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Albert Sangrà, experto en educación online: “Los modelos híbridos nos pueden permitir más flexibilidad para los estudiantes”

Tras su participación en el 1er Congreso de Educación Superior realizado en Chile, el académico español conversó con The Clinic sobre los principales avances y desafíos del e-learning en el mundo post pandemia. “La educación, en el futuro inmediato, tendrá que ser más mediada por la tecnología”, señala.

El área de interés de Albert Sangrà siempre ha girado en torno a la educación. En su juventud, estudió Pedagogía y ejerció como profesor de educación primaria hasta convertirse en director de un centro escolar. A lo largo de su trabajo, empezó a notar cómo las tecnologías se hacían parte de la vida diaria, momento en que nace el interés por incluir su uso en el proceso de formación de los estudiantes. Y En 1994 fue invitado a formar parte del equipo fundador de una universidad que se iba a convertir en la primera universidad creada para ser 100% online: la Universidad Oberta de Catalunya (UOC).

Hoy, el Doctor en Educación de la Universitat Rovira i Virgili (España) lleva más de 26 años trabajando en la UOC, la que empezó con apenas 200 estudiantes y hoy ya suma más de 70 mil matriculados y más de 50 mil egresados.

“En aquel momento nos planteamos que una universidad a distancia ya no podía seguir siendo como era tradicionalmente, sino que tenía que hacer un uso intensivo de las tecnologías para poder modernizarse y, en segundo lugar, dar una respuesta equivalente a la enseñanza presencial, y no ser como históricamente parecía, que la educación a distancia siempre era la hermanita pobre de la educación presencial”, dice Sangrà sobre sus comienzos en la implementación del e-learning

Recientemente fue invitado a participar en el 1er Congreso de Educación Superior en Chile, encuentro online realizado entre los días 12 y 26 de agosto. En la instancia, organizada por el Foro de Educación Superior AEQUALIS, Sangrà expuso sobre los aspectos clave para una educación superior online de calidad. El Congreso reunió a investigadores, académicos y docentes de Chile y el mundo para dialogar en torno a la importancia de la educación en línea, el uso de tecnologías y las nuevas modalidades de enseñanza que han cobrado fuerza en el último tiempo. 

“Creo que este Congreso, sobre todo en lo que puede aportar lo online y lo híbrido, era muy necesario, porque es verdad que la educación online se ha puesto en el escaparate durante la pandemia, pero tiene que hablarse de la educación online de forma seria, académicamente rigurosa, y comprensible. El Congreso de AEQUALIS nos aporta este paso adelante para que la tecnología sea transparente y sobre todo para que entendamos de qué estamos hablando cuando hablamos de calidad en la educación superior”, comenta el experto sobre su participación.

“Confío en que este congreso se siga realizando en los años venideros y seguro que irá siempre ganando en calidad y en el valor de lo que cada uno irá aportando, porque cada vez tendremos más experiencias que se podrán compartir en espacios de este tipo”, señala. 

La educación online en Chile 

En nuestro país, Albert Sangrà se desempeña como miembro asesor de la Junta Directiva del Instituto Profesional IACC, centro de formación que apostó por impartir carreras a través del e-learning. A raíz de su experiencia trabajando en el país, asegura que “Chile ha sido de los países que con más anterioridad abrazó la idea del e-learning. Lo que sucede es que esto no ocurrió en las instituciones de educación superior, sino que básicamente sucedió en el ámbito de la formación empresarial”. 

Créditos: AGENCIA UNO

El e-learning consiste en una modalidad de enseñanza virtual en la que los estudiantes acceden a una plataforma donde pueden encontrar disponibles una variedad de contenidos y evaluaciones. Sin embargo, es fundamental la labor del profesorado en el diseño de los cursos y en el acompañamiento a loes estudiantes. Ahí es donde radica la calidad. En la mayoría de los casos, este método se caracteriza principalmente por ser asincrónico, es decir, el estudiante tiene flexibilidad para acceder a los contenidos en el momento que más le acomode y avanzar por su cuenta en el aprendizaje, donde el apoyo de los docentes en el proceso sigue siendo fundamental.

