Rocío Hormazabal, activista por los cuerpos disidentes: “uso mi cuerpo como una herramienta subversiva y contestataria”

Foto: Andrés Valenzuela

Rocío Hormazabal, activista por los cuerpos disidentes: “uso mi cuerpo como una herramienta subversiva y contestataria”

Tras el estallido social, se hizo conocida por realizar performances, en algunas de ellas, desnuda, vestida de escolar o usando bikini. En conversación con The Clinic, habla del uso de su imagen como forma de protesta y reflexiona sobre la autoaceptación del cuerpo.

Rocío Hormazabal tiene 38 años y es oriunda de San Bernardo. Su nombre se volvió popular en redes sociales luego de protagonizar performances durante el estallido social, específicamente en el centro de Santiago. La primera ocurrió la tarde del 19 de octubre, cuando se fotografió desnuda en la esquina de  Portugal con Diagonal Paraguay con un escrito en el cuerpo que decía “Piñera me empelota”.

Pero su protesta no se detuvo ahí. Nueve días después, reapareció en una marcha en la Alameda vestida con uniforme escolar y alzando un cartel en el que se leía “Furia escolar. Hacen historia”. Luego, el 25 de noviembre y con motivo del día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, realizó otra intervención a pasos de Plaza Italia, donde fue fotografiada posando sonriente en bikini dentro de una pequeña piscina inflable. Con una mano sostenía un afiche que decía “¡Por un verano sin Piñera!” y con la otra, una sombrilla. 

Sin embargo, usar su cuerpo para realizar crítica social es algo que ya venía haciendo con anterioridad. “Siempre he trabajado con lo que tengo más a mano, por eso empecé a hacerlo con mi cuerpo hace muchos años atrás, cuando todavía estaba en la universidad. Me di cuenta de que mi cuerpo era una herramienta poderosa, porque a través de él podía comunicar mejor lo que quería decir. Por eso, empecé a ser mi propia modelo para mí misma y para los demás”, explica.

Hormazabal es artista visual de profesión, fotógrafa y modelo. Como tal, ha echado a andar proyectos protagonizados por ella, tales como calendarios, autorretratos y series fotográficas. También ha trabajado el tema del amor propio a través de talleres y charlas de autoaceptación. Según dice, el mensaje transversal que pretende promover es la aceptación de los cuerpos diversos o “disidentes”, esto es, que no responden a los ideales de belleza tradicionales mostrados por la publicidad y los medios masivos de comunicación. 

“Me di cuenta de que mi cuerpo era una herramienta poderosa, porque a través de él podía comunicar mejor lo que quería decir. Por eso, empecé a ser mi propia modelo para mí misma y para los demás”, explica la artista visual Rocío Hormazabal.

“Piñera me empelota”. Foto: Zaida González

¿Cómo se te ocurrió hacer la performance de “Piñera me empelota” justo un día después del comienzo del estallido?

-Ese día había mucha gente enardecida en la calle, tocando cacerolas, gritando y demandando dignidad. Me movió ver toda esa gente enojada, unidos con un mismo malestar, una misma dolencia. Recuerdo que le dije a la amiga que andaba conmigo, Zaida González: “No puedo creer lo que está pasando. Esto es terrible, tengo que hacer algo”. Ahí decidí que me iba a desnudar y lo hice. Luego le pedí a Zaida que me escribiera en el cuerpo “Piñera me empelota”, porque quería expresar que ya no podíamos más de rabia. La escena duró muy poco, unos tres minutos con suerte, suficientes para sacar la foto.

¿Qué te llevó a desnudarte?

-Decidí hacerlo, porque yo uso mi cuerpo como una herramienta subversiva y contestataria. Con él puedo incomodar, así como a mí me incomodan las injusticias que se cometen contra las personas. Sentí la necesidad de comunicar mi molestia con el gobierno, a través de mi cuerpo porque yo sé que molesta verlo. Es distinto y controversial al no corresponder a ningún canon de belleza ni estereotipo establecido. También el desnudo es un estado muy vulnerable del ser humano donde no tienes nada, estás totalmente despojado, y creo que representaba lo desvalidos que nos sentimos ante las injusticias. 

