Jaime Concha, vulcanización móvil en tiempos de cuarentena

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Jaime Concha, vulcanización móvil en tiempos de cuarentena

VulcaYa es la pyme que este mecánico autodidacta decidió potenciar desde marzo, cuando los recintos que arreglan los neumáticos se vieron obligados a cerrar. “Especialmente en estos tiempos, los autos no pueden quedar tirados en la calle” dice Concha.

“Hace tres días nos llamó un doctor que se había quedado en panne cuando iba en camino a su trabajo, específicamente a operar de urgencia a una persona del corazón. Él no pudo arreglar la falla así que nos contactó. Partimos volando, hicimos la cuestión y pudo seguir. Imagínate, qué más importante que eso. No es por hacerme el héroe ni nada, pero claro, siento que realmente le arreglé el día a esa persona”. Esa es solo una de las historias que cuenta Jaime Concha quien cumplió 34 años el lunes. 

“Tomaré tu llamado como regalo de cumpleaños” bromea, quien antes de la pandemia dedicaba la mayor parte de su tiempo a una agencia de marketing digital especializada en grúas de rescate a nivel nacional. “Era como si yo fuese el dueño de Uber para grúas. Me llamaba gente de Puerto Montt, Arica, Iquique, de donde sea, y yo hacía el contacto con las grúas para que los fuesen a ayudar”, cuenta.

Sin embargo, la crisis social en principio y después la pandemia, provocaron que los grueros no se atrevieran a salir: “Me iba súper bien, pero después pasó a ser un negocio que no me daba lo suficiente”.

En marzo, decidió poner el foco en una necesidad que detectó en su mismo trabajo. “Muchas veces eran problemas de neumático no más, así que empecé a armar el cuento en forma paralela”, dice. Se organizó con dos compañeros, que cada uno tenía su camioneta y los materiales necesarios, para repartirse las zonas de Santiago y hacer una plataforma que entregara el servicio de vulcanización móvil.

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VulcaYa tiene un principio fundamental, explicado por Concha en esta entrevista a The Clinic: “Para nosotros es súper importante el tiempo de respuesta a la gente, sobre todo en estos tiempos, donde la gente está con los permisos, muchas veces con los niños, entonces tenemos que llegar rápido. Los autos no pueden quedar tirados en la calle”.

“La crisis social en principio y después la pandemia, provocaron que los grueros no se atrevieran a salir: “Me iba súper bien, pero después pasó a ser un negocio que no me daba lo suficiente”.

EL RIESGO DE CONTAGIO

Los servicios que entrega esta pequeña empresa son normalmente en el sector oriente de Santiago, desde Ñuñoa a Lo Barnechea, pero también, dice Concha, queda a evaluación de asistir a otras comunas. “Es un riesgo también andar por todas partes sin cuidado. Nosotros andamos con equipos que son bien caros y nos han robado ya. Son malas experiencias que prefiero evitar”.

¿Qué cosas necesitan para trabajar?

-Bueno, todos los integrantes contamos con camioneta. Unas equipadas para ir a subterráneos por ejemplo y otras para ver temas de motos, atendiendo cada tipo de problema. Las herramientas con que andamos son pistolas de impacto, taladros, cilindros neumáticos, la gata, etc. Todo lo necesario para hacer los tres servicios que implementamos: vulca a domicilio, extracciones de pernos y puentes de batería también.

Tocando las ruedas y andando a todas partes, se exponen igual a contagios. ¿Cómo se cuidan?

-No es un protocolo muy específico y no andamos tampoco con el traje blanco de astronauta (ríe). Pero en el fondo seguimos las reglas básicas: mantenemos la distancia, siempre estamos con la mascarilla y andamos con el alcohol todo el día de arriba para abajo. Son criterios que hay que tener. Cuando hay que manipular el auto, solo lo hace el cliente. Nosotros no nos metemos, no tocamos las manillas, ninguna cuestión. Nos preocupamos de la rueda, más que nada.

Concha cuenta que su rutina es extensa, “desde las 5 de la mañana hasta las 10 de la noche a veces. Hay veces en que estoy muy cansado, que me duelen los brazos, pero me digo ‘Vamos hay que seguir’. Tenemos las ganas y bueno, hay llamadas a esa hora y si hay alguien botado, hay que ir a ayudarle”. Dice que hace el intento de imaginar siempre que el cliente “podría ser uno de mis padres o mi hermana y que lo están pasando súper mal”.

“Seguimos las reglas básicas: mantenemos la distancia, siempre estamos con la mascarilla y andamos con el alcohol todo el día de arriba para abajo. Son criterios que hay que tener. Cuando hay que manipular el auto, solo lo hace el cliente. Nosotros no nos metemos, no tocamos las manillas, ninguna cuestión. Nos preocupamos de la rueda, más que nada”.

ATENTOS A LAS EMERGENCIAS

El contacto de vulcanización a domicilio se puede hacer de lunes a domingo. Este trabajo que se formalizó en pandemia surgió, por un lado, con la disminución de ingresos que sufrió, pero también porque, dice Jaime, es algo que “de verdad me entretiene mucho. Es difícil expresarlo, pero para mí es una satisfacción distinta a trabajar en un supermercado como cajero pasando los productos -sin ser peyorativo con otros trabajos- por ejemplo”.

¿Cómo así?

– Porque el rescate de una persona parada en la calle es algo mayor. Te aseguro que debe ser su peor momento del día, sin saber qué hacer, varado con el neumático malo. Y nosotros vamos y lo arreglamos.

Le han ocurrido varias las situaciones que le hacen pensar su labor como una “misión muy importante”. Además del doctor hace unos días, Concha relata que otra vez lo llamó un cliente que andaba en un auto de más de 50 millones y que quedó en panne en un sector “medio complicado” de Santiago Centro. Este le dijo “Compadre si tú no venías antes, me quedo un rato y no la cuento dos veces”.

“El rescate de una persona parada en la calle es algo mayor. Te aseguro que debe ser su peor momento del día, sin saber qué hacer, varado con el neumático malo. Y nosotros vamos y lo arreglamos”.

Atentos a las emergencias también…

-Sí, incluso sin que me llamen. Iba camino a Maipú el otro día, para otra cosa, no a trabajar, cuando vi una ambulancia pinchada. Les dije que era vulca a domicilio, si querían que los ayudara. ‘No, no, no tenemos plata!’, me dijeron. Pensaron que los iba a asaltar (ríe). Lo hice gratis y me da lo mismo. Resulta que en una curva se cunetearon y la rueda de repuesto iba sin aire más encima. Para más remate, iban con un paciente arriba. Entonces claro, en esos momentos uno ni la piensa,  que hay que hacerla nomás.

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