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El Peineta Garcés, entrenador vigente: “Las cagadas que se manda Vidal a mí me dan lo mismo”

El legendario técnico habla de las figuras de la Generación Dorada y analiza el fútbol chileno y la futura Copa América. Además habla de su apodo, de su vida, de su derrota electoral como candidato a concejal, de su elegancia y de que Chile, a su juicio, “es un país de mierda”.

“Este es un país bonito”, admite, sensible, Jorge Garcés, el finísimo entrenador chileno. Su rostro salta en la pantalla del Lenovo y a través del Zoom le enfocamos ese bigote con trayectoria. Tiene 67 años, cinco hijos, tres nietos, una ex mujer, una mujer a la que hoy galantea, una propiedad en Viña del Mar, otra en Talca, una escuela en la que proyecta talentos y en la actualidad vive a solas, como un monje muy bien vestido, un eremita con aroma a Ralph Lauren. Hoy no entrena a un club, es un técnico en etapa de reposo, alerta al teléfono (“Me siento vigente, viejo, tengo mucho que dar”). Pero es de esos entrenadores que no detiene el cerebro, que elabora tácticas en estado de vigilia, que enciende el televisor, se pone frente al canal ESPN, y se pone a gritarle instrucciones a la Juventus.

-Como te digo, viejo, Chile es un país bonito… claro que…

-…qué…

-…es un país bonito, lo que lo hace feo es el ser humano.

-¿Cómo dice?

-El chileno es súper resentido, compadre. El chileno no puede aceptar que a otro le vaya bien.

Su sello es la elegancia y la frontalidad. Le han enfocado alaridos en el camarín luciendo un traje Hugo Boss. Entrenó a dieciocho equipos sin repetir una sola corbata. Le gruñó a los árbitros transpirando camisas de seda. Fue el carácter y los huevos, vestido con telas compradas en Europa. Y, eso sí, jamás le tembló la voz para clavarle un garabato al delantero que se durmió en el área.

-¿Cuántas corbatas tiene?

-No sé. Y no lo diré. Me llenarían de críticas. Este país es una mierda, perdona que te hable con esa franqueza y esa palabra tan directa.

-No se preocupe… primero la verdad, profesor, luego el diccionario…

-¡Una mierda!- repite.

-Sí, bueno, tampoco es para…

-¡Un país lleno de acomplejados!

“Este país es una mierda, perdona que te hable con esa franqueza y esa palabra tan directa”.

Desliza que Chile es una mierda porque lo han traicionado. Chile, esa mierda, se ha burlado de sus éxitos. Han minimizado su gloria. Pero Jorge Garcés es más que un modelo de vestuario. Este hombre, señoras y señores, salvó del descenso a quince clubes condenados al abismo. Entrenó a la Roja por tres partidos oficiales, en esa época en que la Roja hervía. Sacó campeón a Wanderers después de treinta y tres años de decepciones. Los clubes lo llamaban cuando ingresaban a la UTI. Y el Doctor Garcés, ahí, con sus modales elaborados en Bruselas, tomaba a un equipo plagado de atontados y los transformaba en héroes. Hizo del pánfilo un verdadero espartano.

-Una vez aparecí en el Estadio Regional de Osorno con mi abrigo Pierre Cardin…

-¿Hacía frío, profesor?- acota, invernal, el reportero.

-No, no. Me refiero a que no podían entender que un entrenador estuviera al borde de la cancha con un Pierre Cardin. Pero eso generaba envidias, resentimientos…

-Allá ellos, Jorge.

-Jamás me ha importado lo que dice el resto.

-Usted vaya por su camino…

-Aquí no aceptan el éxito de un chileno. Acá se hacen mal las cosas. Te voy a decir algo y no tengo miedo…

-Dígalo…

-La prensa está manejada en este país.

-¿Qué?

-Y hay empresarios que manejan, además, a los grandes jugadores de la selección. Pero fíjate, compadre, que no daré los nombres…

-¿Por qué no?

-Porque esta entrevista es mía, no de ellos.

Y limpia la garganta mirando fijamente la cámara, como si fuera un fiero italiano frente a la Corte Suprema.

“Me refiero a que no podían entender que un entrenador estuviera al borde de la cancha con un Pierre Cardin. Pero eso generaba envidias, resentimientos…”

-¿Le gusta que lo apoden Peineta?

-Mmm… estamos en Chile, qué le vamos a hacer.

Le apodan Peineta y él no usa peinetas. Garcés se peina violentamente con los dedos, al salir de la ducha. Como un duro al que filman para un aviso comercial. Así este épico futbolero modela por instinto un peinado new wave, imperturbable al paso de las modas. Pero, en rigor, jamás utilizó una peineta. El diario La Cuarta le puso así para ilustrar que era un dandy que provenía de las mejores familias de Talca y que derivó en el único entrenador de Chile que sabía lucir con prestancia un buen reloj.