En otras fotografías e intervenciones también se aprecia que tu cuerpo es el principal protagonista, ¿por qué la decisión de poner tu imagen al centro de tus obras?

-Hay una crítica de fondo en mi trabajo, que es que todos los cuerpos valen. No promuevo la obesidad de ninguna forma, sino que todos los cuerpos tienen derecho a expresarse, mostrarse y vivir de manera plena, tranquila y libre. Y no me refiero solamente a los gordos, sino que a toda la gente que se siente incómoda con su físico.

“Hay una crítica de fondo en mi trabajo, que es que todos los cuerpos valen. No promuevo la obesidad de ninguna forma, sino que todos los cuerpos tienen derecho a expresarse, mostrarse y vivir de manera plena, tranquila y libre. Y no me refiero solamente a los gordos, sino que a toda la gente que se siente incómoda con su físico.”.

¿A qué se puede deber esa incomodidad con el propio cuerpo?

-En parte, a que la industria nos ha vendido una felicidad que es inalcanzable, por eso siempre estamos disconformes. No estamos bien con lo que tenemos ni cómo somos y eso le conviene al mercado, porque así nos pueden vender productos que intentan operar como recetas para la felicidad: productos para adelgazar, depilaciones, tratamientos estéticos… A nadie le conviene que nos sintamos cómodos con nosotros mismos, porque de lo contrario dejaríamos de consumir.

“Furia escolar”. Foto: Diego Argote

En general, ¿cómo es la recepción de tu trabajo?

-Cada vez que hago una performance, tiene harta aceptación en la calle hasta ahora. Por redes sociales igual, pero también hay bullying. Hay mucha gente gordofóbica que no entiende que las gordas pueden andar felices por la vida en la calle usando bikini. Para algunos, la gordura está relacionada con el fracaso y la delgadez con el éxito y por eso les parece inconcebible que yo ande tranquila luciéndome tal como soy, con un cuerpo disidente. 

“A mí se me critica mucho, me han hecho memes y me han dicho que no estoy sana para intentar derrocar el discurso que defiendo, de que todos los cuerpos valen. Siempre hay haters u odiosos que se molestan conmigo, pero la verdad es que de ninguna forma van a hacer que yo deje de trabajar, porque el activismo gordo es así. Si el activismo no pica, no contagia. Mi trabajo es una denuncia social y si todo el mundo me aplaudiera y encontrara bueno lo que hago, no tendría ninguna injerencia en los demás y no estaría cambiando nada”.

Autorretrato usando polera del proyecto “Chilean apartheid” de Richard Solís. Foto: Gentileza de Rocío Hormazabal.

¿Cómo opera la gordofobia en las personas? ¿A qué se debe?

-Se relaciona directamente con el concepto de la felicidad inalcanzable. Mucha gente cree que se trata de tenerle miedo a la gente gorda, pero no se trata de eso, sino que tienen miedo a estar o llegar a estar gordos y a ser segregados por ello, distanciados del rebaño, apuntados, juzgados. Por eso, se sienten amenazados cuando la gente gorda se expresa y lo intentan impedir. Generalmente, estas personas tienen rabia con ellos mismos y su aspecto y la vierten en otras personas como nosotros.

Pero supongo que también te llegan mensajes positivos…

-Claro, y esos comentarios son con los que yo me quedo finalmente. Me quedo con la retribución de las personas que me escriben diciéndome: “Oye, me identifico con tu trabajo”, “Me gusta lo que haces”, “Me inspiras, porque antes tomaba mucho en cuenta lo que me decía mi suegra y ahora no”, “Gracias a ti, por fin me atreví a usar bikini”. Me han escrito mujeres de todas las edades contándome que sentían mucha frustración con sus cuerpos y que las he motivado de cierta forma. También hombres.

