En los setenta en la época de la repugnante dictadura, fui con una de mis novias de aquel entonces, al majestuoso cine Metro en la calle Bandera a ver nada más ni nada menos que una de las películas más importantes de la historia del cine y del arte. “Felllini Ocho y medio”.

Entramos a ese cine encantado, y con aquel ritual de aquella época, se abrieron las cortinas rojas, desde las primera imágenes hasta las finales, yo estaba pegado al asiento, hasta se me olvido besar a mi novia, como era la costumbre. Pero yo tenía la suerte de estar emparejado con una joven estudiante de Literatura, inteligente y de gran personalidad. A ella le gustó la película, pero a mi no es solo que me haya gustado, salí cambiado. Toda esa magia puesta al servicio de esta meta-cine fenomenal. Cuenta la leyenda de que Fellini estaba en un bar tomando un dry Martini, cuando entra su productor Carlo Ponti, y le dice “¿Qué te pasa?” Fellini acababa de estrenar esa legendaria película “La Dolce Vita”, que le acarreo muchos enemigos, incluso ancianas que le lanzaban piedras por mostrar a la burguesía y el clero italiano en orgías.

Fellini le dijo “No se qué decir” y Ponti le contestó “Haz una película sobre eso”. Y así nació Fellini y Ocho. Eran épocas en que los productores eran a su manera especies de artistas de la economía. En ese tiempo el gran cine de autor, estaba ubicado en el Box Office, la gente veía Fellini Satyricon o Blow Up.

Yo portaba una patética credencial de crítico de cine, ya que había hechos algunas colaboraciones con algunos diarios y revistas y nos fuimos a un restaurant del centro a comer y a beber. Mi novia se acercó a mí y me besó en los labios, el siempre bienvenido y lujurioso beso francés. “¿Te recuerdas la semana pasada que vimos La Aventura de Antonioni?” le dije. “Sí, claro que me recuerdo. Una hermosa película” contestó. “No, no solo una hermosa película , un cambio en la historia del arte y de la sociedad. Y ahora Fellini Ocho y medio, manifiesto poético donde esta el amor, la lujuria, la religión, la creación, está todo. Es casi un filme esencial para siempre” repliqué.

Verdaderamente los años cincuenta,sesenta y los setenta fueron una época de puros gigantes del cine. Mencionemos a Welles, que filmaba por unos pocos dólares obras maestras como La Dama de Shanghai, un revulsivo en la historia del arte.

Esa noche, acompañé a Veronique a su casa, y entramos sigilosamente directo a su habitación, donde tuvimos sexo intenso, ingenioso por cierto, así como en las películas que amamos, donde nuestra relación amorosa era como una continuación de esos filmes. Hacía un tiempo, habíamos recibido con otra novia anterior a Veronique, Michelle, el impacto de Rossellini y su “Alemania año Zero”, pero especialmente Stromboli con una Ingrid Bergman descollante, en trance, rodeada de minúsculas lavas del volcán. Hay que recordar aquí que Ingrid Bergman era una gran estrella en Holllywood, pero como buena sueca, quería algo mas personal, y le escribió a Rosselini diciéndole que quería filmar una película con él. No solo filmaron una película,sino que además se casaron y tuvieron a la enigmática y bella Isabella Rossellini.

Ese tipo de arrojo de una gran actriz instalada en California y que deja todo para hacer cine de autor con el mejor de todos, ya no se ve ahora en nuestro siglo XXI. Todo estaba contaminado, la industria, pero también el deseo de dar un salto al vacío y ver que pasa. Cuando Antonioni hizo Blow-Up en Londres, con una Vanessa Redgrave hermosísima, cambió nuevamente la historia del cine y del arte.

En el final de ese filme, con el protagonista, un fotógrafo burgués interpretado con poderío por el muy ingles David Hemmings, que termina jugando al tenis con un grupo de especies de mimos, sin pelota, sin raqueta. En esa legendaria secuencia sintetizó todo el ambiente de alienación que nuestro admirable Carlos Marx había anticipado muchos años antes. Sencillamente la gente no estaba en el lugar que querían estar. El problema era que no sabían en qué lugar querían estar.

