Marko Zaror, el “Jackie Chan” chileno que volvió de Hollywood: “Llega un momento en la vida donde uno empieza a priorizar otras cosas”

Marko Zaror, el “Jackie Chan” chileno que volvió de Hollywood: “Llega un momento en la vida donde uno empieza a priorizar otras cosas”

En 2009 la influyente revista Variety comparaba al actor con los icónicos Jackie Chan y Jean-Claude Van Damme. Diez años más tarde y ya devuelta en Chile, pareciera que esa vida de estrella de Hollywood fue en un universo paralelo. Hoy, vive tranquilamente en Pichilemu, una ciudad costera a 200 kilómetros de Santiago y graba una serie de factura nacional que dice es el proyecto “más ambicioso” de su vida. En conversación con The Clinic, Marko Zaror cuenta cómo encontró sin querer la vida que siempre había querido vivir.

El artista marcial, Marko Zaror (42), es un hombre que hoy vive en una búsqueda personal y algo espiritual. Era marzo de 2020 y la pandemia lo encontró en Chile, preparándose para grabar la segunda parte de la película chilena Mirageman. Como las restricciones sanitarias pronto se hicieron inevitables, los planes de filmarla se fueron por tierra y ya sin nada que lo atara a Chile, decidió buscar vuelos para volver a su departamento de Long Beach en Los Ángeles, California, pero la situación allá era preocupante:  Estados Unidos contaba muchos más muertos por causa del coronavirus, así que decidió quedarse. 

En ese minuto, su mejor amigo Pablo Sanz, cuenta, le ofreció irse una o dos semanas con él a su casa de Pichilemu mientras el “resfrío” que tenía complicado al mundo entero se pasaba. 

El “resfrío” no se pasó en dos ni tres semanas, sino que, a casi un año de ese ofrecimiento, Marko sigue viviendo allá y ya se estableció en ese lugar que denomina como mágico y donde dice que vive la vida “que siempre quiso vivir”. 

Imágenes de su nueva película “El puño del cóndor”

EN EL OASIS

Entre pasar la cuarentena en la casa de sus papás en Santiago y pasarla en una de las playas más famosas del mundo por la calidad de sus olas, Marko ni dudó. Decidió instalarse en esta ciudad-pueblo de pocos habitantes y mucho deporte a la que había ido sólo una vez antes en su vida. 

Nunca se imaginó que la pandemia se alargaría más de esas dos o tres semanas iniciales, ni menos que terminaría armando una vida ahí, que se encontraría a él mismo y que protagonizaría ese papel que siempre deseó: el de un hombre dedicado al deporte, que vive rodeado de naturaleza y buena onda.

¿Qué fue lo que más te cautivó de Pichilemu?

–Me fui para allá con cero expectativa de nada y la verdad es que el pueblo me enamoró a tal punto que empecé a vivir y a hacer mi vida allá. Empecé a tener una vida más tranquila, con permanente contacto con la naturaleza y de repente empecé a desarrollar otras ideas y proyectos, hasta que dije: esto es. 

“Esto es”, porque tampoco tenía por dónde perderse. Los castings a los que asistía una vez al mes en Los Ángeles ahora eran por internet y la vida de paz interior que encontró en esa pequeña ciudad costera a 200 kilómetros de Santiago era, aparentemente, algo que nunca había vivido. 

¿Qué cosa encontraste en ese pueblo que no existía en tu vida gringa?

–Tiene una comunidad potente que hace que no sea un pueblo abandonado y permite generar buenas relaciones humanas. Siento que la gente que ha optado por irse a vivir a Pichilemu está muy ligada al deporte, a la vida sana por el surf y otras actividades y deportes que son al aire libre. Aparte, claramente no van porque sea una playa paradisíaca para irse de vacaciones a tomar sol, sino que son personas que conectan con el lugar, con la naturaleza, tienen una pasión con la ola o con el mar y entienden el valor que tiene. 

En el rodaje de “El puño del cóndor”

¿Personas en una misma sintonía? 

Pichilemu se mantiene muy limpio porque esa gente que le encuentra el valor está en una búsqueda y está en una sintonía distinta, de optar por una vida más tranquila, lo que ha permitido que la calidad humana se mantenga. 

A mí me parece muy bonito el día a día porque todavía todavía hay lugares que venden alimentos locales. Por ejemplo, las carnicerías que hay allá son gente que tiene sus animales por ahí en la zona y son ellos mismos los que se preocupan de alimentarlos y de faenarlos.

La autogestión y el no depender de estar trayendo cosas de afuera, me hace mucho sentido de cómo a mí me gustaría vivir, eso de meterme al mar y pescar mi comida es lo que quiero y la vida me llevó allá por algo, que me obligó a hacer esa reflexión en ese lugar.

“Me fui para allá con cero expectativa de nada y la verdad es que el pueblo me enamoró a tal punto que empecé a vivir y a hacer mi vida allá. Empecé a tener una vida más tranquila, con permanente contacto con la naturaleza y de repente empecé a desarrollar otras ideas y proyectos, hasta que dije: esto es”, dice.

En la línea de la autogestión, Zaror días dedica sus energías a la empresa de bebidas energizantes naturales Ki-Way, que creó hace 10 años ya, pero que gracias al impulso que le dio una cadena de farmacias chilena, ya comenzó a venderse en el extranjero.  

VIDA PASADA, NO OLVIDADA

Hace más de una década que el actor se instaló en Estados Unidos para establecer una carrera en Hollywood usando sus conocimientos en las artes marciales para interpretar personajes en series y películas de acción. 

