Elisa Loncon: “Nos podemos enojar, nos podemos confrontar, pero los convencionales estamos en un proceso creativo”

Justo cuando se cumple un mes de la instalación de la Convención Constitucional, su presidenta Elisa Loncon se refiere a cómo han sido estos días de trabajo y explica el espíritu que anima profundamente su propio liderazgo. Recalca que la labor de los 155 constituyentes debe ser sobre todo creativa, porque se trata de cambiar paradigmas. “Nuestro trabajo es superar la lógica de la política tradicional, que es la que mostró su crisis en los últimos años”, señala.

Tengo un gran respeto a Elisa Loncon desde que me encontré con ella en los caminos de la historia mapuche. Ella con su defensa del mapuzugun, su militancia en Ad Mapu y el Aukin Wallmapu Ngulam en su trayectoria política. Dos importantes organizaciones políticas de nuestro pueblo, las que pusieron los pilares de la Autodeterminación del pueblo mapuche hacia la década de los 80 y con mayor fuerza en la siguiente década. Una especie de “transición desde abajo” que puso a las comunidades mapuche y sus autoridades tradicionales (longko, machi, werken) como conductoras del proceso político. Muchas de sus reflexiones, respecto al futuro compartido, fueron entregadas en esta conversación por quien hoy en la Convención Constitucional denominan la “lamgen Presidenta”.

Para situar históricamente a la lamgen Elisa Loncon, hay que retroceder hacia mediados del siglo XIX. Corría la segunda etapa de la Ocupación de La Araucanía, donde su ancestro, el longko Longkomil, junto al toqui Kilapan lucharon tenazmente oponiéndose a la construcción de los fuertes militares en la línea del río Malleco. Con la construcción de esa línea de fuertes, la invasión sobre las tierras mapuche comenzó a ser continua y muy violenta. Los Longkomil son reconocidos por ser buenos oradores; toman la palabra en los encuentros del pueblo mapuche, ya que se caracterizan por su buena memoria. Ello tiene un nombre: weupife.

Si algo recuerda la lamgen Elisa Loncon son las palabras de su padre cuando eran niños: les recordaba que provenían de una familia que no se había doblegado ante la Ocupación de La Araucanía y que no habían dejado de luchar por sus derechos.

En su historia, resignifica a su abuela materna: Francisca Rayman, de quien desciende su madre Margarita Antileo Rayman Liencheo, de las tierras de Ketrawe, cerca de Lumaco. Mujeres sabias, alegres y trabajadoras. De todas, su madre fue quien resintió con mayor crudeza el racismo en la escuela por hablar el mapuzungun, además de vivir la discriminación por la ausencia de zapatos y llegar mojada por las lluvias del invierno.

Su nombre, Elisa, es el de su abuela paterna. Eso es un importante acto político-cultural en el pueblo mapuche: se denomina de ese modo a quien se considera pueda llevar a las futuras generaciones el conocimiento de sus más antiguos. Eso también tiene un nombre: lakutun.

Hoy, la lamgen Elisa Loncon está construyendo un camino que será trascendental si quienes participan de la Convención Constitucional colaboran a favor. En su primer mes de trabajo, ha logrado poner los pilares de la interculturalidad con una metodología que ha generado reacciones de sectores vinculados al mundo más conservador y también de izquierda que ven como victoria excluir a la oposición a ellos. Es propio de un proceso que busca cambiar las formas en que se han concebido las relaciones de poder, de las cicatrices de la exclusión, desigualdad y la coerción estatal de los últimos años que ha marginado, por distintas formas y mecanismos, a los pueblos originarios, a las mujeres y sectores populares de las tomas de decisiones.

Elisa Loncon ha tenido que soportar faltas de respeto y comentarios que podríamos denominar racistas, sobre todo por el ejercicio y derecho a hablar el mapuzugun. No es algo nuevo en la historia mapuche ni en sus mismas ancestras. Y si algo han logrado saber manejar los mapuche bajo 200 años de colonialismo chileno es justamente percibirlo, detectarlo y tener respuestas para ello. Esto no hace si no dar cuenta que el camino a la interculturalidad emancipadora no está ausente de reacciones que esperan perpetuar la vieja cultura. En este primer mes ha logrado, a través de un ejercicio de persuasión y colaboración, incorporar a todos los sectores políticos en la mesa de trabajo. Vemos el ejercicio de lo “plural” manifestado en la práctica de la interculturalidad y la plurinacionalidad como un horizonte democrático.