Por ejemplo, que Fellini-Satyricon, un film obra maestra post-manierista, una película difícil pero seductora, que aun así estuvo en el tercer lugar del Box Office durante casi un mes en todo el mundo.

La gente común y silvestre, hablaba de ellos en las comidas, en la televisión, ese gigantesco aporte artístico cinematográfico había tocado las fibras de todo el mundo. Sus películas eran una respuesta a las muy naif producciones norteamericanas sea de cine o televisión. Por cierto que hubo cineastas norteamericanos como Cassavettes, que trazaron un hermoso camino en USA en el cine de improvisación. Pero a pesar de haber talentos en Europa por ejemplo, no les llegaban ni a los tobillos a estos monstruos que he mencionado. El cine siguió el camino equivocado, y ya no eran los productores los que elegían los guiones, sino que los banqueros.

Hoy vivimos plenamente esa aberración, ya que son los dueños de los bancos más millonarios del mundo los que dan la luz verde a los proyectos. Los norteamericanos, venden como una aplanadora una película sin que se haya hecho aún. Las franquicias son verdaderas mierdas de lo que queda del cine. A veces emerge un o una cineasta que hace alguna aportación, pero su resultado sísmico es bajo en comparación a la pléyade de cineastas de los años 50, 60 y setenta.

En este panorama desolado, hay no solo un Jedi sino que dos, que están salvando la continuidad llena de potencial y amor al arte del cine. Uno es el gigante húngaro llamado Bela Tar, que ha hecho una carrera de festivales aparte, con su cine normalmente en Blanco y Negro. Por ejemplo “La Condena” es una película como si la hubiera filmado Franz Kafka, más una cuota de modernidad. Sublime, suprema, “La Condena” donde esos movimientos de cámara son cada vez un redescubrimiento de la hermosa espacialidad cinematográfica, las mujeres son jóvenes maduras, morenas o rubias, que cantan apoyadas a una muralla mientras en el pueblo está el diluvio.

En “Armonías de Verckmeister”, toda la propuesta cinematográfica es apasionante, impresionante, las actuaciones parecen ser guiadas por un trance a-moderno (perplejidad ante el arte). En “Nido familiar” todo es hiperrealismo, donde la trama no son las acciones, ni siquiera lo dicho, sino que lo oculto, pero siempre en un ambiente de grandeza incalculable.

Muchos han visto influencia de Tarkoski en Bela Tar, yo más bien veo la gran influencia de Orson Welles, con esos tiros de cámara imposibles, ese ambiente gris y al mismo tiempo nervioso. En la inmensa “Satantango”, todo es sobre la condición humana en ambientes desolados y al mismo tiempo muy sensuales cinematográficamente hablando. Su incursión en el cine en color con “Almanaque de Otoño”, que por cierto recuerda a uno de los últimos gigantes, Jean-Luc Godard con su bellísima “Adieu au Langage” (Adiós al lenguaje).

Ahí tenemos un cineasta de casi noventa años llamado Jean-Luc Godard , que cambió la historia del cine e influyó el arte completamente, que es como una especie de ombudsmen del cine, con sus películas sin tramas, sin historias, o mejor dicho con otras formas de hacer historias. Godard ha tenido muchos continuadores, pero el que más llevo adelante su influencia fue el grandioso Leo Carax con sus filmes eróticos, poéticos, muy franceses. Pero son excepciones.

Por eso, podemos estar contentos que sin duda, Bela Tar sea un gigante, que ha llevado una carrera un poco oculta, aunque está plagado de premios, pero él no esta disponible de ir a Hollywood bajo ningún concepto y tiene razón.

