Esta campaña tiene un enfoque en la desigualdad y las cifras que tienen que ver con la infancia. ¿Qué diagnóstico tienen sobre estos temas en América Solidaria?

-Los índices de pobreza son muy altos todavía. Cerca de la mitad de los niños y adolescentes del continente siguen viviendo en situación de pobreza. En el caso de Chile, un poco más del 20% vive en esa situación y lo que impacta no solamente es la pobreza material o que tienen bajos ingresos, si no la alta desigualdad que experimentan los jóvenes en los distintos ámbitos de su existencia. 

Además, la pobreza no se puede separar de la desigualdad, sobretodo cuando lo constatamos en terreno, particularmente en el desarrollo de los niños y niñas. Las altas desigualdades generan altos vacíos en el desarrollo de esas personas y es muy difícil poder reparar ese problema que se genera en los primeros años de vida y después, durante toda la infancia: ya sea por la calidad de la educación, el lugar donde viven, el trabajo de tus padres, los barrios, el acceso a los servicios. Eso genera brechas muy difíciles de remontar. 

Una de las cifras más críticas es la que dice que todavía en Chile existe un millón de niños que experimentan la pobreza. ¿Quienes conforman ese millón de niños?

-Eso se refiere a las cinco dimensiones que se miden en la pobreza multidimensional y en el caso específico de los niños, las que más impactan son el hábitat, la educación y la salud. En esos tres ámbitos ellos tienen una cantidad de carencias tan grandes en comparación a los otros niños y niñas del país, que les impide salir de la pobreza. Si tu tienes pocas oportunidades educacionales, por ejemplo, o no tienes cobertura preescolar en tu territorio, eso ya es una pobreza. Básicamente porque generó una diferencia significativa en relación a lo que el otro que sí tiene. Si vives en una casa precaria, muy aislada o en lugares de mucha tensión social o peligrosidad, eso también genera una carencia que te impide salir de la pobreza. O si por ejemplo estás teniendo graves problemas de salud y recibes una atención poco pertinente u oportuna, bueno, quedaste atrás.

La salud es un punto importante y se vincula a las cifras de mortalidad infantil. Por ejemplo, si un niño tiene un accidente y tiene que recurrir a un centro asistencial, se pueden demorar hasta tres horas en atenderlo. Si ese mismo accidente le ocurre a un niño en Vitacura, la atención es inmediata. ¿Cómo se aborda esta pobreza que generalmente termina impactando en las vidas de los niños?

-Es bien impactante porque cuando ves los datos en menores de cinco años, cada tres minutos muere un niño en América Latina y el Caribe por una causa que se podría haber evitado. En el caso de Chile la mortalidad, por supuesto, disminuyó mucho, pero sigue siendo alta en sectores de mucha pobreza y desamparo. Cuando las personas tienen  condiciones precarias de vida, tienen una mala atención de salud y tienen un déficit alto en calidad de alimentación, por supuesto que la probabilidad de muerte es muy grande.

Hay un economista llamado Amartya Sen que dice que la pobreza sigue siendo la causa más extendida de privación de libertad, porque te impide desarrollar tu capacidad natural. Entonces hay unos que mueren, pero también hay otros que mueren en vida porque si bien viven físicamente, su muerte se da por la baja alimentación, la baja estimulación, enfermedades que después hipotecan el desarrollo de su cerebro, hipotecan el desarrollo de sus vínculos con la sociedad y eso también podría haber sido evitado en nuestro país. 

Cómo se alimentan los niños es otro tema preocupante. Si bien acá son bajos los índices de desnutrición, niños y niñas se alimentan mal porque no hay una buena educación nutricional y eso se refleja en las cifras de obesidad infantil. ¿Cómo se aborda esta desigualdad pensando en que estos niños que son obesos van a fallecer de grandes probablemente de temas cardiovasculares, diabetes u otras enfermedades relacionadas con la comida?

-Chile era uno de los países que en el siglo XIX tenía la mayor desnutrición y mortalidad infantil del continente entonces tuvo una política por más de 100 años muy agresiva. Chile, varios años después, generó un servicio que trabaja para la alimentación escolar que se llama Junaeb, que es un ejemplo para el resto del continente pues hay muy pocos países que lo tienen. En Chile hay un millón 600 mil niños y niñas que consumen alimentos pagados por nuestros impuestos.

