pelvis, que sostiene el útero, la vejiga, la vagina, la uretra, el recto y el ano. “¿Vieron la película UP?”, pregunta la Caro. “Bueno, el piso pélvico es como el suelo de esa casa que está volando: no tiene nada debajo, nada lo sostiene”. Que se te caiga el útero o los peos, la incontinencia urinaria, menor placer sexual e incluso tener que usar pañales a cierta edad son consecuencias de un piso pélvico debilitado. Sin embargo, no tenemos conciencia de que existe y lo necesario que es ejercitar esta musculatura. Quienes habían sido madres están indignadísimas con las matronas y ginecólogos, quienes nunca les entregaron esa información. Es para eso que están las bolitas chinas, dos esferas unidas por un cordel que se introducen por la vagina para realizar el llamado “ejercicio de Kegel”. Más tarde, una vez habiendo entrado en confianza, nos quitamos los calzones, les ponemos un condón a las bolitas que había en nuestro mat y las introducimos para ejercitar en conjunto. Es como una clase de zumba en pelota, en la que en vez de bailar, contraemos nuestra vagina para no dejar caer las bolitas. Todo un desafío.

“Seduce mi mente y tendrás mi cuerpo”

Ya hablamos de que tenemos próstata; que sólo una de cada tres mujeres tiene orgasmos vaginales; que si a veces sentimos que nos hacemos pipí, no lo es -aunque salga por la uretra-; que el 30 por ciento de las mujeres que cree que el orgasmo es muy importante, tiene multiorgasmos; y una serie de cosas interesantes que nos hacían indignarnos por la precariedad de la educación sexual en Chile. Después de almuerzo nos vemos obligadas a prender el ventilador y empezamos a imitar a nuestras compañeras en ropa interior. Me quito la polera y más tarde las calzas. Ya somos varias cada vez más cómodas, que por el inminente dolor de espalda, yacemos acostadas en los mat, de guata o de espalda, mirando a Constanza hacia arriba, en una presentación que parece una charla TED. En este módulo aprendemos que el cerebro es el principal órgano sexual, por lo que la frase “seduce mi mente y tendrás mi cuerpo” no es sólo una galantería cliché, sino que tiene harto de cierto. Si una no está conectada, con la mente alineada con el cuerpo y viviendo el presente, es difícil excitarse.

Autoconocimiento

Ya estamos la mayoría en calzones y sostenes, y nos invitan a sacarnos la parte de abajo para que conozcamos nuestras propias vaginas. La que sigue con la polera negra puesta admite que nunca se ha tocado y que este será su debut. Para muchas, el debut está en mirarnos. Tomamos el espejo y Caro nos señala las partes de la vulva para que las identifiquemos en nosotras: “Lo primero que van a ver son sus labios mayores, y a algunas se les puede asomar el clítoris. Ahora ábranlos y miren sus labios menores. Arriba está el glande del clítoris y ese hoyito de abajo es la uretra. ¿Todas lo ven?”. Luego pasamos a tocar la vagina. Dicen que si queremos podemos usar los guantes de látex. Yo prefiero echarme alcohol gel para entrar en mí. Introduzco dos dedos hasta el fondo y, como nunca antes, estoy consciente de las texturas y formas que voy sintiendo. Choco con un globito suave, que es el cuello del útero, eso que puede llegar a doler cuando la penetración es muy profunda. Caro nos invita a doblar los dedos como si nos fuéramos a rascar. Sentimos una zona un poco más rugosa, que es la vejiga urinaria. Una vez que conocimos nuestra vagina, debemos bautizarla. “¿Acaso los hombres solamente pueden ponerle nombre a sus penes? Junior, Campeón, Súper nosecuánto. Para tener una relación con ella, debe tener un nombre”, dice Constanza. Chochito, Zorra, Mar, Conchita, Power Zorra, Pelu, Loquis, Super Caro, Diosa, Flor de Lotto, Pussy, Cosita y Roxy son los resultados. Algunas nos paramos presentando nuestra vagina a la sociedad y explicamos el porqué del nombre. Después de 10 horas juntas ya no había pudor en esa sala. Ahora que tiene nombre, debemos escribirle una carta. Una idea que en un comienzo encuentro un poco ridícula, pero después de escribir dos líneas pensando “por qué estoy haciendo esta hueá”, me lanzo a vivir el juego del taller. ¿Cuándo más iba a tener la oportunidad de escribirle una carta a mi vagina? Ya le había puesto nombre y la había presentado en sociedad, no tengo nada de qué avergonzarme. Le pongo color y escribo una carta de compromiso que frasea más o menos así: “Prometo visitarte más seguido. No quiero que seamos extrañas habitando el mismo cuerpo. No voy a dejar que pases malos ratos por querer mantener a alguien a mi lado (…) Tampoco voy a invitar a gente a tu casa cuando tú insistas en cerrarle las puertas, porque como leí una vez en una viñeta, ahí ‘se reserva el derecho de admisión’”. Claramente no está completa, porque espero que después de esta crónica aún me quede algo de intimidad. Ahora estamos bailando juntas, siguiendo los pasos de las expositoras, que ya se aburrieron de las batas rosadas. En un círculo, expresamos nuestra rabia, gritamos completamente desnudas. Somos como esa foto de manifestantes que difunde la gente machista diciendo que las mujeres que muestran las tetas no son feministas, comparándolas con un retrato y frase de Marie Curie u otra científica; “una feminista de verdad”. Las de esos memes que le llegan por Whatsapp a mi papá, tal cual. Tras hacer el ejercicio de Kegel empieza a oscurecer. Les ponemos pilas y condón al vibrador fálico de cada una, apagan la luz, nos acomodamos y a masturbarse se ha dicho. Ya estaba bueno ya po.

