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Nicolás Eyzaguirre: “Boric debería buscar alianza con la centro-izquierda para tener gobernabilidad”

Dice que el próximo tiempo será un “callejón estrecho” con muchas demandas y pocos recursos. De ahí su llamado a la unidad entre la izquierda y el centro. “Si nos unimos, tanto Yasna como Boric pueden encabezar un proceso serio y sostenible de transformaciones”, afirma Eyzaguirre.

Incertidumbre es la palabra del momento. En ese mar de dudas sobre qué pasará en la elección presidencial, cómo impactará la situación económica, Nicolás Eyzaguirre avanza con una propuesta: una pacto político entre los mundos que lideran Gabriel Boric y Yasna Provoste.

“Hacer cambios, cuando se ha acumulado mucha tensión y necesidad, es una operación quirúrgica compleja. Estás moviendo muchas variables al mismo tiempo”, dice el ex ministro de Hacienda de los gobiernos de Lagos y Bachelet.

A su juicio, la nueva generación de jóvenes de izquierda tienen la fuerza y la legitimidad, pero les falta la experiencia para transitar un momento con muchas turbulencias.

-Todo a la vez: acusación constitucional al Presidente; discusión sobre el cuarto retiro de fondos previsionales; advertencias sobre la economía; la elección presidencial en ebullición… ¿Cómo está viendo este cuadro?

-Hay que diferenciar los procesos largos de lo que es la coyuntura. Desde una perspectiva más larga, están pasando cosas muy interesantes. Pueden resultar o no, pero son la única alternativa para que este país sea viable. Ahora, en la mirada corta, claramente que todo esto nos hace pasar por un período de mucha incertidumbre. No es el mejor ambiente para el crecimiento económico. ¿Pero cuál es la alternativa?

-¿No hay?

-La verdad, creo que no. ¿O la alternativa sería simular que no hay problemas en el país y que luego te reviente en la cara otro “octubrazo“? Aquí hay cambios profundos que requieren ser resueltos en la perspectiva futura, pero si la pregunta es más de corto plazo, sí, la incertidumbre es complicada.

-El tema es cómo podría impactar lo económico a un próximo gobierno. Usted mismo ha hecho advertencias en ese sentido…

-Efectivamente, en el 2022 habrá una desaceleración muy marcada. Probablemente un cuasi frenazo. ¿Por qué? Porque este año 2021 nos sobregiramos. El gobierno actuó tardíamente, quizá con motivos electorales. Y la oposición  está contribuyendo alegremente con su apoyo a los retiros, olvidando la cuenta que muy probablemente le caerá en su mesa. Gabriel Boric parece visualizar esto, al menos parcialmente. Pero, claro, esto complicará adicionalmente el manejo económico y político del próximo gobierno. La inflación y la deuda pública pueden transformarse en un problema si no se prioriza adecuadamente.

De todo lo que está pasando hoy día, ¿qué es lo más preocupante?

-Dentro del concierto latinoamericano, Chile es el país que está más adelantado en su posibilidad para transformarse en un país moderno, inclusivo y desarrollado. Esa posibilidad no está cerrada, pero tampoco está segura. Perfectamente, podemos tener tropezones en el camino que nos devuelvan para atrás.

-No suena muy auspicio el tropezón…

-Estamos viviendo procesos realmente complejos. Sin embargo, aquí hay un movimiento sociológico muy interesante. Cada vez hay más actores queriendo participar en la construcción de su destino. El movimiento feminista, los pueblos originarios, las regiones. La expresión cúspide de todo esto es la Convención Constitucional. Y si uno mira la experiencia de países exitosos como Inglaterra, Estados Unidos, Australia, todos pasaron por un proceso de este tipo.

-¿Qué tipo de proceso?

-Todos esos países, antes de desarrollarse, pasaron por una participación más extendida, por una sociedad menos dominada por la oligarquía. Ese es el proceso de fondo que estamos viviendo. Ahora, claro, son momentos difíciles porque cuando la riqueza de un país la maneja un puñado de familias y la participación ciudadana comienza a decirles: “No señor, las reglas del juego las vamos a escribir entre todos”, obviamente que se gatillan incertidumbres y hay problemas con la inversión.

