Fotos cedidas por Red Bull Content Pool

Con solo 20 años de edad, Mateo Elicura Cervera Machuca, conocido y aclamado en el mundo del rap como Teorema, es de esos ídolos que puede verse caminando como un simple mortal más por las calles de Concepción, a bordo de un vagón del metro rumbo a Puente Alto o disparando rimas en escenarios de México, Argentina y Perú. Donde va lo reconocen, piden fotografías y susurran su nombre con alegría genuina.

Con dos discos editados –Nido (2016) y Renacer (2017)– y disponibles en plataformas digitales, es afamado por sus versos cargados de contingencia, rabia y crítica social desplegado en las batallas de rap, fenómeno de masas, cultural y urbano que en Chile y el mundo mueve a millones de fanáticos junto a una poderosa industria musical y publicitaria.

Actualmente, en nuestro país es habitual encontrarse en los recreos escolares y principales plazas, parques y puntos de encuentro al aire libre, grupos de diversas edades, géneros y estilos callejeros, presenciando y participando enérgicamente de los duelos de improvisación entre dos o más competidores.

Revisa el audio completo de Teorema en Especiales The Clinic, a continuación:

Todo este combate sonoro-cultural es supervisado por un jurado y con reglas públicamente anunciadas por los animadores, quienes prenden el ambiente con parlantes a todo volumen, generando gran efervescencia. Millones de reproducciones en YouTube de los encuentros callejeros dan cuenta del fenómeno y sus MC (Raperos) conectan con seguidores de todo el mundo. Esto ha permitido el aumento del circuito de recitales y encuentros de hip hop, fortaleciendo una nueva ola de artistas urbanos.

“Yo definiría las batallas como un encuentro verbal y rimado de dos raperos o más. Parto de dos, que es la base, porque no podís batallar solo contra el espejo, jajaja. Son dos o más personas que están debatiendo sobre una idea, sobre su forma de rapear o planteando su estilo y forma de pensar, haciendo combatir su espíritu contra el espíritu de otro. Lo que piensan, lo que sienten, lo que creen que está bien”, define Teo, como le dicen sus más cercanos, su polola, su tía, su familia.

CAOS EN LA SALA

Mateo nació el 1 de marzo de 1999 adelantándose tres meses a la fecha indicada por el doctor. Creció junto a sus dos hermanos menores en la población Sargento Aguayo de Cañete. Es amante de los juegos de mesa, las cartas Mitos y Leyendas, ajedrecista, baterista, escritor de cuentos, ciclista, skater y travieso por naturaleza. También, el típico malo para el fútbol que no escogían ni para el arco.

Yo soy de la pobla, de la Sargento. Ese es el lugar de donde yo vengo. La pasta llegó después a Cañete, cuando era chico no se veía. Era un pueblo súper tranquilo. Yo me acuerdo que con los cabros salíamos a jugar a la calle hasta las once de la noche, desde las tres de la tarde y no pasaba nada. No corríamos riesgos. Obviamente se veían cosas, pero siempre la pobla se cuidaba a la misma pobla”, dice.

En su etapa escolar, pasó por varios colegios de la provincia de Arauco. Cuando una clase no llamaba su atención, leía novelas, escribía poesías o pintaba. Ponía su cabeza a pensar e imaginar otros mundos posibles.

“Pasé por varias escuelas. Era inquieto. No recuerdo que me hayan expulsado así como tal. Yo creo que en reuniones le decían a mi mamá, a mi abuela o mi tía, que de repente iba a dar cara, ‘buta, sabe que… su niño genera caos’. No era maldadoso en verdad. Estaba en la sala y si no me gustaba no ponía atención y me ponía a leer y no pescaba. Si me lo quitaban o me decían: ‘no hagas eso’, me ponía a hueviar, hacer desorden, a molestarnos entre compañeros, a tirarnos cosas y después pa’ fuera”, recuerda.

El modelo educativo tradicional no iba con la velocidad e inquietudes de su mente. Por lo mismo, Teorema nunca logró encajar bien en las aulas. “Me acuerdo de dos veces en que académicamente estuve bien. Cuando iba en la escuela de campo, en tercero básico de la Toqui Caupolicán de Huentelolén, una localidad rural de Cañete. Ahí me puse las pilas porque era distinto el ritmo, no era tanta presión sobre uno, no te mandaban tantas tareas. Y hay un punto clave: me llevaba bien con el curso. Cuando era chico, para mí igual era difícil adaptarme. Y cuando iba en la U, me acuerdo que estuve un semestre estudiando Bachillerato en Humanidades en la Universidad de Concepción, y fue mucho más pesado que la enseñanza media. Aprendí cosas que siempre quería aprender: Filosofía, Historia, Lenguaje, historias de los griegos, los romanos. Ese segmento de la historia me interesaba mucho de chico. Después, me salí por esto -desarrollar su carrera artística-, estaba copado y no sabía bien qué quería estudiar”, cuenta.

