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Claudia Huaiquimilla, cineasta: “El miedo de todos es que el Sename pase por un cambio de nombre y no por un cambio real”

La nueva película de la directora de “Mala Junta”, “Mis hermanos sueñan despiertos”, se estrena la próxima semana en Chile, luego de arrasar en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara. En conversación con The Clinic, la cineasta habla sobre la infancia, el abandono y la importancia de no dejar de soñar. “Es algo que parece pequeño, pero muy poderoso en nuestro país que ha sido tan maltratado”, afirma.

Corría el año 2017 cuando Claudia Huaiquimilla ingresó por primera vez en un Sename. En ese entonces, participó de un programa que define como “muy valioso”: Escuela al Cine, que tiene por objetivo formar públicos escolares para el cine y el audiovisual chileno.

“El Sename pidió ser parte de las exhibiciones de películas, conversatorios, etc. Y ahí pude visitar por primera vez una de esas instituciones”, recuerda. Lo que vio ahí jamás se le olvidaría.

“Para ingresar y poder proyectar ya hubo problemas porque uno no puede ingresar cualquier cosa. Ese fue el primer impacto: tener que pasar por Gendarmería, el corta fuego y después ir a las casas… Y cuando conocí los testimonios, lo que estaba pasando ahí, no pude dejar de pensar en estas chicas, en estos chicos, en esto profes, en este lugar, en el desconocimiento que yo tenía de este espacio”, cuenta la directora de la película chilena Mala Junta (2016), premiada en festivales como Toulouse, La Habana y Valdivia, nominada a dos Premios Platino, y aclamada por la crítica internacional.

Con esos recuerdos en mente, Claudia Huaiquimilla decidió que debería hacer más por esos niños. Empezó a investigar. Conoció entonces la historia de 10 jóvenes que murieron en 2007 en el Sename de Puerto Montt. “Me tocó ir a ese centro y ver el único vestigio que queda de que existieron: una pequeña animita en donde sus fotos ya están borradas por la lluvia y el paso del tiempo”. La cineasta se paró frente a esa animita y sintió lo que define como un llamado a honrar a esos niños. A contar qué soñaban, qué aspiraban, cuáles eran sus deseos al salir en libertad y qué los llevó a pensar que amotinarse era la única opción de un futuro distinto.

Así nació “Mis hermanos sueñan despiertos”, su nueva película, cuyo elenco está liderado por los debutantes Iván Cáceres y César Herrera, acompañados por Paulina García (Oso de plata por “Gloria”), Andrew Bargsted (“Mala Junta”), Julia Lübbert (“Rara”) y Sebastián Ayala (“El reemplazante”), entre otros. La obra -que fue vista de forma exclusiva por The Clinic– se estrenará en Chile el próximo 21 de octubre, convirtiéndose en la primera cinta chilena en exhibirse en las salas desde la reapertura de los cines.

Con el film, que arrasó en el Festival internacional de Cine de Guadalajara al obtener los premios a Mejor Película, Mejor Guion y Mejor Actor, Claudia Huaiquimilla (34) busca que el espectador “empatice con esta situación límite: ¿qué es lo que haríamos nosotros en ese espacio? Y no solo por protegernos a nosotros, sino a otro a quien queremos mucho”. Que todos piensen en los 1796 jóvenes que murieron entre 2005 y 2020 en proyectos de la red Sename, a cargo del Estado chileno.

Premiación del Festival Internacional de Cine de Guadalajara. Crédito: © FICG / Gonzalo García & Servando Gómez Camarillo

-¿Cómo te sientes tras estos reconocimientos que obtuvieron en el Festival de Guadalajara?

-Muy contenta. Todos del equipo están muy contentos. Fue muy emocionante. Nosotros tuvimos el estreno un poco antes en Suiza en el Festival de Cine de Locarno, y fue la primera vez que nuestro protagonista viajó fuera de Chile, entonces ya fue una aventura. Fue muy lindo poder volver, además, a salas de cine, con público, escuchar la reacción tanto en Suiza, pero aún más en México que comparten nuestras problemáticas… Fue muy lindo que haya un reconocimiento al talento joven de Iván como mejor actor. No esperábamos para nada ganarnos mejor película y mejor guion, fue súper inesperado, bonito y simbólico. Lo tomamos, sobretodo, como una energía ahora que tenemos que dar una batalla no menor tras 19 meses sin que esté una película chilena en salas de cine.