Autoplacer

Nunca he usado un vibrador, aunque siempre tuve ganas de hacerlo. ¿Cuándo se prende? ¿Afuera o adentro? Siento que voy a saltar si empieza a vibrar adentro mío, así que prefiero prenderlo afuera y darme pequeños toquecitos externamente. Introduzco el dildo un poco complicada. Lo encuentro algo corto y el hecho que tenga condón hace que se me resbale. “Necesito tener uno propio”, pienso. Después de que me aburro porque me doy cuenta de que la sensación no se compara ni con el sexo real ni con la masturbación que había practicado hasta entonces, retiro el objeto y hago lo que sé hacer. Con el mismo movimiento circular que suelo hacer con mis dedos para autoproporcionarme placer, muevo el vibrador por la zona cercana al clítoris. Así sí po. Mi respiración se escucha cada vez más, pero me contengo porque nadie hace ruido y dejo el goce para mis adentros. Cada una está en la suya, a nadie le importa demasiado el resto, y me doy cuenta de que a mi lado se escuchan unos suaves gemidos. Llego al orgasmo y me quedo acostada con los ojos cerrados esperando que las demás terminen. Los suaves gemidos se multiplican en la sala, nadie fingiendo un placer que no es real ni un orgasmo de película porno. Por el contrario, nos enfocamos en el consejo que nos dio Constanza hace unas horas: importa el proceso más que el resultado. Me doy cuenta que se están demorando mucho y que la cagué al dejar el vibrador en el suelo. Me da miedo usarlo de nuevo, capaz que me dé alguna infección, así que para hacer hora vuelvo a tocarme, esta vez con mis dedos alcoholgelizados. A lo dj no más lo paso bien y ya me doy cuenta que estamos terminando. “Ella se ha cansado de tirar la toalla, se va quitando poco a poco las telarañas”, dice Bebe por los parlantes y prenden las luces. Por suerte ninguna estaba en medio del orgasmo, que me habría sentido un poco incómoda presenciando un momento tan íntimo. Después de 12 horas, estamos felices, satisfechas. Lo que muchas pensamos que era un taller de masturbación femenina resultó ser una jornada de autoconocimiento, de educación sexual, de amor propio y de hacer el amor con una misma. Y Bebe suena más fuerte: “Hoy vas a descubrir que el mundo es solo para ti, que nadie puede hacerte daño, nadie puede hacerte daño”.

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Para más información acerca del taller “Un placer conocerme”, puedes escribirle a la psicóloga Constanza del Rosario a través de su Instagram @consdelrosario.
Comentarios
Sabía ud que... COMO NO VAN A DEJAR LIBRE A LOS LADRONES SI LES DICEN “HABLE AHORA O CALLE PARA SIEMPRE”. -------------------------------- Sabía ud que... LO QUE BUSCAS ESTÁ EN TI… O DEBAJO DE LA CAMA. -------------------------------- Sabía ud que... ME GUSTAN LAS ESCULTURAS GRIEGAS, AUNQUE A VECES NO TENGAN NI PIES NI CABEZA. -------------------------------- Sabía ud que... A VECES CANTO ODAS, OTRAS VECES SOLO ALGUNOS MINUTOS. -------------------------------- Sabía ud que... JOAQUÍN LAVÍN JR PASÓ DE SER UN ENTUSIASTA A UN ENTUSIESTA. --------------------------------