Ilustraciones de Bordados, de Marjane Satrapi.

¿De qué hablan las mujeres mientras los hombres duermen siesta?

Esa pregunta es un misterio; más aún en un país como Irán, donde la ley y la religión controlan a las mujeres, las llenan de normas, las obligan a la discreción. El libro “Bordados”, de Marjane Satrapi, muestra la orilla contraria: qué pasa cuando las iraníes se juntan a hablar en libertad, mientras toman el té, sin miradas masculinas encima. “Es la celebración del mal comportamiento”, ha dicho la autora sobre esta obra recién reeditada. Tres mujeres cuentan desde Irán de qué se tratan estas reuniones, que son una tradición.

En los bazares de Irán, en sus plazas, en sus parques, en sus jardines, es imposible no formularse la pregunta. Más aún cuando en estos lugares uno agudiza el ojo y ve que se repite la misma escena: las mujeres iraníes caminando muy compuestas, casi siempre silenciosas, moviéndose a cargo de los hijos o en un recatado segundo plano detrás de sus maridos, sus hermanos o cualquier hombre de la familia. Cuando andan solas en grupo, igual se esfuerzan por pasar desapercibidas. Nunca un grito, jamás un exabrupto. Ni pensar en que puedan dirigirse espontáneamente a un turista, como sí lo hacen sus pares masculinos cuando les da la gana. La ley en este país -donde la política es religión y viceversa- manda que ellas deben ser lo más discretas posibles.

Entonces, la pregunta inevitable: ¿De que hablarán estas mujeres cuando los hombres no están presentes, cuando están en total confianza y libertad entre ellas, cuando no tienen el ojo controlador encima?

Mientras me paseo por Irán no dejo de pensar en eso. En que esa corrección, esa imperturbable calma femenina, no puede mantenerse a todo evento. Deben existir momentos de explosión, instancias de desborde. Es natural, es humano. Pero claro, nada de eso se ve en las plazas, ni el los mercados, ni en los parques, ni en los jardines de este país que fue la esplendorosa Persia.

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Estuve un mes en Irán en 2019 y me vine de regreso con esa pregunta encima. ¿De qué hablarán las mujeres en ese país cuando por fin se encuentran solas, cómodas, libres?

Estuve un mes en Irán en 2019 y me vine de regreso con esa pregunta encima. ¿De qué hablarán las mujeres en ese país cuando por fin se encuentran solas, cómodas, libres?

Tuve que esperar la respuesta. Me llegó hace apenas dos semanas. Y fue gracias a un libro ilustrado de la siempre aguda Marjane Satrapi, que acaba de ser reeditado. Se llama “Bordados”.

Marjane Satrapi (1969) es la hija única de un matrimonio iraní. Creció en Teherán en los últimos años del sha Reza Palhevi y los primeros de la Revolución Islámica que lo sacó del trono. Su familia estuvo de acuerdo en terminar con el reinado del emperador, sus privilegios y su dura represión a la intelectualidad de izquierda, pero quedó estupefacta -como muchas- ante el curso de los hechos: los ayatolas no se movieron más del poder y, apoyados en una fe estricta y normativa, levantaron un gobierno teocrático que hasta hoy rige en Irán. Marjane, siendo veinteañera y con una sociedad tan asfixiante alrededor, terminó yéndose del país y se instaló en Francia.

Los detalles de esa historia los contó y dibujó ella misma en su reconocido libro “Persépolis” (2000), que retrata esa incomodidad, esa tristeza profunda, que se instaló para siempre en muchos iraníes. Esa sensación de haber sido estafados. Pero luego dio un respiro: para equilibrar ese vacío que dejó en el pecho de quien la leyó, tres años después apareció “Bordados” (2003). Que es más luminoso, y muestra un lado más amable -incluso divertido- de Irán: esa costumbre de las mujeres de reunirse alrededor de un samovar a tomar té y hablar. Allí, resguardadas al interior del hogar, ellas conversan, abren sus corazones, se confiesan, se ríen fuerte, mientras ellos se van a dormir la siesta.