-Además, un dato no menor es que se lanza justo en el mes en que se terminó el SENAME y comienza a regir el Servicio Mejor Niñez. ¿Tienes fe en esta nueva institución?

-El miedo de todos es que el Sename pase por un cambio de nombre y no por un cambio real. Creo que es importante que como sociedad completa no dejemos de atender y de estar muy encima del resguardo de los derechos de la infancia y de la adolescencia. Nosotros como equipo lo que queremos hacer es aportar al diálogo desde un lugar sensible, atender ese lugar porque no es un espacio en donde está todo perdido, sino que es un espacio donde hay vidas valiosas que es importante resguardar y que corren peligro de ser vulneradas. Creo que ese es el dialogo que nosotros podemos hacer e intentar mirar más allá de los prejuicios de ese espacio y con humanidad. Son personas a las que les hemos fallado. No podemos cargar con un estigma y cortar alas radicalmente porque son niños y niñas han estado en ese centro sin hacernos cargo de ellos.

“¿Qué es lo que haríamos nosotros en ese espacio? Y no solo por protegernos a nosotros, sino a otro a quien queremos mucho”

-A propósito, en un momento de la película una asistente social les dice: “cierren los ojos, ¿cómo se ven ustedes? (…) la gente cuando mira para acá ve rejas, yo veo cabros que viven juntos”. ¿Cómo ves tú a esos jóvenes?

-Para mí algo muy valioso del cine es que nos permite acercar al punto de vista que pueden ser muy distantes a nuestra realidad, y para mí, al ir a visitar estos centros, yo combatí mis propios prejuicios o mi desinformación. Yo esperaba entrar a una casa de acogida y me encontré con una cárcel, en donde tuve que dejar mi celular, mi teléfono, para poder acceder. A lo mejor yo esperaba reacciones mucho más duras y lo que vi fueron chicas y chicos que se aferran a tener lazos de fraternidad que han sido negados para ellos. Muchos no han tenido contacto con sus familias en mucho tiempo y sus familias se transforman en sus pares que están en el lugar. Yo veo que son vidas que tienen ganas de oportunidad, a veces que están muy dolidos, con muchos dolores, con mucho miedo a ser nuevamente agredidos, y con ganas de que no les traten nuevamente con un trato indigno. Cuando yo visité ese lugar, al salir no pude dormir en paz porque veo mis privilegios versus lo que le está pasando a estos niños en este lugar y me parece que es necesario hacerme cargo yo también. Y así lo hago desde mi lugar, que no soy asistente social ni política (se ríe). Y como desde mi lugar, como artista, lo que puedo ayudar es a generar un diálogo desde una perspectiva humana.

“Nosotros como equipo lo que queremos hacer es aportar al diálogo desde un lugar sensible, atender ese lugar porque no es un espacio en donde está todo perdido, sino que es un espacio donde hay vidas valiosas que es importante resguardar y que corren peligro de ser vulneradas”

-Justamente la película, más allá de lo trágica que puede llegar a ser, profundiza en la intimidad de los personajes, en sus contradicciones, risas, sueños. ¿Por qué optaste por ese camino?

Exacto. Creo que para mí es importante mostrar esa luz que yo sí veo en las personas, que así veo a mis compatriotas. Me he dado cuenta lo aristócrata que es el entorno del cine, justamente porque el financiamiento es tan costoso que creo que es una de las artes que se vuelve más aristócrata. Y creo que, para mí, viniendo de otra realidad, desde otra clase social, además siendo indígena, me ha tocado ver el retrato prejuiciado e indigno de mis pares y creo que es importante para mí transmitir ese retrato digno y donde está la luz. Yo veo inteligencia, yo veo chispeza, como diría Gary Medel, veo belleza también en estos personajes. Y para poder resguardar esta vida y mostrarle a los demás que es valiosa, creo que para mí es importante hacer eso: un retrato que tiene que ver con lo más humano… El retrato desde una sensorialidad de lo que puede significar estar encerrado, más que algo netamente de denuncia pura y dura.