Su nombre, Elisa, es el de su abuela paterna. Eso es un importante acto político-cultural en el pueblo mapuche: se denomina de ese modo a quien se considera pueda llevar a las futuras generaciones el conocimiento de sus más antiguos. Eso también tiene un nombre: lakutun.

En esta entrevista con The Clinic, Elisa Loncon permite visualizar la construcción de los pilares de lo que podría desembocar en una Constitución Plurinacional si el referéndum de salida lo afirma como tal y si la elaboración de metodologías decoloniales, con perspectiva de género, que enunció en su discurso inaugural se logran concretizar. Mucho de su hoja de ruta está en su discurso al asumir el cargo, en una frase que hace mucho sentido en la historia de Chile porque nos puede conectar con el mundo de Gabriela Mistral: “Mandarles un saludo a los niños que nos están escuchando: se funda un nuevo Chile, plural, plurilingüe, con todas las culturas, con todos los pueblos, con las mujeres, con los territorios.  Ese es nuestro sueño para escribir una nueva Constitución”. A eso, ella lo denomina “revertir las marcas que dejan las cicatrices”.

“Hablé de otra forma de ser plural”

-¿Cómo se ha sentido como parte de la Convención y en su cargo de presidenta?

-Uno va sintiendo la responsabilidad, porque hay situaciones que las hemos tenido que construir.  Empezamos de la nada, entonces paso a paso hemos ido construyendo las condiciones mínimas para poder sesionar, para poder trabajar en función de las comisiones, para que estén los constituyentes, que puedan venir, discutir y votar. Entonces son una cantidad enorme de responsabilidades, las que requieren mucha dedicación.

Elisa Loncon durante la primera sesión de la Convención Constituyente. Crédito: Agencia Uno.

-¿Pero cómo ha sido el trabajo? ¿Cómo ha tenido que sortear las posturas distintas y llegar a acuerdos?

-Nosotros tenemos una coordinación como mesa directiva y siempre estamos armando propuestas y discutiéndolas para ver de qué manera estas propuestas recogen la presencia de tanta diversidad dentro de un mismo espacio. Por ejemplo, hay cosas tan simples como dar la palabra, esas palabras no pueden caer siempre en los mismos, sino que se tuvieron que establecer una serie de criterios democráticos para el uso de la palabra. Al comienzo nos dimos cuenta que llegaba el sector de la derecha y todos apretaban el botón y ellos aparecían primeros para hablar, entonces hubo que establecer criterios de paridad, que tienen que estar las regiones, que tienen que estar los pueblos, tiene que ser la diversidad de representaciones políticas, y así se fue normando de a poco. Entonces hay que tener mucha creatividad e ir construyendo a partir de la misma realidad que se vive al interior.   

Otro ejemplo es el tema de la ampliación de la mesa. Como mesa directiva planteamos un sistema para no excluir a nadie, porque todos somos minorías entonces para tomar espacio, esas minorías tienen que empezar a dialogar, conversar, hacer unidad entre ellos y así logran representatividad y si los sectores se encapsulan en sí mismos pierden esa posibilidad de estar representados. Entonces, hay un aprendizaje de doble vía, por un lado, está lo que nosotros hacemos como mesa y, por otro lado, cómo también el pleno va haciendo su propio caminar.

–Chile Vamos anunció el lunes que a usted y al vicepresidente Bassa los llevarán a la Comisión de Ética, por “defraudar las esperanzas de la ciudadanía”. Como el ejercicio de interculturalidad merece actos valentía, usted incluso antes de eso ya había decidido ir a dialogar con Chile Vamos. Lo hizo este martes con la entrega de libros sobre interculturalidad ¿Qué esperaba con ese acto?