Efectivamente, en el 2022 habrá una desaceleración muy marcada. Probablemente un cuasi frenazo. ¿Por qué? Porque este año 2021 nos sobregiramos. El gobierno actuó tardíamente, quizá con motivos electorales. Y la oposición  está contribuyendo alegremente con su apoyo a los retiros, olvidando la cuenta que muy probablemente le caerá en su mesa.

Los procesos no van solos. Tienen actores. ¿Cómo ve a la élite en este escenario? ¿Respondiendo al momento, cegada, conectada…?

-La élite siempre está relativamente cómoda en el status quo. Y cuando tienes un proceso como el que está ocurriendo en Chile, de cambios muy profundos, la élite se desorienta. Pero si el río suena es porque piedras trae… Entonces, posiblemente esa cierta tendencia natural de la élite a preferir el orden, no será suficiente para detener estos cambios. Ahora, lo importante es que ese flujo de cambios no se desmadre.

-¿Qué podría generar un desmadre?

-Cuando las cosas se desmadran, como ha ocurrido en la historia en general y en Chile en particular, la élite retoma su lado más conservador  y los procesos se abortan. Pero yo creo que todavía tenemos una razonable posibilidad de que el río siga un buen curso. Tormentoso, pero un buen curso. Tenemos una nueva posibilidad para construir una sociedad más inclusiva.

ES LA ECONOMÍA…

¿La economía puede empapar el proceso político actual? Se lo planteo pensando en inversiones, en los grandes capitales. ¿Podría impactar eso la opción de izquierda?

-Ese es, precisamente, el problema: hacer estos cambios, cuando se ha acumulado mucha tensión y necesidad, es una operación quirúrgica compleja. Estás moviendo muchas variables al mismo tiempo. Y hay que hacerlos como decía Violeta Parra, “sin pasarse ni quedarse. Medio a medio de la raya”. Y cuando, producto de los retiros de los fondos previsionales, vas a tener una cuenta enorme a cargo del fisco para mantener las pensiones a la tercera edad; cuando tienes que meterle plata a una salud pública que ya no resiste más… Entonces, vas a tener que ser extraordinariamente claro en priorizar tus “piticlines”.

¿Esa es una advertencia para cualquier candidato presidencial? ¿O más para Boric o Yasna Provoste?

-Para todos. Porque cuando se acumulan muchas presiones, tienes que ir soltando de manera ordenada, para que no te exploten en la cara. Eso es extraordinariamente complicado. Lo estoy graficando a través de las demandas que van a haber sobre el presupuesto público y con una economía que crece muy poco. Si miras las proyecciones del Fondo Monetario Internacional, Chile dejó de ser una estrella. Tienes que reactivar el crecimiento.

-¿Cómo?

-Entre otras cosas, mejorando la educación y con inversión copiosa en ciencia y tecnología. Eso va a aumentar la productividad. El punto es de dónde sacas la plata cuando se te vengan encima todas las reivindicaciones, que ya sabemos que van a venir. Tendrás que tener mano firme y mucha claridad de hacia dónde vas y cuál es la alianza política que te sustenta. Sino puede venir el desmadre…

En el fondo aquí…

-Disculpa, pero insisto, no hay alternativa. Hay que empujar los cambios. Supongamos que gana la derecha. Todas las plazas de Chile van a estar llenas de gente protestando cada viernes. Sería un país completamente ingobernable.

¿Por qué eso le puede pasar sólo a la derecha? ¿Y a ustedes?

-Porque ya tenemos un régimen político que se ha vuelto completamente ingobernable. No sólo por la figura presidencial, sino por las mayorías parlamentarias. Presumiblemente, la suma de Sebastián Sichel y José Antonio Kast va a ser bastante inferior al 50%. Por tanto, ¿qué posibilidad tienen de armar un gobierno que tenga un mínimo control sobre el Parlamento y hacer las cosas que ellos quieren y que son completamente contrarias a lo que quiere todo el resto? No pueden gobernar así. Les va a pasar lo mismo que Piñera. Se va a terminar en una especie de parlamentarismo de hecho. Un espanto.

