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El aterrizaje forzoso de Felipe Alessandri en el GAM

A dos semanas de asumir como presidente del directorio del Centro Cultural Gabriela Mistral, el exalcalde de Santiago desmenuza sus primeros días y tareas en el cargo. Desde que el Ministerio de las Culturas hizo público su nombramiento, el rechazo de artistas, trabajadores y las redes sociales fue inmediato. Su figura genera incluso división y críticas tanto al interior del directorio como en los sindicatos del GAM y el Teatro Municipal, cuya plana directiva también presidió. Cuestionan “la arbitrariedad” de su designación, su vínculo e interés en la cultura, además de su gestión. “No daré aire a esta polémica artificial -dice hoy Alessandri-. Lo que empujó mi nombramiento fue el haber sido un alcalde gestor”.

Se lo ofrecieron tras un almuerzo.

Días después de su salida del municipio de Santiago, a fines de junio pasado, Felipe Alessandri fue invitado por la ingeniera comercial, gestora y actual presidenta del Centro Cultural Estación Mapocho, Drina Rendic, a una comida en su casa. Fue “para agradecerme mi gestión en materia cultural”, contó el propio abogado y exalcalde en una entrevista reciente con el Diario Financiero. Añadió: “Entre otros invitados, estaba la ministra de Cultura, y cuando la voy a dejar al auto me pregunta si me interesaría ser presidente del directorio del GAM. Obviamente ad honorem”.

Mientras fue alcalde de Santiago, entre 2016 y 2021, Alessandri ocupó la silla reservada de la Corporación Cultural de Santiago y formó parte, entre otros, del directorio del Centro Cultural Gabriela Mistral durante los últimos cuatro años y hasta el fin de su periodo. Presidió también el directorio del Teatro Municipal y se vinculó a otras instituciones culturales como el Museo Violeta Parra, el Artequin, el Museo Precolombino y la Casa Colorada. Generalmente, los alcaldes lo delegan a algún representante, “pero como a mí me interesa la cultura, y mucho” –dijo–, se involucró personalmente.

El domingo 8 de agosto pasado, el GAM hizo público el nombramiento de Felipe Alessandri como nuevo presidente del directorio. Su designación recayó en la ministra de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, Consuelo Valdés, y su principal tarea será la de retomar y concluir las obras de la postergada Gran Sala del GAM, paralizadas desde 2018. Sucederá, en el mismo rol, a otros como Alejandra Kantor y el exdirector del Teatro Municipal, Andrés Rodríguez.

La reacción de los artistas fue rotunda: “Lo veo como una especie de provocación”, dijo la actriz Aline Kuppenheim. “Me parece un nombramiento inapropiado”, sumó el también actor, expresidente del Sindicato de Actores y miembro de la Convención Constituyente, Ignacio Achurra: “Hay mucha gente que tiene alta preparación en materia de gestión cultural, y creo que la presencia de Alessandri es un tremendo error del ministerio”. La actual presidenta de Sidarte, Orly Pradena, agregó: “Nos parece una pésima señal la designación arbitraria en estos cargos para beneficiar posiciones de ciertos sectores políticos”. 

Su nombramiento encendió también las redes sociales. A pocas horas de conocida la noticia, el hashtag #FueraAlessandri escaló rápidamente entre las tendencias de Twitter, que a esa hora no hablaban de nada más que de fútbol y k-pop. Días después, el viernes 13, trabajadores y trabajadoras del GAM se manifestaron frente al edificio en plena Alameda. “La cultura no es premio de consuelo”, se leía en un cartel.

Crédito: Agencia Uno.
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El exalcalde reaccionó pronto: “La crítica es una demostración de lo polarizado que está el país. (…) Dicen que es un premio de consuelo cuando en realidad son muchas horas que estoy dispuesto a trabajar para la cultura de manera gratuita”.

