Beausejour Coliqueo, jugador histórico

Agencia Uno

Beausejour Coliqueo, jugador histórico

Hijo de padre haitiano y madre mapuche, de raza negra y con ideas políticas cargadas de un fuerte contenido social. La historia de Jean Beausejour no se parece a ninguna otra. Un recorrido con estaciones inesperadas en la carrera del futbolista que anotó el gol de la primera victoria nacional en Sudáfrica 2010. ¿Su sueño? Que algún día exista la selección Wallmapu.

Fue amargo el paso de la selección chilena por Río de Janeiro en 1950. No sólo perdió sus dos primeros partidos, sino que además no pudo convertir un solo gol. Inglaterra y España vencieron a la Roja por el mismo marcador: 2-0. 

El equipo nacional contaba con futbolistas de renombre. Sergio Livingstone, Andrés Prieto, Atilio Cremaschi, Fernando Riera y el “gringo” Jorge Robledo, el delantero que brillaba en el Newcastle de Inglaterra y que jugó ese Mundial sin hablar una palabra de castellano.

La oportunidad de limpiar la afrenta fue el 2 de julio, en un nuevo escenario. El estadio de Recife albergó el duelo entre Chile y Estados Unidos. El compromiso partió con un equipo nacional encendido. Jorge Robledo y Atilio Cremaschi pusieron el 2-0 pasada la media hora. El inicio del segundo tiempo sorprendió dormido al cuadro chileno. En dos minutos los norteamericanos igualaron el guarismo con goles de Frank Wallace y Joe Maca. 

Pero Chile despertó. 

Andrés Prieto, Atilio Cremaschi y Fernando Riera pusieron el 5-2 definitivo. Los jugadores festejaron la victoria, pese a que no pudieron acceder a la siguiente ronda. Sentían que era un paso adelante y que pronto, en pocos años, la Roja volvería a festejar en una Copa Mundial. Era cosa de tiempo. Íbamos bien encaminados.

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Las semifinales contra Brasil habían dejado diezmado al equipo que dirigía Fernando Riera. El técnico debió disponer de varios jugadores que no habían sido titulares para enfrentar a Yugoslavia por el tercer puesto. Adán Godoy, Humberto Cruz, Manuel Rodríguez, Armando Tobar, Carlos Campos, saltarían a la cancha. Para muchos, el partido por el tercer puesto era un premio de consuelo entre los que no pudieron ser finalistas. Para Chile era una cita histórica. Jugar de local y terminar en el podio era un resultado inédito en nuestro balompié.

El estadio Nacional estaba repleto, de tope a tope. Los aficionados fueron testigos de un partido friccionado. El ritmo le pasó la cuenta a Chile. Al final del pleito, varios jugadores estaban visiblemente lesionados. No abandonaban para que el equipo terminara con once en el campo de juego.

Los futbolistas sentían que si iban al tiempo extra, el partido lo perdían. Los europeos estaban enteros físicamente. Por eso, en el minuto final, Eladio Rojas se atrevió a pegarle desde tan lejos. Más que un lanzamiento, era un último recurso. Un desahogo. La pelota se desvía en un defensa y deja sin chances al arquero. El gol se celebró como si fuera un campeonato. Chile alcanzaba con este tanto el tercer lugar en una copa del mundo.

El público, la prensa, los jugadores, el ambiente en general, presentía que el fútbol chileno al fin había despegado. Lo que vendría sería mejor. No imaginaban que la Roja tardaría 38 años en volver a ganar un partido en un Mundial. 

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Dicen que la historia no juega, pero pesa. O al menos tiene un valor simbólico relevante. El equipo de Marcelo Bielsa debutaba ese 16 de junio del 2010 en el Mundial de Sudáfrica cargando una mochila de la que no eran responsables: la Roja no ganaba un partido en una Copa del Mundo desde 1962, en el duelo por el tercer lugar contra Yugoslavia. Hilando más fino, Chile no triunfaba en un Mundial fuera de casa desde 1950, cuando venció a Estados Unidos por 5-2 en Recife, Brasil. Habían transcurrido 38 años desde el primero, seis décadas desde el segundo. Demasiado tiempo. 

