Crédito: Sebastián Utreras.

Juan Yarur: “Mi personalidad ha bajado un montón de revoluciones”

El reconocido coleccionista chileno, promotor de arte y presidente de la Fundación AMA habla en esta entrevista sobre los temas que hoy son importantes en su vida. Reconoce que no se ha alejado del mundo cultural, pero que su foco está ahora en su paternidad: tiene una hija de 13 meses llamada Cora; y viene otro en camino. Habla también de la trascendencia y de sus sueños a futuro.

Juan Yarur (37) dice que ha cambiado.

Apareció por primera vez en la portada de una revista cuando cumplió 18 años, en 2002, tras una fiesta ecléctica que sacudió a la socialité santiaguina. Luego se dedicó al mundo del arte, siendo hoy uno de los coleccionistas más reconocidos del país. En 2019, fue elegido entre los 200 coleccionistas más importantes del mundo por la revista especializada ARTnews, distinción que, en un comienzo, no creyó que fuera para él: cuenta que al recibir el primer email, que le notificó su inclusión en esa lista, pensó que era spam. ARTnews además lo ubicó entre los 50 coleccionistas más jóvenes menores de 50.

Su primera obra la adquirió a los 12 años: una pintura del hiperrealista chileno Claudio Bravo. Ahora, su colección la componen más de 450 piezas nacionales e internacionales, incluyendo firmas como las de Francisco Copello, Paz Errázuriz, Alfredo Jaar o el estandarte del pop-art, Andy Warhol.

También se ha dedicado a la promoción de la escena local. En 2008, creó la Fundación AMA, llamada así en honor a su padre, el empresario textil Amador Yarur. De esa iniciativa surgió, el mismo año, la Beca AMA, que apoya el desarrollo de jóvenes artistas chilenos financiando residencias en el extranjero. AMA además se encarga de todos los movimientos para exponer y dar visibilidad a las obras recopiladas por Yarur, mediante préstamos y donaciones.

Y un dato más: se ha desempeñado como miembro de comités en la Galería Tate Modern de Londres y en el Museo Metropolitano de Arte (MET) de Nueva York. Señala que hasta hoy trabaja con el neoyorquino Museum of Modern Art (MoMa).

Juan Yarur no se ha alejado de ese mundo, pero reconoce que ha cambiado. Dice que la razón es clara: la llegada de Cora Yarur Lecaros, su hija de 13 meses que nació en Estados Unidos. Él mismo explicó, hace un mes, en una entrevista en el programa “Los 5 Mandamientos”, que la niña nació “por vientre de alquiler”. Hoy, la cría junto a Felipe Lecaros, productor de moda con quien contrajo el Acuerdo de Unión Civil (AUC) en 2018.

En conversación con The Clinic, Juan Yarur asegura que tiene “demasiada felicidad, cosa que no había sentido nunca”. Dice que piensa mucho en su familia. Más aún desde que revelara que viene un segundo hijo en camino. “¿Me la voy a poder con dos?”, dice, riéndose y tomándose la frente con las manos.

Radicado en Santiago y sin planes de emigrar -“me encanta vivir en Chile”-, en esta entrevista, Yarur navega por temas como sus últimos proyectos, lo que para él significa ahora la trascendencia y las implicancias de la paternidad. Sonríe cada vez que habla de su hija.

-En una entrevista a principios de año, decías que para ti el 2020 fue 100% en “modo papá” tras el nacimiento de Cora…

-Yo creo que este año también, fíjate. Como que ha sido básicamente ella. He estado súper focalizado en ella. Ahora, estoy haciendo una tienda online, que se llama Adriático, que la vamos a lanzar yo creo que este mes. Y por más que he estado focalizado en eso, que no ha sido tanto, siempre estoy como mucho más focalizado en ella.

-La paternidad puede ser una pega “full-time”…

-Sí. En mi caso es opcional, pero yo quiero que sea full-time; o sea, yo quiero estar pendiente de eso. Sí, queremos estar lo más presentes posible. Es que ni siquiera tiene que ver con algo de discurso, tiene que ver con que es lo que más me da alegría.

