Columna de Susana Muñoz Politzer: "Mi cuidado, mi bienestar"

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Columna de Susana Muñoz Politzer: “Mi cuidado, mi bienestar”

"Es importante derribar la idea de que los cuidados paliativos son sinónimo de muerte. Nuestra intervención no se remite a los últimos días. Mientras antes conozcamos al paciente y su familia, mayor será nuestro aporte en el manejo sintomático y la toma de decisiones".

El 10 de octubre pasado, como cada año el segundo sábado del mes, se celebró el Día Mundial de los Cuidados Paliativos (CP). Esta vez el lema fue “Mi cuidado, mi bienestar” y desde distintas organizaciones, como la Asociación Latinoamericana (ALCP) y la Española (SECPAL), se invitó tanto a pacientes como al personal de salud a expresar lo que es para cada uno el bienestar en la vivencia cotidiana de los cuidados paliativos.

La RAE define bienestar como “estado de la persona en el que se le hace sensible el buen funcionamiento de su actividad somática y psíquica”, es decir, un estado en el que las condiciones físicas y mentales de una persona son tales, que predominan sentimientos de satisfacción y tranquilidad. Como la definición lo sugiere, el concepto de bienestar es subjetivo y, por lo tanto, la experiencia es significada de manera distinta por cada persona, aun cuando el contexto sea el mismo.

Entre las respuestas de los pacientes aparecen ideas como: no sentir dolor, tener los síntomas controlados, ser informado con honestidad, no dejar de ser protagonista, tener la posibilidad de decidir sobre su tratamiento y cuidado, respetar su intimidad, estar acompañado de sus seres queridos…

Y entre quienes trabajamos en Cuidados Paliativos y somos responsables de entregar estos cuidados para favorecer el bienestar de los pacientes, se mencionó: una sábana estirada, un cambio postural, ver a los pacientes con una sonrisa, poder acompañar al paciente y su familia, la comunicación a través del tacto, una buena conversación más allá de la enfermedad, un encuentro sobre la vida misma…

“Es importante derribar la idea de que los cuidados paliativos son sinónimo de muerte. Nuestra intervención no se remite a los últimos días. Mientras antes conozcamos al paciente y su familia, mayor será nuestro aporte en el manejo sintomático y la toma de decisiones”.

En lo personal, como para muchos, éste ha sido un año distinto. Los Cuidados Paliativos han ido más allá de mi trabajo habitual, que se orienta fundamentalmente a pacientes oncológicos. Esta vez, el Covid-19 cambió el escenario y los tiempos, pero esta nueva experiencia no ha cambiado mi manera de significar el bienestar.

Los Cuidados Paliativos nacieron en los años 60, cuando la doctora Cicely Saunders comenzó a desarrollar en Inglaterra conceptos y técnicas para el control del dolor y el cuidado integral de los moribundos, incorporando la mirada compasiva hacia la persona enferma.

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La visión actual es más amplia. Quienes trabajamos en distintas áreas de esta disciplina, atendemos a personas con enfermedades crónicas, como la insuficiencia cardiaca y las neurológicas, así como a personas con cáncer y enfermedades degenerativas, en cualquier etapa del ciclo vital. Por ello existen también los cuidados paliativos pediátricos y los perinatales. Y desde esa perspectiva, es importante derribar la idea de que los cuidados paliativos son sinónimo de muerte. Nuestra intervención no se remite a los últimos días. Mientras antes conozcamos al paciente y su familia, mayor será nuestro aporte en el manejo sintomático y la toma de decisiones.

Así, el objetivo de los cuidados paliativos, en todos los casos, es acompañar el proceso de enfermedad y mejorar la calidad de vida de la persona enferma y su entorno más cercano, abordando de manera integral no sólo los síntomas físicos sino también la esfera psicosocial y espiritual.

“Me parece fundamental hacernos cargo también del cuidado y la salud mental de quienes trabajamos día a día por entregar bienestar a otros. De otro modo, mal podremos cumplir nuestra labor”.

Este año, el Día Mundial de los Cuidados Paliativos coincidió con el Día Mundial de la Salud Mental. Significativa coincidencia, que nos invita a reflexionar acerca de los desafíos pendientes que tenemos como sociedad en mirar el derecho a la salud desde una perspectiva más amplia.

La idea de humanizar la medicina nos llama precisamente a ocuparnos del bienestar de los pacientes e incorporar los aspectos psicoemocionales a su cuidado. A funcionar menos desde la rigidez y más desde una actitud compasiva, que nos permite ver al otro no sólo como un paciente con dolencias físicas, sino como a un ser humano con necesidades propias y dadas por un entorno que también atraviesa sus circunstancias. En el mismo sentido, me parece fundamental hacernos cargo también del cuidado y la salud mental de quienes trabajamos día a día por entregar bienestar a otros. De otro modo, mal podremos cumplir nuestra labor.

Para Héctor, el bienestar estaba en las visitas de Valeria, su compañera. Nunca se lo pregunté directamente, pero hoy me atrevo a responder por él: no tengo dudas de que su bienestar durante esas semanas de vida en que lo acompañé, era sentir a Valeria cerca. Su rostro se iluminaba desde que ella se asomaba por la puerta. Sus síntomas físicos por el cáncer de estómago y la dificultad respiratoria producto de la neumonía por Covid parecían no importar mientras duraba la visita.

La forma en que se miraban mientras entrelazaban sus manos me estremecía. Lo que se transmitían el uno al otro era de una profundidad tal, que me sentía extranjera en un paisaje que no me pertenecía. No sé lo que susurraban, pero sólo puedo imaginar palabras que expresaban ese amor inmenso que les brotaba por los poros, y que inundaba esa fría sala de hospital de una profunda sensación de bienestar.

En mi experiencia profesional -y eminentemente humana- acompañar encuentros como los de Héctor y Valeria es parte de mi propio bienestar. Cada uno de esos momentos le da sentido a mi trabajo y los atesoro como un regalo. Uno más de esta vida que me ha dado tanto…

*Susana Muñoz Politzer es psicooncóloga paliativista y trabaja en el Hospital Sótero del Río.

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