Pero lo que ha ido ocurriendo es que también generaste una libertad en el acceso a alimentos perniciosos y generaste adicción a algunos de esos alimentos. Por ejemplo, Chile es uno de los países que en conjunto con México consume la mayor cantidad de bebidas. En los sectores populares te das cuenta que recién ahora están entrando las bebidas sin azúcar. Cambiar esos hábitos es extremadamente difícil. O sea tienes un Estado que tuvo que intervenir el mercado para hacer una ley donde los productores de alimentos presentaran sus productos y que explicitaran el  daño que hacen o que provocan adicción. 

En esto hay una fuerte discusión ética, pero en el fondo si tu no los vas a regular vas a generar un alto daño a la salud de las personas y un alto costo para el Estado, porque al final tendrás que ayudar a esas personas que sufren de obesidad cuando sean adultos y que van a tener tasas de mortalidad superiores.

¿Cómo se combate?

-Hay dos elementos que uno descubre que ayudan mucho para disminuir la obesidad. Uno sin lugar a dudas es la alimentación y eso se tiene que ir regulando tanto en el hogar como en la comida que entrega, en este caso, la Junaeb. A mi me tocó experimentar la minuta antigua hace 30 años y estaba repleta de grasa, era impresionante. Bueno, eso ha ido cambiando, han metido alimentos más naturales y ha sido un gran esfuerzo económico, también por la gestión de la Junaeb. 

Lo segundo es activar la práctica deportiva. Si tu no practicas deportes, si no generas hábitos de deporte, no vas a poder desarrollar tu cuerpo ni poder tener una vida sana. Este segundo aspecto todavía es poco privilegiado en Chile. Hay países en América Latina y el Caribe donde ves a mucha gente practicando deporte en los parques, en los gimnasios, haciendo otras actividades. Hoy día en Chile se ha ido tomando esa práctica, pero todavía sigue siendo baja. 

En ese sentido y considerando también la polémica que se ha generado por el cambio en la malla curricular con respecto a las clases de educación física, donde sólo los colegios públicos pueden adoptarlas, no así los privados ¿existe desigualdad en los espacios a los que pueden acceder los niños para realizar estas actividades? 

-La desigualdad es de infraestructura, la desigualdad es de acceso a esos espacios. El Estado tuvo que hacer una política en la década de los 90 de hacer parques en los sectores populares donde no habían áreas verdes y colgarlo al Parque Metropolitano porque los municipios de los sectores populares no los podían administrar y por eso tienes el Parque Lavandera, el Parque Mapuhue en el sector sur. Pero no son suficientes, porque si tu ves las áreas verdes que están disponibles, son muy inferiores a otros territorios. Yo he señalado que cuando termina la jornada escolar, sobre todo en los sectores populares, deberías llenar de actividades artísticas, culturales y físicas a los alumnos. Eso es un dinero muy bien invertido, inclusive en lo que respecta a la prevención de la droga.

Porque los niños después de las tres o las cuatro de la tarde no están practicando deporte, no están tocando algún instrumento musical, no estan pintando, no están haciendo actividades culturales. Muchos de ellos están en la calle o están frente a una pantalla. El Estado tiene que invertir muchísimo más en esos sectores que en los lugares donde los propios padres buscan espacios recreativos para los hijos. 

 

En eso ayuda mucho la práctica del fútbol, como alguna de las escuelas que presentó el futbolista Arturo Vidal, o todas las escuelas de tenis de Fernando González que se están haciendo en la zona sur. O sea, todo eso ayuda, pero debería ser parte de una política, no solamente apelar a la buena voluntad de las personas. 

Estamos ante un cambio de paradigma de lo que es la pobreza en Chile, porque cuando pensamos en la pobreza de los años 80, por ejemplo, era muy distinta a lo que vemos hoy en día. ¿Cuál es el desafío que enfrenta la pobreza en la actualidad?