-Les solicité que cumplan el mandato que el pueblo chileno les ha otorgado para escribir una nueva Constitución y que contribuyan para evitar interrumpir el proceso. Les solicité que superaran las agendas partidarias y el asedio. Les hice ver el horizonte intercultural que se está escribiendo. Una oportunidad única e histórica donde los ojos del mundo están sobre nosotras y nosotros. Es un momento histórico único y pedí que trabajemos respetando la diferencia y aceptando la decisión de la mayoría que es escribir una nueva Constitución.

-¿Tiene usted consciencia del rol histórico que significa su presidencia hoy día?

-Yo sé que es histórico puesto que es la primera vez que 155 convencionales electos democráticamente inciden para escribir una nueva Constitución, eso nunca había ocurrido. Por otro lado, esta Constitución que se escribe también cuestiona todo el sistema de poder, la democracia pactada; nada de cómo se tomaban las decisiones antes es lo que hoy día se hace, ahí estamos más bien por planteamientos que representan las demandas de las regiones, de los pueblos; ya no son exclusivamente los partidos políticos los que están ahí actuando para incidir y definir el futuro de Chile. Y, sobre todo, el sector que siempre estuvo tomando decisiones hoy están en minoría, entonces no pueden tomar decisiones por sí solos, deben dialogar si buscan que se les considere e incorpore en la participación. Esto se nota mucho en la Convención, porque no está articulada en función de partidos, en función de los pactos. De este modo, deseamos que, a través de la interculturalidad, se pueda hacer un trabajo que no sea exclusivo de los partidos políticos tradicionales. Nuestro trabajo es superar la lógica de la política tradicional, que es la que mostró su crisis en los últimos años. Lo que nos toca hacer sigue en esa lógica.

Al comienzo nos dimos cuenta que llegaba el sector de la derecha y todos apretaban el botón y ellos aparecían primeros para hablar, entonces hubo que establecer criterios de paridad, que tienen que estar las regiones, que tienen que estar los pueblos, tiene que ser la diversidad de representaciones políticas, y así se fue normando de a poco. Entonces hay que tener mucha creatividad e ir construyendo a partir de la misma realidad que se vive al interior

-Ha sido un mes agitado, lamgen, y de arduo de trabajo: ¿Cómo lo evalúa?

-Ha sido interesante. Nosotros empezamos de cero, llegamos al ex Congreso y no tuvimos colaboración del gobierno. Necesitábamos condiciones mínimas para poder funcionar y dentro de esas condiciones mínimas no podíamos estar todos juntos, porque estamos en tiempos de pandemia, entonces el riesgo de juntar a todos los convencionales que vienen de distintas regiones, es un problema sanitario enorme. La primera sesión no pudimos trabajar, porque no había protocolo, porque estábamos siendo todos encerrados en la misma sala, en un hemiciclo, y también porque no estaban las condiciones técnicas de interconexión de salas para poder dividirnos y poder dar la palabra.

Dado que eso fue una situación compleja, buscamos inmediatamente apoyo de los servicios públicos, de toda la institucionalidad pública y autónoma del Estado. Universidades ofrecieron ayuda logística, de infraestructura, técnicos, y eso nos permitió el segundo día crear condiciones para poder sesionar en el tercer día. Y así la Convención se ha instalado con una metodología de colaboración de diferentes servicios públicos y también empleados públicos de carrera, de mucha experiencia, que fueron destinados desde la Cámara de Diputados, senadores, las universidades públicas, el Colmed. La misma Contraloría General de la República y Consejo para la Transparencia, que son entidades públicas elementales para instalar el funcionamiento también transparente de los convencionales, se han hecho presentes y estamos cada uno desde su espacio, para que la Convención pueda instalar una mínima institucionalidad que le permita sesionar y trabajar. Al gobierno, por su parte, pienso que le ha costado asumir este poder, sin entenderlo como un espacio a quien subordinar, no lo comprende y a partir de eso han dificultado mucho la toma de decisiones, sobre todo a nivel administrativo.

Sesión de Convención Constituyente en el Ex Congreso Nacional. Crédito: Agencia Uno.

-Se comentó mucho su discurso cuando asumió la presidencia, y ya se lo considera un discurso histórico. ¿De dónde vino la inspiración para hacerlo?

