Prostitución en tiempos de pandemia

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Prostitución en tiempos de pandemia

Sexo con mascarillas, escabullidas nocturnas. Un grupo de trabajadores sexuales de la Región Metropolitana desnuda sus días de prostitución y confinamiento. Algunos se resguardan y ofrecen sólo videollamadas y contenido porno virtual; otros se arriesgan más: aceptan atender clientes en vivo, incluso en comunas en cuarentena y en pleno toque de queda. No les queda de otra, salvo tomar precauciones, dicen: el riesgo que corren es menor a la necesidad de conseguir dinero.

Sábado 9 de mayo, 2 AM. 

“¿Saliste ya, vienes? Ya po, ven, te conviene. Avisa cuando estés cerca”. 

Mientras se vestía y echaba una manito de gato, Paloma (27) aún dudaba si ir o no. El tipo insistía y su teléfono no dejaba de vibrar. Estaba dispuesto a pagar 250 mil pesos en efectivo por la atención inmediata, completa y a domicilio de una travesti chilena y guapa, como ella. Era casi cuatro veces el valor de su tarifa; entonces pensó: “Diez minutos a pie, y con eso tengo para el arriendo del mes”. Paloma ya había atendido a unos cuantos clientes más durante la primera fase de cuarentena total en la comuna de Santiago, entre fines de marzo y mediados de abril, pero esa noche le ofrecían lo que nunca antes en ocho años en el negocio. No pudo resistirse. 

“Salí con zapatillas para no meter ruido con los tacos. No había ni un alma en el barrio Bellas Artes, donde vivo y atiendo. Tuve que caminar unas siete u ocho cuadras, cruzar el Parque Forestal y, cuando estuve a la vuelta de su departamento, que es justo donde parte Patronato, lo llamé. Mientras bajaba a buscarme me puse los zapatos para recibirlo regia, obvio. Pega es pega, mi amor. Lo bueno es que salió breve el asunto y el tipo me dejó dormir en su sillón hasta que amaneció. Llegué a tomar desayuno”, recuerda. 

Foto referencial – Agencia Uno

Paloma difunde sus servicios en Instagram y Twitter, acaso la más reciente y poco difundida vitrina de pornografía y comercio sexual en internet. Allí ofrece lo que muchas y muchos escorts ofrecen por estos días: porno casero, packs de fotos, videollamadas sexuales y, en menor cantidad, atenciones en vivo coordinadas previamente por WhatsApp. Sin estas últimas, dirán algunos, a los trabajadores sexuales se les hace cada vez más difícil llegar a fin de mes. El valor de estos encuentros reales es casi siempre el más alto, nunca está por debajo de los 30 mil pesos por hora y, casi por regla general, duplica o triplica el de cualquier tipo de transacción virtual. Los clientes de Paloma son casi todos hombres mayores de 30 años, cuenta, y antes de octubre se dejaban caer de a tres o cuatro por día. La crisis social y luego el coronavirus, sin embargo, le aguaron la fiesta: sus ingresos y la clientela cayeron, hoy atiende tres clientes en una semana buena y eso la obliga, dice, a tomar riesgos. Sobre todo cuando los peces más gordos pescan el anzuelo.  

“Salí con zapatillas para no meter ruido con los tacos. No había ni un alma en el barrio Bellas Artes. Cuando estuve a la vuelta de su departamento, donde parte Patronato, lo llamé… Lo bueno es que salió breve el asunto y el tipo me dejó dormir en su sillón”. Paloma (28)

“La mayoría de los clientes que atiendo son de Santiago centro, que sigue en cuarentena. Cuanto mucho regatean una mamada en las escaleras de edificios de por acá cerca, por 10 lucas o menos, y cuando no sale nada más tengo que aceptarlos. Pero hay otros clientes de que pagan muchísimo más por una de nosotras. Yo estoy muy lejos de donde viven, pero mantengo contacto con algunos de ellos por mensajes de Instagram. A veces alguno me manda a buscar y salvo el mes de una”, dice. 

“El estallido social nos dejó a varios sin trabajo. Ya desde octubre andaba raro, por los toques de queda y las noches sin carrete, pero ahí era distinto. Ese era un toque más político que otra cosa, y una salía a trabajar igual no más, pero con el coronavirus te arriesgas no sólo a que te detenga una patrulla. Te arriesgas a pegarte el virus y a morir”, agrega.