Debutó en 2003 siendo el doble de acción de La Roca en “El Tesoro del Amazonas”, para luego consagrar una carrera de hombre karateka en películas de factura internacional como Undisputed III: Redemption, Machete Kills, The Defenders de Marvel y ahora último, Gemini Man, donde fue doble de acción de Will Smith. 

 Ya en Chile, decidió asistir a los mismos castings aunque ahora por zoom. “Es lo mismo. Y si quedo, tomo un avión y voy”, dice. 

¿Cómo era tu vida en Hollywood? 

–Siempre entrenando y con acceso a todo lo que quieras, es increíble, pero a pesar de esto, uno no siente esa conexión que siente en Pichilemu. En California vas a la playa y está todo tan organizado, todo ordenado. Es bonito, sí, es atractivo, pero es otra cosa. Allá todo está enfocado a algo más laboral, a un tema de oportunidades y acá no, me encontré con un lugar en el que a nadie le interesa lo que uno hace, entonces te obliga a relacionarse desde otro lugar con las personas. 

Hay algo distinto que te da una sensación más real y más genuina, sobre todo con las relaciones humanas. Quizás esto puede ser una etapa, un proceso, que puede durar un par de años o meses, estoy súper abierto y entregado a las señales que me va a dar la vida de hacia dónde seguir. 

¿En Estados Unidos te encontraste estando en una búsqueda por conectarte con algo?

–Sí y me di cuenta que son otros los códigos culturales que ellos manejan, que hacen que conectar con la gente sea distinto. Chile es mi país, es mi gente, es otra cosa. Claramente Estados Unidos es un lugar muy importante para desarrollar una carrera y tener oportunidades, pero ya llega un momento en la vida donde uno empieza a priorizar otras cosas. Para mí, el día a día es más importante que esa posible reunión que puede salir una vez al mes. 

En el rodaje de “El puño del cóndor”

Dices que tenías reuniones una vez al mes ¿eso fue cuando bajó la intensidad laboral? 

–Cuando recién llegué a Estados Unidos estaba trabajando bastante. Hice películas, series, fue bien movido, pero después hubo como un pequeño bajón, porque son etapas que uno pasa. Después vino la pandemia y todo cambió. Sigo con mi agente allá que me sigue mandando castings online y estoy con posibilidades de hacer cosas en grande, eso sigue. Si me mandan un casting y quedo, agarro el avión, hago la pega y listo, como lo he hecho varias veces en Texas, Tailandia y Budapest. 

Y cuando te devolviste a Chile, ¿qué dejaste en Hollywood? ¿Tenías un grupo de amigos?  

–Mi grupo de amigos no era muy relevante, al final ahí te das cuenta que eran relaciones laborales más que nada. Yo allá entrenaba, tenía mi gente, pero era algo súper poco trascendente. Al final organicé todas las cosas materiales que tenía, me deshice de algunas y ya no tengo departamento allá. 

Yo digo que las únicas amigas que tengo de verdad allá, son la Fran (Alegría) y la Fer Urrejola. Cuando la Fer llegó, fuimos vecinos en Long Beach porque le conseguí un departamento cerca del mío. Después se mudó y ya no nos veíamos tanto porque cada uno allá anda a su ritmo pero igual nos mantenemos en contacto. 

HACER LO QUE TE APASIONA

Hoy dedica sus días a la grabación de uno de los proyectos más ambiciosos en los que ha participado. Se trata de “El Puño del Cóndor”, una serie que combina distintas artes marciales con movimientos nunca vistos, reunidos en un guión hecho por Ernesto Díaz -con quien trabajó antes en Mirageman, Kiltro, Mandrill y Redentor-, quien se basó en los apuntes de todos los entrenamientos, dietas y filosofía del actor.

La serie va de un guerrero que fue elegido para proteger el conocimiento ancestral que está plasmado en un libro. Este le permite al personaje que interpreta Marko llegar a límites extra humanos, por lo que vienen guerreros de todo el mundo a desafiarlo para quitarle este libro.

“Creo que es el proyecto más pasional y más importante que he desarrollado en toda mi vida, porque conecta mucho con la búsqueda que he llevado a lo largo de ella(…) El Puño del Cóndor es como una autoficción porque tiene apuntes con mi filosofía de vida, mi entrenamiento y mi alimentación”, dice.

“Es algo totalmente original”, dice sobre la cinta, que pareciera ser la versión chilensis de una película clásica de kung fu antigua, pero llevada a la cultura latinoamericana. Además, los paisajes en los que está siendo grabada tienen bastante de eso: los roqueríos de Pichilemu, el mar, la cordillera y el bosque conforman una muestra de la naturaleza que hay en Chile. 

La banda sonora de la serie será de factura local y estará a cargo de “Lobos Records”, una productora de Pichilemu que mezclará música andina y sonidos clásicos épicos, tipo Ennio Morricone para darle vida a este proyecto. 

“Creo que es el proyecto más pasional y más importante que he desarrollado en toda mi vida, porque conecta mucho con la búsqueda que he llevado a lo largo de ella(…) El Puño del Cóndor es como una autoficción porque tiene apuntes con mi filosofía de vida, mi entrenamiento y mi alimentación”, dice.

¿Estaba pendiente hacer algo más autoral?

-Esta es una producción que me realiza totalmente dentro de mi carrera. Y en otras oportunidades en las que actué para Ang Lee, por ejemplo, sí, fue una muy bonita experiencia y me hizo crecer mucho, pero nunca sentí esa pasión por lo que estaba haciendo, como la que siento por estar filmado “El Puño del Cóndor”, que creo que es el proyecto más importante de mi vida.

Comentarios
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