Esther Vivas, autora del libro Mamá desobediente: “El feminismo no puede dar la espalda a la maternidad”

Esther Vivas, autora del libro Mamá desobediente: “El feminismo no puede dar la espalda a la maternidad”

Desde Barcelona, la periodista y columnista Esther Vivas habló con The Clinic sobre su libro “Mamá desobediente”, un ensayo descarnado sobre la maternidad que aborda los silencios que enfrentan las mujeres durante el proceso. Además, reflexiona acerca de los desafíos del feminismo y la necesidad de mirar la maternidad como un acto emancipatorio y no reducirla sólo a la perspectiva patriarcal.

La periodista española Esther Vivas (45) publicó en 2019 un libro llamado Mamá desobediente, una pieza que, en medio de la discusión feminista, realzó la maternidad como una opción y por qué no, como una bandera de lucha. Este ensayo, editado en Chile por Catalonia, tiene 336 páginas y cuenta con un prólogo que dialoga con la realidad nacional. El texto llegó al país este año, en medio de una pandemia amenazante, que puso a la mujer en jaque y dejó en evidencia, de nuevo, una crisis histórica que, según ella, debiera ser medular en la lucha feminista: la crisis de los cuidados. ¿Qué pasa con la rebeldía de la maternidad en tiempos donde las mujeres no pueden escapar de ella y donde están obligadas -por las circunstancias- a hacerse cargo de los hijos? ¿Será esta crisis una posibilidad de transformar ese escenario desigual? Acá sus reflexiones.

¿Puede ser desobediente una maternidad en este contexto?

-Una maternidad desobediente en este contexto de pandemia pasa por desmontar los ideales de maternidad que nos han impuesto. Se nos impone, en términos generales, un ideal de madre perfecta, abnegada, angelical. Este ideal es útil a un sistema patriarcal que quiere la maternidad cerrada en casa y a cargo de las mujeres. Por otro lado, nos imponen un ideal de súper mamá, de madres que llegan a todo, de madres que siempre están disponibles para el trabajo, un ideal útil a un sistema capitalista que básicamente quiere la maternidad al servicio del mercado. 

¿De qué forma se hace?

-Desmontar esos ideales mencionados para liberarnos de la culpa, una culpa que está muy presente en este contexto de crisis sanitaria y de cuarentena. Llevar la culpa es algo que cargamos constantemente las madres, precisamente porque nos imponen unos ideales de maternidad inasumibles, nos imponen unos ideales de maternidad edulcorados, unos ideales de maternidad tóxica. Creo que es necesario desmantelar estos ideales para reconciliarnos como mujeres con la experiencia materna. Es importante hablar de la maternidad real. 

“Desobedecer en este contexto implica desmontar estos ideales de maternidad tóxicos, sacar del armario la maternidad real, para así podernos liberar de la culpa y reconciliarnos con la experiencia materna”.

Cuando hablas de maternidad real, ¿a qué te refieres?

-La maternidad real implica no llegar a todo, implica el derecho a equivocarse, implica poder quejarse porque no puedes más y todo adquiere mayor importancia en un contexto de pandemia y crisis sanitaria. Por eso yo creo que desobedecer en este contexto implica desmontar estos ideales de maternidad tóxicos, sacar del armario la maternidad real, para así podernos liberar de la culpa y reconciliarnos con la experiencia materna.

En el libro hablas de los silencios vinculados a la decisión de ser madres, ¿cuáles son esos silencios?

-De los problemas de infertilidad, del dolor tras una pérdida gestacional, hablo de la depresión post parto. En el libro, hablo de estos temas también en primera persona, porque creo en explicar el lado oscuro, porque hay que dejar de tener tabús. Yo, por ejemplo, tengo problemas de infertilidad: tardé cinco años en poder tener a mi hijo, tuve que someterme a distintos procesos reproductivos asistidos y nunca me hubiera planteado a mis 34 años, cuando quise quedar embarazada, que todo esto me iba a suceder a mí. Cuando sufres un problema de infertilidad no sufres un problema individual, es un problema mucho más estructural. Tenemos problemas de fertilidad, porque como sociedad estamos expuestos a una serie de tóxicos ambientales y alimentarios que deterioran nuestra fertilidad. Sufrimos también problemas de infertilidad, porque a veces también posponemos la maternidad hasta cierta edad, porque tenemos dificultades socioeconómicas para solventar otra vida. La depresión post parto o el dolor, tras una pérdida gestacional, es otro de los grandes silencios de la maternidad.

Esther Vivas es periodista y escritora.
Crédito: Mireia Bordonada

Claro, esta idea subrepticia del fracaso de la maternidad: si no puedes tener un hijo, fallaste como mujer.

