Columna de Ernesto Águila: En un claroscuro de la historia

Agencia UNO

Columna de Ernesto Águila: En un claroscuro de la historia

En este proceso histórico ¿qué fuerzas prevalecerán? Llegado a este punto casi siempre se impone la cita de Gramsci que vivimos unos de esos interregnos históricos en que lo viejo no termina de morir ni lo nuevo termina de nacer. Pero, por lo general, se omite la parte final de la cita: “y en ese claroscuro surgen los monstruos”.

Como sociedad nos movemos hacia inéditas oportunidades de profundización democrática y de mayor justicia social al mismo tiempo que enfrentamos manifestaciones crecientes de una involución autoritaria y conservadora. 

Mientras se corre el cerco de lo posible con el proceso constituyente y las diversas formas de impugnación al modelo económico-social, también el cerco de lo aceptable en términos de estándares democráticos mínimos se va moviendo en un sentido inverso con el incremento de la represión policial; las violaciones a los derechos humanos; el aumento de los dispositivos de vigilancia; las restricciones a las libertades individuales; la eternización del toque de queda; y una deliberación y autonomización creciente de las instituciones armadas.

Algunas restricciones son justificadas desde la pandemia, pero cuando se analiza en su globalidad la estrategia sanitaria y su errático despliegue, se constata que en muchos casos la pandemia es sólo una coartada para instalar una sociedad con mayor control y vigilancia, donde el objetivo más que la pandemia es la neutralización del malestar y de la revuelta social.

El mayor riesgo de esta involución autoritaria en su naturalización. Graves hechos de violencia perpetrados por agentes del Estado son negados o minimizados, se silencian noticias, se extienden las funciones de las Fuerzas Armadas, se amenaza con militarizar el Wallmapu, nadie asume ninguna responsabilidad por el uso sin control de la fuerza. Se trata de una respuesta autoritaria/conservadora que no asume que el 18-O fue la expresión terminal de una prolongada crisis de legitimidad del radical experimento neoliberal chileno y que el plebiscito del 25-O derogó la Constitución que lo cobijaba y protegía. Nos movemos, así, en un vacío de proyecto histórico, con un pacto social roto y una institucionalidad derogada que la política está llamada a reparar. 

La política abdica de su rol cuando trata una crisis social como un problema de orden público. Contrario a lo que se cree, la otra cara de la violencia no es la paz sino la política, pues es ésta la llamada a remover los obstáculos y a generar las condiciones para una convivencia pacífica. En Chile, sin embargo, la política sufre su propia crisis y es vista como parte del problema más que de la solución. 

“Algunas restricciones son justificadas desde la pandemia, pero cuando se analiza en su globalidad la estrategia sanitaria y su errático despliegue, se constata que en muchos casos la pandemia es sólo una coartada para instalar una sociedad con mayor control y vigilancia, donde el objetivo más que la pandemia es la neutralización del malestar y de la revuelta social

La elección del próximo 11 de abril, entonces, tendrá real significado histórico sólo si implica el comienzo de la rehabilitación de la política. Si representantes y representados comienzan a reencontrase e institucionalidad y calle comienzan a superar sus desconfianzas. El proceso constituyente puede verse desbordado sino asume que se mueve sobre un pacto social resquebrajado, y si lo que ofrece no es un creíble momento de participación ciudadana, de generación y legitimación de una nueva comunidad política.

En este proceso histórico ¿qué fuerzas prevalecerán? Llegado a este punto casi siempre se impone la cita de Gramsci que vivimos unos de esos interregnos históricos en que lo viejo no termina de morir ni lo nuevo termina de nacer. Pero, por lo general, se omite la parte final de la cita: “y en ese claroscuro surgen los monstruos”. Algunos de estos “monstruos” pueden presentirse entre las pulsiones autoritarias y fascistas que rondan, y otros aun agazapados, ni siquiera imaginamos.

Estamos en unos de esos claroscuros de la historia. Lo nuevo tendrá una gran oportunidad este próximo 11 de abril, fundamentalmente en la elección de los y las constituyentes, pero también en algunas sorpresas que puedan traer las elecciones de gobernadores regionales, alcaldes y concejales. De cuánto se parezca esta elección al plebiscito del 25-O y no a una elección cualquiera dependerá que lo nuevo pueda por fin expresarse. El tiempo comienza a apremiar. Mientras lo nuevo no termine de consolidarse, los “monstruos” seguirán por allí merodeando, buscando imponer y naturalizar formas autoritarias, de control y represivas, como las que se han ido instalando peligrosamente en nuestra convivencia en el último tiempo.

Comentarios
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