-Lo que pasa, lamgen, es que antes de eso no teníamos la certeza que podíamos ganar. Los mapuche tomamos la decisión de presentar una candidatura de manera autónoma y cuando la presentamos al resto de los escaños, algunos de ellos se sintieron ofendidos por no haberles considerado, aunque nosotros explicamos que fue una decisión sobre la base de la libre determinación como pueblo. Después, supimos que un partido político levantó otra candidatura al interior de los pueblos indígenas, lo que generó muchas tensiones. Durante esa semana se dijeron cosas muy feas de mí, me vincularon nefastamente a decisiones que nada tenían que ver con mi liderazgo y fue prácticamente para desarticular mi incidencia como candidata. Sin embargo, la decisión autónoma mapuche ya estaba tomada, y continuamos como pueblo buscando subir a la presidencia. Cuando nosotros llegamos al día de la elección teníamos esta realidad de que era posible que tal vez no íbamos a ganar, pero dentro de este mismo contexto el Frente Amplio, sin conversar previamente con nosotros, apoyó nuestra candidatura. También nos apoyaron constituyentes de movimientos sociales, independientes, sobre todo las feministas. Y eso fue la base que después permitió llegar a ese día y en ese día se fueron definiendo las fuerzas.

Entonces, como era una posibilidad, a un lamgen yo le dije “ayúdeme con el discurso”, y me hizo un discurso. Sin embargo, yo olvidé los lentes -ya sabe que para leer tengo que tener los lentes (entre risas)-, entonces al final me olvidé del discurso escrito. Pero lo que dije ahí fue más bien inspiración de tantos años de historia, lamgen, no fueron palabras vacías, sino que eran los años de caminar andado, como dicen los hermanos y hermanas mayas. Fueron palabras que se fueron recogiendo en cada etapa, de varias voces que uno va recogiendo y al final las pude juntar y transformar en un texto oral, espontáneo, con mucho sentido, porque en el fondo era lo que yo había recogido de tanto andar en la historia por la defensa de la lucha mapuche. Por eso salió muy emotivo, la gente se emocionó y todavía me hablan del discurso, porque efectivamente yo planteé, yo dije, hablé de otra forma de ser plural, porque en la vida me he encontrado con todas esas marginalidades, con las marginalidades de los niños pobres, con las marginalidades de las regiones, con las marginalidades de la diversidad sexual, con las mujeres. Tengo grandes amigos y amigas que son de la diversidad sexual. La marginalidad propia de los mapuche. Lo otro que yo creo que fue muy fuerte es que primero fue la bandera, primero Chile levantó la bandera mapuche, entonces ahí también esto de que yo haya salido creo que va muy articulado con ese gesto de hacer inteligible el movimiento social chileno con los mapuche. Además, eso de una mujer mapuche presidiendo la Convención ya había salido en el ambiente, primero hablaron de la machi, pero ella dijo que no, entonces cuando yo me presenté dije “yo voy siempre y cuando la machi me apoye”, eso también es parte de la historia que uno recoge en el mundo mapuche, porque si yo he trabajado con autoridades originarias, yo sé el valor simbólico, histórico y político que tiene la presencia de ella.

“Se están instalando otros paradigmas”

-¿Cómo ha sentido los comentarios –disculpe si soy poco objetivo– racistas que le han cometido Marinovic? ¿O algunos comentarios, siento más bien coloniales, de Marcela Cubillos? ¿Qué le sucede con esos comentarios?

Hay una presencia de la cultura política colonial que está instalada en ciertos sectores de la sociedad chilena y sobre todo en los sectores que están acostumbrados a decidir por los demás. Ahora, por ejemplo, se ha dicho que nosotros en la Convención no trabajamos, que somos flojos, que somos conflictivos, que más bien pasamos el día con puros conflictos, que no avanzamos. Y con esas frases yo me acuerdo mucho como a los mapuche se nos dice que somos borrachos, flojos y violentos a lo largo de nuestra historia, ¿no? Eso es lo que se nos dice. Y ése es el discurso colonial que se instaló para los mapuche y que ahora se está instalando en la Convención, porque la Convención representa el sector postergado de la sociedad.