Y añade:

-Claro, a mí, por mi estilo, me apodaron Peineta… pero apareció Pizzi… se puso apenas una corbata y lo apodaron Macanudo…

Da la sensación que el apodo Macanudo es superior al pintoresco Peineta. Como si a Garcés le colgara un peine en la chaqueta. En fin. Ahora su apodo es parte de su esencia. “Si muero”, dice, “en esa lápida debe salir AQUÍ YACE EL PEINETA GARCÉS… o si no me muero… jajaja”. O dice: “Yo primero fui el Peineta. Luego salí campeón y fui Don Peineta. Luego dirigí a la selección y fui Míster Peineta”.

Hoy es Jorge.

U otra vez es simplemente el Peineta.

El elegante que sabe de fútbol.

El que opina.

Por ejemplo:

-¿Qué le parece que Arturo Vidal se haya contagiado de Covid? ¿Considera que fue una irresponsabilidad del crack?

-Naa…

Y ríe con exageración.

Luego se pone serio, se ajusta esa camisa informal con tres botones abiertos, limpia la garganta, y ahí el Peineta Garcés empieza. Esta leyenda se va a poner hablar de fútbol.

“Le apodan Peineta y él no usa peinetas. Garcés se peina violentamente con los dedos, al salir de la ducha. Como un duro al que filman para un aviso comercial. Así este épico futbolero modela por instinto un peinado new wave, imperturbable al paso de las modas”.

UNA PEINETA CON OPINIÓN

Peineta dice, textual:

-Las cagadas que se manda Vidal a mí me dan lo mismo.

-¿Qué quiere de Vidal, Jorge?

-Yo lo quiero en la cancha, viejo.

-Pero si está enfermo eso es imposible, Jorge- retruca la prensa.

-¿Sabes lo que pasa, viejo?

El profesor toma aire.

-Esto es por la exposición. A mí también me pasa, compadre. Jorge Garcés va al supermercado y aún estando con mascarilla igual lo reconocen. Cada paso que se da tiene que ser con mucho cuidado.

-¿Es indomable Vidal?

-Denme siempre a Arturo. Te voy a decir otra cosa…

-Diga…

-Si Maradona hubiese sido chileno se hubiese tenido que ir de Chile…

-Claro, claro… aunque… tengo entendido que Maradona se tuvo que ir de Argentina en algún momento…- especifica la prensa.

-¡Y qué me dices del Chino Ríos!- se exalta el entrenador.

-¡Jamás lo dejaron en paz!- sintoniza el reportero.

-¡Lo persiguieron, una y otra vez! ¡País de mierda!

-…

-Te pido me disculpes… no es mi forma de hablar…- Jorge vuelve en sí.

-No se preocupe.

-Es que a veces no queda otra que decirlo así…

Los argumentos de Jorge Garcés tienen fundamento: en Bélgica, donde él se formó, nunca existió la vida íntima del ídolo. El ídolo sólo vivía en la cancha, haciendo fintas, filtrándose entre los centrales. En cambio aquí, piensa Jorge, en este país de mierda, sólo se fijan en el error que la estrella cometió en una discoteque.  

-Así es Chile…- rezonga- tantos resentidos que hay… Y te diré algo: los muchachos de la Generación Dorada son unos chicos maravillosos. Yo los conozco. Un día fui con Jorge Andrés, mi hijo menor, a saludarlos a Juan Pinto Durán.

“A mí también me pasa, compadre. Jorge Garcés va al supermercado y aún estando con mascarilla igual lo reconocen. Cada paso que se da tiene que ser con mucho cuidado”.

-¿Cómo reaccionaron?

-De forma estupenda. Si yo ya los conocía. Los había enfrentado como entrenador.

En esa ocasión se le acercó Claudio Bravo y le dijo:

-Hola Profesor Garcés.

Y Jorge le susurró al oído: “Él es mi hijo, se llama Jorge Andrés y te admira”.

Y Claudio Bravo, ágil, le habló al niño.

-Hola Jorge Andrés… ¿Sabes? Te regalo mis guantes.

Y después vino Alexis. Luego Gary. Luego Arturo. Y el Profesor Peineta habló con todos ellos, a las risas, se sacó fotos, y notó que eran un conjunto de héroes, de corajudos emergidos desde el barro, de simples ganadores.

-Así es que no me vengan a decir que si Arturo se manda una cagadita hay que crucificarlo…

Crédito: Agencia Uno.

-¿Qué rige a un crack, Jorge?

-Ganar.

Respira. Da un aire de epopeya a su respuesta y agrega:

-El crack sólo piensa en levantar una copa. El crack sólo piensa en el partido que viene. El verdadero crack jamás se da cuenta que tiene una cuenta bancaria.

-¿Para qué trabaja el crack?

-El crack no trabaja. El crack se divierte. Y en eso quiere ser el mejor.

-¿Pero a veces puede ser difícil domar a un ídolo?

-Tiene que estar con la mente clara. Saber que la noche está llena de mujeres y de vehículos. Tiene que saber que se acercarán mujeres, que intentarán casarse con ellos, tener un hijo con ellos… ¿sabes cómo se llama ese amor repentino que sienten esas mujeres por los futbolistas famosos?

-¿Cómo?

-Amor a primera Visa.

Y Jorge y el reportero estallan en una carcajada.

