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Boris Prado y el arte de confeccionar volantines

Nieto del maestro volantinero Guillermo Prado, el artesano crea volantines únicos siguiendo la técnica de su abuelo. A través de la enseñanza del oficio, busca mantener viva una tradición que le apasiona. “Yo continué todo esto porque era el sueño de él, que nunca imaginó que se podía seguir. Y yo decidí, en lo personal, transmitirlo”, dice en conversación con The Clinic.

A los siete años, Boris Prado hizo su primer volantín. Cuando tenía apenas tres, empezó a acompañar a su abuelo mientras confeccionaba volantines en su taller. Guillermo Prado, quien falleció en 2003, fue uno de los más destacados artesanos volantineros del país, quien incluso inspiró algunas de las obras del artista Nemesio Antúnez. Con un fuerte interés en el estudio de la aerodinámica, siempre buscó dar con la técnica y medida perfecta al momento de confeccionar sus volantines. 

Los fines de semana, abuelo y nieto se preparaban para ir al Parque O’Higgins o a un terreno abierto de Pudahuel para encumbrar estas piezas, una práctica que a ambos les fascinaba. La relación entre ambos era muy cercana. Boris era su nieto mayor, a quien el maestro decidió transmitir todos sus conocimientos. “Yo me siento como el nieto más regalón de él en esos momentos”, señala Prado a The Clinic.

Foto de su abuelo, Guillermo Prado, en la Feria Internacional de Artesanía Tradicional de 1987 / Créditos: Archivo personal

A sus 52 años, Boris continúa con el legado de su abuelo. Desde que falleció, al igual que él, se dedica a hacer los clásicos volantines que revolotean en el cielo durante septiembre y, además, piezas exclusivas que después son expuestas como obras de arte. Aunque divide su tiempo entre su trabajo en el rubro del turismo, asegura que en algún momento le gustaría dedicarse a tiempo completo a la confección de volantines. 

Ni Boris ni Guillermo Prado pensaron que algún día él sería el encargado de continuar transmitiendo los conocimientos que le entregó su abuelo durante la niñez, una enseñanza que se caracterizaba por el alto nivel de exigencia. “Él nunca se imaginó que yo iba a lograr todo esto, lo veía muy lejano. Era una persona muy estricta, perfeccionista. Entonces, a veces por muy bueno o por muy excelente trabajo que yo hubiese hecho, él siempre le encontraba detalles”, señala Prado. 

Foto de su abuelo, Guillermo Prado, en la Feria Internacional de Artesanía Tradicional de 1994 / Créditos: Archivo personal

“Yo me siento como el nieto más regalón de él en esos momentos”

El artesano cuenta que el puntapié para comenzar a dedicarse a la elaboración de volantines llegó gracias a la Universidad Católica, la que desde 1974 organiza ferias de artesanía tradicional. Así, se le invitó a participar como expositor en la Muestra de Artesanía UC, feria en la que su abuelo participó año a año hasta su fallecimiento. 

El pasado 13 de septiembre se inauguró la exposición “El hacedor de volantines” en la sala de exposiciones del Parque de las Esculturas (Providencia). La muestra cuenta con más de 40 piezas fabricadas por Boris Prado, las que consisten en volantines enmarcados de diferentes tamaños: pequeños, grandes y medianos. Además, contarán con la presencia del Taller 99, taller creado por Nemesio Antúnez en 1956 para artistas que buscaban desarrollar la técnica del grabado

Créditos: Archivo personal

La exposición organizada por la Fundación Cultural de Providencia estará desde el 13 de septiembre al 3 de octubre. Durante la exhibición se realizarán actividades como talleres y la fabricación de volantines dirigidos por el artesano, además de la elaboración de volantines grabados en colaboración con Taller 99. 

“Para mí es fabuloso. No hacía una exposición hace tiempo y, ahora, en conjunto con Taller 99, nuevamente estamos mostrando en un lugar donde puede haber mayor concurrencia.  Estoy mostrando diseños nuevos en comparación con los anteriores y, a través de esta exposición, quiero mostrar mi interés por dar a conocer cómo se confeccionan”, cuenta el volantinero. 

El volantín como obra de arte

Aves, naves espaciales, elementos del cosmos, figuras simétricas y asimétricas. Todos los diseños que hace Boris en sus volantines se relacionan con el cielo. Sus llamativos colores captan la atención de sus clientes y espectadores.

Volantines confeccionados por Boris Prado / Créditos: Archivo Personal

“Son cosas que se me vienen a la mente no más. Yo no diseño dibujando, sino que a medida que voy cortando papeles voy adquiriendo figuras, formas. Eso siempre a uno le da figuras geométricas de diferentes tipos. Todo se va dando por el papel, que se va mezclando con otros colores y a través de eso uno va ideando figuras y diseñando”, cuenta Prado sobre la inspiración al momento de crear sus volantines. 

Con respecto a la técnica que utiliza para su elaboración, Boris señala que mantiene la técnica del calado. Aquella consiste en cortar manualmente papeles de diversos colores, armar el diseño como una especie de rompecabezas para luego pegarlas. Esta es una antigua tradición, la que su abuelo aprendió cuando niño a través de su hermano. Sin embargo, gracias a la aplicación de fórmulas matemáticas, Guillermo Prado mantuvo el tamaño original de 49×49 cm² y pudo quitarle la cola que usualmente se le añadía al volantín para una mayor estabilidad.

Así, las piezas únicas creadas por el artesano han pasado por varias muestras y exposiciones, donde recibe el reconocimiento de las personas que ven su trabajo. Para Prado, el recibimiento de sus obras lo motiva aún más. “Es muy confortable para mí, muy enriquecedor. Aparte que es como muy inusual, muy original todo, entonces les llama la atención”, cuenta. 