A su último cliente, Paloma lo atendió sólo minutos antes de este contacto telefónico con The Clinic. Era un chico de 23 años que andaba de paso por el centro. El encuentro no duró más de 20 minutos. “Igual te lo cuento con vergüenza; sé que no debería hacerlo”, reconoce. Y advierte: “Nadie te va a decir así no más que sigue atendiendo en vivo, porque hoy eso es cruz pal’ que lo haga, pero lo hacemos igual y es rudo. Si no, ¿cómo vivimos?, ¿cómo pagamos arriendo y cuentas?”. 

“Hay clientes que pagan muchísimo. Yo estoy muy lejos de donde viven, pero mantengo contacto con algunos por mensajes de Instagram. A veces alguno me manda a buscar y salvo el mes de una”. Paloma (28)

La protesta

Nadie aquí será llamado por su verdadero nombre. 

Mónica (26) es otra trabajadora sexual del centro de Santiago, y para ella la realidad post revuelta social y coronavirus ha sido otra. Lleva cuatro años viviendo en Chile y prefiere no revelar su nacionalidad. Nunca cobró por sexo hasta que se estableció en el centro de Santiago, donde actualmente vive con sus dos hijas y donde atiende además a cada uno de los hombres que a diario la contactan a través de la página Skokka.com, una entre las tantas vitrinas virtuales de escorts. Solo ahí publicitan a más de 250, entre chicas heterosexuales, travestis y transexuales. Para todos los gustos. 

“Muy complaciente, con sitio cómodo y discreto. Oral, anal y vaginal. Fotos reales. Nada de engaños. Edificio sin conserje. Llámame”, se lee en su aviso. 

“Para mí la pega sigue igual. Atiendo a la misma cantidad de hombres que hasta hace unos meses. Siempre son 10 al día, ésa es mi meta. Les cobro 30 mil pesos a cada uno la hora”, cuenta. No le acomoda el formato de las videollamadas, confiesa, y últimamente le ha hecho el quite a los domicilios. El escenario pandémico la ha hecho tomar ciertos resguardos. 

“No voy a comunas que están en cuarentena y les digo de una que el sexo será con mascarilla. Tampoco hay besos y la única posición que vale es en cuatro. Llegan acá y antes de tener contacto se bañan y lavan las manos. Yo mando al cliente a bañarse, porque muchos son bien descuidados con el protocolo para prevenir el virus. La mayoría entiende que hay que cuidarse, y yo misma lo hago, pero tengo que seguir trabajando. Nunca vamos a recibir ningún tipo de ayuda por ser prostitutas, y hacerlo es nuestra protesta, pero hay que hacerla bien y con cuidado”.  

“No voy a comunas que están en cuarentena y les digo de una que el sexo será con mascarilla. Tampoco hay besos… Llegan acá y antes de tener contacto se bañan y lavan las manos. Muchos son bien descuidados con el protocolo para prevenir el virus”. Mónica (26)

La pandemia dejó a trabajadoras y trabajadores sexuales de todo el mundo abandonados a su suerte. En países como Alemania, México y Singapur quedaron sin ingresos ni hogar, en algunos casos. En España y Holanda, en tanto, algunas cobrarán bonos y sueldos mínimos subvencionados por el Estado. Y en Chile, donde el comercio sexual en sí no es ilegal pero administrarlo sí, el panorama es aún ambiguo y menos alentador: cifras de la Fundación Margen, que vela por los derechos de trabajadores sexuales en el país, revelan que más de 20 mil de ellas sostienen la economía doméstica en sus casas y tienen al menos un dependiente. 

Es ese tercio del total de 60 mil trabajadoras sexuales registradas en la Fundación Margen, el que hoy ve mermados sus ingresos. Tampoco cuentan con medidas de seguridad ni derechos que las resguarden. Su trabajo aún no es visto como un trabajo, y se sienten invisibilizadas. “No somos sujetas de derecho para el Ministerio de la Mujer”, declaró hace unos días Herminda González, vocera de la agrupación y secretaria de la Red de Trabajadoras Sexuales de Latinoamérica y el Caribe. Horas antes, un comunicado emitido por un portavoz de la cartera que actualmente lidera Macarena Santelices había encendido la mecha: “A las trabajadoras sexuales se les ofreció apoyo en medio de la pandemia como parte de las nuevas medidas para combatir la violencia doméstica y que eran libres de acceder a los beneficios sociales como cualquier persona”, rezaba el texto. En respuesta, ese mismo día varias trabajadoras sexuales adhirieron a la mediática campaña #NoTenemosMinistra a través de sus redes. 

