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“Me meto en política y despejo el camino para que el Choclo levante 400 millones de dólares”: Cinco claves de la “hermandad” entre Piñera y Carlos Délano

En The Clinic revisamos el libro "Piñera: Historia de un Ascenso" en busca de los pasajes trascendentales de esta amistad que se remonta a fines de los años sesenta y que se consolidó en medio de bullados escándalos de corrupción político-empresarial. Hoy, una vez más, ambos están en el ojo del huracán con la filtración de los "Pandora Papers" y la compraventa entre la familia de ambos del proyecto minero Dominga.

El libro “Piñera: Historia de un Ascenso” (2010, Debate), de las periodistas Loreto Daza y Bernardita del Solar y publicado a comienzos del primer gobierno de Sebastián Piñera, repasa aspectos claves de la biografía del Mandatario, entre los que destacan diversos casos de corrupción político-empresarial -Banco de Talca, Caso Chispas y el “Piñeragate”-, en los que el Presidente casi siempre ha estado acompañado de su amigo personal de toda la vida, Carlos Alberto Délano, “El Choclo”.

Ambos amigos volvieron a estar bajo el escrutinio público después de que Ciper y Labot informaran que en el marco de la filtración de los Pandora Papers, la familia Piñera-Morel vendió en 2010 sus acciones del proyecto portuario-minero Dominga a la familia de Délano -empresario anteriormente condenado por delitos tributarios en el Caso Penta-, con una cláusula de pago condicionada a que el proyecto no se viera obstaculizado por normas de regulación medioambiental. Algo que, desde luego, depende de la voluntad del Presidente.

En The Clinic revisamos los hitos más trascendentales de la biografía de Piñera que han forjado su camaradería con “El Choclo” Délano.

1) “Una verdadera hermandad” (Pago de deudas incluida)

Según relatan las periodistas, a finales de los años sesenta, cuando Piñera estudiaba Ingeniería Comercial en la Universidad Católica y comulgaba con los planteamientos de la DC -aunque casi posteriormente sus amigos formaran parte del gremialismo, según consigna el libro-, se asentó la amistad con la “dupla histórica que hasta hoy acompaña al Presidente”.

Fabio Valdés, su compañero de infancia que también estudió Ingeniería Comercial, le presentó a Carlos Alberto Délano. Conocido por sus amigos como El Choclo, porque durante mucho tiempo tuvo un diente incisivo quebrado, Carlos Alberto se convertiría posteriormente en socio, compañero de viaje y asesor en las distintas etapas políticas del Presidente”, afirman las periodistas en el primer capítulo del texto.

En su investigación, Loreto Daza y Bernardita del Solar detallan sobre Piñera y Délano que “ambos sellaron una verdadera hermandad, al punto de que cuando ya eran prósperos empresarios, se comprometieron a que si a alguno le iba mal en los negocios, el otro se haría cargo de ayudarlo a pagar las deudas y mantener a su familia, cuestión que efectivamente hizo Sebastián Piñera cuando Délano tuvo algunos problemas financieros en la época de la crisis bancaria de 1983”, agrega la biografía.

2) Broma: reunión con Sergio de Castro

El libro relata los tres años que Sebastián Piñera y Cecilia Morel vivieron en Boston mientras el Mandatario cursaba sus estudios de posgrado en Economía, en los cuales sólo viajó una vez a Chile para la navidad de 1974, en los albores de la dictadura. Un periplo que no pudo hacer Morel, ya que se encontraba embarazada de siete meses de Magdalena Piñera, la primogénita del matrimonio.

Según cuentan las periodistas, cuando Morel supo que pasaría la navidad sola, embarazada y en un país extranjero, “un pragmático Sebastián le dijo: ‘Celebraremos la Pascua después’”.

En el viaje en el que Piñera estuvo una semana en Santiago, afirman las autoras, sus amigos, Fabio Valdés y Carlos Alberto Délano decidieron gastarle una broma.

“Haciéndose pasar por funcionarios de gobierno, Fabio Valdés y El Choclo Délano lo llamaron para informarle que tenía una cita con el ministro de Hacienda, Sergio de Castro. Era la época en que el gobierno militar reclutaba a jóvenes economistas, y De Castro había sido su profesor en la UC. Al día siguiente, un nervioso Piñera fue a pedirle prestada una corbata al Choclo y partió a la reunión. No había tal”.

“Hasta hoy los amigos se ríen de la broma”, afirman las autoras en el libro.

3) Piñera auspicia: viaje a Europa por el fin de semana

“Reeditar andanzas juveniles como si no hubiera pasado el tiempo suele ser un placer irresistible para Piñera y sus amigos”, comentan las autoras en la biografía del presidente.

“‘Cuando nos juntamos, muchas veces volvemos a sentirnos un poco como cabros chicos’, afirma Carlos Alberto Délano, tras contar que en más de una ocasión compraron entradas para sentarse en galería a presenciar un partido de fútbol y competían para ver quién terminaba sentándose en el mejor lugar del estadio”, reza un fragmento del capítulo titulado “Nace un Empresario”.

Así, con la impulsiva personalidad del Presidente, las periodistas afirman que “Piñera acostumbra a convidar a sus amigos a panoramas sorpresivos. Por lo general, con todos los gastos pagados por él. Antes de asumir la Presidencia, no era raro que llamara a sus amigos un viernes en la tarde para convidarlos a Europa por el fin de semana a ver un partido de fútbol del Real Madrid. ‘¡Pero si volvemos el lunes!’, insistía cuando sus compañeros de entretención decían que sus señoras los retarían por armar un viaje relámpago”.

