Pablo Simonetti: “Mañalich manejó la epidemia de manera totalmente política”

Foto: José Pedro Godoy

Pablo Simonetti: “Mañalich manejó la epidemia de manera totalmente política”

Escritor reconocido, este ingeniero es además un experto estadístico que se abocó desde el inicio de la pandemia a estudiar los números, desde Espacio Público. Es crítico del rol desempeñado por el ex ministro de Salud y dice que muchos en el gobierno enfrentaron la crisis como “machitos”. Hoy advierte que el principal problema es “la comunicación de riesgo”. Aquí, su advertencia.

Pablo Simonetti vive en el mundo de la literatura, pero esta pandemia lo llevó de vuelta a ese otro mundo, en el que habitó hace 25 años: las matemáticas, las probabilidades, el universo de los datos. 

Escritor por oficio, este tiempo de encierro le ha permitido empezar y terminar una nueva novela y, paralelamente, seguir la pista al Covid-19. 

En abril, este ingeniero civil de la UC, con un magister en Modelos Probabilísticos y otro en Economía en la Universidad de Stanford, se unió al equipo de Espacio Público para elaborar informes semanales sobre el comportamiento del virus y su estela de dramáticas cifras de fallecimientos.

Espacio Público, el centro de estudios que reúne a un grupo de destacados profesionales y que ha jugado un rol protagónico en estos meses, refutando las estrategias y las cifras oficiales y generando incomodidad en el gobierno. Se han enfrentado públicamente con Jaime Mañalich y, últimamente, con el actual ministro de Salud, Enrique Paris. 

¿Qué llevó a este escritor a entrar al espacio de lo público? Él explica que desde niño ha sido aficionado a la vulcanología, la meteorología, la sismología. Todo lo que huela a desastre natural. Por eso, apenas leyó en enero las noticias sobre la aparición de un extraño virus en China, paró las antenas y se puso a investigar. En marzo ya estaba trabajando en los escenarios que el virus traería a Chile y que hoy estamos padeciendo.

En estos meses, Espacio Público ha sido como una pulga en el oído para el gobierno. ¿Cómo se hacen cargo de ese escozor que, a veces, generan sus informes?

-Nunca ha sido ese el objetivo. Somos expertos estadísticos, probabilísticos, matemáticos, y hemos querido colaborar en contener la epidemia y, ojalá, evitar la mayor cantidad de muertes posible. Eso es lo que nos mueve. Nadie ha tenido por finalidad ser una pulga en el oído para el gobierno ni para nadie. 

-Pero lo han sido…

-Claro, a veces ha sido incómodo para el gobierno, porque hemos puesto en el tapete temas que no estaban resueltos o que estaban subreportados. Somos un centro de estudios y creemos que el debate sobre nuestras políticas públicas no solo es necesario, sino que es sano. 

-¿Lo habrán entendido así los ministros de Salud?

-A pesar de los saltos que hemos tenido en nuestra relación con el ministro Enrique Paris, él es una persona que –en comparación con el ex ministro Mañalich– sí establece un diálogo con la ciencia y la academia y ha recogido algunos de nuestros planteamientos. O sea, el ministro Paris lee nuestros reportes. 

Fotos: José Pedro Godoy

¿Y Mañalich no los leía? 

-Mañalich fue un ministro que manejó la epidemia de manera totalmente política. De hecho, descartó todos nuestros primeros informes. Y entre abril y mayo fue la época más difícil en nuestra relación con él. Refutamos sus afirmaciones, en el sentido de que estábamos en una meseta y de que el aumento de casos era porque se estaban haciendo más testeos. Esa era su explicación y nosotros veíamos que los casos aumentaban exponencialmente. Y después vino el tema de los fallecidos, que se dio exactamente igual…

-¿Quizá había desconfianza? ¿Mañalich pensaba que ustedes estaban tratando de posicionarse políticamente?

-Eso dijo, pero ha quedado claro que no es así. La crítica al manejo del ex ministro Mañalich fue hecha por gran parte de la sociedad civil, por el Consejo Asesor, por la Mesa Social, por muchos científicos que están siguiendo la epidemia desde el principio, como Ricardo Baeza-Yates, Gonzalo Bacigalupe, el mismo Colegio Médico, la Sociedad Chilena de Epidemiología. Pero las respuestas de Mañalich siempre eran políticas. 

