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Columna de Diana Aurenque: ¡Y se abrirán las fronteras!

La autoridad sanitaria ha informado que desde octubre Chile volverá a abrir sus fronteras para recibir extranjeros. Además de razones económicas y de coherencia bilateral, la medida es importante al considerarla desde una perspectiva estrictamente humana.

La autoridad sanitaria ha informado que desde el 1 de octubre Chile volverá a abrir sus fronteras para recibir extranjeros. Ellos podrán ingresar al país teniendo su esquema de vacunación completo, un test PCR negativo y la declaración jurada para viajeros (C19). Tras su arribo, quienes provengan del exterior deberán realizar un aislamiento riguroso de entre 5 a 7 días, dependiendo sea el caso. La noticia es relevante no sólo para la reactivación nacional del turismo, sino una medida consecuente luego de que desde agosto de este año nos es posible salir del país.

Pero además de razones económicas y de coherencia bilateral, la medida es importante al considerarla desde una perspectiva estrictamente humana. Con el inicio de la pandemia y el cierre de las fronteras muchas familias y parejas, compuestas por extranjeros y chilenos, han estado obligados a mantener relaciones a distancia. Tal cual vivimos, hace un año aproximadamente, casi exclusivamente por vías digitales, aún quienes tienen sus afectos en el extranjero lo siguen haciendo. Pero pronto eso será parte del pasado.

Con todo, y si bien la medida es del todo bienvenida, ha sido criticada por el sector turístico. En particular se critica la obligatoriedad de que los extranjeros deban realizar una cuarentena obligada por 5 o 7 días. Por cierto, esto parece razonable desde el punto de vista sanitario, precisamente para evitar nuevas alzas en los contagios. Pero, ¿por qué no incorporar excepciones para el aislamiento en el caso de personas que se hayan recuperado de la enfermedad dentro de los últimos 6 meses? Esto por ejemplo es posible en Alemania, y permite a quienes provienen del extranjero desplazarse desde su llegada. No es claro por qué en Chile ese estatus de “recuperado” no tiene un lugar especial para las autoridades, considerando que hay evidencia científica de que tienen menos posibilidades para volver contagiarse.

Pero además de razones económicas y de coherencia bilateral, la medida es importante al considerarla desde una perspectiva estrictamente humana. Con el inicio de la pandemia y el cierre de las fronteras muchas familias y parejas, compuestas por extranjeros y chilenos, han estado obligados a mantener relaciones a distancia.

Como sea, la reapertura de las fronteras no solo debería alegrar a quienes podrán venir desde el extranjero por asuntos turísticos, laborales, académicos o afectivos. Esto nos debería alegrar a todos. Porque nos permitirá adentrarnos en las experiencias y sentires que han vivido nuestros pares extranjeros en sus respectivos países. Pues, pese a que los medios de comunicación contemporáneos nos posibilitan acceder en cuestión de segundos a las noticias de prácticamente todos los lugares del mundo, la experiencia contada en primera persona tiene una validez e impacto insuperable.

Conocer los relatos y las experiencias de los otros nos permite reconsiderar y revaluar nuestras propias vivencias pandémicas. Y esto no sólo a nivel de lo privado, sino también, y muy especialmente, en el terreno de lo político y público. Veremos seguramente consideraciones muy distintas acerca de las restricciones que cada uno ha vivido en sus países -casi ninguno con toque de queda y uso de mascarillas tan restrictivos como lo que ha sido nuestra cotidianidad. Pero observaremos también que el porcentaje de vacunación en Chile es uno de los más altos del mundo, más aún que países desarrollados como Holanda o Alemania (los que apenas bordean el 63% de la población). Esto debería al menos ser motivo para algunas reflexiones.

Como sea, la reapertura de las fronteras no solo debería alegrar a quienes podrán venir desde el extranjero por asuntos turísticos, laborales, académicos o afectivos. Esto nos debería alegrar a todos. Porque nos permitirá adentrarnos en las experiencias y sentires que han vivido nuestros pares extranjeros en sus respectivos países.

Pues, ¿no es extraño que, en países como ésos, con un acceso más equitativo a la educación que Chile, exista tanta resistencia a vacunarse? Por cierto, que lo es. Uno podría esperar que en países con universidades que imparten docencia e investigación de primer nivel, ambas vinculadas permanentemente con la sociedad civil, la ciencia médica debería gozar de una mayor credibilidad popular. Pese a la sorpresa, esto no es el caso. ¿Será quizás que, a mayor bienestar, curiosamente, se instaura una necesidad irracional por dudar de lo razonable? ¿una necesidad que sólo puede ser un lujo de países ricos y con mayor seguridad social? Algo así es lo que parece mostrarse, por ejemplo, en el movimiento alemán fundado en Stuttgart de los “Quer-Denker”: “pensadores inconformistas” o contrarios a lo que se considera la opinión general dominante o los conocimientos de la ciencia, y que van desde personas de extrema derecha, izquierda, antivacunas, etc. Un “menjunje” peligroso que alerta a las autoridades alemanas.

Dentro de poco, chilenos volverán a ver a extranjeros en los hogares, los trabajos y las calles. Ojalá no se les tema, y se les observe como posibles sujetos “delta” o “mu”, sino como otros muy similares a nosotros, y que, por buenas razones, vienen a esta lejana esquina del mundo.

*Diana Aurenque es filósofa. Directora del Departamento de Filosofía, USACH.

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