-¿Pero has podido, de alguna manera, retomar este 2021 tu trabajo con el arte? ¿En qué está hoy la Fundación AMA, por ejemplo?, ¿hay nuevos proyectos?

-Sí. Se han podido hacer más cosas. Tenemos una exhibición el próximo año en Inglaterra, y en diciembre, vamos a volver a retomar la beca AMA. La persona que trabaja conmigo, que se llama María Alcalde, ahora es la directora de la Fundación. Se han ido haciendo varias cosas.

Yarur se toca el pecho, pareciera que mira hacia el infinito. Luego, suelta una sonrisa. “Yo estoy con la cabeza en otra parte. No es que estemos haciendo menos cosas. Es que, de repente, yo le meto menos energía. Por suerte, María se está preocupado ene de la fundación y está haciendo todo lo posible para que nuestros proyectos estén a full. Tal vez yo estoy menos pendiente”.

De hecho, hoy la Fundación AMA lleva adelante al menos cinco proyectos, según cuenta Alcalde. Entre ellos, destaca el préstamo de obras de los chilenos Juan Downey y Francisco Copello a una exhibición de Americas Society en Nueva York, que abrió el 22 de septiembre. Asimismo, y en paralelo a la beca AMA, se llevará a cabo en mayo de 2022 un programa de residencias académicas de dos semanas para artistas chilenos en la Universidad de California Los Angeles (UCLA). También se espera que en marzo de 2022, se cierre un largo proceso de generar y digitalizar documentos de arte chileno para el Archivo de Arte Latinoamericano y Latino del Siglo XX del Museo de Bellas Artes de Houston, trabajo en el cual AMA ha estado involucrada desde 2018.

-Juan, ¿algún otro proyecto además de AMA y Adriático?  

-No, con AMA, Adriático y la guagua yo creo que estoy…. O sea, a las diez de la noche me estoy desmayando.

-En enero también dijiste que tu “gran meta es que los artistas chilenos sean conocidos en el extranjero”. A través de la fundación, de tu colección, pareciera que estás cumpliéndola. ¿Qué te deja a ti, a nivel personal, cumplir esa meta?

No sé si la cumplo… De repente no te das cuenta de que has cumplido las metas o no, porque sigues con algo más. Y no sé cómo me hace sentir. No te podría decir, como que creo que todavía no lo he logrado… Puede ser que tal vez haya sido un buen camino, que estemos en un buen camino y que hemos hecho bastantes cosas. Hemos puesto a artistas chilenos en varios museos internacionales y hemos colaborado con distintos proyectos, museos, fundaciones, etcétera. Pero no sé si he logrado eso, ¿se entiende? No sé si he logrado externalizar el arte chileno como me gustaría. Tal vez he dado un paso, y he ayudado en algo.

“Yo estoy con la cabeza en otra parte. No es que estemos haciendo menos cosas. Es que, de repente, yo le meto menos energía”.

-Pero dan una beca a un artista, eso es algo potente para quien la recibe…

-Sí y me lo han dicho. Lo que pasa es que cuando uno está en primera persona no se da cuenta. Tal vez cuando yo veo a otra persona hacer algo lo califico como “oh, qué increíble lo que estás haciendo”, porque lo puedo ver con un poco de distancia. Como es mi vida, no lo puedo ver con distancia, y veo las cosas que podría haber hecho y que tal vez no he hecho lo suficiente. O lo mismo de que estoy como mucho más focalizado en otra cosa y no quiero que nada me saque de mi felicidad. Como que tengo demasiada felicidad, cosa que no había sentido nunca. Entonces, no quiero que nada me saque de mi mini mundo que estoy ahora.

-¿Qué te impulsa a esa “gran meta” de la que hablabas?

