Agencia Uno

Columna de Ignacia Saona y Macarena García González: El saludo bilingüe para les niñes de Elisa Loncon y la participación incidente

Esta nueva Constitución será mucho más gravitante en la vida de los menores de 18 que en la de los mayores de 65, pero para la participación de niños y niñas en ella se necesita de mucho más que entusiasmo y algunos adultos definiendo el qué, el cómo y el cuándo de esa participación.

A poco más de un mes de ser electa presidenta de la Convención Constitucional, Elisa Loncon publicó en sus redes sociales un saludo conmemorativo para el así llamado “Día del Niño”. No es la primera vez que Loncon se dirige directamente a ellos —ya lo había hecho en su primer discurso, el inaugural—, pero esta intervención parece dar cuenta con algo más de claridad de las tensiones en torno al reconocimiento de niños y niñas como sujetos políticos.

Quizás habría que considerar como antecedente las interpelaciones de Greta Thunberg al adultismo del mundo político, pero hoy es cada vez más común que las autoridades se dirijan a niños y niñas directamente. A veces es un guiño juguetón, como el de Jacinta Ardern, Primera Ministra de Nueva Zelanda, que les anunció que el Conejo de Pascua y la Hada de los Dientes tendrían un salvoconducto especial para ejercer sus labores. Otras, una forma de rendir cuentas, como la Primera Ministra noruega, Erna Solberg, que condujo una conferencia de prensa exclusivamente para responder preguntas de niños y niñas respecto al Covid19. Acá, el saludo de Loncon responde (aún) más al orden de lo simbólico, en este caso a la producción de lo plurinacional en medio de la redacción de una Nueva Constitución para Chile, país que actualmente no reconoce explícitamente la multiplicidad de naciones y lenguas en su territorio.

Loncon publica un video en el que sin preámbulo alguno habla en mapudungún por algo más de un minuto para luego seguir con la traducción al castellano: “Iba el pan por el camino contento y se encontró con un zorro. El zorro le dice ‘buenos días pan’, y el pan le contesta ‘buenos días zorro’.

– Oh, qué rico huele, solo quiero olerte.

– Pero tú, zorro, no me mientas. Yo no quiero que me muerdas.

– No, no te voy a morder.

Ya -le dice el pan- y el zorro se acerca y le da un mordisco. El pan quedó cojo, siguió su camino y el zorro se fue corriendo.

El pan vuelve a encontrar a un zorro, se saludan y el zorro le dice: ‘Oh, qué rico huele, solo quiero olerte’, pero esta vez el pan respondió: ‘No, anteriormente vi a un zorro y me mintió, y así quedé cojeando’. En eso, el zorro se aproxima y le da un mordisco, y se comió todo el pan.

Este es el cuento de un zorro mentiroso”.

Hoy es cada vez más común que las autoridades se dirijan a niños y niñas directamente.

Loncon no introduce el cuento de ninguna de las formas habituales para quienes leen para niños y niñas: no dice por qué lo escogió, ni de dónde viene, ni siquiera pide la atención de su audiencia. En su cuenta en Twitter solo anuncia que se trata de “conocimiento oral mapuche” para saludar a les niñes en su día —usa el término inclusivo. Esta fábula con su final desesperanzador —como tantas otras— nos invita a retomar esas discusiones sobre qué relatos son los que se comparten y recomiendan actualmente a niños y niñas, y nos habla del potencial de incluir historias “difíciles” o “desafiantes” en los repertorios.

Podríamos decir que Loncon nos recuerda a Esopo, pero eso sería una mirada colonialista. Loncon nos debiera recordar, más bien, que hay mucho conocimiento oral que tenemos que poner en circulación. Y también que las niñas y los niños son sujetos políticos que reclaman reconocimiento y que esa demanda es en algún punto similar a otras demandas por reconocimiento.

Recordamos cada tanto que el proceso político que ahora es canalizado por la convención comenzó por las manifestaciones de secundarios a raíz del alza en el pasaje del Metro que a ellas y ellos no les afectaba. Recordamos, sí, pero todavía no parecemos avanzar en reflexiones sobre qué tipos de participaciones incidentes son posibles o, más bien, resultaban imposibles antes de que las imaginemos.

La Convención Constitucional formó una Comisión de Reglamento para definir los modos en los que esta operará, donde se han realizado más de 100 audiencias públicas, en las que varias instituciones y organismos internacionales han planteado la necesidad de incorporar mecanismos para asegurar la participación de niños, niñas y adolescentes (NNA), pero hasta ahora solo se ven algunos gestos, sin mayor orgánica: la semana pasada  Patricio Galleguillos (ciudadano de Coquimbo de ascendencia diaguita) acudió junto a su hijo a una audiencia de la Comisión de Derechos Humanos de la Convención, donde Santiago Galleguillos intervino pidiendo el voto para menores de 18 años. También la semana pasada Jaime Bassa anunció en sus redes sociales que había tenido una reunión de trabajo online con niños, niñas y adolescentes y que preparaban algo “muy importante”. Sin desmerecer estas intervenciones, ni los años que lleva Jaime Bassa estudiando y promoviendo la participación política de menores de 18 años, cualquiera que haya trabajado con NNA sabe que son necesarias varias otras condiciones antes de hablar de participación incidente.

Podríamos decir que Loncon nos recuerda a Esopo, pero eso sería una mirada colonialista. Loncon nos debiera recordar, más bien, que hay mucho conocimiento oral que tenemos que poner en circulación. Y también que las niñas y los niños son sujetos políticos que reclaman reconocimiento y que esa demanda es en algún punto similar a otras demandas por reconocimiento.

Elisa Loncon saluda a les niñes en mapudungún y les reconoce como interlocutores de este proceso que debiese orientar el futuro marco legal de la nación y envía una señal allí donde de nada serviría decir que ahora sí que sí se recogerá su voz en la nueva carta fundamental. Esta nueva Constitución será mucho más gravitante en la vida de los menores de 18 que en la de los mayores de 65, pero para la participación de niños y niñas en ella se necesita de mucho más que entusiasmo y algunos adultos definiendo el qué, el cómo y el cuándo de esa participación.

* Ignacia Saona es gestora cultural especializada en proyectos participativos, Licenciada en Arte y Magíster en Edición. Macarena García González es doctora en estudios culturales, investigadora en Centro de Justicia Educacional (CJE – UC), autora de Enseñando a sentir. Repertorios éticos en la ficción infantil.  

También puedes leer: Columna de Luisa Tesch y Sergio Faúndez: ¿Los niños primero?


Volver al Home

Comentarios