Sin embargo, la educación en línea y este tipo de modalidad no fue algo masivo en la educación chilena hasta la llegada de la pandemia. Tanto los colegios como las universidades tuvieron que adaptarse rápidamente a este nuevo formato en tiempos en los que las clases presenciales ya no eran una posibilidad. La gran interrogante se convirtió en: ¿Cómo adaptar los contenidos para enseñar a través de una pantalla?

“Creo que este Congreso, sobre todo en lo que puede aportar lo online y lo híbrido, era muy necesario, porque es verdad que la educación online se ha puesto en el escaparate durante la pandemia, pero tiene que hablarse de la educación online de forma seria, rigurosa, académicamente comprensible”

Para Albert Sangrà “no ha sido hasta la pandemia que todo el mundo se ha visto obligado a hacer algo. Lo que hemos hecho no es educación online, es otra cosa, tampoco es e-learning. Es algo que algunos llaman ‘docencia remota’ y eso no es lo mismo que la educación online, en absoluto. La mayoría de las instituciones se han visto obligadas a ello, lo han hecho porque no tenían más remedio. La prueba de eso es que la mayoría de ellas intentarán volver a la presencialidad cuanto antes, y no solo por motivos de desigualdad”.

Por otra parte, los métodos para medir la calidad del aprendizaje tampoco debieran ser los mismos. “El gran problema que se ha presentado siempre, no solo en Chile, sino que en la mayoría de los países, es que cuando se toma una decisión de este tipo y se busca la calidad, los parámetros de medida son aquellos con los que se medía la calidad en lo presencial, aplicados a lo online. Esto es un craso error. Lo que hacemos online no funciona igual que lo presencial y, por lo tanto, no puedes medirlo de la misma forma que se mide lo presencial. Sí que perseguimos los mismos objetivos, pero no de la misma forma”. 

“Chile ha asumido como un reto la calidad de la educación online porque creo que entienden que el futuro será un futuro de características híbridas. Si son capaces de hacer este salto mental de que lo online no se hace exactamente igual que lo presencial, creo que están en el camino de ser uno de los países que puedan garantizar de mejor manera la educación online en el futuro”, comenta el experto. 

Avances

Para Albert Sangrà, el futuro de la educación se dirige cada vez más hacia una modalidad híbrida, en donde la presencialidad y la virtualidad se complementan para conseguir un mejor aprendizaje. Hoy en día, con la posibilidad de retomar las clases presenciales dada a la disminución de casos de Covid-19, universidades como la U. Católica de Chile (PUC) y la U. Católica de Valparaíso (PUCV) comenzaron a implementar esta modalidad, en donde aquellos contenidos que se pueden continuar enseñando online se mantienen por esa vía, mientras que cursos como talleres y laboratorios tienen prioridad para realizarse presencialmente, dado el uso de materiales y el tipo de trabajo que requieren.

“Yo entiendo que la educación, en los modelos híbridos, va a ganar terreno. Hemos tenido la prueba de que podemos aportar más flexibilidad a nuestros estudiantes, y los estudiantes estarán muy dispuestos a ello. Hay modelos híbridos donde puedes utilizar la sincronía y la asincronía de forma equilibrada, ofreciendo sistemas en los cuales pueden asistir a clase unos días y pueden trabajar desde casa en otros, o bien pueden cursar algunas asignaturas presencialmente y otras completamente virtuales”, indica Sangrà.

“Lo que hemos hecho no es educación online, es otra cosa, tampoco es e-learning. Es algo que algunos llaman ‘docencia remota’ y eso no es lo mismo que la educación online, en absoluto. La mayoría de las instituciones se han visto obligadas a ello, lo han hecho porque no tenían más remedio”

En este sentido, para el experto en educación primero es importante comprender que la educación online no consiste en hacer un traspaso de lo mismo que se hacía en las clases presenciales a las clases virtuales, sino que entregar recursos y herramientas para que tanto estudiantes como profesores no estén sentados frente a una pantalla por más de cinco horas sin parar, algo que resulta agotador para ambos y que no tendría mayor eficacia. 

“Lo que han hecho ha estado bien, han hecho todo lo que han podido. Eso no quiere decir que esto pueda continuar de la misma forma, porque es insostenible. Por lo tanto, aquí lo que tenemos que hacer es darle a los docentes muchos más recursos, de todo tipo: recursos para trabajar en entornos híbridos, desahogarlos de algunas horas para que puedan trabajar y para que puedan formarse para dar una mejor respuesta ante estas situaciones”, señala. 