¿De qué hablan entonces estas mujeres? Según la autora del libro, de esto: de infidelidades, de virginidad, de matrimonios concertados, de cirugías plásticas, de rebeldías, de los tabúes del sexo. Un universo femenino iraní que Satrapi -como es su sello- arma y dibuja a partir de sus propios recuerdos. De esas reuniones con su madre, su abuela, sus tías, sus amigas. Instancias donde, sobre todo, estas mujeres se burlan de todo.  Sin que nadie las juzgue.

¿De qué hablan entonces estas mujeres? Según la autora del libro, de esto: de infidelidades, de virginidad, de matrimonios concertados, de cirugías plásticas, de rebeldías, de los tabúes del sexo. Un universo femenino iraní que Satrapi -como es su sello- arma y dibuja a partir de sus propios recuerdos.

En esas reuniones, sobra decirlo, todas las mujeres están sin el velo con que deben taparse el cabello cada vez que salen a la calle.

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Soudi tiene 34 años, está casada, espera su primer hijo y vive en Shiraz, una ciudad hermosa del sur de Irán, famosa por sus rosas perfectas y por tener la tumba del poeta Hafez. Soudi es guía turística y habla fluido inglés. Es amiga de un amigo, y hago contacto con ella por WhatsApp. Quiero que hablemos de “Bordados” y esa tradición de las mujeres iraníes que se reúnen a hablar mientras toman el té de la tarde.

Ella no conoce a Marjane Satrapi, pese a lo famosa que es. No es raro. Al interior de Irán es difícil saber de aquellos compatriotas que se han ido al extranjero y, desde la orilla que sea, disparan contra el régimen teocrático que los gobierna hace más de cuarenta años. No importa lo conocidos o talentosos que sean: son enemigos, y a ellos el régimen los borra, simplemente no existen. Soudi se emociona cuando ve algunos dibujos del libro. “Voy a buscar información de esta autora”, se promete a sí misma.

Dice que lo que cuenta “Bordados” es verídico y que aún existe. “Aunque todo, también las costumbres, irá cambiando con el pasar del tiempo… la tecnología nos va separando de la gente”, advierte. Sin embargo, se alegra de que estas reuniones sobrevivan, sobre todo en familias numerosas que viven en pueblos pequeños.

“Por ejemplo, las mujeres de mi familia, especialmente las que son amas de casa, pasan mucho tiempo juntas; se sientan en el patio para hablar entre ellas mientras hacer bordados o crochet, fuman pipa de agua, toman té, limpian vegetales. Conversan sobre los maridos, su relación conyugal, los hijos”, dice. “Es una costumbre practicada por mujeres mayores, pero que sigue siendo atractiva para las jóvenes y más modernas”.

En el libro de Satrapi, las protagonistas son desinhibidas. Incluso la abuela, que tal vez es la más osada. Hablan sin metáforas y se molestan entre ellas. “En esas reuniones, las mujeres son muy divertidas y están felices, tanto que a veces se olvidan de los momentos amargos y los problemas de sus vidas”, confirma Soudi.

En el libro de Satrapi, las protagonistas son desinhibidas. Incluso la abuela, que tal vez es la más osada. Hablan sin metáforas y se molestan entre ellas. “En esas reuniones, las mujeres son muy divertidas y están felices, tanto que a veces se olvidan de los momentos amargos y los problemas de sus vidas”, confirma Soudi.

-Reseñas del libro lo catalogan como un retrato al feminismo iraní: discreto, distinto al occidental, pero vivo. ¿Estás de acuerdo?

-Totalmente de acuerdo. En el pasado y también hoy, las mujeres y los hombres no tienen los mismos derechos; y en sociedades como la nuestra siempre se da prioridad al punto de vista de los hombres. En cambio, en estas reuniones nos relajamos.

-¿Existen otras instancias en Irán donde las mujeres puedan reunirse con esa libertad y camaradería?

-El gobierno ha asignado espacios especiales para mujeres, en parques o jardines por ejemplo, donde podemos reunirnos libremente y pasar tiempo juntas.

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En una entrevista a propósito de “Bordados”, Marjane Satrapi lo dejó claro: “Este libro es una celebración del mal comportamiento”. Y eso se nota de cada página.