-¿Cómo así?

-Su punto de vista siempre estaba anclado en lo político.  Quería decirnos a todos que ellos habían tenido una gran victoria sobre el virus y que el gran victorioso era el Presidente. Pero cuando las cosas empezaron a empeorar a ojos vista de todo el mundo, el ex ministro dijo que era porque habían aumentado los tests. Hasta que se dio cuenta de que la situación era insostenible. 

Para mediados de octubre uno de cada mil chilenos habrá muerto a causa del coronavirus”.

-¿Fue la cifra de fallecidos lo que gatilló su caída?

-A principios de mayo, empezamos a ver una serie de modelos para tratar de entender cómo el aumento de los casos iba a redundar en un aumento de fallecidos. Los números de los fallecidos no nos calzaba por ninguna parte. Hicimos el estudio de muertes en exceso y nos dimos cuenta de que había fallecimientos que sencillamente no se estaban computando. Mañalich dijo que algunos no eran covid, sino muertes por otras causas. Pero no fue así tampoco. Se estaba muriendo mucha más gente por covid que las que Mañalich reportaba diariamente. 

Ese es un punto clave en la investigación que lleva la Fiscalía. ¿Cómo lo ves tú? ¿Se ocultaron datos? 

-Hay una dimensión de la acusación que es juzgar si Mañalich tomó las mejores decisiones de políticas públicas para enfrentar la epidemia. Yo creo que eso es prerrogativa de su cargo. Pero sí creo que hay un problema respecto de las cifras. Él eligió un sistema especial, “sui generis” lo llamó el fiscal, para contabilizar  los casos como fallecidos. Algunos podrán decir que él buscó una manera fácil y rápida para ir comunicando. 

“Pero, al mismo tiempo, sabemos que él recibía el informe del área de Epideomología, que mostraba que él estaba reportando menos casos que los que realmente eran computados por Epivigila.  Eso es lo que declaró Johanna Acevedo, que fue la jefa del Departamento de Epidemiología del Ministerio. Y, por otro lado, todas las semanas, según entiendo, el Departamento de Estadísticas e Información de Salud (DEIS) le hacía llegar a él y a la OMS una actualización de los fallecimientos según causa de muerte. Para el 13 de junio, el día que renunció, los reportes del ex ministro Mañalich y la cifra de las muertes confirmadas y sospechosas por covid-19 del DEIS, había una subestimación de casi 70%. Y 30 mil casos nuevos. Esa es una subestimación grave. Y ahí la investigación de la Fiscalía es clave”. 

¿Apuntas a un abandono de deberes?

 -Digamos que es raro pensar que un ministro no está viendo los informes de las áreas especializadas de su ministerio. Y es más raro aún que se haya estado guiando por un informe paralelo que desarrollaba su jefa de gabinete, con información que le llegaba directamente a las Seremi. Es muy importante saber si es que hubo una intencionalidad política, si hubo negligencia o si sencillamente el ex ministro (Mañalich) decidió hacer eso por otras razones que no necesariamente conocemos. Habrá que entender cuáles fueron. Pero es necesario saberlo. 

El ex ministro Mañalich dice que aquí se busca dañar el legado de Sebastián Piñera… 

-No me parece que haya una persecución política. Es completamente válida la investigación de la Fiscalía para dilucidar qué pasó para que hubiera un subreporte de casos y de cifras de fallecidos. Y, como Mañalich siempre hizo un manejo muy centrado en él y sin conversar con los demás actores, es válido saber sobre qué base de información tomaba las decisiones. Porque al parecer hay informes internos que no consideró. 

“Es muy importante saber si es que hubo una intencionalidad política, si hubo negligencia o si sencillamente el ex ministro (Mañalich) decidió hacer eso por otras razones que no necesariamente conocemos. Habrá que entender cuáles fueron. Pero es necesario saberlo”.

-El secretario nacional del colegio Médico, José Miguel Bernucci, dijo que el gran problema de la pandemia fue el rol del llamado Segundo Piso de La Moneda. ¿Lo crees también? 

