Convencionales de Pueblos Originarios de la Zona Norte de Chile realizan Ceremonia Ancestral Pawa para agradecer a la Madre Tierra o Pachamama en este nuevo ciclo. Foto: Agencia Uno.

Cuando la Pachamama y Víctor Jara se tomaron la Convención: una tarde de catarsis y rito ancestral en el ex Congreso

El hito que conmemoraba a la Pachamama reunió a un grupo transversal de constituyentes -desde la Lista del Pueblo hasta Vamos por Chile- en el patio del edificio del ex Congreso. El acto coincidió con el primer mes de instalación del órgano redactor de la nueva Constitución, especie de catarsis para los presentes. Las diferencias étnicas, políticas, geográficas y sociales quedaron en suspensión durante los 60 minutos en los que se presenció la inédita ceremonia, la que fue coronada con la entonación de "El Derecho de Vivir en Paz", himno del Estallido Social.

El sol fue el principal testigo y, a la vez, el principal protagonista. En el punto más alto del astro, a las 13.25 horas de ayer, miércoles 04 de Agosto -a un mes de instalada la Convención Constitucional-, se llevó a cabo una inédita escena en el patio norte del edificio del ex Congreso, pleno centro de Santiago.

Cinco mujeres con vestimentas blancas se encontraban cerca de la reja de calle Catedral, cuando comenzó la ceremonia. Mirando hacia el norte, elevaron sus brazos y recitaron. Repitieron el ejercicio tres veces más, una hacia cada punto cardinal.

Cinco mujeres con vestimentas blancas se encontraban cerca de la reja de calle Catedral, cuando comenzó la ceremonia. Mirando hacia el norte, elevaron sus brazos y recitaron. Repitieron el ejercicio tres veces más, una hacia cada punto cardinal.

Todo formaba parte de la Pawa, ceremonia ancestral realizada por las naciones originarias del norte para agradecer a la Madre Tierra o Pachamama. Luego de la intervención de las mujeres de blanco, comenzaron las intervenciones de los organizadores, oficiando como maestra de ceremonia la constituyente Elsa Labraña.

FOTO: DIEGO MARTIN / AGENCIAUNO
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Tres veces “Jallalla”

Micrófono en mano, y con un parlante a sus pies, Labraña dio el pase para que Eric Chinga informara de los detalles de la ceremonia. Luego, el representante del Pueblo Diaguita afirmó: “esta ceremonia, la Pawa, es un agradecimiento a la pacha o a la madre tierra que nos da la vida. Sin nuestra madre nosotros no podríamos vivir. Después de 500 años que comenzó el genocidio, hemos venido a decirle a todos los chilenos que nos tienen que respetar”.

“De acá nacieron muchas leyes que a nosotros nos oprimieron, y hoy en día estamos acá vivos. Somos una cultura viva. Así que yo quiero agradecer a todos los pueblos indígenas que están acá presentes”, agregó Chinga.

Posteriormente, tomó la palabra la presidenta de la Convención, Elisa Loncón, quien antes de este rito, entregó una señal a las primeras naciones, citando un verso del poeta y Premio Nacional de Literatura, Elicura Chihuailaf para referirse a los primeros treinta días de la Convención: “La ternura de la hermosa morenidad”.

En este contexto, la autoridad agradeció a los constituyentes de escaños reservados que “nos invitan a hacer este acto de presencia y de ceremonia a la madre tierra, a la Pachamama, al tata Inti que nos acompaña todos los días. Y gracias también a ustedes que, con todo el respeto, se juntan a esta actividad . Y también las familias que han mantenido la memoria para celebrar el día de la Pachamama”.

En medio de su intervención, sin embargo, protagonizó un pequeño lapsus temporal que reflejó la intensidad del trabajo del último mes. “Como bien digo, es un acto convocado por los convencionales del norte y en un día tan especial donde cumplimos también un año de la convención. Un mes de la Convención que parece un año”, afirmó Loncón entre risas y aplausos de los presentes.

Mientras Chinga y Loncón daban las palabras iniciales, sobre el pasto del patio se desplegaron tres mantas con utensilios sobre ellas, a modo de altares. En una, habían vasijas de greda y flautas. En otra, vino, semillas y especias.

Luego, Hugo Riquelme, miembro de la Comunidad Diaguita Quintilgasta y cacique de la ceremonia, tomó la palabra. Pidió que todos los presentes dejaran de grabar y dio comienzo oficial a la Pawa, obertura que fue acompañada con sonidos de flautas.

En su discurso reivindicó el cuidado de los recursos naturales y las especies animales. Posteriormente, rodeó el semicírculo que se había formado en torno a los altares arrojando agua al suelo, reafirmando así la trascendencia del vital elemento. Luego, el cacique pidió gritar tres veces en voz alta “¡Jallalla!”, término quechua-aymará de agradecimiento y bienaventuranza. Los tres gritos se escucharon en seco en el patio del edificio.

Luego, el cacique pidió gritar tres veces en voz alta “¡Jallalla!”, término quechua-aymará de agradecimiento y bienaventuranza. Los tres gritos se escucharon en seco en el patio del edificio.

FOTO: DIEGO MARTIN / AGENCIAUNO
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Himno del Estallido en la Convención

A continuación, los organizadores solicitaron realizar una ronda en el patio, la que tenía unos 50 metros de diámetro. Los asistentes, en su mayoría constituyentes y asesores, se tomaron de las manos y comenzaron a moverse de forma lateral. Los lugares se iban alternando a medida que avanzaba el rito. Y en medio de algunas canciones nortinas, comenzó a escucharse “El Derecho de Vivir en Paz” de Víctor Jara, obra compuesta al fragor de la Guerra de Vietnam en el siglo pasado, y que se convirtió en himno del Estallido Social del 18O.

La diversidad de los participantes era evidente: desde la Lista del Pueblo hasta representantes de Chile Vamos se encontraban reunidos en el círculo. De estos últimos, se encontraba Bárbara Rebolledo, Ruggero Cozzi y Alfredo Moreno. Luego de un rato, se rompió la estructura y los integrantes se atrevieron con unos amagos de baile.

En paralelo, las mujeres vestidas de blanco realizaban un sahumerio por los alrededores del encuentro. Exactamente una hora después del acto inicial, se dio fin a la ceremonia: 14.25 horas. Todos aplaudieron.

Parte de la purga de las malas energías implicaba quemar algunos objetos. Era ese olor el que predominaba en el ambiente cuando todo concluyó.

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