Columna de Crisóstomo Pizarro: ¿Podrá sobrevivir el capitalismo?

Las competencias del sector capitalista son cada vez menores para mantener su legitimidad y seguir amparándose en el Estado para sostener posiciones cuasimonopólicas que le permitan continuar reproduciendo las condiciones que favorecen la incesante acumulación de capital.

Sostengo que el sistema capitalista estaría ingresando a una turbulencia caótica que podría dar paso a un proceso de bifurcación histórica, cuyo destino es de suyo incierto. Una posición contraria y predominante en la interpretación de la crisis social en Chile está representada por las corrientes afines a la economía neoclásica y las corrientes postmodernistas. Ambas afirman que el sistema posee las competencias para superar los desequilibrios ya conocidos en el pasado y exitosamente superados.

El criterio en que se fundan estas interpretaciones opuestas reside en el reconocimiento o negación intelectual y emocional de una “crisis”. Los sistemas entran en crisis cuando ya no son capaces de controlar los desequilibrios propios de su evolución y retornar a su funcionamiento normal. En el capitalismo, este funcionamiento es dependiente de la reproducción de las condiciones habilitantes de su razón de ser, esto es, la incesante acumulación de capital.

Entre estas condiciones hay que destacar la destrucción del planeta por el modo de producción y la falta de disposición del sector capitalista para compatibilizarlo con un crecimiento más amigable con el medio ambiente. El crecimiento económico es considerado como un fin en sí mismo y garantía mecánica de bienestar universal. Sin embargo, los niveles de desigualdad intolerables que ha generado el sistema empiezan hoy a ser reconocidos aún por algunos de los sectores más lúcidos de la intelligentsia capitalista.

A lo anterior hay que sumar la irrupción del Covid -19, que agrava los negativos efectos de los factores condicionantes de la crisis sistémica. La pandemia guarda una estrechísima relación con el modo de producción del sistema. Así lo ha estado demostrando por lo menos durante las dos últimas décadas la medicina de la conservación, una transdisciplina que se ocupa de la salud humana, animal y del ecosistema.

Los sistemas entran en crisis cuando ya no son capaces de controlar los desequilibrios propios de su evolución y retornar a su funcionamiento normal. En el capitalismo, este funcionamiento es dependiente de la reproducción de las condiciones habilitantes de su razón de ser, esto es, la incesante acumulación de capital.

Además es necesario reconocer la exigua competencia financiera de los sistemas públicos para enfrentar la crisis del sistema según se examina detalladamente en el Informe sobre desigualdad global 2018. La disminución de la riqueza nacional representa una limitación extraordinaria en la capacidad del sector público para regular la economía, redistribuir ingresos, mitigar el crecimiento de la desigualdad y afrontar la pandemia.

También hay que considerar como una amenaza al sistema la oposición de los trabajadores aún organizados y de los grupos más vulnerable y nuevos y variados movimientos sociales (jóvenes y mujeres) a seguir aceptando sus condiciones de vida, y más aún, sus nuevas demandas por una distribución de los logros del sistema. El sector capitalista y los partidos, técnicos e intelectuales que les sirven de sustento ideológico no se muestran llanos a financiar con impuestos progresivos las políticas sociales que atenderían parte de las demandas anteriores.

Joseph Stiglitz ha puesto un especial énfasis en el acrecentado poder del capitalismo “corporativo”, que ha concentrado el poder y la riqueza, factores que están en el centro de la crítica de los sectores menos aventajados de la sociedad y los nuevos movimientos sociales al sistema capitalista. El capitalismo corporativo ha empleado todas sus capacidades para subordinar al Estado a la función de coadyuvante del proceso de acumulación de la riqueza y del poder. La nueva amenaza del capitalismo no proviene del socialismo, ya fracasado como alternativa en la forma como lo hemos conocido. La cuestión hoy es cómo salvarlo de los propios capitalistas que, mediante el “asistencialismo corporativo”, han sabido emplear el poder del Estado para proteger a los grupos de más altos ingresos y poderosos en lugar de los más desfavorecidos. En este sentido, los capitalistas han sido más estatistas que los propios socialistas. El papel del Estado en el fortalecimiento del capitalismo también ha sido destacado por Immanuel Wallerstein en sus estudios de las tres instancias de ciclos hegemónicos conocidos en la larga historia del capitalismo: Holanda en el siglo XVII, Inglaterra en el siglo XIX y Estados Unidos en el siglo XX.

Por otra parte, cuando el aumento constante de todos los costos comprendidos en el desarrollo, establecimiento y protección de productos cuasimonopolizados es tan alto que ya no es posible mantener la incesante acumulación de capital, el sector capitalista transfiere la búsqueda de capital de la esfera de la producción a la esfera financiera. Esta solo relocaliza el capital existente, porque lo que más le interesa siempre es que aparezcan nuevos deudores que reemplacen a aquellos que cayeron en la bancarrota. Este tipo de economía tiene importantes efectos en el funcionamiento normal del sistema capitalista ya que puede llegar a agotar la demanda efectiva de nuevos productos. Esto es lo que conocemos como especulación financiera.

La nueva amenaza del capitalismo no proviene del socialismo, ya fracasado como alternativa en la forma como lo hemos conocido. La cuestión hoy es cómo salvarlo de los propios capitalistas que, mediante el “asistencialismo corporativo”, han sabido emplear el poder del Estado para proteger a los grupos de más altos ingresos y poderosos en lugar de los más desfavorecidos.

Del análisis precedente se infiere que las competencias del sector capitalista son cada vez menores para mantener su legitimidad y seguir amparándose en el Estado para sostener posiciones cuasimonopólicas que le permitan continuar reproduciendo las condiciones que favorecen la incesante acumulación de capital.

*Crisóstomo Pizarro es Director Ejecutivo del Foro de Altos Estudios Sociales Valparaíso, una corporación de derecho privado, sin fines de lucro ,cuyo propósito es estimular, captar, difundir y debatir ideas y propuestas relativas a la evolución del mundo contemporáneo y la inserción de Chile en la región, la sociedad de la información y la globalización.

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