-La pobreza antes se evaluaba por el tener, pero hoy en día la pobreza se vincula a otros tres ámbitos de la vida que son: el ser, el hacer y el estar. Por ejemplo, el otro día estábamos trabajando en una escuela de la comuna de La Granja que se llama la Casa Azul. Una de las personas que trabaja allí me decía “Benito, cómo han cambiado los tiempos, antes, cuando teníamos dificultad en nuestro pasaje aquí en la Yungay, si alguna familia estaba con cesantía todos nos poníamos de acuerdo para cocinarle a esa familia y le llevábamos la comida diaria, entendiendo que el papá o la mamá estaban cesantes y requerían apoyo económico”, eso me dejó pensando. Hoy día estamos detrás de rejas, nos encerramos y ya no generamos comunidad, ya no nos vinculamos entre nosotros. 

El acceso a la salud mental es uno de los temas donde la desigualdad está muy presente. Hemos visto cifras alarmantes respecto a las tasas de suicidio juvenil, incluso en algunos casos infantil y en Chile todavía es una materia que no está consagrada como un derecho. ¿Cómo se puede abordar la salud mental juvenil?

-Lo primero es que aprobemos de una vez por todas la ley de garantía en infancia, no puede ser que sigamos con este trámite legislativo. Entre los parlamentarios, parlamentarias y también entre el ejecutivo, hay un temor de que si se genera una ley de garantías, los derechos serán exigibles. Y ¿cómo lo vamos a hacer entonces? tienen que ser exigibles, si no, es una hipocresía, si no, están haciendo un saludo a la bandera a la convención de derechos de los niños.

Hay ámbitos que por lo menos nosotros vemos desde los sectores en los que trabajamos como América Solidaria en Chile. Partiendo por los trastornos de aprendizaje, los trastornos podría decirse, neurológicos, neuropsiquiátricos en el caso de algunos. Ese ámbito de trastornos donde no llegas a tiempo. Llegas a tiempo un poco en la clase media y en la clase alta porque tienes los recursos. En los sectores populares la mayor cantidad de esos niños y niñas quedan fuera del sistema escolar, o sea tu espacio de socialización natural que era el sistema escolar ya fracasó, imagínate el impacto que eso tiene para las personas. 

Segundo, tienes todos los trastornos más severos que pueden ocurrir en la infancia, que están vinculados a depresiones, a problemas inclusive de carácter psicóticos. Ahí tambien llegas tarde, no están los recursos. El tercer ámbito que también afecta fuertemente  es un problema de salud mental grave vinculado al consumo temprano de alcohol y de drogas. Las estadísticas nos están abofeteando hace años, hace unas dos décadas atrás nos vienen diciendo que es grave lo que está pasando en Chile. No sacamos nada con poner muchos militares en la frontera ni quizás mucho marino en el mar para controlar el acceso a drogas, porque el problema ya se incubó dentro de nuestra estructura escolar y en nuestras poblaciones, entonces hay que ver como llegar a esos lugares para comenzar a trabajarlo. Como consecuencia de todo esto se han ido elevando las tasas de suicidio juvenil. 

Hablando sobre la adolescencia en Chile, a uno se le olvida que a pesar de que un niño de 14 años tiene responsabilidad penal, sigue siendo un niño. ¿ Qué opina respecto a ciertas medidas que están tomando algunos municipios, de imponer toque de queda a menores? 

Se ha dicho mucho, yo no estoy de acuerdo porque me leí lo del modelo de Islandia, que esto es parte de lo que han hecho otros países para controlar, pero esto es una parte secundaria, la parte más importante es lo que tu realizas dentro del aula, en la ocupación del tiempo de los jóvenes, lo que tu haces también con la estructura familiar y eso no lo estamos realizando en Chile. ¿Qué sacas con atacar un síntoma aislado, si no tocas de raíz lo que está ocurriendo con los niños y jóvenes? ¿dónde están estos niños y jóvenes las diez horas del dia? ¡Están dentro de la estructura escolar! Yo sé que hay iniciativas que se están movilizando desde el Estado y también desde el sector privado, pero son insuficientes todavía porque tienen que ser con la contundencia que le implica a esos niños y jóvenes el encontrarle otros sentidos a la existencia. O sea si tu te metes en los territorios populares y ves  el abandono de los niños y niñas que van quedando fuera del sistema escolar, es vergonzoso.

¿No se ha hecho nada?

-No hemos sido capaces de generar un sistema de financiamiento que permita que esas escuelas de alto rezago escolar, tengan los recursos que requieren para trabajar con estos niños y niñas que van quedando fuera del sistema, que no es debido a ellos, el sistema no fue capaz de contenerlos. Hay gente que acusa a la familia y yo digo mire, cuando una familia tiene dificultades y el niño ya comienza a ser responsabilidad del Estado, es responsabilidad del Estado. 

