José Acevedo: El cazador de tatuajes callejeros

José Acevedo administra la página de Instagram @tatuajescallejeros, en la que comparte las historias detrás de antiguos tatuajes realizados en cárceles, puertos, poblaciones y bares. Para eso fotografía y entrevista a personas en la calle y en las ferias. Para él, hay valor histórico en esos tatuajes de antaño, imperfectos, marginales: los considera un verdadero patrimonio visual.

La relación de José Acevedo (27) y los tatuajes comenzó cuando era muy niño. Desde pequeño, solía oír la historia de cómo su abuelo, un antiguo garzón y letrerista que decoraba las pizarras de diferentes restaurantes del litoral central, se tatuó el nombre de una antigua novia en una noche de juerga en un bar. También cómo a la mañana siguiente, al ver el resultado de la obra estampada en su cuerpo, se arrepintió intentando sacarlo frotándose con una lija.  

“En los años 70 habían muchos tipos que se tatuaban en los bares; habían tatuadores que andaban viajando de bar en bar con sus libros de dibujo. La gente me ha dicho que incluso echaban la tinta en las tapas de las botellas de los tragos para tatuarlos, y que siempre se terminaban tatuando cuando estaban medios curados”, cuenta José.

Si bien, el tatuaje de su abuelo se desgastó con el lijado, unas pequeñas marcas nunca se le borraron. Con José pasó lo mismo, ya que nunca pudo sacar el tatuaje de su cabeza y lo terminó convirtiendo en su oficio. 

Con el paso de los años, José -oriundo de Quintero- se instaló en Valparaíso donde desarrolló su profesión. Fue allí, en el puerto, cuando decidió fotografiar a las personas que tuvieran tatuajes “de la vieja escuela”, diseños antiguos, mal definidos, con la tinta gastada, hechos en situaciones marginales, pero que para él constituían un verdadero patrimonio viviente. 

Junto con las fotografías, José también comenzó a realizar pequeñas entrevistas a quienes les mostraban las obras en su cuerpo y a recorrer ferias libres en distintas ciudades del país, fotografiando y escuchando las historias detrás de los tatuajes que admiraba. 


“Empecé a aprender mucho sobre el tatuaje recopilando historias. El tatuaje antiguo no es lo mismo que el de hoy, que se hace en un estudio y uno va a un local. Antiguamente los tatuajes se hacían en la cárcel, se hacían en las poblaciones con una máquina hechiza o en los puertos. Un marino mercante que iba, no sé, a Holanda, se hacía un tatuaje como un souvenir de recuerdo; entonces me gusta harto ese mundo”, cuenta José sobre su pasión por registrar piezas. 

Los códigos de la calle

A medida que José entrevistaba a más y más personas, fue conociendo distintos códigos y mensajes detrás de los tatuajes de antaño. Y se fue interiorizando en lo que estos dibujos significaban para las personas que los portaban: algunos los mostraban con orgullo, como si se tratara de trofeos, mientras otros evitaban hablar del tema como si los tatuajes significaran un pasado oscuro que preferirían no recordar. 

Las razones pueden ser varias y José las conoce bien. 

“En Chile se ocupa harto el tatuaje de las tres Marías como protección. Como la estrella pero se hace en forma de triángulo. En México ese mismo triángulo representa la vida loca, pero acá representa lo que es protección y familia. Hay otro que es el punto lancero, que se lo hacían en la mejilla a los antiguos choros que andaban robando; para identificarse entre ellos. Hay otro que igual se ve de repente, la telaraña, del que se decía en otros países que se hacía cuando daban varios años de condena. También está la lágrima, que se la hacen cuando uno pierde a un ser querido. Si muere la mamá y el papá, son dos lágrimas”, cuenta José.


Con respecto a la técnica del tatuaje antiguo José también conoce varios secretos. “Se hacían con una máquina, pero hechiza. La máquina la hacían con los motores de los autitos o de los secadores de pelo y las agujas eran de coser que las soldaban, o las amarraban con lo que fuese. Las tintas se hacían de distintas formas, casi siempre con hollín. En las cárceles se hace con el grafito que les sacan a las pilas y esos son los tatuajes que se ponen verdes. Y hay otros que se hacen con hollín de caucho, y el hollín que queda lo raspan y lo mezclan con cualquier hueá. Hasta con pichí o semen. En la cárcel es muy crudo el tatuaje. Muchas veces cuando un tatuador te tatúa, como que te perkinea, ocupando sus propios fluidos para hacerte la tinta”. 

José, a la hora de buscar a los modelos para sus registros, intenta identificar las piezas en las que a la distancia se puede visualizar que hay una historia detrás. Es consciente de que el tatuaje cada vez es más común y su interés no está en encontrar tatuajes feos, o mal hechos, sino que piezas que constituyan una experiencia de vida al límite. 

“Hoy en día los tatuajes son mucho más estéticos. La gente se tatúa por decorarse y eso no está mal porque tienen derecho a tener control de su propio cuerpo y decorarse y verse mejor. Pero estos tatuajes que han sido hechos en situaciones a veces medias densas, o muy pasionales, son una verdadera cicatriz nacida desde el dolor”.

“No son un meme”

Hace tres años, José decidió crear la página de Instagram Tatuajes Callejeros, en las que publica algunas de las piezas que registró durante años y que sigue recopilando. Actualmente lo siguen casi 7000 personas. 

Sus seguidores comenzaron a enviarles aportes, con tatuajes registrados por ellos mismos, sin embargo, José asume que no todos entendieron la finalidad de sus recopilaciones y comenzaron a enviar tatuajes mal ejecutados como una forma de burla.

Desde Quintero y por zoom, asegura que su página no es de memes y que más allá de valorizar a los tatuajes, su intención principal es valorizar a las personas que los tienen estampados. 

“Me he hecho bien amigo de los entrevistados, como que los intento apañar porque a veces están viejos y como que me veo súper reflejado en ellos. Ahora de hecho estoy haciendo un negocio con uno; un motoquero que hace zapatos y tiene su negocio bien tirado. Voy a empezar a hacerle diseños a sus zapatos, unos tribales, unos dragones. Entonces yo igual lo intento tirar para arriba”.

José reconoce que tantos años de fotografiar tatuajes callejeros innegablemente lo influenciaron en su trabajo como tatuador. Él prefiere el estilo “tradicional” que se traduce en piezas de líneas gruesas con una reducida gama de colores y una perspectiva plana de dos dimensiones. Un estilo muy parecido al de los tatuajes que sigue y admira.

Agrega que su cariño por los personajes que ha conocido a lo largo de sus años recopilando fotografías, es incluso más intenso que su amor por los tatuajes callejeros.


“Por mi trabajo como tatuador me ha tocado tapar o retocar un par de estos tatuajes antiguos. Cuando pasa, intento hacer sentir a la gente que lo que tiene no es feo, que es algo bonito, algo histórico, una joya, y que le puedo hacer otro. Pero hace poco me tocó arreglar uno, llegó un loco que tenía tatuado un dragón enorme en el pecho que se había hecho en la penitenciaría  y quería taparlo. No le gustaba tenerlo, así que finalmente obviamente contribuí en tapar eso que le incomodaba”. 

Comentarios
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