Sergio Cobo, exsacerdote víctima de Karadima: “Su muerte me genera sentimientos muy encontrados”

“Hay que poner sobre la mesa todo el caso de Karadima para que no nos olvidemos de lo que nos pasó y para que no olvidemos a aquellas personas a quienes no hubo justicia”, afirma, en conversación telefónica con The Clinic.

Sergio Cobo participó por cerca de 25 años en la Iglesia de El Bosque. El ahora expresbítero fue invitado por el Papa Francisco en 2018 al Vaticano, debido a su experiencia como víctima de abuso de conciencia por parte de Karadima. Con él acudieron otros sacerdotes que habían sido víctimas, como Eugenio de la Fuente y Alejandro Vial.

“Llegué muy joven a la parroquia de El Bosque y muy joven también entré en esa dinámica de abuso y control de consciencia y de vida que significaba la relación con Fernando Karadima. Y eso me impidió poder decidir mi vida con libertad”, afirma en conversación con The Clinic momentos después de enterarse del fallecimiento del exsacerdote.  

-¿Qué sintió usted cuando se enteró de su muerte?

-Eso he estado pensando… Su muerte me genera sentimientos muy encontrados. Uno vuelve hacia atrás en la vida, y a mí me ha tocado, además, meterme mucho en mi historia en los últimos años, porque salí del ministerio sacerdotal, y pensar lo que significó el abuso de Karadima. Uno experimenta una rabia, un malestar, una desazón por lo que significó esa manipulación en mi vida y la de muchas personas que yo vi. Es muy doloroso ver lo que ocurrió y cómo desvió nuestras vidas. No sabemos cómo hubiese sido de otra manera, pero nos desvió de un camino normal, con consecuencias muy dolorosas.

-¿Y en cuanto a lo que ha significado para la Iglesia su presencia?

-Pensaba en el poder que él acumuló, concentró y también el impacto de eso cuando todo salió a la luz. Además, he pensado que la Iglesia tiene tantas cosas pendientes aquí y en tantas partes del mundo para poder enfrentar de manera más efectiva el tema del abuso, preocuparse más de las víctimas. Hay que reconocer que el mismo caso Karadima se cerró finalmente, pero hay muchas víctimas que sufren y tienen heridas que quedan abiertas porque no han sido escuchadas, reparadas. Es una cuestión que tenemos pendiente… Son muchos sentimientos que a uno le embargan.

-En ese sentido, yo recién hice una entrevista al actual párroco de El Bosque, y me decía que volver a contar estas historias en un día como hoy es revictimizar a las víctimas. ¿Qué opina usted?

-Creo que es importante recordar lo que pasó, Amanda, porque este es un proceso que no ha terminado. Karadima vivió una condena que, yo sé que a mucha gente la dejó insatisfecha, pero es una cadena fuerte de la Iglesia. Creo que la Iglesia ahí puso una postura muy marcada. Sin embargo, en otros ámbitos de la Iglesia, es un problema que no ha terminado y hay que seguir teniéndolo presente. Especialmente para acompañar a muchas víctimas que no han sido reparadas, que no han sido escuchadas, que no han sido acogidas y que siguen esperando. Eso es muy doloroso. A esas víctimas sí que se les revictimiza. Es un problema que ha causado mucho dolor. Hay que poner sobre la mesa todo el caso de Karadima para que no nos olvidemos de lo que nos pasó y para que no olvidemos a aquellas personas a quienes no hubo justicia.

-¿Diría que hubo un antes y un después en el tratamiento de casos de abuso en la Iglesia Católica en Chile tras lo sucedido con Karadima?

-Sí. El caso Karadima puso el tema sobre la mesa y en ese sentido tienen un gran mérito quienes denunciaron en ese momento: José Andrés Murillo, Juan Carlos Cruz, James Hamilton, quienes hicieron un trabajo de perseverancia y de lucha que puso esto sobre la mesa. Fue un hito en la Iglesia, junto con otros casos, como los de Boston. Sin embargo, el punto que me gusta relevar es que todavía no se cierra, todavía hay mucho que hacer, todavía hay que relevar este tema, todavía hay víctimas que sufren, todavía hay víctimas que no son escuchadas.

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