-Pucha no sé, no sabría qué decirte. Ha sido un camino de cosas que se me han ido poniendo al frente, que me han llamado la atención. Y he tenido súper buenos contactos, súper buenas oportunidades y gente que me ha asesorado súper bien también. O tal vez me he acercado a la gente correcta… Pero ¿qué me impulsa?… ¿Tú has escuchado cuando las mujeres dicen que están con ‘baby brain’? Ya, lo que pasa es que yo lo único que pienso ahora es eso. Entonces, cuando me preguntas qué me impulsa, hoy día como que no soy capaz de conectarme en qué me impulsa a hacer esto.

Yarur se detiene un momento. “En su minuto, era lo más importante que tenía en mi vida. Y lo que le digo a mis amigos es que yo hice todo un poco al revés. Al revés en el sentido de que, cuando no vienes de una familia coleccionista, en general, uno se pone a coleccionar, supongamos que a mi edad actual. Yo ya tengo una colección formada. En general, cuando te pones a coleccionar, ya tienes los hijos, cuando no vienes de una familia de coleccionistas”.

Cortesía de Juan Yarur. Crédito: Santiago Utreras.

“HE CAMBIADO UN MONTÓN”

-En diciembre de 2019, confesabas que uno de tus sueños era que el Museo de Bellas Artes tuviera una sala con tu nombre. Hay sentido de trascendencia ahí. Si en 50 ó 100 años más se sigue hablando de Juan Yarur, ¿cómo te gustaría que te recordaran?

-¿Crees que voy a ser capaz de trascender tanto? Cómo me gustaría que me recordaran… De hecho, anoche estaba pensando eso… Es que no sé ni siquiera si voy a trascender.

“Estoy como mucho más focalizado en otra cosa y no quiero que nada me saque de mi felicidad. Como que tengo demasiada felicidad, cosa que no había sentido nunca. Entonces, no quiero que nada me saque de mi mini mundo que estoy ahora”.

-¿Y por qué no? 

-Es que estaba pensado eso, en cuál es la forma de trascender; y creo que antes era muy distinto a lo de hoy. Ahora sería trascender a través de mis nietos. Antes, sí me importaba más trascender a un nivel de… de como algo que fuera más… físico. Lo del Bellas Artes, sí, me encantaría lo del Bellas Artes, lo hemos hablado varias veces… pero está en nada eso. ¿Cómo me verán en 50 años?… Pucha, ojalá que feliz. ¡Ojalá que feliz!

-¿En serio anoche estabas pensando justo en esto?  

-Sí, porque algo vi en la tele. Estaban hablando de eso y me puse a pensar sobre cómo yo quería trascender. Antiguamente, me importaban mucho más otras cosas. Creo que también, en realidad, he cambiado un montón… Hoy, realmente, lo único que me importa son ellos (su familia). Estuve en una conversación con la gente del MET, no sé, hace dos días atrás, viendo qué cosas de arte chileno podemos donar al museo, que encuentro que es importante, y siempre estoy tratando de hacer cosas como de ese estilo. Pero yo no le doy importancia, porque son las cosas que hago durante el día. Y después tiene una repercusión e idealmente es que la gente del extranjero se fije en nosotros. Nosotros (en Chile) estamos muy alejados de todo. Es como que viviéramos en una isla.

-Volviendo a lo anterior, ¿qué es hoy para ti la trascendencia?

-En un minuto, habría sido más importante, lo voy a poner de una forma media burda, lograr que hubiese una escultura con mi nombre en una plaza… No sé, estoy inventando, ¿ya? Ahora me importa mucho menos. Ahora… estoy como en cosas más simples. Es lo mismo que mi personalidad, que ha cambiado un montón. Como que ha bajado un montón de revoluciones.

“Estaba pensado eso, en cuál es la forma de trascender; y creo que antes era muy distinto a lo de hoy, cachai. Ahora sería trascender a través de mis nietos. Antes sí me importaba más trascender a un nivel de… de como algo que fuera más… físico”.

-¿Qué entra en esa categoría de cosas más simples?     

-Por ejemplo, me he dado cuenta de repente en respuestas que doy o en cosas por el estilo, que se siente de otra forma. Se siente muy diferente, como una cosa más calmada. Pienso mucho más lo que digo de lo que alguna vez lo pude haber hecho. Soy mucho más consciente de que cualquier cosa que haga le afecta a todo mi círculo cercano. Siempre he sido mucho más impulsivo.