ARTE Y PENA ADOLESCENTE

Su mamá le enseñó desde pequeño a expresar artísticamente sus sentimientos. Juntos podían pasar horas pintando árboles y paisajes con distintas técnicas al ritmo de Rage Against The Machine y el rap cañetino de Octava Doctrina Crew. Además, fomentó su pasión por la lectura con la saga de Harry Potter, Ami, el niño de las estrellas y Siddhartha de Hermann Hesse.

“Ella me inculcaba mucho el arte. A mí igual me gustaba caleta, entonces, si te gusta algo y tenís alguien en tu familia que lo potencie, más si es tu mamá, que para mí es un ejemplo de vida total, era como echarle bencina a la fogata. El primer tema que hice, lo hice con ella. La primera parte de la letra la escribió ella. No recuerdo cómo se llama, creo que no tiene nombre, pero es una canción que escribí con un amigo, con un hermano que es beatboxer de mi agrupación que es Fuck The System y empieza como ‘Aquí ya estamos, dos niños de Cañete, rimando, creando, jugando’. Era para un concurso de talentos y esa era la primera rima. Después seguía, pero el concepto era nuestra presentación y crítica social”, recuerda.

La familia paterna de Teorema son inmigrantes italianos y rusos radicados en el estado de Yucatán, México. Sus padres se conocieron cuando ella viajó de vacaciones a tierras aztecas. El noviazgo culminó con Andrea Machuca embarazada tras un par de meses en el norte del continente. A su regreso, le tocó vivir sola con su hijo.
“En un momento vivíamos en una pieza con mi mamá, después vivimos en otra casa. Nos cambiábamos, yo creo, por asuntos económicos. Cuando iba a nacer mi hermanito, nos tuvimos que cambiar pa’ una casa más grande. Después no hubo problemas, pero el arrendatario nos pidió la casa, nos tuvimos que cambiar pa’ otra, y así, siempre en el mismo sector dando vueltas. Me crié con mis tías, mi abuela y mi mamá. Ellas son mis ejemplos de vida y las personas que más admiro. Igual me crié con mi tata, pero con él no hubo una relación de piel”, dice sobre su infancia.

De su papá, solo recuerda tres llamadas telefónicas y unas cuántas fotografías. Él falleció cuando Mateo tenía 7 años, cuando recién había forjado una relación cercana con su hermano y tíos mexicanos. A pesar de casi no haberse relacionado, la herencia musical de su padre es innegable y sorprendente.

“Era abogado y músico. Lo que me han dicho de él, la gente que lo conocía, amigos y familia, es que era una persona tan inteligente que resultaba ser incómoda. Era un músico súper talentoso, tocaba saxofón, armónica y creo que hartos instrumentos en verdad. Era un músico súper completo y le gustaba mucho más la música que la abogacía”.

Debido a esa ausencia paternal, entre los 9 y 10 años reconoce haber sido un niño rebelde. “Me rebelaba con mi mami. Ni contestador ni falta de respeto, pero le daba vuelta todo lo que me decía. Onda ‘Oye Teo, hace esto’ y yo ‘¿por qué tengo que hacerlo y la cuestión?’ Eran tonteras de cabro chico, esa rebeldía que te da de ir en contra de lo que podai ir en contra. Porque en verdad ella me estaba diciendo: ‘No, tú erís artista’ y yo le decía: ‘No, no soy artista’, al mismo tiempo yo estaba escribiendo poesía, hueón. Escuchando música todo el día, pintando, haciendo todo y como que yo ni siquiera me daba cuenta. Me estaba rebelando porque sí nomás”.

A los 11 años, su madre murió a raíz de una fibrosis pulmonar. Ahí la vida de Teorema cambió totalmente. Sus hermanos se fueron vivir con su padre y Mateo con las hermanas de su mamá y abuela entre Cañete y Lebu. Esa época la recuerda como una de las más tristes de su vida.