Exacto, si no hacemos lo que socialmente se espera de nosotras como mujeres, se considera que hemos fracasado. También se espera que una como mujer se quede embarazada fácilmente, por el simple hecho de ser mujer, pero no, no te quedas embarazada. Lo mismo pasa con una pérdida gestacional: estás embarazada y lo que se espera de ti es que des a luz a un bebé. Pero quizás tu bebé muere en tu vientre y das a luz a un bebé muerto. Esto socialmente no es ni reconocido ni aceptado, pero hay un dolor tras esa pérdida gestacional. En ese momento, hay un duelo que no se reconoce, que no se habla, que no se enfrenta. Yo quedé embarazada una segunda vez, de manera natural de una niña, y tuve que abortar a los tres meses, porque tenía una malformación genética. Tuve que abortar y fue extremadamente duro, porque pierdes a tu hija, pero a esta hija solo la conoces tú, porque estaba en tu vientre, si tienes suerte tú y tu pareja, pero para la sociedad no es para tanto. Hablar de esto es importante porque así no nos sentimos tan solas. 

Existe esta frase que dice que las crisis son oportunidades, ¿ves alguna luz en medio de esta crisis?

Yo no lo veo así, porque todo esto pone de manifiesto esta realidad, pero el problema es que para que esta realidad cambie son necesarias una serie de medidas políticas, y aquellos que tienen capacidad de llevar a cabo una serie de medidas políticas que pueden implicar un cambio de dinámicas no considero que tengan la voluntad de hacerlo. Por ejemplo, lo que hicieron con el cierre de escuelas, mandar las criaturas a casa y considerar que ya alguien se hará cargo de ellas es un claro ejemplo de que no hay esta voluntad para cambiar las dinámicas existentes, porque desde mi punto de vista cerrar las escuelas tendría que ir ligado al hecho de que hubiera una reducción laboral para las personas que cuidan, pero manteniendo el 100% del salario o de ir acompañado de un permiso para cuidar que sea remunerado y eso ni en tu país ni en el mío se ha llevado a cabo. En ese sentido, creo que el movimiento feminista es clave para que estas dinámicas y estas tendencias cambien, la presión del movimiento feminista, de los movimientos sociales en la calle es la única opción para transformar este escenario.

“En el sentido en que la maternidad es un campo en disputa con el patriarcado y el capitalismo. Tenemos que reivindicar la maternidad como un campo de derechos a ganar, hay que reivindicar la maternidad como derecho de poder decidir sobre mi cuerpo, sobre mi trato, sobre mi lactancia”.

¿Qué rol cumple el movimiento feminista en este escenario de crisis de los cuidados? 

-El movimiento feminista ha sido uno de los movimientos claves en el periodo actual y lo será en el próximo. Sus demandas tienen que ver con una cuestión de género, pero también en buena medida con una cuestión de clase y de raza, de lucha contra las desigualdades de clase, las desigualdades raciales, etcétera. Estas desigualdades en un contexto pandemia y post pandemia van a aumentar. Por lo tanto, la razones de ser el movimiento feminista y del malestar social acumulado va ir a más y desde este punto de vista yo soy optimista. También creo que la situación post pandemia va a dar lugar a un retroceso en libertades democráticas, los gobiernos en clave conservadora básicamente van a utilizar -y muchos ya están utilizando de hecho- la pandemia para recortar derechos y libertades. En este sentido, la pandemia puede significar un retroceso, pero a la vez las consecuencias sociales y económicas de la pandemia van a generar un malestar social en una población que ya de por sí lo tenía acumulado. Eso me hace pensar que puede haber nuevos estallidos sociales en América Latina, Europa o como ya vimos, en Estados Unidos.

¿Cómo contribuye el movimiento feminista al relato feminista de la maternidad?

-Es fundamental que desde el feminismo tengamos un relato propio sobre la maternidad, que rompa con la maternidad patriarcal, pero que reivindique la maternidad feminista y emancipadora. En el sentido en que la maternidad es un campo en disputa con el patriarcado y el capitalismo. Tenemos que reivindicar la maternidad como un campo de derechos a ganar, hay que reivindicar la maternidad como derecho de poder decidir sobre mi cuerpo, sobre mi trato, sobre mi lactancia. Que este derecho de poder decidir sobre mi cuerpo sea un derecho garantizado para toda mujer, al margen de su clase social o su raza. 

¿Crees que hay prejuicios de parte del feminismo para asumir esa bandera?

-Es que si no es el feminismo que reivindica la maternidad en clave emancipadora, en plan de derecho, ¿quién lo va hacer? Pienso que aún hay demasiados prejuicios desde el feminismo a la hora de mirar la maternidad, que la reducen a la que es patriarcal. La maternidad también es otra cosa: es una experiencia central para la vida de muchas mujeres y puede ser una experiencia libremente elegida. Por lo tanto, el feminismo no puede dar la espalda a la maternidad. Y creo que ésta debe incorporarse a la agenda política de esta nueva ola feminista.

“Es que si no es el feminismo que reivindica la maternidad en clave emancipadora, en plan de derecho, ¿quién lo va hacer? Pienso que aún hay demasiados prejuicios desde el feminismo a la hora de mirar la maternidad, que la reducen a la que es patriarcal”.

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