Usted mismo lo ha podido ver. La mayoría de los convencionales vienen de las regiones, vienen de los marginados, somos los marginados, los que hemos estado en el lugar del “no ser”, como diría Fanon. Somos de ahí, somos las mujeres, somos las regiones, la diversidad sexual o los profesionales marginales. Te cuento, lamgen, que el otro día estaba leyendo a Gabriela Mistral y ella hablaba de las marcas que dejan cicatrices. Decía que en los árboles uno puede hacer un corte y después el árbol va a juntar su corteza, pero va a quedar la cicatriz. Y hablaba de que los colonos marcaron a sus esclavos y los esclavos se fueron con esa cicatriz, toda la vida. Son cicatrices que se llevan y que los pobres, los niños pobres, también se les cicatriza cuando le dicen que es flojo, cuando le dicen que no va a ser capaz. Esa es la cicatriz que le ponen y con esa marca no pueden ser o llegar a ser distintos en el fondo.

Siento que cuando se intenta instalar que no trabajamos, que nos basamos en un conflicto, están tratando de ponernos esas marcas, que son peligrosas. Pero lo importante es saber de dónde vienen y por qué están. Entonces nosotros tenemos una tarea enorme, los convencionales, de instalar el discurso positivo, el discurso de la valoración, de la creatividad, de la condición que nosotros tenemos, porque efectivamente nos podemos enojar, nos podemos confrontar, pero estamos escribiendo algo, estamos en un proceso creativo. Como todo proceso creativo tiene incertidumbre y eso se puede manifestar, y tal vez estos exabruptos que se dan pueden ser de dos minutos, tres minutos, y el resto vamos votando, tomando decisiones. Hemos votado hasta 40 o mas indicaciones y vamos avanzando y todavía con precariedades. Creo que hay que leer el proceso que llevamos adelante como Convención Constitucional también desde diferentes relatos; y un relato dañino, hegemónico, es el relato colonial con el cual se nos pretende analizar.

-Una pedagogía intercultural, políticas de género y decolonial: usted está diseñando una metodología a partir de las teorías decoloniales y de género. Si los sectores que intentan debilitar este trabajo pudieran darse cuenta de lo que se está forjando permitiría ver a Chile como un país que se suma a los debates en nuestro continente, e incluso diría a los debates que han desarrollado las afroamericanas en los Estados Unidos.

-Sí, se me ha pretendido analizar desde como se analiza la política desde la elite, y me han dicho “pero bueno, es mujer y está siendo dominada por un hombre”, “debiera ponerse más a la altura”. O sea, te fijas, yo no he golpeado la mesa, yo no voy a golpear la mesa, yo vengo de formas horizontales en la toma de decisión, siempre entiendo de que el otro tiene formas que de alguna manera aportan, cada uno desde su contribución vamos a echar andar el asunto. Entonces, claro, si a mí me ven desde el poder de la elite tradicional de una mujer occidental que puede golpear la mesa y puede ponerse con un mismo liderazgo masculino… Si no lo hago, me van a criticar como débil, como que no tengo iniciativa, como que no sé poner la palabra, pero estamos representando otro tipo de liderazgo y yo pongo las palabras cuando sé que debo ponerlas, y hay palabras que yo no las pongo porque yo tampoco las manejo, no soy una persona que sepa todo; o sea, ahí estamos construyendo entre todos y me ha tocado trabajar muy de cerca con el vicepresidente que tiene competencias en toda la normatividad, es su campo, pero el campo mío es la interculturalidad, es ese relato el que me permite ver la diversidad y juntarla, encaminarla a un objetivo. Entonces necesitamos ser vistos desde otros paradigmas, porque se están instalando otros paradigmas.

Crédito: Agencia Uno.

