Constanza Fernández, cineasta: “Chile es un país exportador de un mercantilismo exacerbado, incluso en la salud”

La directora de “El Pa(de)ciente”, película protagonizada por Héctor Noguera y que tendrá su debut internacional en octubre, conversó con The Clinic sobre su obra, la salud y la vejez en Chile. “Me gustaría que se tomara consciencia de que el mercantilismo en los servicios de salud no es normal”, plantea.

Constanza Fernández (48) tiene una gran ambición: quiere que los más de 600.000 profesionales que están involucrados en el mundo de la salud chilena vean su nueva película, “El Pa(de)ciente”, que se estrenará en el país en el otoño del 2022. Por un lado, encuentra hermoso cuando alguien tiene un oficio y una película se hace cargo de él. Por otro, ve en la salud algo “ineludible en la vida de todos nosotros, que debe ser cuestionado”.

¿Qué pasa cuando un doctor se convierte en paciente? ¿Qué ocurre cuando es vulnerado no solo por su enfermedad, sino también por un sistema de salud deshumanizado?

En su segundo largometraje de ficción, la también directora de “Mapa para conversar” (2012) -película con la que obtuvo el premio a Mejor Dirección en el SANFIC7– aborda justamente eso: adopta al cine el libro testimonial homónimo del Dr. Miguel Kottow, oftalmólogo chileno y eminencia en el campo de la bioética. En él, el doctor documenta su experiencia bajo la tutela del sistema de salud privado tras enfermarse del síndrome de Guillaine Barré, un trastorno poco frecuente en el cual el propio sistema inmunitario de una persona daña sus neuronas y causa debilidad muscular y a veces parálisis.

Él, dice Constanza Fernández, “tiene todas las capacidades de defenderse desde el conocimiento, desde la posición de poder, desde ser un profesor, desde ser experto en bioética y, sin embargo, hasta él es vulnerado”. “¿Entonces qué nos queda al resto?”, se cuestiona.

Constanza Fernández.

La película, protagonizada por Héctor Noguera, trata sobre su deterioro corporal, la pérdida de sus seguridades y de cómo se resitúa ante su entorno más cercano, su familia.

En conversación con The Clinic de cara al debut mundial de la obra en el Festival Internacional de Cine de Busan (Corea del Sur) el próximo 6 de octubre, la directora habla sobre la obra, sobre la salud, la vejez y la relación que tenemos con nuestros cuerpos.   

-¿Siempre has tenido interés en retratar la salud en Chile?

-No, no tenía un interés anterior a la existencia del libro. Antes de este, yo sí tenía interés en trabajar con personas mayores. Mi interés era que fueran personas mayores con cero condescendencias, quería mostrar a personas mayores totalmente capaces, con poder en la sociedad. Además, mi primera película trabaja un poco el concepto de la madre y quería que mi segunda película trabajara con el padre, entonces luego vino el libro y ahí se me juntaron los temas, y dije: ‘aquí hay una historia’.

-El protagonista del libro es, además, abuelo de tu hijo. ¿Cómo esto aportó a la historia de la película?

-El libro no es tan narrativo, es un libro súper interesante, pero muy testimonial… Yo me sentí privilegiada de encontrarme con ese libro, que me parecía que abordaba puntos súper importantes, súper interesantes para nuestra sociedad, pero al mismo tiempo, me parecía que el libro tenía un punto ciego de perspectiva que yo podía explorar. Yo tuve el privilegio de estar cerca de esa familia y podía concretar con mi punto de vista. Podía volverlo más atractivo, volverlo también no solo un tema de la crítica a la salud, sino una historia de una familia, que me encanta. Pude ser testigo de esa enfermedad, testigo de esa familia, testigo de ese libro y ver cómo ese libro dialogaba con las vivencias que yo observaba.

¿Y en qué momento se gestó la idea de hacer la película? Es interesante que justo salga al aire durante la pandemia, momento en el cual muchos médicos, como el protagonista, se han vuelto pacientes…

-Todo esto fue previo a la pandemia, yo no tenía ni la más mínima sospecha de lo que iba a ocurrir. Nosotros la grabamos a fines del 2019 y había muchas posibilidades de que el rodaje se cayera porque estábamos recién empezando el estallido. Nosotros grabamos cerca de Plaza Italia y a veces decíamos “quizás no lo hacemos, quizás no es el momento”… El mismo Tito Noguera venía de tener una enfermedad, se tuvo que volver a hospitalizar unos meses antes de que empezáramos la grabación. También me dijo: “dejémosla para el próximo año mejor” y todo… Y bueno, si no nos hubiéramos lanzado en 2019 la película no existiría.

-¿Por qué?

-Porque es una película de bajo presupuesto, que se grabó en los hospitales reales, teníamos las cosas hospitalarias ocurriendo a nuestro lado. Jamás hubiéramos podido entrar a un hospital después de lo que ocurrió (se ríe).

-Pero la pandemia también supuso una serie de reflexiones sobre la salud en Chile que, de una u otra manera, están plasmadas en la película.

