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Columna de Maximiliano Arce Castro: Una crisis democrática que parece no tener salida

Hoy Chile debe poner mucha atención en lo que está ocurriendo en Centroamérica, porque hay prácticas que no se deben replicar o amplificar, como el nepotismo, la corrupción, el narcotráfico, la poca transparencia y, por supuesto, la pérdida de autonomía de los poderes del Estado.

Si en Chile estamos enfocados en combatir la pandemia, reducir los contagios, encontrar soluciones económicas para las familias y en cómo se desarrollará la Convención Constitucional, hay otra zona del mundo que no debe pasar inadvertida por la comunidad internacional.

América Central históricamente ha sido conocida, lamentablemente, por sus altos niveles de pobreza, desigualdad, violencia, nepotismo, violación de Derechos Humanos, narcotráfico, y hoy se suman el populismo, el autoritarismo y crisis institucional. Las democracias están bajo amenaza por las mismas autoridades que fueron electas en Nicaragua, El Salvador, Guatemala y Honduras.

En Nicaragua, el presidente Daniel Ortega -quien lleva en el poder desde 2007 y que busca una nueva reelección de cara a los comicios de noviembre- ha hecho noticia porque su régimen ha detenido sin ninguna vergüenza a cuatro candidatos de oposición que le iban a competir el sillón en el palacio presidencial La Loma. Cristina Chamorro, Arturo Cruz, Félix Madariaga y Juan Sebastián Chamorro fueron acusados de “traidores a la patria” de acuerdo a una ley aprobada por el mismo régimen de Ortega tras ser acusados por la vicepresidenta del país Rosario Murillo (esposa del presidente) de lavado de dinero, corrupción e por intentos de liderar un golpe de estado.

El presidente Nayib Bukele de El Salvador, por otra parte, aprovechó de su mayoría parlamentaria para destituir a jueces de la Corte Suprema y del FIscal General, generando un grave deterioro de la calidad de las instituciones y de la autonomía de los poderes del estado, incluso siendo catalogado como un golpe de Estado. Sus niveles de aprobación rondan el 90%, conseguidos por su discurso populista y el manejo de la pandemia, han hecho que siga haciendo noticia a nivel mundial ahora por querer implementar el bitcoin como moneda legal. 

América Central históricamente ha sido conocida, lamentablemente, por sus altos niveles de pobreza, desigualdad, violencia, nepotismo, violación de Derechos Humanos, narcotráfico, y hoy se suman el populismo, el autoritarismo y crisis institucional. Las democracias están bajo amenaza por las mismas autoridades que fueron electas en Nicaragua, El Salvador, Guatemala y Honduras.

Honduras, en tanto, no sólo fue incluido por el Consejo Noruego para los Refugiados (NRC) en el listado de los países con más personas desplazadas por la violencia, sino que un grupo de jueces en Estados Unidos enjuició una red de diversos traficantes de drogas donde se encuentran jefes militares, policías, empresarios, diputados e incluso el propio hermano del presidente Juan Orlando Hernández. Incluso se le acusa a Juan Antonio Hernández, de introducir cocaína a Estados Unidos siendo patrocinado por el mismo estado hondureño. Y con miras a las elecciones de noviembre, las encuestas no muestran un apoyo mayoritario a algún candidato para suceder a Hernández, entre quienes se encuentran el oficialista Nasry Afura, Xioamara Castro, esposa del ex presidente Manuel Zelaya, y Yani Rosenthal, quien cumplió una condena de tres años de cárcel por delito de activos asociados al narcotráfico.

Otro país que sufre es Guatemala, ya que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) condenó la violencia política que ha habido en este tiempo ya que desde mayo han sido asesinados 11 actividas políticos, justo cuando en noviembre también enfrentarán elecciones, además de ataques y amenazas a líderes políticos, prensa, y a defensores de DD.HH. Hace una semana, ante la llegada de la vicepresidenta estadounidense Kamala Harris, cientos de guatemaltecos se volcaron a las calles para protestar contra el gobierno de Alejandro Giammattei, quien ha sido duramente cuestionado por la poca transparencia y corrupción en la administración de recursos para combatir la pandemia y la gestión ante los huracanes Eta e Iota.

Es fundamental que la comunidad internacional no deje pasar todos estos sucesos que afectan directamente la calidad democrática de los países en América Central, y que de alguna u otra forma, encuentren vías institucionales adecuadas para restaurarla. No basta solo con hacer un llamado de atención, es necesario lograr un diálogo y buscar soluciones que vayan a beneficiar la democracia y a la ciudadanía. Las elecciones podrán ayudar en ello, siempre y cuando se desarrollen en un clima pacífico y de diversas opciones, escenario que actualmente no se está plasmando en los países antes mencionados.

Hoy Chile debe poner mucha atención en lo que está ocurriendo en estos países, porque hay prácticas que no se deben replicar o amplificar, como el nepotismo, la corrupción, el narcotráfico, la poca transparencia y, por supuesto, la pérdida de autonomía de los poderes del Estado.

Y en el último tiempo hemos visto diferentes noticias que nos alertan de que algo está sucediendo en nuestra sociedad y no podemos quedarnos como simples espectadores. El estallido social no fue provocado solamente por la desigualdad y el abuso, fueron cientos de causas relacionadas a una fatiga democrática que provocaron el enojo, la desconfianza y el cansancio de las personas contra el mal manejo del Estado.

Es fundamental que la comunidad internacional no deje pasar todos estos sucesos que afectan directamente la calidad democrática de los países en América Central, y que de alguna u otra forma, encuentren vías institucionales adecuadas para restaurarla. No basta solo con hacer un llamado de atención, es necesario lograr un diálogo y buscar soluciones que vayan a beneficiar la democracia y a la ciudadanía.

No caigamos en los síntomas de las crisis democráticas que está viviendo América Central y evitemos caer en esa fatiga. Hoy la Convención Constitucional que comienza Chile, no solo es la oportunidad de un cambio histórico es una señal potente de que siempre se puede optar por una salida democrática en situaciones de crisis -y su éxito dependerá del diálogo, la transparencia y el trabajo adecuado-, sino que también servirá de ejemplo para otras naciones, como las ya mencionadas anteriormente.

*Maximiliano Arce Castro es periodista, máster en Relaciones Internacionales, Seguridad y Desarrollo de la Universidad Autónoma de Barcelona. Trabaja como investigador en Geopol21.

Comentarios
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