Hay escenas irreverentes, siempre llenas de humor. Como cuando la abuela recuerda a una amiga de la juventud que estaba muy complicada porque se iba a casar y no era virgen. La abuela, entonces joven, pensó una noche entera en cómo ayudar a su amiga. Y encontró una solución: tenía que meterse al lecho nupcial con una pequeña cuchilla en la mano y, en el momento preciso, apretar los muslos y hacerse un pequeño corte para que el marido viera que sangraba con esa supuesta primera relación sexual. “Él se sentirá orgulloso de su hombría y tú mantendrás tu honor intacto”, le aconsejó. Pero la chica se puso nerviosa; y todo salió mal: terminó clavando la cuchilla en uno de los testículos del esposo.

Las mujeres de la reunión se ríen al escuchar la historia. Una acota que, pese al chascarro de la primera noche, esa pareja se mantuvo unida toda la vida. La abuela da entonces la puntada final: “Pues claro. Es que, hija mía, los hombres tienen el orgullo en el escroto. Cuando uno acaba con un testículo ensangrentado, es mejor no abrir la boca”.

Y otra historia más. Una de las mujeres del grupo da las razones de por qué es mejor ser amante que esposa. “Es el mejor papel del mundo”, comienza aclarando. Práctica, enumera sus razones: la esposa debe cargar con las camisas y los calzoncillos sucios del marido, su mal aliento, sus episodios de hemorroides, sus gripes, su mal humor, sus caprichos; en cambio a la amante le toca el lado opuesto. Es decir, la visita “siempre de punta en blanco, le relucen los dientes, tiene un aliento como perfumado, está de buen humor, tiene conversación y te dice: eres extraordinaria, una perla única”. Nuevamente es la abuela quien lanza la conclusión: “¡Parvín tiene razón! A las mujeres decentes la tontería nos sale cara. Lo apostamos todo a nuestros maridos. Los hombres lo saben y se aprovechan”. Y lo dice una mujer que se casó tres veces.

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En el otro extremo de Irán, al norte, casi en el límite con Azerbaiyán, tampoco conocen a Marjane Satrapi. Pero sí saben de esas reuniones femeninas alrededor del samovar.

En esas tierras al borde del país vive Ismail, a quien conocí hace dos años en Tabriz, una ciudad que tiene el mercado más espectacular de Irán (y eso que la competencia es ardua). Ahora, vía teléfono, él me hace el contacto -y la traducción- con Masha.

Masha tiene 24 años, es arquitecta, soltera y vive con sus padres en Jofa, a pocos kilómetros de Tabriz. Ella, de entrada, marca una diferencia: “Respecto de las reuniones que cuenta ese libro, yo no participo, porque no son atractivas para mujeres de mi edad: usualmente preferimos salir y juntarnos afuera. Pero sí las hacen mi madre y sus amigas. Hablan de esos temas privados que me dices muestra el libro”.

Le cuento que este libro ha sido leído como una muestra del feminismo iraní. Masha asiente: “Sí, supongo que se trata de un feminismo iraní, porque usualmente en esas reuniones las mujeres hablan de sus derechos”.

-En el libro, las mujeres dicen que estas reuniones “meten aire en sus corazones”. ¿Cierto?

-Absolutamente cierto.

En Tabriz vive también Parisa. Casada, un hijo, dueña de casa, profesora de Educación Física, 30 años. Recuerda que de niña estuvo en reuniones como la que muestra el libro de Satrapi. “Tuve la experiencia cuando era niña. Mi madre y mis tías tenían estas reuniones, pero yo y las otras niñas simplemente escuchábamos. En ese tiempo mi madre y otras mujeres podían hablar fácilmente sobre todo, y nosotras podemos hacerlo hoy fácilmente también. Recuerdo que la mayoría de las mujeres en esas reuniones tenía mucho sentido del humor”.

-Probablemente estas reuniones de mujeres ocurren en todo el mundo, pero llaman la atención en Irán, un país que las reprime y controla tanto. ¿Qué piensas?

-Había una pequeña presión para las viejas generaciones, pero actualmente es más fácil para nosotras.

-Leí, a propósito de este libro, que estas tertulias son la revolución silenciosa de las mujeres en Irán. ¿Estás de acuerdo?

-Sí, supongo; pero es sólo una simple reunión…

Así, luego de derribar cualquier tinte heroico, Parisa se despide con amabilidad.

Las preguntas, incluida la que me rondaba hace dos años, ya están respondidas.

Título: Bordados
Autora: Marjane Satrapi
Sello: Reservoir Books
Páginas: 144
Precio: $14.000

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