¿Y qué te dicen?

-Por ejemplo, un joven me contó una vez que por flaco le pasaba lo mismo que a mí. Que por su contextura demasiado delgada le han dicho cosas crueles, como una vez que un hombre le había dicho en el ascensor que si acaso tenía sida que estaba tan flaco y que tuviera cuidado con andar contagiando a otros. Otros chicos gordos me han dicho que en la universidad les hacen mucho bullying por su peso.

“Hay mucha gente gordofóbica que no entiende que las gordas pueden andar felices por la vida en la calle usando bikini. Para algunos, la gordura está relacionada con el fracaso y la delgadez con el éxito y por eso les parece inconcebible que yo ande tranquila luciéndome tal como soy, con un cuerpo disidente”.

Una de las fotos del calendario “Chica XXXXXL 2019” de Rocío Hormazabal. Foto: Zaida González

EL CAMINO DE LA AUTOACEPTACIÓN

En tus proyectos, pareciera que hay un mensaje que invita a la autoaceptación…

-Claro. Lo que hacen primero mis trabajos es entrar por el ojo afable, con esto de la coquetería y los colores llamativos. Sin embargo, también se le pueden dar una segunda lectura, que tiene que ver con el amor propio: la autoaceptación. Y efectivamente la promueve, aunque otros te digan que no, que es imposible que una gorda así se ande luciendo y que se quiera sin haber adelgazado primero. 

“Mi trabajo se relaciona con la insistencia de demostrarle a los demás que sí se puede hacer algo para comenzar a querernos. Que no es imposible, sólo hay que encontrar por dónde empezar. En mi caso, sirvió empezar a autorretratarme y eso se dio por una necesidad propia, para conocer mi cuerpo y autoaceptarme. Con mi ejemplo, trato de que hacer notar a los demás que sí puede haber un camino, una nueva esperanza, para comenzar a aceptarnos como somos”.

¿Te parece que este es un tema que se puso de nuevo en la palestra durante la pandemia?

-Sí. Cuando empezó la pandemia, vino una ola gordofóbica con respecto a que íbamos a engordar por quedarnos encerrados. Nos decían que, si no nos cuidábamos, después de la pandemia no íbamos a poder salir por la puerta. Hubo varios memes que respondían a ese pensamiento. Estaba la histeria de la gente de tratar de no engordar más de lo que ya estaban, una muestra de que la gordofobia funciona hasta en toque de queda. Chile se estaba cayendo a pedazos, sin embargo, igual hubo tiempo de molestar a la gente gorda. 

Foto de la serie fotográfica “Casa de muñeca” de Rocío Hormazabal. Foto: Gentileza de Rocío Hormazabal

¿Cómo ha sido el proceso de la autoaceptación para ti?

-Ha sido largo, yo trabajo la autoaceptación y el amor propio desde siempre. Hay días en los que no amanezco radiante, hay días en los que no quiero amanecer y eso es súper normal, porque todos tenemos nuestros vaivenes. Sin embargo, depende de ti cómo quieras llevar este camino. Antes sólo quería una solución rápida para adelgazar, pero noté que eso no lo quería para mí, sino que para los demás. Había gente que me decía que nadie me iba a querer sacar a bailar o pololear conmigo, que ningún hombre me iba a tomar en serio por ser como soy. El amor propio es un trabajo arduo y diario, porque hay gente que te está diciendo que tú no eres lo suficientemente buena por internet, en la calle, en cualquier parte, y hay que luchar contra eso.

“Cuando empezó la pandemia, vino una ola gordofóbica con respecto a que íbamos a engordar por quedarnos encerrados. Nos decían que, si no nos cuidábamos, después de la pandemia no íbamos a poder salir por la puerta. Hubo varios memes que respondían a ese pensamiento”.

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