-Interesante, porque las opiniones más críticas que vienen de algunos sectores conservadores es que la mesa sería muy política y que…

-Falso, completamente falso, lamgen, porque yo soy independiente; y el vicepresidente viene de un sector político que sin la mirada intercultural no podría instalar la diversidad que hoy representamos, con todos estos llamados de integrar a las distintas fuerzas y sensibilidades políticas. El mundo de los partidos tiene límites, tiene fronteras, y éstos actúan en el marco de ese espacio. Esa es la forma que existe en la política, pero acá la Convención desborda todas las fronteras, amplía todas las fronteras, entonces creo que en ese sentido estamos haciendo una historia muy distinta, que espero sea comprendida y que sea inteligible. Así como se tomó la bandera wenüfoye, así debiéramos los convencionales tomar las diferentes demandas de los diferentes conglomerados, regiones, representaciones ciudadanas y políticas que ahí tenemos, para eso debemos desbordar propositivamente los límites que hoy imperan.

Siento que cuando se intenta instalar que no trabajamos, que nos basamos en un conflicto, están tratando de ponernos esas marcas, que son peligrosas. Pero lo importante es saber de dónde vienen y por qué están. Entonces nosotros tenemos una tarea enorme, los convencionales, de instalar el discurso positivo, el discurso de la valoración, de la creatividad, de la condición que nosotros tenemos, porque efectivamente nos podemos enojar, nos podemos confrontar, pero estamos escribiendo algo, estamos en un proceso creativo.

-¿Cómo ha sentido el trabajo con Jaime Bassa?

-Él ha sido una persona bastante acogedora, hemos tenido también que aclarar cosas, por ejemplo, respecto al liderazgo y frente a los otros y otras convencionales también lo hemos tenido que hacer. He tenido que hablar en general que soy la presidenta. Algunos están acostumbrados a ver al mapuche reducido, así nos han colocado, les cuesta admitir que tenga un cargo distinto a esa idea colonial sobre lo mapuche, esto sobre todo a nivel de las autoridades hombres. Por eso hemos posicionado la práctica de la interculturalidad. Al hacerlo, se generan rupturas, pero continúan situaciones de racismo instalado y autoridades con actitudes racistas. Recuerdo a una autoridad que llegó a conversar conmigo y le dice a Jaime Bassa: “A ti te conozco, estudiaste en tal lado, sé toda la historia…”; y a mí, que soy la presidenta, me dice: “A ti no te conozco” y lo expresa de muy mal gusto. Ese hombre iba a hablar con la presidenta del poder constituyente y le dice “a ti no te conozco”. Yo dejé pasar la primera vez y la segunda vez que me lo dice, le digo: “No te voy a aceptar eso, aquí tú estás hablando con la presidenta nombrada por mayoría para dirigir esta constituyente, no soy una persona desconocida; y aunque lo sea, soy la presidenta y en esa relación tenemos que hablar”. Hay gestos en ese sentido de no considerar a la presidenta, lo que yo interpreto como sesgos de racismo; tú sabes, lamgen, que América Latina está construida en base a categorías de racismo, pero también de sesgos de sexismo, patriarcales y de clase.

En síntesis, lamgen, me ha tocado tener las antenas muy puestas en esa realidad que yo siempre la conocí, de niña, y ahora la sé reconocer, pero ya madura, desde otro lugar y puedo decir esto no puede ser. Cuando niña yo no sabía, pero ahora sí sé por qué ocurre y puedo hacer ese análisis e invertirlo para que se despeje, porque el racismo, el colonialismo, pone nudos que impiden seguir avanzando, entonces ¿cómo sacamos eso? Para seguir, encontrar la ruta y continuar, y eso ya lo conozco por experiencia de vida. Mi experiencia de vida y mis conocimientos aprehendidos en distintos momentos los presento para avanzar en este camino.

Elisa Loncón y Jaime Bassa. Crédito: Agencia Uno.

“No nos podemos marear con la coyuntura”

-¿Usted cómo ve esta instancia para el pueblo mapuche y los pueblos originarios?, ¿qué puede salir de esta experiencia?

