Iván Donato es uno de los impulsores de la demanda ante un tribunal italiano que el pasado 8 de julio culminó en la condena a cadena perpetua a 24 represores de la Operación Cóndor, coordinada por varias dictaduras latinoamericanas en los años setenta para eliminar la oposición política.

Su padre, Jaime Donato, era miembro del Comité Central del Partido Comunista de Chile cuando fue detenido el 5 de mayo de 1976 por la DINA, la Policía secreta del régimen de Augusto Pinochet, tras lo cual fue torturado durante días y finalmente arrojado al mar.

El bisabuelo de Iván Donato, y abuelo de Jaime, procedía de Italia, por lo que el hijo del comunista fallecido, que vive en Australia desde que huyó de la dictadura pinochetista en 1986, pudo hallar justicia en aquel país tras un largo proceso que comenzó en 1999.

Pero Iván, que a sus 59 años lleva más de 40 luchando por hallar los restos de su padre, desearía una justicia más completa por los crímenes cometidos durante las dictaduras vinculadas a la Operación Cóndor, tal y como comenta durante una entrevista en su residencia en la ciudad australiana de Melbourne.

“Yo estoy porque exista un tribunal como Núremberg, que se abra a hacer justicia a toda la gente que fue torturada, desaparecida y aniquilada”, asevera el chileno.

Se calcula que aproximadamente 50.000 personas murieron, 30.000 desaparecieron y 40.000 fueron detenidas durante los años del Plan Cóndor en varios países de América Latina y que, según los llamados “Archivos del terror”, descubiertos en Paraguay en 1992, contó con la colaboración de la CIA estadounidense.

La querella en Italia por las víctimas del Plan Cóndor comenzó hace 20 años ¿cómo recibió la sentencia del 8 de julio?

Con una alegría inmensa. Considero que Italia ha hecho lo que no ha hecho Chile por los familiares de los detenidos desaparecidos. Menos mal que nosotros éramos nacionalizados italianos y tuvimos todas las posibilidades que no tuvieron todos los detenidos, desaparecidos y torturados.

¿Cree que se cumplirá la condena dictaminada en Italia?

No lo creo. Italia puede pedir la extradición, pero el gobierno de Chile puede denegarla .

¿Entonces, qué nos deja el fallo de Italia?

Lo importante es que deja establecido que ocurrió un crimen genocida, quiénes son los culpables y cómo se llevó a cabo.

Yo estoy porque exista un tribunal como Núremberg, que se abra a hacer justicia a toda la gente que fue torturada, desaparecida y aniquilada. Hoy día necesitamos que se le dé justicia al resto de la gente, el resto de las familias que fueron quebradas, destruidas por aquello.

Usted ha asistido a las vistas en Sídney sobre la petición de extradición que hizo Chile a Australia de la exagente de Pinochet Adriana Rivas, acusada de la desaparición entre otros, del otrora subsecretario del Partido Comunista Víctor Díaz, que ocurrió justo una semana después que su padre. ¿Cómo vincula ambos casos? ¿Qué siente al ver a Rivas?

Es raro, la he estado mirando y viene esa tranquilidad de que ella está siendo juzgada… Me siento, ¿no sé si sería malo decirlo?… alegre, contento de que en una parte en el mundo como en Italia, o aquí en Australia, se pueda demostrar que en Chile ocurrió algo terrible.

¿Quiere decir que usted vincula el caso de Víctor Díaz de alguna manera con el de su padre, aunque ella trabajaba en otro cuartel, no en Villa Grimaldi en donde fue torturado su padre?

La DINA le entregaba información a sus agentes. Ellos no podían trabajar si no tenían la información completa de lo que está pasando en esos momentos. Y una semana antes de que ella llegara con Víctor Díaz, debió enterarse de que cayó la Calle Conferencia y quienes habían caído.

En Italia solo fue condenado por la desaparición de Jaime Donato el exmilitar chileno Pedro Octavio Espinoza, pero se ha implicado a muchos más en la muerte de su padre, entre ellos el exjefe de la DINA, Manuel Contreras, o el exagente Marcelo Moren.

El caso de mi padre recién fue cerrado en Chile, en diciembre de 2018, con la condena de 53 agentes, entre ellos Espinoza, por el llamado caso de la Calle Conferencia.

Pero, aquí se trata de que todo era un aparataje de represión en el que participó Manuel Contreras, al que le dieron 400 años de condena y está muerto, o el brigadier del Ejército, Miguel Krassnoff, que sigue vivo y tiene otros 400 años.

Durante la dictadura se actuó en todos los niveles y los mandos medios son intocables. En el caso de mi papá, le dan cinco años, no pasa mucho tiempo y se les da amnistía. No existe cárcel para ellos.

¿Qué le pasó a su padre cuando fue detenido en la Calle Conferencia (Santiago de Chile), donde la DINA montó una trampa para detener a la cúpula del Partido Comunista?

En aquella casa estaban los agentes de la DINA. Llevaban meses adentro esperando a que llegara la gente del Partido Comunista. Así fue como el 5 de mayo llegó mi padre, acompañado de otro compañero. Allí había una reunión, por lo que se sabe, del Partido Comunista clandestino, es la primera dirección del Partido Comunista que cae en 1976.