“QUIERO QUE TENGAN UNA INFANCIA FELIZ”

-En 2019, hablando sobre el modelo de padre que buscas seguir, decías que esperabas no ser tan “regaloneador” como tu papá. Que serías más estricto. Ahora, con Cora y otro hijo en camino, repito la pregunta: ¿qué tipo de papá quieres ser?

Ha ido mutando, porque al principio era exactamente como no quería ser. Y ahora que Cora ha empezado a hacer más cosas, uno tiene que interactuar de otra forma con ellos. Me he escuchado siendo padre de una forma que era más mi sueño. Como poniendo límites y cosas así. El otro día me escuché retándola y fue como que no está bien lo que estaba haciendo. Hoy en la mañana, cuando estaba saliendo, me pasa -y encuentro que eso no está bien- que cuando la escucho llorar me escucho llorar a mí cuando era guagua. No la escucho a ella. Me acuerdo de mis sentimientos de cuando era chico. Entonces me da como una cosa en el pecho, como: “Ya, no es lo mismo, ella no está llorando por la misma razón que yo”.

Yarur se ilumina cuando habla de su hija. “Hoy día la tenía que dejar sola, y estaba jugando y no se me soltaba y no la podía dejar. Estoy llegando tarde a todas partes y yo soy súper puntual. Soy súper, súper, súper puntual. Y estoy llegando tarde a casi todas partes por lo mismo, porque me paso a despedir y ya después no sé qué hacer. No la quiero dejar. No quiero que sufra… Dicho todo eso, también he encontrado que estoy volviendo a lo que yo quería, de tener un poco más de estructura, que me parece fundamental”.

-Los niños toman algunas cosas o formas de ser de los padres, y dejan otras de lado. ¿Has hecho esa reflexión en tu caso?

-No, no la he hecho. Lo único es que quiero que sea libre, quiero que la pase bien. Yo lo pasé muy mal en el colegio y me importa que ella lo pase súper bien, que esté feliz. Que esté… sin bulla. Por lo mismo, nosotros no la mostramos ni estamos metidos en ninguna marcha. Porque yo fui bandera de muchas cosas, y para ser bandera de muchas cosas lo pasas mal varias veces. Por cualquier razón. Y no quiero meter a mi hija en ese círculo. Como que yo ya lo fui, ya hice lo que tal vez tenía que hacer… pero ya, fue una decisión mía; y a ellos no los quiero meter. Quiero que tengan sus amigos, que sean tranquilos, que estén felices, que jueguen entre ellos sin estar preocupados de otras tonteras. Que sean niños. Que tengan una infancia feliz. Yo no sé si la tuve… entonces, me importa de sobremanera. Felipe sí fue súper feliz en su infancia.

Yarur hace una pausa y continúa: “Dicho eso, una o dos veces al día me pregunto: ¿Me la voy a poder con dos? Me supero. O sea, colapso. Ni siquiera el otro ha nacido y es como: ‘Oh, ¿me la voy a poder con dos?’”.

“Ahora… estoy como en cosas más simples. Es lo mismo que mi personalidad, que ha cambiado un montón. Como que ha bajado un montón de revoluciones”.

-En algún momento tú pensabas en una familia numerosa, ¿no? Y entiendo que Felipe era un poco lo contrario.

-Felipe no quería tener hijos al principio. Pero los dos hemos pensado en una familia numerosa. Sí. Creo que vamos a hacerlo. O sea, ya no sé qué es numeroso. Todos mis amigos hetero al principio decían: “Yo quiero tener seis hijos”. Después: “No, dos son suficiente”… Es que es otro nivel. Uno está cansado, como hombre… ¡y no pariste! ¡No tienes que volver a tu peso! ¡Y no tienes una fiesta hormonal no menor! Si yo tenía respeto a las mujeres antes, ahora es como hasta por aquí (y levanta su mano muy por sobre su cabeza).