Cuando las cosas se desmadran, como ha ocurrido en la historia en general y en Chile en particular, la élite retoma su lado más conservador  y los procesos se abortan. Pero yo creo que todavía tenemos una razonable posibilidad de que el río siga un buen curso. Tormentoso, pero un buen curso. 

-Entonces, ¿quién asegura hoy gobernabilidad? ¿Una izquierda fragmentada?

-La gobernabilidad la da un pacto entre la centro-izquierda y la izquierda. Pero, claro, para eso tenemos que ceder de lado y lado. Lo que es claro es que el próximo gobierno tendrá pocos recursos y muchas demandas. Y como estoy seguro que el próximo gobierno será de izquierda o de centro-izquierda, es fundamental un pacto entre ambos.

-¿Por qué esa eventual alianza podría dar tranquilidad? Varios sectores temen el rol que podría tener el PC en su alianza con el Frente Amplio.

-Eso es campaña del terror. Lo importante acá es profundizar la democracia y buscar las alianzas que permitan hacer los cambios. En mi opinión, eso tiene mucho que ver con que la ultra-izquierda no domine a la socialdemocracia. Esa es mi receta. O sea, que la izquierda más radical conviva con la socialdemocracia en torno a los cambios que se necesitan, pero no que imponga sus reglas del juego. ¿Dónde las impuso? En Grecia. ¿Y qué le pasó a Grecia? Syriza  no pudo, se desbocó y volvió la derecha. Ese es el riesgo.

-Para precisar, ¿cuál sería ese riesgo?

-El riesgo es que seamos voluntaristas, que nos radicalicemos en exceso y que eso genere caos. El riesgo es que  la clase media se ponga nuevamente un poquitito reaccionaria y conservadora y tengamos una involución.

PASAR A SEGUNDA VUELTA

¿A Boric le podría pesar su alianza con el Partido Comunista? ¿Cambia el mapa de la izquierda y el centro?

-Creo que Yasna Provoste y Gabriel Boric no tienen diferencias tan de fondo. Y el tema del Partido Comunista es la coartada que siempre se usa para meter miedo. Los comunistas formaron parte del segundo gobierno de la Presidenta Bachelet. Ya tenemos la experiencia de convivir en una misma alianza. Ahora, si el PC hubiese sido el hegemónico, ahí habríamos tenido más problemas.

-¿Qué tipo de problemas?

-Ellos todavía no abandonan una cierta nostalgia estatista. Y eso tiene el peligro de una nueva élite estatista, verticalista. Yo creo en la democracia profunda, en los pesos y contrapesos, en que nadie tenga demasiado poder. Eso me preocupaba, pero en la eventualidad de que gane Gabriel, no creo que el PC vaya a ser hegemónico. Además, me imagino que si Gabriel gana -porque Yasna no pase a segunda vuelta-, eso va a estar más que claro.

El punto es de dónde sacas la plata cuando se te vengan encima todas las reivindicaciones, que ya sabemos que van a venir. Tendrás que tener mano firme y mucha claridad de hacia dónde vas y cuál es la alianza política que te sustenta. Sino puede venir el desmadre…

-¿No hay posibilidad alguna de que pueda ganar Provoste?

-En mi análisis, lo más probable es que va a ganar Gabriel. La única posibilidad de que Yasna pueda ganar, es que pase a la segunda vuelta junto con Boric. En ese escenario, es factible que la derecha la apoye.

-¿Sí?

-La derecha quedó, por el momento y aparentemente, fuera de juego. Parece ser muy difícil que Sebastián Sichel pase a segunda vuelta. Y Kast no le va a ganar a Boric.

-La situación de Sichel, ¿le abre más espacio a Provoste o a Kast?

Lo de Sichel le abre posibilidades a Yasna Provoste. O sea,  si el voto más de centro y de centro derecha se inclina por un voto anti PC, ella podría pasar a la segunda vuelta junto con Boric. No es lo más probable. Pero como yo estoy interesado en los procesos largos, lo que me importa es que la derecha no logre dividir a la oposición.

-Pero ya están divididos.

-Me refiero a que si la izquierda tras Gabriel Boric se torna maximalista o si el centro que apoya a Yasna Provoste se sume en el anti comunismo, perderemos la oportunidad histórica de construir un nuevo pacto social inclusivo. Lo importante es que ambos busquen un país común y no se polaricen para ganarle al otro.