Lo apresaron y allí mismo lo torturaron y le hicieron preguntas. Debe suponerse que sale de allí a Villa Grimaldi (el más famoso centro de interrogatorio y torturas de prisioneros políticos que tenía la DINA).

Se sabía lo que hicieron en Villa Grimaldi estos agentes, era terrible, de allí vivo no se salía en aquella época.

¿Cuántos días estuvo y qué pasó?

Esa es la situación, que no se sabe. O sea estuvo allí y allí desapareció o lo sacaron. Es de suponer que allí lo sacan, lo ponen en sacos con rieles y lo tiran al mar.

Se conocen muy pocos destinos de los desaparecidos ¿Cómo se sabe que fue su padre arrojado frente a las costas de San Antonio?

Eso fue por declaraciones de los mismos agentes que participaron, así se sabe del destino de mi padre.

Ya sabe que arrojaron el cuerpo de su padre frente a las costas de San Antonio ¿Cree que hubiera sido distinto para usted abrazar el cuerpo de su padre?

Por supuesto es lo que uno más anhela, que el cuerpo esté y le diga el adiós que corresponda.

¿Va a San Antonio?

No he ido a San Antonio, esas son las cosas que a mí no me gustan, no las hago.

¿Cuándo fue la última vez que vio a su padre?

Lo vi una semana antes de que le detuvieran porque fui con mi madre a visitarlo a la casa de seguridad (que proporcionaba el Partido Comunista para proteger a sus miembros).

Tenía yo 16 años. Él estaba muy sorprendido… Allí nos pusimos a conversar de mis hermanos y me explicó que estaba muy difícil la situación para retornar a casa, que comprendiera.

Pero fue muy grato haberlo visto una semana antes porque hacía tiempo que no lo veía, unos dos o tres meses, y a veces era más tiempo.

¿Usted se convirtió en el “hombre de la casa”? ¿Cómo se sintió?

Era muy grande la responsabilidad, uno piensa que es una responsabilidad muy grande para un niño de 16 años, pero así fue, de la noche a la mañana me vi responsable de nosotros los cinco.

¿Y cuál fue la reacción de su madre? Ella ha sido activista, ha hecho huelgas de hambre, la han detenido…

La reacción de mi mamá fue terrible, Allí en la Vicaría de la Solidaridad (creada por el entonces arzobispo de Santiago de Chile, Raúl Silva Henríquez) se forma la Asociación de Detenidos Desaparecidos y ella comienza a ser activa al cien por ciento.

Así comienza la búsqueda desde el principio para conocer y saber la realidad de lo que le pasó. Lo más terrible que empieza a llegar más gente y más gente y más gente pasando por la misma situación.

¿Y vivieron marcados como familia de un dirigente comunista?

Siempre tuvimos autos afuera de la casa con agentes. Un día, a mi hermano Alex lo llamaron esos agentes y le dijeron que, por favor, mi mamá terminara de buscar a su esposo, que ya estaba muerto. Ese era el hostigamiento que siempre tuvo la familia después de la desaparición de mi papá.

Con tanto golpe, ¿cómo ha encontrado la fuerza?

Creo que nosotros somos porfiados como familia porque siempre hemos querido saber realmente qué pasó con mi papá desde el principio.

Ahora mi vieja ya tiene ochenta años. Ella participó en muchas huelgas de hambre. Sufre varios tipos de enfermedades por esas huelgas de hambre, así que le dije: “No te preocupes porque yo voy a continuar con lo de mi viejo”. Le conté lo de Italia y me dijo: “Imagínate, los italianos”.

¿Cómo fue el proceso de emigración a Australia?

Nosotros como familia siempre hemos estado exigiendo al gobierno chileno la entrega del cuerpo de mi padre. Todo este tiempo hemos estado involucrados en asuntos de violaciones de derechos humanos cometidas en aquella época.

Pero primero que nada, hay que retroceder mucho en el tiempo, al año 1986 cuando fue allanada nuestra casa. Llegó la CNI (servicio de Inteligencia de Pinochet) porque uno de mis hermanos, Nelson, había estado en una reunión y a base de torturas, de golpes y de tortura, dijo donde vivíamos.

A raíz de aquello decidimos días después viajar a Buenos Aires, donde estaba la Embajada de Australia, para arrancarnos, la cosas de nuevo se estaba poniendo dificultosa para la familia.

¿Y usted militaba?

Si, estábamos nosotros en las Juventudes Comunistas de Chile y hacíamos reuniones, etc. Luchábamos en contra del gobierno de Pinochet.

Ya en 1974 llegaron dos camiones con efectivos militares, con fusiles y todo eso, y entraron a la casa de nosotros a buscar a nuestro padre, se metieron violentamente y nos sacaron a todos. Lo recuerdo perfectamente, en esa época tenía 14 años y nos pusieron afuera de la casa con las manos en la muralla.

Mi padre fue presidente del sindicato de Chilectra, la compañía chilena de electricidad, él era sindicalista y además pertenecía al Partido Comunista de Chile. Allí comenzamos a tener problemas, a él se lo llevaron y dos días después volvió completamente torturado.

Él tomó sus precauciones y eso significó que nunca más volvió a la casa.