“Fue brígido, fue el año en que peor lo pasé, me acuerdo a los 12 (…) Más que nada por el cambio, ¿cachai? De estar con mi mami y con mis hermanos chicos a cambiar radicalmente la vida. Con mi tía siempre hubo una relación cercana. Era una persona que igual veía los fines de semana porque ella vivía en Lebu. De repente se quedaba tres días, veíamos películas, regaloneábamos, típico de cabro chico. Pero nunca me retaba, estaba preocupada de que yo hiciera las cosas, pero de repente sí llegaba los fines de semana y mi tía ponía un poco de orden. Me decía ‘Ya Teo, estudia’, pero nunca todos los días como mi mamá, que era con quien en verdad vivía”.

AUTOCRÍTICO Y OBSESIVO

Tras la muerte de sus padres, comienza a desarrollarse más profundamente la metamorfosis de Teorema y su cabeza inquieta encontró en el hip hop una vía para expresar sus sentimientos, paradigmas y realidades que observaba alrededor. Así, desde los 11 a los 13 años escribió sus primeras letras, muchas de ellas aún son guardadas en pequeñas libretas por su tía. Junto a su amigo Bruno Mella, se dedicó a formar su primera pandilla musical enfocada íntegramente en traspasar las rimas al papel y empezar a formar redes de contactos con otros jóvenes.

“A los 13 descubrí lo que era el freestyle, de las batallas y todo lo que está pasando hoy en día por Youtube y también por los medios que habían. Gente que conocía, también. Yo lo descubrí porque veía al MC Klopedia, de repente. Al Stigma lo vi cuando tenía 14 años y como que me emocioné caleta con el freestyle en esa etapa. Ahí yo empecé a improvisar. Tiene que ver con que yo escribía mis temas y no tenía cómo grabarlos ni dónde grabarlos. Y de repente tener un estudio, que salía 40 lucas. Yo no tenía esa plata para pagar un estudio y un tema, ¿cachai?”.

Bajo el cuidado de sus tías y sin la posibilidad de desarrollar una carrera artística formalmente, Mateo siguió explorando el rap pese a todas las complicaciones que llevaba transmitir su arte en los alrededores de Cañete. Su familia asumía que estaba jugando, pero para Teorema era una forma de plantearse en la vida. Por lo mismo, ensayaba todos los días, casi de forma obsesiva.

“Yo no le podía decir a mi tía ‘Me quiero dedicar a rapear’, ni yo lo tenía bien claro. O sea, yo quería, pero como que en ese pensamiento de ‘pucha, quién me va a pescar si vengo de aquí, si en verdad hay locos en Santiago que la están haciendo buena y yo soy nada, un cabro de acá’. Ni siquiera me encontraba bueno a mí mismo, siempre estuve intentando mejorar. Hasta el día de hoy que no me encuentro tan bueno batallando. De repente siento que hay muchas cosas que puedo pulir. Soy muy autocrítico conmigo mismo”.

De esta forma, para saciar sus ganas de rapear y freestalear, junto a sus amigos más cercanos y mediante Facebook, comenzó a organizar las primeras batallas de la ciudad. “Me enteré que había un grupo de locos que habían grabado un tema. Eran raperos y eran chicos, como de mi edad, Titanes Crew se llamaban. Y nosotros teníamos nuestra crew con el Bruno, los Bastardos sin Gloria nos llamamos. Escuchamos el tema en algún momento y yo supe de la existencia de los cabros y me acuerdo que escribí un estado tirándole la pelá al reguetón. Como ‘todos escuchan reguetón y la hueá’, tirando la pelá full. Y el Giovanni, el cabro de los Titanes, me dice ‘sí hermano, deberíamos hacerle una tiradera a estos hueones’, en esa volá. Hablábamos por interno, ‘¡Buena, hermano, tú también odiai al reguetón!’, en la volá po, en la volá del rapero anti”, cuenta entre risas.

En contacto con los Titanes Crew llegaron las primeras batallas. Paralelamente, Teo combatía de forma digital. Así fueron sus primeras interacciones por videollamada de Skype. “Yo me acuerdo que en ese tiempo batallaba por webcam con locos de Santiago. Batallaba con el Nitro por webcam a los 13 años, imagínate, la hueá rara. La hueá random. Una vez puse ‘¿Quién batalla por webcam conmigo?’ y me metí a Skype po. De repente, hasta batallaba por chat, porque no tenía con quién batallar. Tenía que buscármelas de alguna forma. Saciar el querer batallar. Si yo batallaba en la calle con mi amigo, con un amigo, con otros no batallaba. Yo me acuerdo que veía un rapero y le pedía batallas porque pa’ mi era que todos los raperos batallaban”, confidencia a The Clinic.