De vuelta de sus vacaciones en Vichuquén, reinstalado en su oficina de abogados y próximo a comenzar un MBA, hoy Alessandri prefiere poner paños fríos: “No daré aire a esta polémica artificial. No tengo más que agregar, salvo que lo que empujó mi nombramiento fue el haber sido un alcalde gestor. No quiero seguir ahondando en el tema, que yo creo que no da para más y que es bastante artificial”, dice a The Clinic.

Las críticas le parecen antojadizas, desde las estrictamente políticas hasta los cuestionamientos acerca de su poca conexión con el sector de la cultura y las artes.

“He estado siempre involucrado. Mucho antes, en la década del 2000, fui director de la Corporación Cultura de Barnechea. Como concejal (de Santiago) siempre participé también y me involucré en el Teatro Municipal a través de la Corporación Cultural de Santiago. A diferencia de mis antecesores, yo no nombré representantes de directorio, me involucré yo mismo, asistí personalmente al Artequin, al Precolombino y La Casa Colorada, que estuvo cerrada desde el 2010 e hicimos todas las gestiones para recuperarla. Está en ejecución y pronta a inaugurarse durante el primer trimestre del 2023 con un museo para la ciudad impresionante, y todo gestionado desde la alcaldía”.

Enumera, entre otros “hitos culturales” de su gestión, el Festival Internacional de la Luz de Santiago (Filusa), “que hicimos años atrás de la mano del Banco de Chile, gestionando auspicios de privados para relevar lo importante de los hitos del centro histórico y temas patrimoniales”, comenta Alessandri. “Rehice también el portal del matadero Franklin como era a fines del 1.800. Se rehízo completamente. Y así, suma y sigue. La cantidad de cités que arreglamos, la gestión que hicimos en colaboración con entes públicos y privados. El Teatro Municipal es un ejemplo. Conseguimos más de 3 mil millones. En fin, hicimos bastante”.

-Más allá de la gestión, ¿cuál es su vínculo con la cultura y las artes como espectador?

-A la ópera he asistido desde que tengo memoria. Mi mamá (la periodista Constanza Vergara) se abonaba y nos llevaba. Luego me aboné yo, y después, al ser concejal y alcalde, nunca me perdí una función. Cuando se reanuden presencialmente estaré asistiendo nuevamente.

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MIRADAS ENCONTRADAS

Sus primeras dos semanas al frente del directorio han estado marcadas por una serie de reuniones con los ministerios de Obras Públicas, las Culturas y Bienes Nacionales. “Durante la primera semana al mando del GAM como presidente del directorio, logramos junto al director ejecutivo Felipe Mella que el Ministerio de Bienes Nacionales nos concesionara la explanada de la torre Villavicencio para poder ampliar nuestra superficie y realizar actividades culturales. Era un anhelo bien importante, y ahora hay que seguir encaminándonos a lograr los otros objetivos, que son los reinicios de la obra de la Gran Sala”, cuenta Alessandri.

El pasado jueves 12 de agosto fue también la primera sesión del directorio del Centro Cultural Gabriela Mistral con Felipe Alessandri como nuevo presidente.

“Seguimos el orden de temas establecidos en la citación, donde obviamente el principal era el cambio de presidencia en el directorio”, cuenta Felipe Mella. “Agradecimos a Alejandra Kantor (expresidenta del directorio y predecesora de Alessandri) su año en el cargo. Ella hizo muchas gestiones con el MOP para la reactivación de la construcción de la Gran Sala, tema que seguirá siendo uno de los principales objetivos del nuevo presidente designado por la ministra de cultura”, agrega.

En dicha reunión participaron también los otros ocho integrantes del directorio: Nury González (tesorera), en representación de la Universidad de Chile; el periodista Rodrigo Guendelman (secretario); Beatriz Bustos, del Centro Cultural Palacio La Moneda; Victoria Flores, del Teatro Regional del Maule; Anabella Roldán, presidenta de Prodanza; Alejandra Kantor de la Fundación Orquestas Juveniles; Jaime Soto, rector de la Universidad de Concepción; y Drina Rendic, presidenta del Centro Cultural Estación Mapocho

De vuelta de sus vacaciones en Vichuquén, reinstalado en su oficina de abogados y próximo a comenzar un MBA, hoy Alessandri prefiere poner paños fríos: “No daré aire a esta polémica artificial. No tengo más que agregar, salvo que lo que empujó mi nombramiento fue el haber sido un alcalde gestor. No quiero seguir ahondando en el tema, que yo creo que no da para más y que es bastante artificial”, dice The Clinic.