Diferentes generaciones no habían podido ganar. Ni en los Mundiales del ’66, ’74, ’82 y ’98, pese a que en este último se accedió a la segunda fase gracias a tres empates. Estuvo cerca en 1966, cuando la Roja ganaba por la mínima y Corea del Norte igualó en el minuto final. Muy cerca en 1974, cuando el cuadro nacional metió en un arco a Australia, pero no pudo vulnerar la valla oceánica. Demasiado cerca en Francia 1998, cuando el equipo de Nelson Acosta le ganaba a Austria, hasta que un tiro al ángulo de Ivica Vastic se clavó en el arco que defendía Nelson Tapia.

Cerca. A punto. Pero no se pudo. 

El rival en el 2010 era Honduras, en el papel, un equipo inferior a Chile. Pero había que demostrarlo en cancha. Marcelo Bielsa dispuso jugar sin un 9, pues Humberto Suazo no llegaba en buena condición física. Arriba estarían Alexis Sánchez, Jorge Valdivia y Jean Beausejour.

Era el primer partido de Chile en un Mundial en 12 años. Después de una clasificatoria notable, donde terminó en el segundo puesto, llegaba la hora de demostrar lo obrado en una cita de alto nivel, como una Copa del Mundo. Muchos de estos jugadores ya insinuaban su despegue desde los Mundiales Juveniles del 2005 y 2007. Pero esto era otra cosa. Era ante los ojos del mundo.

Más de 32 mil personas llegaron ese miércoles a Nelspruit, Sudáfrica, para ver jugar a un equipo sudamericano contra uno centroamericano.

El dominio fue de Chile desde el principio. El vértigo que intentaba el equipo de Marcelo Bielsa no se traducía en demasiadas llegadas, pero tampoco sufría agobio en arco propio.

Hasta que llegó el minuto ’34. Entre Carlos Carmona y Rodrigo Millar recuperaron un balón en campo contrario y cedieron para Matías Fernández. El volante se percata que por el costado, derecho, con un movimiento automático, comenzó a proyectarse Mauricio Isla. Lo habían practicado decenas de veces, cientos de veces. El pase filtrado de Fernández llega a los pies de un Isla que venía a toda velocidad, quien centra buscando un compañero. Alguno tenía que aparecer. Lo habían ensayado en muchas ocasiones, sin nombres propios. El centro iría al espacio, para el mejor ubicado. 

Jean Beasejour seguía la jugada desde la izquierda. Comenzó a correr en diagonal, hasta la posición del 9. Cuando Isla cedió hacia el centro del área, sabía que era el mejor localizado. Pese a llegar antes que todos, no alcanzó a impactar el balón. El portero hondureño, Noel Valladares, se quedó a mitad de camino entre su arco y la pelota. Su compañero, el defensa Sergio Mendoza, se arrastra y toca la esférica antes que todos. El azar juega su partido y esta vez favoreció a la Roja, porque el balón desviado por el defensa golpeó en el cuerpo de Jean Beasejour, quien se mantenía a pie firme. Lentamente, la pelota entró a la portería desierta, sin oposición.

Beausejour levanta las manos, sonríe. Hace un gesto, dice que no es mérito suyo, pero eso da igual. Todos sus compañeros lo abrazan. Era el primer gol de Chile en el Mundial de Sudáfrica del 2010.

El duelo siguió con alta intensidad. Honduras, equipo dirigido por Reinaldo Rueda, no se acercó demasiado. Chile sacó la tarea adelante y consiguió ganar por primera vez un partido en una Copa desde 1962, el primer triunfo en un Mundial fuera del país desde 1950. El equipo de Marcelo Bielsa acababa de romper la historia. Una vez más. 

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Coty. A Jean André Emannuel Beasejour Coliqueo, sus amigos, vecinos y familiares le decían Coty. Un apodo que heredó de su padre, claro que en su caso no era un sobrenombre. Se llamaba así, Coty. 

Jean Beausejour entendió desde pequeño que era distinto. Su color de piel era diferente a la de todos sus conocidos y compañeros de colegio. En la década del ’80 no era común convivir con gente de raza negra en la Población Brasilia, sector Las Rejas Sur, donde creció junto a su familia materna. Su abuelo, Andrés Coliqueo, fue una de sus grandes influencias. Fue él quien lo acercó a la tradición de sus ancestros mapuches y al orgullo que siente por la historia de sus antepasados. 