Si tu te das cuenta, la reforma del Sename nos ha costado un mundo, porque se priorizaron otros proyectos, entonces yo digo si tan prioritarios son los niños y jóvenes, hagamos las reformas que tenemos que hacer antes de atacar síntomas que son tan secundarios, en el fondo porque no van a llevar a que las personas dejen de consumir alcohol, dejen de comprar drogas, se las van a ingeniar.

MIGRACIÓN

Se ha visto cierta tensión entre el Servicio Jesuita a Migrantes y el gobierno respecto a lo que está pasando en la frontera con los inmigrantes venezolanos. ¿Cuál es su postura personal frente al tema?

-La postura que tenemos como América Solidaria es similar a la del Servicio Jesuita de Inmigrantes, del principio dijimos que no se podía discriminar a aquellos que llegaban a Chile, que debería existir una sola visa y se hizo la visa de responsabilidad democrática con Venezuela. Chile fue el que promovió esto, al final el magnetismo que tiene Chile para que vengan acá es su economía, la disponibilidad de trabajo, pero también una visa distinta a la que tienen los otros países para poder acceder. Por un lado a los haitianos se les puso una carga de discriminación negativa y a los venezolanos una discriminación positiva. Hubo inclusive comparaciones nefastas de la calidad de la migraciones, diciendo que una era mejor que otra. En ese momento planteé yo públicamente que lo encontraba un desastre, que el trato debería ser igualitario para las personas que deseen acceder al país y de lo que se deberían preocupar es de regularlo adecuadamente. 

Desde tu visión, ¿qué debería hacer Chile al respecto?

-Debe ponerse de acuerdo con el resto de los presidentes de Latinoamérica fijando cuotas migratorias y que los países no tengan una carga tan alta como la que está teniendo hoy día Colombia, donde la frontera con Venezuela se va a reventar. Por supuesto el asesor del Ministerio del Interior ha dicho que el problema está en Venezuela, pero eso ya lo sabemos, ahora tenemos que hacernos cargo frente a una crisis humanitaria como la que está viviendo Venezuela y los países que estamos dentro de este continente, seamos capaces de responder con dignidad a esas personas que están llegando a nuestras puertas. Si Brasil y Argentina cierran las puertas, bueno, a los cuatro países que les queda trabajar la apertura de estas puertas son los que estamos por el pacífico y que en este caso le corresponde a Colombia, Ecuador, Perú y Chile. Ojalá también se pueda integrar Bolivia y Paraguay para poder lograr un acuerdo de cuotas migratorias.

Ese es el paso que debería estar liderando el Ministerio del Interior. La crisis va a ser todavía más grande, ellos mismos lo han dicho. Ya anunciaron que habrá una presión de 300 mil venezolanos en nuestra frontera. O sea si ya ellos se están anticipando, bueno ¿qué estamos haciendo? deberíamos estar trabajando con suma urgencia, sentados en una mesa con todos esos países.

Se habla de que existe una demora excesiva respecto a la tramitación de ciertas leyes que son cruciales para asegurar el respeto de los derechos humanos en la infancia y los migrantes, por decir algunos. ¿Quién tiene esta responsabilidad?

-La responsabilidad prioritaria de esto sin lugar a duda la tiene el Estado, lejos, todo el Estado. Pero le cae también responsabilidad al sector privado y a la sociedad civil, donde tenemos que asumir las tareas cotidianas de vínculo entre nosotros, por ejemplo, el vínculo con migrantes. Una ley no va a resolver el maltrato hacia las personas que migran, lo tiene que resolver las relaciones que establecemos en la ciudadanía, pero el protagonismo más importante lo tiene el Estado. 

¿Únicamente?

-Sí, pero ¿los privados pueden ayudar? ¡si! ¿la sociedad civil? ¡sí! Pero mientras esto no se refleje en el presupuesto de la nación, los compromisos país no se van a lograr, porque es tal la magnitud de la brecha que hay, que tiene que reflejarse en una decisión presupuestaria y esa decisión hoy día es muy frágil, por lo menos en los ámbitos que mencioné.