En las afueras de un colegio cañetino fue oficialmente su debut oficial. “El Giovanni me dice que tiene un amigo que me quiere hacer una batalla. Me preparé como una semana entrenando y todo eso. Fui y le dije al loco ‘yapo, batallemos’. Con mi grupo de amigos y él con su grupo de amigos; no era con jurado ni nada. Un amigo ponía la pista y listo. El loco ganó y me acuerdo que me la hizo. Y yo me creía bueno po, ya me echaba la ficha de batallero, freestyler. No había podido grabar temas y como que los cabros también tenían sus temas y dije ‘Tranqui, los temas pueden esperar’. Lo que más me interesaba era rapear y competir. Y ya me echaba la ficha, llegué con los cabros, este hueón me ganó y yo dije: ‘¡puta la hueá!’ Y los cabros me dijeron: ‘yapo, no que erís rapero, no que batallai, que la hacías bien”. Y otra vez, pa´ la próxima revancha que tuvimos, le gané. Esa fue mi primera rivalidad verdadera”.

De ahí en adelante, empezaron a desarrollarse más tocatas y recitales en la zona y el resto del país. Del mismo modo, a medida que comenzó a crecer, artistas y freestyler de la región comenzaron a saber de su lírica y el nombre de Teorema se convirtió en leyenda.

El 2014 se inició con una de sus primeras competencias nacionales en Batalla de Maestros (BDM). El 2015 entró a la liga BDM Deluxe, derrotando a Drefquila y perdiendo en una batalla muy peleada contra el mexicano Aczino. El 2016 se corona campeón de la BDM Gold y el 2017 consiguió un título internacional en la categoría Double AA. El 2018, junto a los raperos nacionales Kaiser y Nitro, se adjudican el campeonato de la God Level 3vs3 representando a Chile. Además, triunfa como campeón internacional de competencia underground de Argentina y Honduras. El 22 de junio pasado, y ante un Centro Cultural Chimkowe completamente lleno, Teorema se corona campeón de la décima Final Nacional de Red Bull ‘Batalla de los Gallos’, convirtiéndose en el primer clasificado a la competencia que este año tendrá cita en Madrid.

ATAQUES PERSONALES

Para Mateo, escribir y rimar implica un ritual. Son horas ensayando en compañía de ritmos y palabras.
“Yo creo que es un trance. Yo verdaderamente lo he vivido así. Pa’ mi escribir es un trance y freestalear es un trance. Son dos trances distintos pero son un trance. Te fundís con lo que estay haciendo. Lo mejor que he grabado son letras que escribí en el block de notas, con un lápiz o donde sea. Las empiezo a escribir y las termino en cinco minutos. Después voy barajando detalles, las veo y las pulo. Pero me meto en la volá y tengo que escupirlo. Siento que debo escupirlo. Escuchai el ritmo y decís: “ya, listo, lo descargo”, me pongo audífonos y lo escupo. Así nacen, al menos en mí, las letras. Y el freestyle, de una forma parecida, tengo ganas de freestalear y necesito freestalear. Pongo una pista y no me callo. Puedo estar una hora en trance, metido, conversando conmigo.

Sorprendiéndome de lo que hago. Jugando. Cortando la palabras. Como que me meto en eso y no soy nada más”, indica. En las batallas ha recibido fuertes y dolorosos ataques personales: lo han tratado de huérfano y han insultado a su madre muerta. Frente a eso, Teorema reacciona y deja a sus contrincantes callados y temerosos. “No me gusta tocar esos temas. Yo nunca he sido alguien que le saca la mamá al otro. Cuando me sacan a mi mamá, yo me pregunto qué me diría ella. Y me baso en una experiencia que tuve cuando cabro chico. Le pegué a un compañero porque sacó a mi papá poco tiempo después de fallecer, me molestó con eso y lo agarré, y dejé la cagada. Después llamaron a mi mamá y ella se enojó conmigo. Le dije: ‘¿por qué te enojai conmigo?’ y me respondió: ‘porque tenís que ser más inteligente. ¿Qué ganai con pegarle y enojarte? No le digai nada, al final, él es el que se ve mal’. Así que de repente me pregunto qué diría mi mamá en el momento en que yo estoy recibiendo ese tipo de rimas. Pienso que entre enojarme o no, mi mamá diría, primero que nada: ‘perdónalo al toque, no te lo tomís personal. Sé maduro, no te enojís’. Y lo tercero, si te está diciendo algo de mí, tírale una rima por último”, destaca.

En sus letras, Teo intenta no hacer hincapié en contenidos machistas u ofensivos. Evidentemente, como él dice, “a los machitos raperos hay que matarlos desde adentro”. Su responsabilidad con el micrófono va más allá de lo musical.

