Juan Varas: El incansable reparador de ollas a presión, incluso en pandemia

Juan Varas: El incansable reparador de ollas a presión, incluso en pandemia

Hace 44 años que recorre poblaciones entre Arica y Concepción ofreciendo sus servicios. Varas, quién dice haber “profesionalizado el oficio” estuvo más de 100 días sin trabajar, porque al igual que toda su casa, se contagió de Covid-19. Ahora sigue en las calles, pero tomando las medidas sanitarias correspondientes y, como siempre, trabajando en la vereda.

“Anduve por Puente Alto, La Florida y Ñuñoa, allá por la calle Salvador. Pero me hoy día vine más temprano que de costumbre, como a las 5.30” dice un sábado, con voz ronca, Juan Varas. Tiene 68 años; y hace 44 comenzó a vender gomas de ollas a presión por las poblaciones de Santiago.

“Voy calle por calle, con mi carrito, gritando. La gente ya me conoce. En una cuadra puedo vender dos gomas y un repuesto, por ejemplo. Pero de a poco, con el tema de la goma entro en confianza con la gente y muchas veces termino haciendo la mantención completa. Aunque también puedo caminar 20 cuadras y no vender nada. Así es el asunto” cuenta. 

Ahora en la pandemia siempre lleva guantes, se echa alcohol gel cada cierto rato y anda con mascarilla. Una práctica que tiene hace décadas pero que sus clientes ahora valoran más que nunca es que él trabaja en la vereda, fuera de los domicilios. Además, siempre está uniformado con una cotona azul y un jockey blanco donde tiene bordado “Reparación de ollas a presión” junto a su nombre y su número celular. “Es publicidad gratis, porque las señoras pasan por afuera, me ven y así voy ganando clientes”. 

Varas dice que en Santiago existen mas de 2000 ferias libres y “en todas hay un compadre que vende ollas a presión. Pero algunos no saben ni colocar la goma y muchos venden repuestos usados”. El dice que “profesionalizó” el oficio. 

¿Cómo así?

-Es que yo me hice maestro de la olla. Cuando recién empecé, me hice amigo de unas personas en la fábrica de ollas Marmicoc. Ellos me regalaron materiales para trabajar y yo me dediqué a aprender todo. Yo le reparo una olla que está chueca y la dejo posicionada. Incluso, después fui desechando esas cosas que me dieron porque ellos trabajaban a la antigua. Yo trabajo con puro material de primera. 

Para él, las ollas a presión significan “mi fuente de trabajo, mi supervivencia. Es sacrificado el trabajo, pero no vivo mal: tengo una buena casa, hijos profesionales. Las ollas son las que me dan para vivir y no pido más”. Sin embargo, su actividad laboral se paralizó cuando se contagió de Covid-19. “Estuve en total más de 100 días sin trabajar” dice Varas. 

“Es que yo me hice maestro de la olla. Cuando recién empecé, me hice amigo de unas personas en la fábrica de ollas Marmicoc. Ellos me regalaron materiales para trabajar y yo me dediqué a aprender todo. Yo le reparo una olla que está chueca y la dejo posicionada”

“NO ME AGUANTÉ” 

En abril, cuando el número de casos se comenzó a disparar en Chile, Juan Varas no se encontraba en su casa en Santiago. “Me junté a trabajar con un amigo en Valparaíso y trabajamos una semana allá. Después nos pasamos dos días a La Ligua y cuatro días en Cabildo, donde nos advirtieron que la gente se estaba contagiando, que lo milicos andaban en la calle y todas esas cosas” relata. 

Registro personal

¿Qué hicieron?

-Arrancamos hasta Quillota y trabajamos un día más, pero de ahí no pillé como venirme a Santiago, así que me fui hasta San Antonio, donde mi amigo que es de allá. Mi señora y mis nietos fueron a buscarme en auto. 