Los estudiantes y profesores del Liceo Polivalente Guillermo Feliú Cruz, de Estación Central, recuerdan que cuando pasaban lista y llegaban al apellido Beausejour para contar la asistencia, el alumno agregaba “Coliqueo”, desde su pupitre. 

-“Me llamo Beausejour Coliqueo”, decía, sin perder la compostura.

“Era un pobre muy asumido, lo llevaba muy dignamente porque sabía para dónde iba” declaró María Luisa Pizarro, profesora jefe del futbolista durante parte de su época secundaria.

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La historia de Jean Beasejour dentro de la cancha tiene varias estaciones. Siempre fue hincha de la Universidad de Chile. Llegó a probarse y fue seleccionado entre un centenar de niños. Estuvo en las cadetes del cuadro azul desde los 10 a los 14 años. Se percató que tendría pocas oportunidades, así que salió para ser reclutado por las fuerzas básicas de Universidad Católica, club donde debutó en Primera División bajo la conducción técnica de Juvenal Olmos, el mismo entrenador que años después lo convocaría a la selección.

Los relatores se referían a él como “Palmatoria”, por el personaje de Barrabases, ese jugador brasileño que reforzaba al ficticio equipo de niños en Villa Feliz, la historieta creada por Guido Vallejos. 

En la cancha el zurdo marcó diferencias en cada una de sus estaciones. En la UC, en la Universidad de Concepción, en Cobreloa, en O’Higgins, en el Wigan de Inglaterra, en Colo Colo, en su regreso ya maduro a la Universidad de Chile. Pero la gran diferencia que marca Jean Beausejour Coliqueo es fuera de la cancha. Sus opiniones políticas, su defensa a la causa mapuche, su capacidad para referirse a los temas sociales, su discurso que ve a su actividad, el fútbol, como parte de una sociedad que muchas veces se ve reflejada en un campo de juego, lo hacen un jugador único. 

“En mi vida he sido más discriminado por ser mapuche que por ser negro”, aseguró en una entrevista. Palabras que retratan un Chile que suele separar al diferente. En su caso, con ascendencia haitiana y mapuche. 

El jugador fue convocado por el técnico Jorge Sampaoli al Mundial del 2014. Entre sus pertenencias, para aliviar el largo período de concentración, llevó un volumen del libro Sólo por ser indios, del autor mapuche Pedro Cayuqueo. 

“Es un jugador diferente, desde su origen en adelante. Su padre es haitiano, su madre es mapuche, se cría en Estación Central y es de raza negra. Nunca ha pasado desapercibido en ninguna parte, pero creo que eso ha moldeado su carácter”, reflexionó Cayuqueo.

El 4 de julio del 2015, la selección de Chile ganó su primera Copa América. Venció a Argentina en tanda de penales. Cuando el título se consumó, el alboroto y festejo de los futbolistas en la cancha central del estadio Nacional fue absoluto. Beausejour fue entrevistado en ese lugar por el reportero Víctor Cruces de radio ADN. Sus declaraciones se escucharon con fuerza y nitidez.

“Uno recién ahora dimensiona lo que pasa. Hace unos días me llamó un profesor de juveniles que me dijo ‘ojalá que en el estadio en que tanta gente sufrió y se torturó, puedan tener una alegría’. Pensamos en eso y muchos rezamos pensando en esas personas. En un lugar donde hubo tanta tristeza y muerte, hoy le dimos una alegría a este pueblo”, sentenció el zurdo, en referencia a la utilización del estadio más grande del país como centro de reclusión durante los primeros meses de la dictadura militar.

En el 2015, Beausejour jugaba en Colo Colo. Fue invitado por la Presidenta Michelle Bachelet a participar como parte del Consejo Ciudadano de Observadores para el proceso constituyente. El único futbolista y uno de los dos miembros mapuches invitados. 

“Mi labor es garantizar que se cumplan ciertas pautas para que el diálogo se desarrolle de buena manera, que tiene que ver con los facilitadores, con quien se va llevando la conducción del encuentro. Siempre hay cosas muy rescatables, como la gente un día domingo en vez de preferir hacer actividades familiares o hacer cosas del hogar prefiera venir a discutir sobre cómo quiere a un país, como quiere a Chile”, dijo luego de una de las primeras reuniones. 