Volantines enmarcados elaborados por Boris Prado / Créditos: Archivo personal

Sobre los volantines que crea para ser exhibidos o colgados como cuadros, Prado comenta que “la importancia es que tienen que ser únicos, que no se repitan. Y que tengan un atractivo visual que la gente pueda admirar, imaginarse cosas, desarrollar en su visión algo que le llame la atención como algo bonito, algo decorativo, como un objeto de arte”. 

“Son cosas que se me vienen a la mente no más. Yo no diseño dibujando, sino que a medida que voy cortando papeles voy adquiriendo figuras, formas. Eso siempre a uno le da figuras geométricas de diferentes tipos.

Transmitir el conocimiento

El interés por la enseñanza de este conocimiento surge gracias a la fascinación que las personas mostraban cuando acompañaba a su abuelo en las ferias de Artesanía UC. “Gracias a la Universidad Católica se pudieron dar todas esas oportunidades. Nosotros asistíamos al Parque Bustamante y ese era un punto de reunión de las muestras que hacíamos y de lo que nosotros podíamos difundir. Hacíamos talleres, llegaba gente muy interesada en el tema y de esa forma yo me empecé a meter en el cuento”, dice Prado. 

Taller de volantines para niños y niñas / Créditos: Archivo personal

Aparte de la elaboración de volantines, para Boris también era muy importante transmitir sus conocimientos sobre la técnica más antigua, para evitar que se pierda con el paso de los años. Es así como cada año, especialmente en el período previo a las Fiestas Patrias, dicta talleres en colegios, universidades y diferentes instituciones. Ese era el sueño de su abuelo: que cada vez más personas supieran elaborar volantines.

Junto a un amigo crearon Salidas Educativas, donde a través del turismo buscan entregar diferentes actividades para estudiantes fuera de la sala de clases. Dentro de las múltiples salidas y talleres que ofrecen se encuentra el Taller de Volantín. En él, niños y niñas aprenden sobre la historia de este juego tan tradicional, la ingeniería del volantín y la técnica para su fabricación. 

“Se ha ido masificando, entonces he tratado de dedicarle un poco más de tiempo. He tenido la suerte de trabajar en un área que me lo permita, por el tiempo. Entonces, gracias a eso puedo dar a conocer todo esto que yo aprendí de niño. Lo sigo haciendo de la manera más tradicional, porque también he tenido ciertas evoluciones. No tan solo en el juego, sino que en la forma de hacer volantines”, señala Prado. 

Aunque con la llegada de la pandemia su actividad se vio paralizada, Boris comenta que tuvo que reinventarse. Aquello le otorgó más tiempo para hacer lo que le gusta. “Eso también me permitió tener mis tiempos y poder hacer lo que yo amo. Me encanta el tema del volantín, es una pasión. Yo creo que no va a haber momento como para dejarlo, esto es cada vez mejor para mí. Aparte de hacer volantines para la gente estoy enseñando, entonces eso como que a uno lo llena más”, dice. 

Mantener viva una tradición

Durante el mes de septiembre, es común ver cómo el cielo se llena de pequeños objetos voladores de múltiples colores. Tanto niños como adultos comparten la afición por elevar volantines. Sin embargo, la disminución de áreas verdes, los peligros del hilo curado e incluso la pandemia han sido una amenaza para la práctica de este juego tan tradicional.

“Estamos tratando de revertir esto, también han surgido algunos clubes que lo han ido fomentando. Se está educando sobre el tema, los clubes están dedicándose a informar a la gente que le gusta el juego del volantín, que quiere pertenecer a los clubes y que quiere jugar al volantín. Por un lado, está siendo enseñado de una forma bien especial y se está educando a la gente para evitar jugar con los volantines en un lugar donde reviste riesgo”, señala Boris. 

Taller de volantines para niños y niñas / Créditos: Archivo personal

Para el artesano, continuar con este trabajo y enseñarlo es primordial para que se reactive la práctica del volantín. “Para que no se pierda lo que es la parte tradicional, porque se está perdiendo mucho por el tema de los cometas plásticos, por el tema de que muchos maestros se fueron muriendo y no dejaron su conocimiento a los nietos u otras personas, entonces es una de las cosas que también ha hecho que esto se fuera perdiendo”, dice.

Aunque le gustaría poder sustentarse de este oficio, el artesano señala que todavía no le permite financiarse por completo. “Mi idea es dedicarme 100% al tema del volantín porque me gusta. Además, estoy buscando la forma y proyectándome en eso a través de lo que es la parte educativa. Eso siempre lo he tenido en mente. A través de la discusión, pretendo darme a conocer y que esto se haga durante todo el año. Para mí, poder vivir del volantín, sería lo ideal”, cuenta. 

“Me encanta el tema del volantín, es una pasión. Yo creo que no va a haber momento como para dejarlo, esto es cada vez mejor para mí. Aparte de hacer volantines para la gente estoy enseñando, entonces eso como que a uno lo llena más”

Sobre los proyectos que tiene pensados a futuro, Prado busca dar a conocer el volantín chileno en el extranjero. “Estoy con la idea de salir en un tiempo más y montar algo mejor también, para que también en el extranjero se dé a conocer algo que allá se conoce, pero no tanto como lo mostramos nosotros acá”, dice. 

Los volantines de Boris se venden durante todo el año, aunque durante la primavera aumenta su demanda. Día a día, el volantinero espera que llegue el momento en que pueda dedicarse por completo a un oficio que tanto le apasiona y que busca promover en el país. “Que no desaparezca, eso es lo que me motiva. Y que las nuevas generaciones aprendan a trabajar como se hacía antiguamente. Eso es lo que más trato de enseñar en los colegios o a las nuevas generaciones, que se mantenga la forma de hacer volantines como era antes”, cierra.


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