Eso fue un viernes. Ese mismo día por la tarde, recuerda Juan, su hijo mayor llegó del trabajo y se fue a encerrar a su dormitorio. “El sábado nos asustamos, porque no salía, pero de repente abrió y nos dijo: ‘Tengo coronavirus’. Todavía no se hablaba de Covid-19” relata. 

 ¿Contagió a su familia?

-Sí, mi señora el jueves siguiente la diagnosticaron en el Hospital Salvador. Y por esos días, entre que venían doctores y nosotros íbamos al consultorio Padre Hurtado en Camino Agrícola que nos queda re cerca, confirmamos que nos contagiamos los siete adultos de mi casa, menos mi nieta de cuatro años. 

Se tuvieron que acomodar en su casa de Macul. “Uno durmiendo por allá en un sillón, y en los tres dormitorios, uno pegado a la puerta y el otro al rincón” explica. Alega también que le salió caro: “Si necesitaba comprar algo, tenía que pagar más porque le pedía a alguien que fuera. Y cuando empezó a salir en la TV que la gente se moría, nadie se quería acercar a nosotros. Fuimos de los primeros”. 

¿Cuánto duró su cuarentena?

– Todos estuvimos de alta como a mediados de mayo, pero nosotros nos quedamos dos semanas más, para no contagiar a nadie. 

¿Le complicó mucho dejar de recibir ingresos?

-Sí, con mi señora recibimos cada uno una pensión de 130 y tantas lucas, pero no nos alcanza con eso. Por suerte, nuestros hijos nos ayudaron con vitaminas, mercadería y recursos para que no saliéramos. 

Cuenta que uno de sus hijos aún está medio enojado con él, porque volvió a salir a trabajar el domingo pasado. “Era más jodido, quería que nosotros nos quedáramos haciendo nada en la casa. Pero aquí se van juntando cuentas del banco, la luz, el agua, el cable, el celular, todo, así que no me aguanté y salí igual” cuenta Varas, quien puede ser contactado a través de su mail ([email protected]) o su celular (+56994718730). 

Registro personal

EL LADO POLÍTICO

Su familia paterna pertenecía al Partido Socialista. De hecho, antes de vender ollas, él vivió más de un año en Argentina: “Yo vivía en Copiapó y el 74 los militares querían cazarme, así que escapé a Salta por el Paso Socompa”. 

¿Y cuándo volvió?

-Al año siguiente. Pero por la persecución política, decidí venirme a Santiago con unos amigos cuyo papá vendía las gomas de las ollas. Al principio no vendíamos mucho, pero con puro sacrificio pudimos surgir. 

Al llegar a la capital, conoció a quien hoy es su mujer. “Quedó embarazada de mi primer hijo y comencé a trabajar en lo que viniera para llevar el alimento a la casa. Empezamos de cero, pero ahora estamos bien colocados gracias a mi trabajo con las ollas”, explica Juan. 

Al verse imposibilitado de salir a trabajar por el Covid-19, Juan hizo de cocinero en la olla común de la Villa El Esfuerzo. Llegó a repartir 220 raciones de almuerzo. “Pero comida buena, cazuela, pantrucas, carbonada charquicán, pollo asado. Puras cosas buenas” dice, riendo. Se considera un ser querido y respetado en su comunidad, ya que le han pedido que incluso sea presidente de su Junta de Vecinos. 

Al verse imposibilitado de salir a trabajar por el Covid-19, Juan hizo de cocinero en la olla común de la Villa El Esfuerzo. Llegó a repartir 220 raciones de almuerzo. “Pero comida buena, cazuela, pantrucas, carbonada charquicán, pollo asado. Puras cosas buenas” dice, riendo.

¿Y va a hacerle caso a sus vecinos?

– Les dije que no tengo tiempo para eso. Cuando uno está con dos pegas a la vez, las hace a medias y prefiero mantenerme como estoy, haciendo bien las cosas. De eso estoy seguro: nunca voy a cambiar de trabajo. 

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