En abril del 2016 el periodista Leonardo Salazar publicó su libro “Revolución en La Granja”. El texto detalla la campaña de Curicó Unido en su regreso al fútbol profesional. El equipo del Maule es uno de los pocos que se mantiene como un club de socios, sin convertirse en una sociedad anónima deportiva. El prólogo de dicho libro fue escrito por Beausejour.

“El relato de la campaña de Curicó Unido 2005 habla de triunfos épicos en estadios de barrio en San Clemente y La Palmilla, así como gestas en Iquique y Santiago. Narra cómo los magnates de la ciudad, los trabajadores hormiga y el pueblo de la galería se unieron para alcanzar el objetivo. Es coraje, amor y espíritu comunitario alrededor de un balón, salpicado con amateurismo en estado puro”, escribió el jugador. 

El 20 de noviembre del 2018, la selección nacional jugó un partido amistoso contra Honduras, en Temuco. Era el mismo rival al que le anotó un gol en el Mundial de Sudáfrica del 2010. El técnico que en ese tiempo dirigía a los centroamericanos, Reinaldo Rueda, ahora era el DT de Chile. 

El ambiente en la capital de La Araucanía estaba crispado. El comunero mapuche Camilo Catrillanca había sido asesinado seis días antes del pleito por efectivos policiales. El cotejo estuvo a punto de suspenderse. La dirigencia chilena temía una reacción popular en el estadio por parte de la afición. Las medidas de seguridad incluían una revisión exhaustiva de los espectadores varias cuadras antes de llegar al parque Germán Becker, donde está ubicado el estadio.

Los organizadores del partido no consideraron la realización de un minuto de silencio en homenaje a la muerte de Catrillanca. Pese a esto, los jugadores chilenos se reunieron en la mitad del terreno antes de iniciar la brega y se quedaron quietos, inmóviles. Sus colegas hondureños se plegaron. Por un minuto, el recinto se mantuvo en silencio. La vista de todos se posó en el histórico número 15 de la selección chilena. Jean Beausejour, sin estridencias ni anuncios previos, cambió el nombre de su camiseta. No se leía su primer apellido, sino el segundo. Coliqueo. Esa noche, en tierra mapuche, Beausejour fue Coliqueo.

Chile ganó por cuatro goles a uno. 

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El 13 de junio del 2014, la selección chilena jugaba su primer partido en el Mundial de Brasil. En la sede de Cuiabá, bajo un calor y humedad infernales, el equipo de Jorge Sampaoli golpeó rápido con goles de Alexis Sánchez y Jorge Valdivia. El delantero oceánico Tim Cahil anotó el descuento a los 35 minutos. 

El resto del partido fue nervio puro. La Roja pudo ampliar las cifras, pero Australia mereció mejor suerte en el arco contrario. El reloj avanzaba, el marcador no se movía. A los 68 minutos, el técnico ordena el ingreso de Jean Beausejour. El futbolista que sale es Valdivia, el mejor amigo del zurdo.

Hasta el minuto 92. Mauricio Pinilla enfrenta al arquero y su remate es devuelto por el golero en una gran intervención. A veces el azar juega al fútbol. Esa pelota pudo salir en cualquier dirección, pero se fue directo a los pies de Beausejour. El zurdo controló y le pegó cruzado, abajo, anotando el 3-1.

En los festejos, el partido terminó. La Roja había ganado su primer partido en el Mundial de Brasil 2014.

De paso, Jean André Emanuel Beausejour Coliqueo se convertía en el único jugador en toda la historia del fútbol chileno, en anotar goles en dos Mundiales diferentes.

Comentarios
Sabía ud que... EN LOS CARRETES DE LOS ZANCUDOS SIEMPRE HAY ALGO PA PICAR. -------------------------------- Sabía ud que... A VECES CANTO ODAS, OTRAS VECES SOLO ALGUNOS MINUTOS. -------------------------------- Sabía ud que... JOAQUÍN LAVÍN JR PASÓ DE SER UN ENTUSIASTA A UN ENTUSIESTA. -------------------------------- Sabía ud que... HAY PERSONAS TAN MALÉFICAS QUE SON EL SEXO DEVIL. -------------------------------- Sabía ud que... CUANDO HANNIBAL LECTER LEE UN LIBRO DE COCINA, PARTE POR EL ÍNDICE. --------------------------------