-Sí, pero eso tiene su doble filo también, porque puede que la gente esté hastiada de temas hospitalarios, ya no va a querer más o, al contrario, la gente quiere saberlo todo de lo hospitalario y ahora sí que quiere saber más… Ahora le tememos mucho el hospitalizarnos, lo tenemos mucho más consiente que antes, nos damos cuenta de que nos puede tocar a todos. Entonces puede o interesarnos o queremos huir de esto también… Vamos a ver un poco qué va a pasar con el respetable público (se ríe).

-Un tema clave en la película es la crítica a lo caro que es la salud en Chile. ¿Era algo a lo que querías apuntar?  

-Sí. Esa es una idea que está en el libro, pero más orientado al mundo de la medicina y a los colegas de este doctor. Y yo quería popularizar un poco eso y plasmar que hay ciertas cosas que están naturalizadas en la medicina y que debemos cuestionarnos. Por eso es muy interesante lo que está pasando ahora con la película: la visión de los extranjeros. Nuestros agentes de venta en este momento son italianos y ellos lo ven como un fenómeno extraño, y me han comentado: “oye… El sistema de salud de ustedes… Aquí todos accedemos, esto es público” y revalorizan lo que tienen porque se dan cuenta de que podría no ser así, podría ser lo nuestro. Entonces ahí se produce un conocimiento en el extranjero de que Chile es un país exportador de un mercantilismo exacerbado, incluso en la salud o en otras áreas en que no debería llegar, como la educación. Me pareció relevante poner el foco ahí y mostrar que eso no es tan normal.

-En ese sentido, es interesante que el protagonista accede al sistema de salud privado, no público.

-Sí, y tiene todas las capacidades de defenderse desde el conocimiento, desde la posición de poder, desde ser un profesor, desde ser experto en ética y, sin embargo, hasta él es vulnerado, ¿entonces qué nos queda al resto? Creo que hacer la crítica desde alguien pobre que accede a un servicio público para mí no era tan interesante porque hay bastante material sobre eso, estamos más conscientes de esa realidad.

-¿Te gustaría que se abriera el debate sobre eso a propósito de tu película?

-Me gustaría que se tomara consciencia de que el mercantilismo en los servicios de salud no es normal. Es una ciencia social, es un servicio social, y asociarlo al negocio no es normal, y debemos decidir hasta cuándo queremos que esto sea así. Y que esto se discuta en todo ámbito, desde el Parlamento hasta la discusión social entre las personas que están accediendo, que están todos los días yendo a estos servicios. Segundo, que se aborde la tecnificación de la salud y un tercero tema es el que los médicos, como profesión, son los que menos se hospitalizan.

-Como el protagonista…

-Claro. Digamos: un abogado va más a un hospital que un médico. ¿Por qué? Porque los médicos son conscientes de algo que no somos conscientes los demás, como el hecho de que cuanto más tiempo alguien está hospitalizado, en más riesgo está. Como dice el protagonista, empieza a rendir más la hora cama, porque quizás ya no están enfermos, pero estás sometiéndote a riesgos, a infecciones intrahospitalarias. Eso quisiera poner en debate, a qué riesgo estamos sometiendo a los pacientes.

-No es algo de lo que se hable a menudo…

-No… Y uno de nuestros auspiciadores es una fundación que se llama FALMED, que protege legalmente a los médicos de las demandas. Para ellos una línea muy importante es la educación de sus médicos de no someter a riesgos innecesarios a sus pacientes, porque ellos son justamente el team de abogados que los tiene que defender, jaja. A ellos les interesa educarlos en ese ámbito. Creo que por eso hay harto interés en la película desde la educación de todos los que están involucrados en el sistema: las enfermeras, los médicos, los administradores.

-Y aún así, tu película tiene, una mirada más mordaz que trágica. Algo que se evidencia sobre todo hacia el final…

-Sí, bueno, quizás ahí hay una cuestión de estilos. Uno podría hacer una cosa más trágica, donde tienes el drama y no puedes escapar de ello. Pero yo opté por tomar un poquito más de distancia, algo que nos permita un poquito de humor. Y me parece que eso hace la película mucho más accesible a todos. No es para reír a carcajadas, jamás, sino que se pueda sonreír también mientras la estamos viendo. Que es justamente lo que pasa mucho con la enfermedad: los que estamos ahí acompañando a algún enfermo siempre estamos buscando el humor para pasar el mal rato.

-También hacia el final de la película, el protagonista dice: “mi cuerpo y yo nos educamos juntos, pero nunca fuimos muy buenos compañeros”. ¿Cómo ves tú la relación de uno con su cuerpo? ¿Y cómo fue el desafío de mostrarlo en una película en la que el protagonista pasa gran parte del tiempo acostado?

-Me interesaba esa historia del cuerpo y de la inmunidad del cuerpo y esta relación dicotómica entre lo intelectual y el cuerpo. Esa ambigüedad de un médico que se dedica a sanar cuerpos, pero que ha ignorado su cuerpo toda su vida y que llegada la tercera edad tiene que volver a ver su cuerpo y volver a relacionarse con él, volver a mirarlo. Digamos que cuando tu cuerpo entra a la tercera edad no puedes ignorarlo. El cuerpo empieza a ser protagonista de tu vida y eso nos va a pasar a todos, seamos intelectuales o no. Entonces hay que reconciliarse con él. Hay que reconciliarse con el cuerpo, porque viene la vulnerabilidad de este y hay que quererlo y ser compasivo con él. Ese también es el viaje del protagonista.

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