-Este movimiento es de mujeres, lamgen; los hombres que llegaron aquí fue porque les favoreció la paridad, más encima se llama “corrección de paridad”, si no hubiéramos sido mayoría mujeres. Ahora los lamgen son lamgen (hermanos y hermanas); o sea, son colaboradores, nos tratamos como lamgen. Desde ese punto damos una arremetida femenina dentro de un proceso político que cambia las reglas del juego, cambia también el lenguaje machista instalado en el movimiento mapuche. Usted sabe muy bien que hoy hay un movimiento mapuche que habla y le hace honor al weichafe; y el weichafe es el hombre… ¿Y la mujer que cuida, la mujer que sufre, la mujer que los cría no es weichafe? Y resulta que en el concepto mapuche, hombres y mujeres somos weichafe lamngen, es un adjetivo y acá estamos también las weichafe mujeres, está la machi, están todas las mujeres que se sienten representadas en esta historia de lucha, en ese discurso todas son weichafe. Por eso nos logramos entender, lamgen; entonces creo que es una opción más bien de política, un camino diferente de disputar el poder del Estado, para encontrar espacios de representación, de conquista de derechos, pero como le digo liderada por una fuerza femenina, por otros códigos y por eso yo también estoy ahí.

A un lamgen yo le dije “ayúdeme con el discurso”, y me hizo un discurso. Sin embargo, yo olvidé los lentes -ya sabe que para leer tengo que tener los lentes (entre risas)-, entonces al final me olvidé del discurso escrito. Pero lo que dije ahí fue más bien inspiración de tantos años de historia, lamgen, no fueron palabras vacías, sino que eran los años de caminar andado, como dicen los hermanos y hermanas mayas.

-Muy cierto, lamgen…

-Yo creo que va a tener incidencia, mucha incidencia, porque estamos liberando un sentido de ser mujer, weichafe, mapuche, indígena; y es impresionante porque los niños lo entienden, eso a mí me conmueve, cómo también ha salido el discurso, cómo ha salido la manera en que nosotros nos defendemos, los niños están viendo y quieren ser mapuche, quieren hablar el mapuzungun, quieren entender más allá al pueblo de Chile, desde lo indígena. Entonces yo he dicho no tengo mucho que perder aquí, porque tampoco tengo mucho, pero todo lo que hagamos va a ser ganancia, tenga por seguro eso, lamgen. Todo lo que hagamos va a ser ganancia en términos de cómo se construye esta disputa de poder: con inteligencia, con creatividad, con argumentos. Vamos a disputarnos el poder, pero no por ansias individuales, sino porque son nuestros derechos, es un ejercicio de lucha por la defensa de derechos in situ, lamgen, y por eso es que pesa el poder hegemónico; sin embargo esta coyuntura podría estratégicamente potenciar al movimiento mapuche.

-En su horizonte ve una especie de CONAIE (Corporación de Nacionalidades Indígenas de Ecuador) Mapuche…

-Si no perdemos de vista que esto es un proceso de largo plazo, porque ahora tenemos coyunturas políticas -ya pasó este tema de las primarias, ahora viene otro grupo que va a decidir quién es el candidato presidencial-, pero nosotros y nosotras como convencionales, con la tarea de escribir la Constitución, no nos podemos perder ni marear en esa coyuntura. Y ahí es que creo que es importante potenciar el movimiento mapuche, necesitamos llegar a los territorios, hablar con nuestra gente, y ver cómo potenciamos el movimiento mapuche más allá de la coyuntura para dar un nuevo salto político. Porque ése es el movimiento que tenemos que comenzar a diseñar. Ese será el movimiento que va a vivir lo que hagamos con la Constitución.

-Frente a los hermanos que tienen una visión más crítica, ¿cuál es su mensaje? ¿Cómo cree que debería observarse su trabajo?