“Cuando no juntamos, muchas veces volvemos a sentirnos un poco como cabros chicos”, afirma Carlos Alberto Délano sobre su relación con Piñera.

4) Délano a Ricardo Claro: “Usted es una bosta”

Uno de los episodios más escandalosos de la historia política de los noventa, sin duda, es el llamado “Piñeragate”, o también conocido como el “Kiotazo”.

Racconto. En agosto de 1992, el entonces senador Sebastián Piñera competía con Evelyn Matthei para ser el abanderado de la centroderecha en los comicios presidenciales de 1993.

En ese contexto, el empresario y dueño de Megavisión, Ricardo Claro, mostró -en vivo- en el programa “A eso de” -antes de que Piñera entrara al set para ser entrevistado-, una llamada telefónica en la que Piñera le pedía a su amigo, Pedro Pablo Díaz, que convenciera al periodista Jorge Andrés Richards que “acorralara a Matthei” con preguntas que incomodaran a la precandidata.

Lo que yo digo es que trate a esta mina de ofuscarla”, se escuchaba decir a Piñera en la conversación, en la que ofrecía ejemplos para “acorralar” a Matthei con preguntas relacionadas a su posición frente al divorcio o a su calidad de “católica que no va a misa”. Momento de alto impacto en los primeros años de Transición.

Según el libro de Daza y del Solar, la tarde anterior al escándalo, Piñera habría almorzado con sus amigos Andrés Navarro y El Choclo Délano, quienes lo ayudaron a elegir la corbata con la que Piñera saldría en el programa, acompañándolo incluso a la estación televisiva. A estos después se les sumarían Ignacio Pérez Walker y Jorge Andrés Mitarakis.

Compadres, yo estoy muy enfiestado y tengo que despejarme y ducharme porque tengo que ir a un programa de TV. Estoy seguro de que va a ser un gran programa”, les habría dicho Piñera.

Así, según el libro, el Presidente recuerda que sus acompañantes, después de ver cómo Claro difundía aquella grabación en el programa, tras bambalinas comenzaron a pensar en formas para que el entonces senador zafara de la encerrona que se le venía.

“‘Empieza una discusión entre mis amigos -cuenta Piñera-. Carlos Alberto Délano me dice que explicara que la voz era de él. Pérez me decía: ‘No entres al estudio, porque es una trampa’… Mitakaris me decía: ‘Acuérdate de que Nixon cayó por mentir’”, rememoró Piñera a las periodistas.

Para finalizar el episodio, el libro añade: “Piñera entró al set desde un costado y Ricardo Claro salió por el otro, sin cruzar una sola palabra. En el pasillo, Délano enfrentó al abogado (Claro): ‘Yo tenía una muy mala opinión de usted. Ahora tengo una peor. Usted es una bosta’”.

5) “¡Miren al Choclo!”

Mientras era senador, Piñera habría multiplicado con creces su fortuna personal, al punto de convertirse en uno de los “más avezados inversionistas financieros del país”, según afirman las periodistas en su libro.

Esto, ya que un año después de asumir en el Senado, Piñera vendió su empresa Bancard en US$ 14 millones a Transbank, mientras que en 1993 sumó otros US $40 millones tras la venta de Fincard, a lo que siguieron fuertes inversiones que el Mandatario realizó en rubros como el sector inmobiliario y en el mercado financiero.

Así, con el Presidente alzándose como una de las personas más ricas de Chile, el libro narra una peculiar broma que Piñera le hacía a su amigo personal, El Choclo Délano, quien también se habría beneficiado del ascenso económico del Presidente, según afirma la biografía.

“Poco tiempo antes de abandonar el Senado, en 1998, Piñera, que ya era dueño de una significativa fortuna, bromeaba con Carlos Alberto Délano. ‘Miren al Choclo, me meto unos años en política y despejo el camino para que tipos como él levanten cuatrocientos millones de dólares’, le enrostraba”, se consigna en el cuarto capítulo del libro titulado “Jugando a dos bandas”.

Bonus Track: Una amistad a pesar del Caso Penta

Corría el año 2015 y los controladores del grupo Penta, Carlos Eugenio Lavín y Carlos Alberto Délano, fueron formalizados en lo que fue el primer caso de financiamiento irregular de la política a través del grupo económico que comandaban ambos, financiando a diversos candidatos de la UDI, partido donde históricamente militó Délano. Como medida cautelar, se les dictaminó la prisión preventiva en el anexo Capitán Yaber.

Piñera, en todo caso, ratificó el vínculo de décadas con su viejo amigo, en ese minuto literalmente tras las rejas.

“Carlos Alberto Délano ha sido, es y va a seguir siendo mi amigo. Nos conocimos hace más de 40 años en la universidad. Nuestras mujeres son amigas, nuestros hijos son amigos, nuestros nietos son amigos, y eso no va a cambiar”, dijo Piñera en marzo de ese año.

En el año 2018, en tanto, Délano y Lavín fueron condenados a cuatro años de presidio bajo el régimen de libertad vigilada, el pago de una multa -para cada uno- que ascendió por sobre los 800 millones de pesos, además de las cuestionadas -y simbólicas- clases de “ética empresarial” en la Universidad Adolfo Ibáñez.

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