El directorio sesiona cada dos meses aproximadamente y opera como un órgano colegiado, explica Mella. “Se decide por mayoría de votos, tiene una perspectiva de políticas culturales de Estado. La dirección ejecutiva presenta temas administrativos, de presupuesto y programación. En la actualidad hay nueve miembros, sólo falta el o la representante de la Corporación Cultural de Santiago, porque la alcaldesa acaba de asumir su cargo. En los diez años de GAM, su programación nunca ha sido modificada por el directorio. Siempre ha habido una actitud colaborativa y de respeto hacia la independencia editorial de la administración sin perder su rol de fiscalización para que se cumplan todos los estándares de calidad que un centro cultural debe tener”.

“Yo no me voy a meter en la línea artística del centro cultural”, dice Alessandri. “Lo que me pidieron es un mandato específico: gestionar la construcción de la Gran Sala. Esto es hasta el 11 de marzo. Es bastante trabajo”.

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“Felipe era mi vicepresidente en el directorio del CCEM y sentí su apoyo en todo momento”, recuerda Drina Rendic. Y opina: “Lo hará extraordinariamente bien como nuevo presidente del directorio del GAM, dada su experiencia en el Municipio de Santiago y su natural capacidad por la gestión de las artes”. La reacción en redes sociales ante su nombramiento, dice la gestora, le ha parecido poco informada. “No la llamaría generalizada”, señala.

“Los que cuestionan sus competencias en la gestión cultural, ignoran que Felipe nació culto -continúa Rendic-. Se crió en el seno de una familia de altos estándares culturales; su madre periodista de renombre, su padre, además de diputado y alcalde de Santiago (Gustavo Alessandri), asiduo asistente a las funciones del Teatro Municipal y a muchas otras manifestaciones artísticas. Felipe logró disminuir notoriamente el déficit del Municipal y se involucró en otros centros culturales con gran dedicación durante su gestión en Santiago. Estoy segura de que continuará su eficaz labor en pro de la cultura desde el GAM”. 

Otra opinión tiene la presidenta de Prodanza y también miembro del directorio, Anabella Roldán: “La reacción de los gremios ante su nombramiento es la esperable y debiera ser mayor la manifestación de rechazo. Nada más impresentable y lastimoso que ‘buscarle pega’ a alguien en cultura y que no tenga ni lejanamente el perfil. Lamentablemente, no es el primero ni el único nombramiento arbitrario en cultura. Y no es apropiado en ningún caso”.

A la ópera he asistido desde que tengo memoria. Mi mamá (la periodista Constanza Vergara) se abonaba y nos llevaba. Luego me aboné yo, y después, al ser concejal y alcalde, nunca me perdí una función. Cuando se reanuden presencialmente estaré asistiendo nuevamente.

“La ministra Valdés no ha entendido: después de un año y medio de cuarentenas y consecuente crisis del arte y la cultura, ahora le ha entregado a Alessandri la tarea de terminar la Gran Sala del GAM, que tiene un retraso grosero y que de haber estado abierta hubiese estado igual de desierta que las demás”, comenta Roldán.

La designación de Alessandri crispó también el ambiente al interior del centro cultural. El martes 10 de agosto, dos días después de su nombramiento, el sindicato del GAM emitió una declaración en la que rechazaron la medida de la ministra Consuelo Valdés. “Alessandri representa todo lo contrario a la cultura que necesitamos y queremos construir”, señala el documento, donde además se enumeran cuatro puntos que van desde críticas a medidas implementadas durante su gestión, como el Plan Aula Segura, hasta su desvinculación con el sector cultural y también a su paso por el mismo directorio en su periodo como alcalde.