Pero, al instante, al reportero se le acaba la risa. Recuerda un tema complejo: la Copa América en Brasil. La Copa América en el nido del Covid. La decisión más sombría del fútbol sudamericano.

“Así es que no me vengan a decir que si Arturo se manda una cagadita hay que crucificarlo…”

-Jorge…

-Dime… jaja- Garcés aún conservaba resabios de la carcajada.

-¿Por qué se hace esta Copa América?

Y a Jorge se le congela la risotada. Había recibido un balde de seriedad.

-Esta copa no se debería hacer- opina.

-¿Por qué se hace?

-Por dinero. Y se hace en Brasil para evadir impuestos.

El reportero, con una mueca solemne, trascendente, modula fríamente la pregunta:

-¿Quiénes son los mafiosos?

-¿Eh?- Garcés se sorprende.

-¿Quiénes son los mafiosos que tomaron esa determinación?

-Las mafias siempre han existido. No es nuevo. Mira lo que están tratando de hacer en Europa con la Superliga. El fútbol hace mucho que se tornó comercial, con muchos intereses. De hecho, bueno, yo inventé la frase “El Hombre Del Maletín”.

-¿Es de su autoría?

-Modestamente.

-Un acierto. Recorrió el mundo.

-Entrenaba en O´Higgins y me avisan: “Ojo con algunos partidos”. Y yo dije: “¡El hombre del maletín”. Y pegó fuerte.

-¿Y valdrá la pena jugar una Copa América así, tan manchada?

-Para los futbolistas todas las copas valen. Y para estos chicos, todos los torneos son para ganarlos.

-¿La Generación Dorada sigue siendo dorada?

-Ellos van más allá del físico. Ellos juegan por Chile. Estos chicos aún nos pueden dar alegrías.

Y el Peineta vuelve a sonreír.

“Las mafias siempre han existido. No es nuevo. Mira lo que están tratando de hacer en Europa con la Superliga. El fútbol hace mucho que se tornó comercial, con muchos intereses”.

LA DERROTA

Sonríe aún cuando acaba de sufrir una derrota electoral: postuló a concejal por Talca. Obtuvo 1964 votos, quedó fuera.

-¡Por esa huevada del arrastre!- se sulfura.

-¿Qué pasó?

-No, bueno, yo quería participar para poder ayudar. No por una cosa política, sino para dar soluciones. Pero bueno…

Y se queja otra vez. Que los chilenos, que no nos ayudamos los unos con los otros. Y grita: “¡El Estado debería tener colaboración!”. Su queja mayor, como hemos visto, es a los chilenos. Al ciudadano egoísta. Al que no respeta. Uf, suspira, resignado.

Y mejor vuelve a opinar de fútbol.

“Elías fue el mejor de Chile”, anuncia. “Pelé fue el mejor del mundo”, anuncia. “Claudio Bravo es el jugador clave de esta generación”, agrega. “Jadue es un sinvergüenza”, se enfurece. ¿Qué instrucción le daría a Alexis en mitad de un partido? “Le diría: Mijo, ven, sólo tienes que hacer una sola cosa. Ser Alexis Sánchez”. ¿Qué instrucción le daría a Arturo Vidal? “Le diría: Mijo, ven, sólo tienes que hacer una sola cosa. Meter, pero sin dejarnos con un jugador menos”. ¿Qué le diría a la FIFA? “Ténganle cariño al fútbol”, sostiene, emocionado.

“Y así soy”, dice.

-¿Así cómo?

-Como me ves. Transparente.

-¿…como un libro abierto?

-Bueno, la verdad es que mi vida es una novela.

-¿Una novela interesante?

-Ha tenido de todo. Yo soy como soy, te fijas. Yo soy lo que ves. Yo digo las cosas. Yo siempre estoy tranquilo.

-¿Cuál es el objetivo de su vida?

-Ser una buena persona. Creo que, finalmente, eso es lo único que importa.

Un silencio.

“¿Qué instrucción le daría a Alexis en mitad de un partido? “Le diría: Mijo, ven, sólo tienes que hacer una sola cosa. Ser Alexis Sánchez”. ¿Qué instrucción le daría a Arturo Vidal? “Le diría: Mijo, ven, sólo tienes que hacer una sola cosa. Meter, pero sin dejarnos con un jugador menos”.

-¿Y le gusta su pelo, Peineta?

-Me gusta. Está sano. Me lo peina Antonio, un peluquero.

-Sin peineta- asegura el reportero.

-Sin peineta- corrobora, sonriendo, el Profesor Peineta.

Comentarios
Sabía ud que... Cuando me sale mal la ensalada hago morrón y cuenta nueva. -------------------------------- Sabía ud que... A John Travolta no lo dejaron entrar al Unimarc por fiebre de sábado a la noche. -------------------------------- Sabía ud que... Los migrantes del mundo mágico conversaron con Kamala Harris Potter. -------------------------------- Sabía ud que... Cuando Rubén Darío caía en cama presentaba una licencia poética. -------------------------------- Sabía ud que... Janis Joplin y Jimi Hendrix animaban el matinal Mucho Woodstock. --------------------------------