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Una de ellas fue Migbellys (23), una chica trans de padre argentino y madre ecuatoriana que vive en Chile hace dos años. Antes de la primera cuarentena total en Santiago centro decretada el 23 de marzo, tenía al menos unos 15 clientes a la semana, a 50 mil pesos la hora cada uno. Los atendía casi siempre en moteles del sector oriente y del centro. Hoy solo concreta con la quinta parte de ellos y en su departamento, en avenida Vicuña Mackenna. A la mayoría ya los ha atendido y mantiene contacto a través de su cuenta en Instagram y WhatsApp. 

“En mi caso el trabajo ha bajado bastante, pero porque yo lo he decidido, por mi seguridad. Yo quisiera no seguir trabajando y me he aferrado mucho a mis ahorros, pero ésa es mi historia. He visto a muchas otras chicas trans y travestis que luchan por tener apoyo y reconocimiento de las autoridades, y nunca llega. Ni siquiera instructivos de salud, porque hacen vista gorda a la prostitución”, alega. “Yo he atendido en vivo siguiendo los protocolos de distanciamiento, hasta cierto punto. Uso mascarillas, ellos dejan sus zapatos y ropa en la entrada, toman un baño y todas esas cosas. Sería bueno que la ministra y otros al menos supieran cómo algunas estamos haciendo esto. También las chicas nuevas”. 

“El trabajo ha bajado bastante, pero porque yo lo he decidido, por mi seguridad. Me he aferrado mucho a mis ahorros, pero ésa es mi historia. He visto a otras chicas trans y travestis que luchan por tener apoyo de las autoridades, y nunca llega”. Mygbellis (23)

Novata C/L

El primer trabajo se lo ofrecieron por Grindr. 

“Yo sólo lo usaba para buscar pitos, porque cacho que es una app más gay, pero una noche de cuarentena y de aburrida en mi casa puse una foto mía para nada sugerente y empezaron a salir muchas ofertas. Dije: igual tengo un pasado en Tinder, así que no me pareció que fuera algo tan distinto a cosas que yo había hecho en el pasado. Además, eran lucas que no tenía y acepté”.  Eso cuenta Sofía (28). 

En días en que el contacto físico está prácticamente prohibido, internet se ha vuelto una oscura caldera del deseo. También una poderosa herramienta de trabajo para prostitutas y prostitutos que ya vivían exclusivamente del oficio y que saben cómo moverse entre sus pasadizos, pero también para neófitos, como Sofía. Hasta marzo tenía una pega muy tradicional como vendedora de seguros, cuenta, pero no le renovaron el contrato. Buscar un nuevo trabajo en su área era prácticamente imposible a esas alturas de la crisis y necesitaba volver a generar ingresos cuanto antes. Vive sola en Santiago centro, comuna en cuarentena desde el día uno de confinamiento, y por precaución solo atiende en su departamento. 

Cobra 40 mil pesos por la hora completa, 15 mil el oral y 20 mil el momento de hasta media hora. Sus clientes son jóvenes de entre 20 y 30 años, y muy pocas veces mencionan el coronavirus. Prefieren evitar el tema. 

“Es recurrente escucharlos decir ‘pucha, antes yo iba a la disco y me agarraba una minita, pero ahora es distinto’. Al haber perdido instancias sociales se les han reducido las posibilidades de satisfacer sus deseos de manera gratuita, y en este contexto no les queda más que pagar. Es interesante que la gente y uno mismo tome resguardos en muchas otras cosas, pero un buen follón no se perdona casi nunca. Escenario favorable entonces para todos los que nos dedicamos a esto, porque se vende solo. Ahora mismo acabo de terminar de atender a un chico”, cuenta. 

“Es interesante que la gente y uno mismo tome resguardos en muchas otras cosas, pero un buen follón no se perdona casi nunca. Escenario favorable entonces para todos los que nos dedicamos a esto, porque se vende solo”. Sofía (28)

-¿No te quedas insegura o con la idea al menos de que pudiste haberte contagiado hoy, o ayer? 

-Si quieres que te sea bien honesta, yo me aislé de las personas que consideraba que tenían más riesgo en mi familia, y no siento que el virus sea mi primera preocupación. Estoy más urgida por juntar las lucas para el arriendo. Si fuese otra la situación probablemente no lo haría, porque sé que corro un riesgo y que otros lo corren también por mí. Los clientes tampoco son muy escrupulosos. Lo mencionan algunos, pero todo lo que tiene que ver con la atención es sin cuidado alguno, puro riesgo. Suena irresponsable, en volá, pero es mi realidad y para mí todo esto ha sido favorecedor.