“Mientras (Alessandri) fue parte del organismo, se ha despedido a trabajadores de nuestro sindicato, se ha perseguido a dirigentes sindicales, se han quitado derechos maternales, nos han negado férreamente el derecho a negociar colectivamente (derecho fundamental que todos y todas las trabajadoras deberían tener) y han optado por quitarnos beneficios de alimentación de las y los trabajadores, o no darnos las condiciones para el teletrabajo, que buscar otras vías para paliar la crisis, como lo son disminuir los altísimos sueldos de jefes y directores”, se lee en la declaración.

Simón Bousquet, dirigente y vocero del Sindicato de GAM, ahonda en lo anterior: “La mano de Alessandri se sintió mucho durante el tiempo en que Andrés Rodríguez (el exdirector del Teatro Municipal) fue presidente del directorio (asumió en 2018 y permaneció allí hasta fines de 2019, cuando asume Kantor). Ahí se configuró todo este directorio que empezó a tomar medidas contra los trabajadores. Quizás no metían mano en programación, pero sí empezó toda esta política restrictiva con los trabajadores para sobrellevar los costos de la pandemia. En lugar de protegernos, nos quitaron beneficios durante cuatro meses y a nosotros nos llegó la información de que el directorio había dado la orden. Felipe Alessandri fue parte de ese directorio y él estuvo de acuerdo en todo, pero nunca pudimos hablar con él ni con el resto del directorio”, cuenta.

“El directorio es un espacio prohibido para los trabajadores que opera silenciosamente. Varias veces exigimos el diálogo, tanto para cuando teníamos que discutir nuestro derecho a la negociación colectiva como cuando nos decían que el directorio no estaba de acuerdo y eso era todo. Es un ente inalcanzable y que tiene una postura de indiferencia con los trabajadores. Varias veces escribimos cartas, correos y comunicados dirigidos al directorio. Nunca tuvimos respuesta. Alessandri representa esa política y ese modelo cultural ajeno a las comunidades, trabajadores y artistas”, opina Bousquet.

“Yo no me voy a meter en la línea artística del centro cultural”, dice Alessandri. “Lo que me pidieron es un mandato específico: gestionar la construcción de la Gran Sala. Esto es hasta el 11 de marzo. Es bastante trabajo”.

Respecto a las denuncias presentadas por el Sindicato de GAM en la Inspección del Trabajo y citadas aquí en The Clinic, Mella comenta: “No hubo ninguna vulneración, todas fueron desestimadas”.

Consultada por este artículo, la ministra Consuelo Valdés no quiso hacer declaraciones.

Otros miembros del directorio fueron consultados sobre la designación de Felipe Alessandri como presidente. La respuesta fue casi unánime: “Tenemos una política comunicacional que señala que sólo el director ejecutivo o el o la presidenta de directorio pueden responder”.

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“NO BASTA SOLO CON SER UN ESPECTADOR ASIDUO”

El 10 de junio pasado fue la última reunión del directorio del Teatro Municipal presidida por Felipe Alessandri, cargo que desempeñó durante cuatro años como representante de la Corporación Cultural de la Municipalidad de Santiago.

Esa mañana lo despidieron con elogios a su gestión: “Logró cinco grandes objetivos. Hacer un plan estratégico, potenciar a los cantantes nacionales, innovar durante la pandemia a través del streaming, consolidar la situación financiera del Municipal de Santiago y, finalmente, implementar un nuevo gobierno corporativo con una directora general, Carmen Gloria Larenas, y un gerente general, Leonardo Pozo”, dijo el entonces vicepresidente del directorio, Mauricio Larraín.

El propio Alessandri sacó cuentas alegres: “Juntamos $3.500 millones de privados y saneamos el teatro, que llegó a tener una deuda de $7 mil millones por temporadas que eran cero rentables. Era una empresa en quiebra, y hoy el teatro está con números azules, lo cual es inédito”.