-No tengo ninguna fuente que me haya demostrado que fue así. Pero claramente yo lo sentí así, tanto por las declaraciones públicas del Presidente, como del ministro. 

-¿En qué sentido?

-En que ellos veían una oportunidad política en este tema. No me parece que sea un pecado. Son políticos y querían obtener frutos políticos diciendo que estaban haciendo un buen manejo de la epidemia. El problema es que no sabemos si hicieron un buen manejo. Mientras no sepamos qué pasó con los datos, no sabremos si fueron manejados con intencionalidad política. Y eso sería lo más grave… 

“No me parece que haya una persecución política. Es completamente válida la investigación de la Fiscalía para dilucidar qué pasó para que hubiera un subreporte de casos y de cifras de fallecidos. Y, como Mañalich siempre hizo un manejo muy centrado en él, es válido saber sobre qué base tomaba las decisiones”.

La alerta de la comunidad científica mundial apunta justamente a no hacer uso político de la pandemia… 

-Claro. Porque al principio de la epidemia muchos líderes quisieron manejar esto de manera política. Notoriamente hombres y de derecha: Jair Bolsonaro, Sebastián Piñera, Donald Trump, Boris Johnson. Y aquí, al comienzo de la pandemia, yo sentí que había varias personas en el gobierno que se paraban como “machitos” en un puente esperando que viniera la lava del volcán y casi como diciendo: “Yo me la puedo con el volcán”. Bueno, la epidemia es un volcán. Son fuerzas muy grandes de la naturaleza y se enfrentan con la cabeza fría. No diciendo “yo me la puedo”. Al revés, uno tiene que tenerle miedo, respeto.

-¿Hubo mucha omnipotencia? 

-Aquí hubo exceso de confianza de Mañalich y acompañado en eso por el Presidente Piñera. Esto estuvo en la base del problema que tuvimos. Las epidemias, como son probabilísticas, tienen buenos y malos escenarios. Pero ellos, Mañalich y el Presidente, siempre le sacaron la vista al peor escenario. Eso es lo que hace la diferencia entre los líderes en el mundo. Por ejemplo, Angela Merkel nunca le faltó el respeto a la epidemia.  Aquí se decía: “A nosotros no nos pega”.  

“Al comienzo de la pandemía, había varias personas en el gobierno que se paraban como “machitos” en un puente esperando que viniera la lava del volcán, casi como diciendo: “Yo me la puedo con el volcán”. Bueno, la epidemia es un volcán. Son fuerzas de la naturaleza y se enfrentan con la cabeza fría. Uno tiene que tenerle miedo, respeto”.

-¿Hubo una cierta omnipotencia tanto del Presidente como de Mañalich?

-Es raro que el Presidente Piñera se sienta omnipotente a estas alturas o que crea que no le va a ir mal. Después del 18 de octubre, da como para pensar que las cosas pueden salir mal.

-Cada día puede ser peor, decía Bachelet…

-Claro. Y frente a una epidemia de un virus así de insidioso y mortal, como es el coronavirus, uno tiene que tener un respeto sacrosanto. Eso se nota al transmitir lo que se llama comunicación de riesgo, que ha sido otro de los grandes problemas y carencias que hemos tenido. Cuando empezamos a hablar de que se podía tomar un cafecito, de la nueva normalidad, del retorno seguro, se perdió de vista la comunicación de riesgo. 

“Mañalich y el Presidente, siempre le sacaron la vista al peor escenario. Eso es lo que hace la diferencia entre los líderes en el mundo. Por ejemplo, Angela Merkel nunca le faltó el respeto a la epidemia.  Aquí se decía: “A nosotros no nos pega”.”  

COMUNICACIÓN DE RIESGO

-¿Y en qué momento estamos ahora? 

-Estamos en una etapa distinta de la epidemia. Hay una gran movilidad. La gente está yendo a trabajar y se tiene que mover entre comunas. La precaución es qué nivel de positividad se está considerando. La positividad es un valor muy importante en el paso a paso. 

Pero, mirando a Europa, ¿estamos bien encaminados? 