En este sentido, las clases en línea pueden ir mucho más allá de una clase simultánea donde los estudiantes se reúnen para escuchar la clase del docente. Para Sangrà, “lo que sugeriría es tener amplitud de miras en el sentido de que la pandemia nos ha tocado negativamente, pero tenemos también que aprovecharla para mejorar muchos aspectos que teníamos hasta ahora. Por lo tanto, no demostraríamos ser una buena sociedad si no somos capaces de identificar aquellos elementos que podríamos mejorar después de haber pasado una situación de crisis como la que estamos pasando todavía. La educación, en el futuro inmediato, tendrá que ser más mediada por la tecnología”.

Sangrà es enfático en señalar que los avances deben ir de la mano con el desarrollo tecnológico. Sin embargo, “tenemos que ser bastante cuidadosos y tener una cierta cautela, porque mal utilizados pueden perjudicar a mucha gente”, dice el experto. 

Retos pendientes

Tanto en Chile como en otras partes del mundo, la pandemia puso en evidencia problemas como la falta de conectividad y el limitado acceso a la tecnología en aquellas zonas más alejadas de las ciudades. Sin embargo, Sangrà plantea que es tarea de los gobiernos invertir en ello para que el acceso sea transversal. “Las administraciones y los gobiernos pueden decidir cubrir el país con una buena conectividad y, por lo tanto, este problema estaría resuelto”, dice. 

“Si creen de verdad que la digitalización o que la dimensión digital de la sociedad es, efectivamente, una parte del futuro insoslayable de todos los países, los primeros que avancen en esta línea conseguirán una ciudadanía mucho más formada, que además será capaz de incrementar el PIB y, por lo tanto, los beneficios económicos del propio país y su propia situación en el mundo”, indica. 

Uno de los grandes retos que enfrenta la Pedagogía tiene que ver con la disminución en las matrículas para ingresar a la carrera, mientras que un estudio de Elige Educar reveló que para 2025 existirá un déficit de 26 mil profesores en las aulas. Según cifras del Observatorio Docente del Centro de Investigación Avanzada en Educación (CIAE) de la U. de Chile, entre 2018 y 2021, la matrícula de primer año en carreras de Pedagogía cayó en un 35%, siendo las más afectadas las de enseñanza media, que descendieron en un 25%. 

“La educación, en el futuro inmediato, tendrá que ser más mediada por la tecnología”

“Lo más probable es que si no hay personas que quieran seguir estas carreras, es porque estas carreras no devuelven una satisfacción, sea de carácter personal, económico o profesional a las personas que las siguen. O mediáticamente están siendo maltratadas estas profesiones y, por lo tanto, las personas no quieren seguirlas. Puede ser un conjunto de esos motivos”, señala Sangrà.

Plantea que la situación es diferente en países como Finlandia, Suecia y Corea del Sur, lugares en que la profesión docente es altamente valorada. “Está bien considerada porque entienden que es un rol fundamental para consolidar la sociedad que ellos tienen, porque entienden el trabajo que hacen, no solo en las clases con los estudiantes, sino porque se preparan para ese trabajo y están bien pagados. Por lo tanto, ese reconocimiento social también lo es desde el punto de vista administrativo con un salario que es justo y está bien considerado”, comenta. 

El experto plantea que actualmente “caminamos hacia modelos donde los estudiantes deben empoderarse más ellos mismos para desarrollar lo que llamamos la competencia de aprender a aprender, pero no para hacer desaparecer a los docentes, sino que para hacer crecer a los estudiantes, que es algo muy distinto. El docente continuará ahí, tiene que continuar a su lado para acompañarlos, pero tenemos que darles las herramientas para que cada uno sea capaz de crecer también por sí mismos y de orientarse hacia donde realmente desean orientar su vida y sus actividades de aprendizaje”.

“Si educamos para ser ciudadanos, no tendría ningún sentido educar de espaldas a la propia realidad social. La educación tiene que pretender cambiar, transformar la sociedad en aquello que no funcione. Por lo tanto, la educación no puede dar la espalda a la dimensión digital de nuestra sociedad, pero eso se tiene que hacer con cuidado, con conciencia y se tiene que hacer de tal forma que nadie quede atrás, basándose en principios de equidad y de igualdad”, concluye Sangrà.


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