-Una vez escuché la frase: “Tú no sabes lo que es realmente amar hasta que tienes un hijo”…

Toda la razón. Es, como me dijo una amiga antes de ayer, “antes y después de Cristo”.

-Buena analogía.

-Es que es inexplicable. Cuando te dicen “me imagino”… no, no te imaginas. Me encantaría poder verbalizarlo. Es una sensación tan, tan loca. Y sobre todo, que dos hombres podamos tener hijos; es como un milagro también al final del día. Es fantástico e increíble. Estuve hablando con un señor el otro día, que tiene 63, y me decía: “Estoy tan feliz de que ustedes puedan tener hijos. En mi época fue imposible, tampoco me atreví, y ahora ya soy muy viejo y siempre era mi único sueño”. No hemos sido lo suficientemente agradecidos con las generaciones pasadas de gays, porque puta que la pasaron mal para que nosotros la pasemos mejor. Y los más chicos, los que tienen 18 ó 19, lo pasan mucho mejor de lo que lo pasamos nosotros en su minuto. En mi época, cuando yo tenía 18, era impensable. O sea, uno decía “quiero tener hijos”, pero era como una fantasía. Como que yo te dijera “quiero tener un castillo”.

Cortesía de Juan Yarur. Crédito: Santiago Utreras.

“A MÍ ME GUSTA MUCHO CHILE”

-Chile está en medio de un proceso de cambio, con la Convención Constituyente, el empoderamiento ciudadano, las próximas presidenciales… ¿En qué Chile te gustaría que vivieran tus hijos?

A mí me encanta vivir en Chile; y nada, siento realmente que mi posición política no le importa a nadie. No encuentro que sea relevante. Me gustaría que fuese (un país) seguro, porque eso no pasa. Lo que menos alguien se siente hoy día es seguro. Me acuerdo de que Chile, por lo menos en el que yo crecí, era súper seguro. Era divertido cuando mis amigos europeos venían a vivir para acá y decían: “Oye, ¿es seguro o no?, ¿tengo que andar con guardaespaldas?”, y qué sé yo. Porque escuchaban lo que era Colombia, Brasil… Y yo era como: “No, aquí no pasa nada”. Eso ya no es una realidad para nosotros. Hay cosas que han pasado, que uno escucha y ya trato ni siquiera de escuchar. Quiero disfrutar el minuto en el que estoy.

“No hemos sido lo suficientemente agradecidos con las generaciones pasadas de gays, porque puta que la pasaron mal para que nosotros la pasemos mejor. Y los más chicos, los que tienen 18 ó 19, lo pasan mucho mejor de lo que lo pasamos nosotros en su minuto”.

-¿Por qué dices “a nadie le importa mi posición política”?

-Porque no es relevante. O sea, mi tema es otro. No voy a ser ningún aporte, en ningún caso.

-El arte muchas veces tiene harto de político, ¿no?

-Sí, tiene harto de política, pero no es contingente. O sea, mira para atrás o hacia el futuro, en general. Siento que mi opinión no le va a sumar ni restar a nadie. Creo que hay cosas de las que hay que abstenerse, sobre todo cuando tienes una imagen pseudopública. Y no es por gustar más o gustar menos, simplemente porque creo que no aporta en nada.

-Podríamos convertirnos en un país donde haya cambios legales que hagan, por ejemplo, más fácil acceder a los vientres de alquiler. O al matrimonio igualitario.

-Ojalá pasen cosas, pero no tengo idea. No puedo predecir el futuro. Y el matrimonio (igualitario) se supone que va a salir pronto; eso es fantástico. Y que la gente pueda adoptar me parece fantástico también.

-¿Ese Chile te gustaría más?

-Es que a mí me gusta mucho Chile, y por eso vivimos acá. Es una elección. Somos muy felices acá; y claro, nosotros sabemos los problemas que tenemos, pero todos tienen el mismo nivel de problemas. De repente nos comparamos con otra gente y pensamos que están mejor, y no sé si están mejor. Lo que pasa es que lo miramos de lejos. Eso es como más fantasioso a cuando ya estás en ese lugar y vives la realidad de ese lugar. La opinión te cambia un montón.

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