El recuerdo de su paso por el Municipal de Santiago no es igual de auspicioso entre los trabajadores del teatro ubicado en calle Agustinas. “Quedó demostrado que Alessandri no estaba capacitado para liderar ni ser presidente del directorio”, comenta Emelyn Valenzuela, presidenta del Sindicato Técnico del teatro, uno de los siete activos en el espacio. “Nosotros que vivimos de la cultura nos esforzamos mucho por profesionalizar nuestras áreas, y sólo se han tomado medidas en contra de los artistas para sobrellevar los costos de la pandemia. Eso vino con Alessandri”.

La designación de Alessandri crispó también el ambiente al interior del centro cultural. El martes 10 de agosto, dos días después de su nombramiento, el sindicato del GAM emitió una declaración en la que rechazaron la medida de la ministra Consuelo Valdés. “Alessandri representa todo lo contrario a la cultura que necesitamos y queremos construir”, señala el documento.

“Él dice entregó el teatro con cifras azules, y eso no es cierto. Si hemos podido llevar la pandemia ha sido porque renunciamos a todos nuestros derechos de negociación colectiva y a que redujimos en un 20% nuestros sueldos”, agrega Valenzuela. “Nosotros vivimos situaciones espantosas de vulneración de derechos hacia los trabajadores de una forma que no habíamos vivido nunca antes. Tuvimos que demandar a la administración del teatro por malos tratos, gritos y otras vulneraciones de derechos laborales de los que él (Alessandri) estuvo informado desde noviembre de 2017. En ese momento estaba Frédéric Chambert (director del Municipal hasta el 2019) y Felipe Alessandri le otorgó todo su apoyo a su gestión. Nunca tuvimos una postura de parte él en base al diálogo y la no violencia. Tampoco había comunicación entre la administración y los trabajadores. Él fue además quien se consiguió el dinero para hacer los despidos masivos del 17 de julio de 2019”.

Ese día, el Teatro Municipal anunció el despido de 59 trabajadores de distintas áreas. “La medida busca asegurar la sustentabilidad y funcionamiento operativo del teatro ante la delicada situación financiera que atraviesa”, informó la entidad. “En vez de cambiar la administración, se echan trabajadores por el mal uso de las platas públicas”, declaró entonces el presidente de la Asociación de Cantantes Líricos, Cristián Navarrete.

Alessandri se refirió escuetamente a los despidos: “Los números hablan por sí solos. La deuda es de casi $7 mil millones y frente a eso hubo que tomar acciones para no tener que despedir a un número mayor”.

Un mes y medio después, Frédéric Chambert presentó su renuncia.

El coro del teatro perdió 14 plazas de trabajo en aquella ocasión, recuerda hoy Jaina Elgueta, presidenta del sindicato que agrupa a los cantantes líricos. “Felipe Alessandri no solo autorizó parte de la mala gestión de Chambert y los despidos, sino que además autorizó la maniobra de hacer desaparecer parte del patrimonio vivo del teatro y desmantelar equipos históricos, como el taller de vestuario”, cuenta.

“No basta sólo con ser un espectador asiduo, como él dice, sino de cómo te involucras con los artistas y trabajadores de una institución como esta. Los artistas son los que dan vida a un teatro. No puedes desentenderte de ellos, y nosotros nunca tuvimos oportunidad de dialogar con el directorio. Mucho menos con él (Alessandri)”, comenta la cantante lírica.

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“En más de una oportunidad tuve que señalarle que nos daba media hora a los trabajadores y que 15 minutos sólo estaba hablando de él, de sus historia en el teatro y anécdotas familiares”, recuerda Emelyn Valenzuela, quien sí compartió la mesa con Alessandri durante una negociación colectiva: “El diálogo no es lo suyo. Ni la empatía. Escuchaba todo con mucha distancia. Y el tono, qué te digo, de patrón de fundo. Lo que ha pasado y toda la reacción que ha habido por su nombramiento en el GAM era más que esperable. Y solidarizo con los colegas que intentan impulsar también el diálogo, que es lo que más falta hace”.

La actual directora del Municipal de Santiago, Carmen Gloria Larenas, tampoco accedió a responder preguntas para este artículo.

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