La otra Jedi que nos queda, es la intensa y muy ingeniosa cineasta argentina Lucrecia Martel. Desde su primer filme “La Ciénaga” demostró cuanto valía en el mundo entero. Es una increíble película en español sudamericana, con metáforas de alta poesía, con un mundo casi en murmullo que se va apropiando de las situaciones, cine de respiración, de salvación también. En La Niña Santa, es cierto que la increíble sombra de Buñuel se pasea en esos fotogramas, pero ella logra nuevamente hacer algo que parece increíble: una segunda obra maestra Latinoamericana. “La mujer sin cabezas” es cuando más se nota algo que anticipó hace algunos años el inmenso Godard cuando dijo: ”El cine contemporáneo está totalmenmte influido por Antonioni”, y no lo dijo muy contento, pero es así. Y en los filmes de Lucrecia Martel está esa alienación de la que hablábamos, una cierta burguesía del tercer mundo en busca de un espejismo llamado felicidad, con una cámara que a veces recuerda lo mejor del cine ruso. Hasta su ultima película Zama, filme histórico con vestuarios de épocas, en donde hace un giro 360 de su cinematografía, pero vuelve sobre el tema de la búsqueda de la aceptación, del sentido del tiempo, de las horas, de los meses y de los años. Una cineasta que habla del tiempo en su tiempo. Filma poco, es muy respetada, pero parece como si lo mejor de ella está por venir. Y claro, hay varios nombres de cineastas hombres y mujeres que han hecho sus mejores esfuerzos, con en algunos casos, con filmes interesantes y excitantes mas que nada.

Pero muchos parecen cortados por la misma tijera. Si ves el canal Sundance parecen todas películas como si fueran hechas por un solo o sola cineasta. Son los mismos temas contados una y otra vez hasta el cansancio. Son buenas películas, pero no son Fellinis, no son Rosselinis, no son Antonionis, no son Welles, no son Godards, que cambiaron la faz del cine y también del discurso social, político y artístico. Por cierto, Bela Tarr Y Lucrecia Martell son hijos de esos cineastas, en el caso de Martel es hija de Antonioni, y Bela Tarr de Welles. Pero no son realizadores que sean vistos o distribuidos, como lo fueron su honorables antecesores.

También hay que pensar que los 50’s, 60’s y a veces setenta, eran otras épocas, y había hambre de conocer el sentido de la condición humana, y que ahora ya no es tan así. En aquella época los filósofos y los sociólogos eran figuran importantes, en algunos casos estrellas para todos. Eso se acabó en este inicio del siglo XXI. Naturalmente, cuando un cineasta tiene como referencia a un Jean Paul Sartre, un Deleuze, la cosa artística es mucho mas exigente.

Ahora el cine se fagotiza con el cine, que ya no es tan exigentes como aquellos héroes. Antonioni escribía sus guiones con filósofos, dramaturgos, novelistas, sociólogos.

Eso ya se acabó. Ahora el cine responde solo al cine. Por eso las Artes Visuales son hoy en día el terreno donde esta el verdadero arte, el lugar que responde a las preguntas más importantes de la vida.

Espero que Bela Tar y Lucrecia Martel, irrumpan en el mundo tal como lo hicieron sus honorables antecesores, y ahora volveré a ir con mis novias a ver intrépidos las nuevas películas de estos dos grandes monumentos del cine. Y esta vez, aunque las películas me tengan muy seducidos, no olvidaré que entre medio de algunos momentos de los filmes, en honor a estos dos grandes herederos y los otros que espero puedan venir, entonces en honor a esa alegría de cine, besaré en los labios un estupendo beso francés a mi novia, en señal de compenetración y agradecimiento al amor entre un hombre y una mujer, pero también en agradecimiento al amor al cine. Una película genial enciende la llama de la excitación sexual, así que cuando surge un súper cineasta, todos los deseos no solo de cine, sino los deseos del sexo. Con mi novia, luego de ver esa obra maestra del cine en español llamada “Zama” de Lucrecia Martel, celebramos esa joya preciosa, con un sesión de sexo de alto nivel.