-Vamos a tener visiones críticas de todas partes. Ayer una mujer me llamaba porque le quemaron su emprendimiento y me decía: “Usted que protege a los delincuentes, cómo no me puede defender”. Y entendiendo humanamente su llamado, yo no puedo responderle, porque nosotros como Convención Constitucional no tenemos la labor de investigar los procesos de violencia que ocurren. ¿Por qué me piden a mí que yo hable si no es mi tarea, lamgen?; la tarea nuestra es generar condiciones para dialogar y trabajar, y entre esas condiciones, obviamente, instalar esa paz, pero no digo una paz neutral, sino una condición de serenidad para poder crear e instalar la nueva Constitución. Pero si a mí me empiezan a involucrar con todas las cuestiones de violencia que pasan en el norte y en el sur, si empiezan a instalar la Convención en esa dirección, no va a haber ese espacio de resguardo que permite trabajar la Constitución. Nosotros tenemos que ser capaces, a partir del mandato que tenemos y que nos entregaron quienes nos eligieron, de instalar las grandes demandas de los pueblos: plurinacionalidad, interculturalidad, derechos de la Madre Tierra, derechos sociales, derechos humanos fundamentales, verdad histórica, que los niños y niñas tengan calidad educativa, espacios de recreación y vida sana.  Eso es lo que tenemos que hacer, y eso no debiera disputarse; es lo que hay que hacer y es lo que todos debiéramos hacer.

Elisa Loncon junto a la machi Linconao. Crédito: Agencia Uno.

-¿Estamos preparados para un Estado Plurinacional?

-No pues, yo creo que hay que generar una cultura diferente. Al final de cuentas, el debate de la Convención Constitucional requiere una cultura distinta y esa cultura la estamos generando en el debate, en lo que se dice ahí, en las anécdotas que puedan salir, pero también en lo que hagan los territorios, las organizaciones, las escuelas, los profesores, las universidades, los padres, las madres que tienen la posibilidad de escuchar esto, de ver este proceso, también están haciendo su parte, es un proceso social, es un proceso cultural y político.

Va a costar preparar a Chile para la Plurinacionalidad, porque todas las constituciones fueron en función del Chile único, una sola nación, aun cuando existe tanta diferencia y diversidad, eso ha calado hondo en la identidad del chileno, pero también los chilenos dijeron “¡basta!” con el Estallido Social, así que hay una decisión de pueblo también ahí de por medio, de querer cambiar y hacer las cosas diferentes.

Algunos están acostumbrados a ver al mapuche reducido, así nos han colocado, les cuesta admitir que tenga un cargo distinto a esa idea colonial sobre lo mapuche, esto sobre todo a nivel de las autoridades hombres. Por eso hemos posicionado la práctica de la interculturalidad. Al hacerlo, se generan rupturas, pero continúan situaciones de racismo instalado y autoridades con actitudes racistas. Recuerdo a una autoridad que llegó a conversar conmigo y le dice a Jaime Bassa: “A ti te conozco, estudiaste en tal lado, sé toda la historia…”; y a mí, que soy la presidenta, me dice: “A ti no te conozco” y lo expresa de muy mal gusto.

-Por último, lamgen, ¿hacia donde usted quiere que vaya esta Convención?, ¿dónde le gustaría que desembocara este trabajo que están haciendo?

-Que al final de cuentas la Constitución sea el resultado de esa forma creativa de todos estos seres tan distintos, de que se comprendieron, se escucharon, se respetaron y acordaron garantizar derechos para todas, todos, incluyendo los derechos de la Madre Tierra y eso implica hacer una profunda crítica del sistema neoliberal, una profunda crítica de que no podemos continuar con la política extractivista, que no podemos continuar con la forma abusiva que se ha instalado en la alimentación con cuestiones transgénicas. O sea, ojalá llegáramos a ese nivel de comprendernos que hay cosas que simplemente ya no pueden ser. Avanzar hacia un Estado solidario, más que subsidiario, autonomía para las regiones, porque la centralización del poder ha llevado al empobrecimiento de las regiones, autonomía para los pueblos originarios, si nosotros no ejercemos la Autodeterminación, si otros siguen decidiendo por nosotros, no va a haber solución de los problemas de Wallmapu. La violencia instalada en el Wallmapu se debe a que el sistema colonial ha despreciado al actor indígena como parte de la solución, de ahí la dominación que está instalada y eso es lo que hay que cambiar. Entonces, la Constitución tiene que hacerse cargo de eso y garantizar los derechos para buscar las soluciones, pero los mismos actores tenemos derecho a encontrar las soluciones.

*Fernando Pairican es Doctor en Historia, posdoctorante del Centro de Estudios Interculturales e Indígenas (CIIR) y académico de Antropología en la Universidad Católica.

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