Otras amigas suyas lo están haciendo también, y Sofía quiere permanecer en el negocio. “Estoy explorando desde mi propio deseo y sexualidad en esto también. Estoy descubriendo este trabajo, y tengo amigas y conocidas que también lo están haciendo. No me considero aún una profesional, pero estoy trabajando en ello. Cuando pase todo esto quiero meterme a transmitir en vivo por CAM4, hacer otras cosas, jugar. Es lo bueno de hacer esto a través de las redes, porque administras tu cuerpo a tu pinta”, asegura.

Foto referencial Agencia Uno

Promos para trasnochados

5 AM. Se levanta el toque de queda, y Grindr y otras apps de citas y encuentros gays, como Hornet y Scruff, se llenan de gente.

Desde mediados de abril que Benja (25) programa su despertador a las 4.30 AM. Por esos días perdió su trabajo en un gimnasio, pagó tres meses del arriendo de su departamento, a pasos de la estación Escuela Militar, y ahora solo está viviendo del sexo por dinero. Es algo que siempre ha hecho, dice, aunque irregularmente. Se publica y conecta regularmente en la conocida app del logo amarillo fundada en Estados Unidos en 2009, famosa entre chicos gays y acérrimos consumidores de marihuana, y sus ganancias, revela, no cayeron con el toque de queda ni con la cuarentena que mantuvo encerrada a Las Condes hasta mediados de abril.

A la semana, Benja puede llegar a ganar poco más de 300 mil pesos sólo por atenciones en vivo. Es casi el doble de lo que genera por concepto de encuentros e intercambios virtuales. Su fuerte son los morbos: sexo sin condón, dildos, fluidos y otros, y para todo eso no faltan clientes. Más bien sobran, dice, pero no concreta con cualquiera.  

“Llevo casi diez años en esto y nunca vi tanto descontrol sexual en internet. Muchos hacen hora hasta las 5 de la mañana y se aseguran un polvo antes de irse a trabajar. Hay tipos de todas las edades y comunas, sobre todo en acá, en Vitacura y en Providencia. Todas estaban en cuarentena y yo atendí igual. Aún lo hago; casi todas son visitas cortas, porque después de tener lo que quieren se urgen. Prefieren ir a dejarme abajo y que el conserje de su edificio nos vea despidiéndonos como amigos. Quieren parecer cuidadosos, pero muchos no están tomando resguardos. No les importa de dónde vienes o si has estado con alguien más en los últimos días. Ni siquiera te preguntan cómo te has sentido, nada. Yo sí, despejo mis dudas. A uno lo dejé parado en la puerta de su departamento porque no me dio confianza. Tosía mientras me rogaba. Quizás es paranoia, no sé, pero ahí uno ve que en realidad la fiscalización es bien poca”.

“Llevo casi diez años en esto y nunca vi tanto descontrol sexual en internet. Muchos hacen hora hasta las 5 de la mañana y se aseguran un polvo antes de irse a trabajar. Hay tipos de todas las edades y comunas, sobre todo en Las Condes, Vitacura y Providencia”. Benja (25)

Quinta Normal se encuentra en cuarentena total desde el 23 de abril, y recién se levantará este viernes 15. Según un informe epidemiológico emitido el martes 5 de mayo, en la zona hay 306 contagiados de Covid-19. Ese mismo día Fabricio (32) tomó un Uber desde el sector de Estación Central rumbo a calle Mapocho, en plena comuna del sector poniente de Santiago. Un cliente de 40 años había caído redondito con su perfil de Grindr: “24CmBrazil”.

“Fui hasta su casa en un auto que él mismo mandó a la mía. Su sector está en cuarentena, pero yo anduve por la calle tranquilo, como si nada. Iba solo con mis documentos de Brasil, yo no tengo documentos chilenos. Pasé por al lado de un uniformado del Ejército que estaba pidiendo salvoconducto a la gente y no cacharon que yo no tenía el mío. Nadie me pidió nada y yo no paso tan piola, soy un mulato de 1.90 de estatura. Estuve ahí una hora y al regreso tampoco tuve problemas.”, cuenta. 

