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Columna del convencional Ruggero Cozzi: Estado plurinacional mirado desde la centroderecha

Esta podría ser una valiosa oportunidad para resolver algunos nudos de nuestro desarrollo, retomar el camino de acuerdos y aspirar a la tan anhelada paz en zonas donde esta se echa de menos.

No será esta la primera vez que la Constitución chilena haga un reconocimiento a los pueblos originarios. La Carta Magna de 1822 ya lo había hecho. Pero han transcurrido casi 200 años desde aquel momento constitucional, y la deuda histórica con los pueblos indígenas sigue sin ser satisfecha. 

Bien lo advertía Gonzalo Vial -un prohombre de la derecha- al explicar en sus columnas que, al menos moralmente, la deuda histórica “es digna de atención y hasta muy plausible”. El historiador escribía que “si alguna vez ha de pagarse la deuda histórica, tendrá que hacerlo el Estado, en representación de la sociedad” (El Tema Mapuche, 1999). Asimismo, señalaba que la integración social y política de los pueblos indígenas “no interesa sólo a la minoría, sino a todo el país”, remarcando la necesidad de hacerse cargo de las distintas aristas de la deuda histórica (Más sobre el Tema Mapuche, 1999). 

¿Debe la centroderecha oponerse a priori a discutir la “cuestión indígena” en la Convención Constitucional? Creo que no.

Esta podría ser una valiosa oportunidad para resolver algunos nudos de nuestro desarrollo, retomar el camino de acuerdos y aspirar a la tan anhelada paz en zonas donde esta se echa de menos. Es por eso que un grupo de 15 convencionales de RN, Evópoli e independientes suscribimos una carta abierta a los representantes de escaños reservados, para escucharlos y abrir un espacio de diálogo.

En efecto, no se puede soslayar que la “cuestión indígena” entró con energía en la Convención Constitucional. Para quienes no lo han notado, los escaños reservados tienen total claridad en su diagnóstico y estrategia. En buenas cuentas, la Declaración sobre los Pueblos Indígenas de Naciones Unidas (2007) señala el marco conceptual, y las experiencias constituyentes de Ecuador (2008) y Bolivia (2009) indican la hoja de ruta política. Así, por un lado, buscan influir en la parte dogmática de la Constitución, incorporando el derecho al Buen Vivir, los derechos de la naturaleza -la Madre Tierra– y otros derechos propios de la multiculturalidad (lengua, costumbres, etc.). Por otro lado, se quiere incidir en la parte orgánica de la Carta Fundamental, en la “sala de máquinas” del poder del Estado, estableciendo cierto grado de autonomía y representación política. Las reflexiones de Roberto Gargarella y Raúl Prada permiten entender hacia dónde quieren avanzar los constituyentes de los pueblos originarios.

¿Debe la centroderecha oponerse a priori a discutir la “cuestión indígena” en la Convención Constitucional? Creo que no.

Sin embargo, observo dos problemas. Primero, ha faltado mayor precisión técnica y normativa en las propuestas constitucionales. Hasta ahora, la idea de un Estado Plurinacional en Chile no pasa de ser una mera abstracción. No se sabe con nitidez cuál es el contenido y alcance de este reconocimiento. Varias interrogantes deben ser despejadas, como las consecuencias prácticas del autogobierno, estatutos y sistemas judiciales autónomos, entre un largo etcétera. Desde ya, harían bien los escaños reservados en aclarar que el derecho a la libre determinación de los pueblos no admite pretensiones secesionistas, separatistas o que menoscaben la integridad territorial o unidad política del Estado (Convenio N° 169 de la OIT, art. 1.3; Declaración de Naciones Unidas, art. 46.1).

Hasta ahora, la idea de un Estado Plurinacional en Chile no pasa de ser una mera abstracción. No se sabe con nitidez cuál es el contenido y alcance de este reconocimiento.

En segundo lugar, tampoco se están abordando cuestiones políticas imprescindibles. Sería auspicioso -por ejemplo- un compromiso transversal por la paz en la Macrozona Sur, y un rechazo contundente al uso de la violencia en nombre de la causa indígena. Igualmente, debiera advertirse el error de que la izquierda se apropie de la agenda constitucional de los pueblos originarios, como hasta ahora está ocurriendo.

La reticencia a conversar con la centroderecha debe superarse. Y es que, en definitiva, el nuevo pacto con los pueblos indígenas debiera lograr un consenso amplio, transformarse en un asunto de Estado, sin colores políticos, que ofrezca estabilidad en el tiempo y legitimidad en todos los sectores. Nuestra carta abierta apunta precisamente en esa línea.

Debiera advertirse el error de que la izquierda se apropie de la agenda constitucional de los pueblos originarios, como hasta ahora está ocurriendo.

* Ruggero Cozzi (RN) es Convencional Constituyente por el Distrito N° 6, Región de Valparaíso. Abogado, Magister en Derecho y profesor de Derecho Internacional Público.

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