-Frente al rebrote en los países europeos, no tiene por qué ocurrirnos algo así, necesariamente. Si tenemos buena comunicación de riesgo, logramos implementar un sistema robusto de gestión de trazabilidad y somos cautos en el proceso de desconfinamiento, mirando con cuidado los indicadores de salud, podemos no tener un rebrote. Los rebrotes tienen más prensa que los países que no han tenido rebrotes, como Vietnam, Nueva Zelanda, Uruguay, Taiwán. Ojalá que el “18” no haya echado por tierra esta posibilidad.

-La Región Metropolitana ya se abrió. La gente ya comenzó a transitar. ¿Tienes temor de una regresión?

-Yo creo que el ministro Paris, al generar un proceso paulatino de movimiento, ha hecho un buen trabajo. Antes, lo que ocurría con el ministro Mañalich era blanco o negro. Estabas en cuarentena o no estabas en cuarentena. El problema que ha tenido el plan “paso a paso” es que la gente todavía lo entiende en esa dinámica bipolar. Y no es así. Las personas tienen que comprender que todas las etapas de preparación antes de la apertura total, son todas etapas en que tú tienes que mantener las mismas precauciones: andar con mascarilla, lavarte las manos, mantener distanciamiento físico, evitar aglomeraciones. Debes cumplir las restricciones de cada etapa. Ahí es donde tenemos una falencia. 

-¿Falta explicarle a la ciudadanía que el virus no se ha ido?

-Da la impresión de que, de repente, la gente dijo: “Ya, llevamos demasiado tiempo en esto. No me voy a cuidar”. Esa es la falencia. Aquí tenemos un problema de comunicación de riesgo. 

“Es raro que el Presidente Piñera se sienta omnipotente a estas alturas o que crea que no le va a ir mal. Después del 18 de octubre, da como para pensar que las cosas pueden salir mal”.

O sea, ¿el mismo problema de comuncación que tuvo Mañalich lo tiene el ministro Paris?

-Sucede que durante el peak de la epidemia, que fue justo cuando se cambió de ministro, hubo mayor consciencia porque se empezó a morir mucha gente o empezamos a saber que se estaba muriendo mucha gente. Eso produjo miedo. Pero ahora, cuando han empezado a decrecer los contagios en Santiago, se produjo un efecto de cansancio, como de decir: “No podemos seguir viviendo así por mucho tiempo más”. Pero igual siguien muriendo 60 personas diarias.

-También hay un tema de salud mental. Es como insostenible el encierro…

-Por eso hay que poner el acento en el riesgo que aún persiste. El 18 de septiembre fue la representación misma de que la gente pensó que el virus se había ido. Eso es lo más grave en una epidemia, porque te expones a un rebrote. Y esa posibilidad está presente. No me gusta usar figuras preconcebidas, pero no estamos fuera del bosque, estamos en medio del bosque. Todavía tenemos una tasa alta de contagios y en algunas regiones está creciendo. Esto se puede encender de nuevo, igual como sucede con los incendios. Parecen controlados y de repente, prenden de nuevo desde las raíces. Esto sólo se puede controlar si tú empoderas a la gente. 

-¿Y qué es lo que falta por comunicar, a tu juicio?

-Yo esperaría que se dijera: “Ya han muerto más de 16 mil personas y, en los que han sobrevivido, miren las secuelas que tienen”. O sea, realmente hay que advertir a la población que corre un peligro grave si se contagia. Hay gente joven que se ha contagiado y lleva meses con fatiga. Otros tienen secuelas en el corazón, riñones, sistema nervioso. Ya sabemos que el virus no solamente ataca los pulmones. En el fondo, se necesita enseñarles a los chilenos a convivir con el virus sin infectarse. Para mediados de octubre uno de cada mil chilenos habrá muerto a causa del coronavirus.

-Lo último. El ministro Paris dijo que no hay relación entre mortalidad y desigualdad económica. ¿Es así?

-En nuestro informe del 23 de julio, vimos la relación entre mortalidad por Covid-19 y pobreza multidimensional de las comunas del Gran Santiago y luego “corregimos” por la mortalidad de años anteriores en cada comuna. Es decir, sacamos de la ecuación la mayor mortalidad que en general existe en comunas pobres. El resultado fue que, en proporción, ha muerto más gente por Covid-19 en las comunas más pobres de Santiago. Lo cual contradice la afirmación de que el Covid-19 no ha afectado más a los más pobres.

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