-¿Realmente lo ve posible?

-El espacio es estrecho.  Si se divide el centro y la izquierda, nos vamos a frustrar, habrá desequilibrios, desbordes y estancamiento y, más temprano que tarde volverá la derecha a deshacer en nombre de la seguridad y el progreso. Pero si nos unimos, tanto Yasna como Gabriel pueden encabezar un proceso serio y sostenible de transformaciones.

-¿Qué tendría que ceder cada uno para aterrizar en un pacto común?

-Boric debería buscar alianza con la centro-izquierda para tener gobernabilidad. Lo mismo si ganara Yasna. Ella tendría que buscar una alianza política con la izquierda más radical.

En mi análisis, lo más probable es que va a ganar Gabriel. La única posibilidad de que Yasna pueda ganar, es que pase a la segunda vuelta junto con Boric. En ese escenario, es factible que la derecha la apoye

Pero hay un dato: Boric y el Frente Amplio se han constituido desde la crítica profunda a su generación política, a la Concertación. ¿Por qué podrían terminar pactando con ustedes?

-Porque, como dice el dicho: “La necesidad tiene cara de hereje”. Piensa en la cantidad de pullas que se echaron el PSOE en España y el Podemos, y bueno, gobernaron juntos. Y si tú miras el ideario de Yasna Provoste y el de Gabriel Boric, son muy parecidos. ¿Cómo no nos vamos a poder poner de acuerdo?

-¿Y qué pueden aportar ustedes?

-¿Quiénes son ustedes?

La centro-izquierda, los ex Concertación…

-Podemos aportar una tremenda experiencia. Nosotros conocemos exactamente los detalles, el mosaico del callejón estrecho. Ellos tienen toda la fuerza, toda la legitimidad, pero no lo conocen. Y aquí, hay que cuidarse de los tropezones. La derecha va a esperar detrás de los matorrales. El crecimiento va a ser bajo, los salarios reales van a caer, te quiero ver cómo gobiernas así. Entonces, aquí hay que ser muy cerebral, con mucho diálogo con la ciudadanía, muy didáctico, explicarles qué se puede y qué no se puede. No nos perdamos. Si se logra la unidad de la oposición, se podrán hacer los cambios en profundidad y este país se va a haber sacado de encima 50 años de restricciones.

-Le insisto: la gran crítica de esa izquierda arranca de los 30 años en que ustedes fueron gobierno. ¿Podrán saltar esa valla?

Es importante que el análisis de hoy recoja lo vivido. En estos años han habido frustraciones, y grandes, pero también avances. Durante 30 años navegamos dentro de un diseño que hizo la dictadura. Habían amarres, senadores designados, altísimos quórum para hacer los cambios. Era la Constitución de Pinochet. ¿Por qué digo esto? Porque los críticos de ese proceso olvidan que la alternativa, que era partir de una hoja en blanco, nunca estuvo disponible. Y la estrategia de insurrección que llevó adelante el PC durante los 80 fracasó, y en buena hora que fracasó.

Lo importante acá es profundizar la democracia y buscar las alianzas que permitan hacer los cambios. En mi opinión, eso tiene mucho que ver con que la ultra-izquierda no domine a la socialdemocracia. Esa es mi receta. O sea, que la izquierda más radical conviva con la socialdemocracia en torno a los cambios que se necesitan, pero no que imponga sus reglas del juego.

-Pero parte de esa crítica es que mantuvieron el modelo de la dictadura…

Fue muy difícil avanzar, pero lo hicimos. Ahora, no te puedo negar que también dentro de la coalición gobernante hubo dudas. A algunos les comenzó a gustar el esquema neoliberal que teníamos en Chile. Entonces, algo de lo que dice la izquierda más radical hoy día, respecto de que nosotros no damos garantías de que realmente estemos convencidos de las reformas,  es cierto. Y lo vivimos con sectores de la Democracia Cristiana en el gobierno de la Presidenta Bachelet. Sin embargo, en el escenario de que gane Gabriel, creo que él va a tener que abrirse hacia la centro izquierda y olvidar un poco a Soledad Alvear, a Ignacio Walker y a otros que andan mirando comunistas por todos lados. La situación del país lo requiere.

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