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Fabricio llegó de Sao Paulo hace seis años. Su sueño es vivir de la música, pero después de los mismos seis años en el comercio sexual, dice, no ha podido salir de él. Ni siquiera ahora, que sabe que arriesga su vida en cada encuentro en vivo. “Siempre escucho esa historia: el que entra, nunca más sale. Ya intenté salir dos veces, pero yo gasto, soy de gastar. Yo fui una persona normal (ríe); estudié Publicidad en Brasil y trabajé en la Petrobras. Fui Auxiliar de Calidad, cuidaba los documentos de la empresa, pero aquí la cosa fue distinta. Tuve que reinventarme y este negocio da mucho. La tentación del dinero es siempre muy grande, pero hay que saber tomárselo con calma ahora mismo. Meses atrás yo podía ganar 150 lucas en un día mientras arrendaba un departamento en Los Leones. Ahora gano 40, 50, y casi sólo hago videollamadas y ventas de fotos. Me siento más seguro”, revela. 

Todos sus clientes lo contactan a través de Grindr y la página Sexo en Vivo, donde da shows por webcam junto a chicas y parejas. De concretar un encuentro, escoge al cliente con pinzas. “Durante este tiempo, cada dos o tres días he hecho un presencial para desahogarme. Es una medida de precaución para mí y sólo lo hago con clientes conocidos y que sé que se encuentran bien, como el chico de Quinta Normal”, cuenta.  

“Decirle que no a un cliente con dinero en estos días es muy difícil y de gente realmente consciente”, dice Derick (26), un escort del conocido portal Sexo Urbano con departamento propio en Providencia. “Supieras cuánto perdí por no atender durante los toques de queda. Saqué la cuenta y el mes pasado fueron 2 millones”, se lamenta. Pero aun cuando su perfil señala que vive en Providencia y enumera sus dotes en la cama, aclara que actualmente sólo está haciendo videollamadas y vendiendo contenido porno. Así y todo lo han tentado con grandes sumas de dinero. 

“Solo hice tres atenciones en cuarentena. Por higiene y seguridad no doy besos, traté de no acercarme mucho aunque era inevitable y lo hice todo con preservativo, que ya es poco común. Honestamente lo hice porque me ofrecieron cifras muy altas. Tengo un cliente súper bueno, drogadicto, de mucho jale. Yo tengo mis propios contactos para abastecer las comodidades y gustos de esos clientes y este tipo me preguntó si estaba atendiendo. Me ofreció 500 mil pesos por estar con él una noche, y me prometió y juró que se estaba cuidando. Esto fue justo después de que levantaron la cuarentena acá en Providencia. Él venía de Vitacura eso sí. Ese día igual quedé con una sensación rara, con miedo. Prometí que no lo volvería a hacer y en eso estoy”. 

“Solo hice tres atenciones en cuarentena. Por higiene y seguridad no doy besos, traté de no acercarme mucho aunque era inevitable y lo hice todo con preservativo, que ya es poco común. Lo hice porque me ofrecieron cifras muy altas”. Derick (26)

La suerte de higienización del sexo en tiempos de pandemia se ha vuelto también tema entre quienes cobran por él. “Es raro empezar a disminuir el contacto, el uso de la mascarilla en el acto sexual, por ejemplo. Apurar la situación y pasar de una a la penetración, sin vernos ni las caras ni darnos un beso, es heavy y revoluciona nuestro trabajo. Para la estimulación es rarísimo, pero la calentura llega a un nivel muy alto en el caso de los clientes, ellos te la hacen más fácil. Hay gente desesperada por tener sexo urgente, no importa lo que cueste o el riesgo que corran para conseguirlo –concluye Derick–. Ni la amenaza de una pandemia mundial logró frenar ese deseo, y espérate no más a que levanten la cuarentena en comunas. Ahí sí que esto se va a desbordar”.

Comentarios
Sabía ud que... COMO NO VAN A DEJAR LIBRE A LOS LADRONES SI LES DICEN “HABLE AHORA O CALLE PARA SIEMPRE”. -------------------------------- Sabía ud que... NO SOY NI DEL SEXO DÉBIL NI DEL SEXO FUERTE, SOY DEL “SEXO, POR FAVORCITO”. -------------------------------- Sabía ud que... “SE VEÍA VENIR” NO ES UN PAJERO NARCISISTA. -------------------------------- Sabía ud que... HAY PERSONAS TAN MALÉFICAS QUE SON EL SEXO DEVIL. -------------------------------- Sabía ud que... LOS MÁS SUPERSTICIOSOS SON LOS CARPINTEROS PORQUE ESTÁN TODO EL DÍA TOCANDO MADERA. --------------------------------