“En nuestro vocabulario está normal el ocupar la palabra violación y la violación es un acto despreciable. Es una persona que obliga a otra a tener relaciones sexuales, que lo logra y se va (…) Como que el sentido de penetración también se ve como superioridad. Si yo te penetro soy superior a ti”, critica las palabras de algunos de sus contrincantes.

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CONTRA LA CIVILIZACIÓN DEPREDADORA

Desde niño, Mateo tuvo amistades con otros pequeños de comunidades mapuche. La violencia siempre la tuvo frente a sus ojos y le duele lo que ocurre en la zona.

“Me rompe. Yo he visto hartas cosas en la calles de Cañete. Con mi mamá teníamos mucha cercanía a los peñis. Yo vivía en el campo, al lado de una lamien (hermana en mapudungún), Estela Astorga, que era una lamien bien conocida dentro del Wallmapu, Chile y lo que es la zona. Porque ella ha sido autora de varias canciones en mapudungún, trabaja el mimbre, trabaja gastronomía mapuche, entonces yo he estado súper cercano a eso. He conocido machis, he tenido el honor y la fortuna de conocer machis, de poder conocer el territorio y tener amigos que están metidos en la lucha. He sido partícipe de un festival mapuche que se ha dado varios años que es el Newen Hip Hop que se da en Curarrehue. Tengo hartos peñis que nos mantenemos de alguna forma en contacto, informados y entendemos lo importante que es el poner la causa sobre la mesa. Poner todo lo que está pasando en lugares donde la gente no sabe. Esto parte del genocidio español, no parte de otro momento. O sea, la pelea no es solo cierta gente en contra de una parte pequeña del Estado. Es todo el Estado, que representa la civilización, en contra una parte gigante de gente que son peñis, lamienes y huincas que de alguna forma estamos denunciando desde nuestros puntos de acción lo que sería esta problemática que viene desde hace mucho tiempo. Y está difícil porque es la lucha de la naturaleza en contra de civilización depredadora que se lo quiere comer todo”, menciona.

“YO TENGO A DIOS ADENTRO”

Teorema, influenciado por su mamá, se considera un creyente de Dios. Afirma que está lejos del cristianismo y que a diferencia de ella, no participa de iglesias evangélicas, a pesar de que nunca fue una fanática religiosa.

“Yo creo en un Dios como un ser de amor y creador. Es que siento que hay algo. Para mí Dios está en todos lados. Yo siento que tengo a Dios adentro, tú lo tenís también. Y siento que nosotros también somos dueños de nuestra vida.

Yo no siento que sea una persona que maneja los hilos de la vida de todas las personas y hace que el mundo gire como él quiere. En verdad, yo creo que los humanos somos nuestros propios dioses y debemos también ver a Dios en todo. Porque así nos cuidamos a nosotros mismos y cuidamos lo que nos rodea, porque somos sagrados y lo que nos rodea es sagrado. Yo siento que eso se ha perdido, y yo no estoy en contra del ateísmo porque cada quién con su mente, pero siento que el desacramentarte como humano es como quitarte esa esencia divina que tenís, que es la esencia creadora. Pa’ mí el arte es divino, porque pa’ mí la facultad de Dios es crear. La naturaleza crea. Si la naturaleza funciona en función de una creación, el humano también funciona en función de las creaciones. Entonces, qué más que Dios es esa energía creadora…y si los árboles tienen esa energía creadora, pa´ mí los árboles también son Dios. Y si yo tengo esa energía creadora, entonces también soy Dios. Y mi propio Dios, porque me puedo hacer a mí mismo, puedo ser dueño de mis propias decisiones y dueño mi propio destino. No tengo a un loco con barba que me castiga, hueón, si me porto mal y que me premia si me porto bien, porque si yo hago las cosas mal, obvio que me va ir mal. Y si hago las cosas bien, me va ir bien. Yo creo que es un principio universal, el recibir lo que dai, creo que se ha tergiversado ese entendimiento. Dentro de todo, estamos en una época de auge del merchandising espiritual”, reflexiona.

Teorema actualmente se encuentra trabajando en darle forma a su nuevo disco titulado Cóndor y que grabó hace poco tiempo con Fuck The System. Además, está preparando nuevos singles junto a Latin Bitman en la producción musical y organizando nuevas presentaciones junto a otros raperos. ¿Qué más se viene? “Prefiero dejarlas piola porque los golpes duelen más cuando son sorpresa”, remata.

Galería:

Teorema poses for a picture during Red Bull Batalla de los Gallos National Final 2019, at Chimkowe, in Santiago, Chile on June 22th, 2019