En ese sentido, llama la atención el lugar donde se pasa la película: en la punta del cerro. Que es lindo, pero también es un espacio totalmente alejado de la sociedad y donde uno suele mandar a otro cuando está enojado…

-Sí, eso fue intencional. De hecho, el buscar finamente en qué centro íbamos a filmar, no solamente pasó por la colaboración, sino también buscar un poco ese efecto. El centro en el que filmamos igual está más cercano a cierta construcción urbana, pero nosotros generamos esa ilusión de que estuviera absolutamente aislado, porque creo que un poco ese es el ejercicio que hace la sociedad: tratar de aislar y que no veamos lo que está sucediendo ahí para que de algún modo no nos enteremos y tampoco nos importe. Ese es el ejercicio que nosotros queríamos retratar, de cómo estas voces parece que quedaron perdidas en este espacio y nadie más las escuchó, se perdieron con el viento, así como los silbidos que los pajaritos…, para quienes lo vean después lo van a entender de cómo se va asimilando todo. En la película el único escape que tenemos de este encierro son los recuerdos, sueños del personaje y que están muy asociados a lo que rodea esta cárcel, así que bueno, un poco por eso lo escogimos y también se manejó la imagen para que diera esa sensación.

“Yo esperaba entrar a una casa de acogida y me encontré con una cárcel en donde tuve que dejar mi celular, mi teléfono, para poder acceder (…) A lo mejor yo esperaba reacciones mucho más duras y lo que vi fueron chicas y chicos que se aferran a tener lazos de fraternidad que han sido negados para ellos”

-Pero aislarlos es tapar el sol con un dedo…

-Claro, es hacer vista gorda a las desigualdades de nuestra sociedad y especialmente de nuestro país. La cancha no está pareja, es demasiado desigual y creo que juzgar con una vara tan dura a chicos que muchas veces se han visto obligados para sobrevivir en cometer delitos o incluso el consumo de drogas ha sido para intentar sobrellevar a veces el peso y la violencia institucional que hay. Me parece sumamente duro el no ofrecer una ayuda. Creo que en este momento en que estamos, viendo cómo criminales son gente que está en el poder, que ha hecho mucho daño a muchas personas y no tienen ese rigor de ser juzgados, me parece que en este momento lo que hay que hacer es prevenir, es atender y es entregar una mano a esos jóvenes a quienes, de algún modo, todos hemos fallado. Creo que llegó el momento de hacer un llamado de urgencia y por eso me parece relevante hoy, en que estamos discutiendo y se está escribiendo una nueva Constitución -yo muy orgullosa además de que sea Elisa Loncón, una referente para mí desde niña- de tener eso en cuenta y que quede escrito.

¿Qué debate te gustaría generar con la película una vez que se estrene la semana que viene?

-Me gustaría que se hiciera un llamado a la acción desde un lugar humano, desde lo que yo vi: que estos jóvenes en realidad estaban siendo aislados de un montón de sistemas que debieran estar atendiéndolos. Me parece que no podemos desatender a la infancia y menos la infancia que está en estos momentos más vulnerada. Si queremos equiparar la cancha y la desigualdad, tenemos que hacernos todos parte de ello y por eso yo parto desde la cultura invitando a mis colegas y cada uno desde su rol a aportar a que no sean aislados.

“El centro en el que filmamos igual está más cercano a cierta construcción urbana, pero nosotros generamos esa ilusión de que estuviera absolutamente aislado, porque creo que un poco ese es el ejercicio que hace la sociedad: tratar de aislar y que no veamos lo que está sucediendo ahí para que de algún modo no nos enteremos y tampoco nos importe”

-¿Crees que las políticas públicas dependen de la presión que cualquiera puede ejercer desde la sociedad civil?

-Absolutamente. Creo que está muy demostrado que nosotros sí podemos ser generadores de cambio. Además, fue la misma adolescencia el 18 de octubre que nos hizo esa señal de despertar y que tenemos que generar comunidad y aglutinarnos para exigir también ciertos derechos y no solamente cuando nos beneficie a nosotros en el presente y en lo directo. Tenemos que estar atendiendo también a quienes más nos están pidiendo y que no tienen voz propia para exigir en estos momentos. Creo que uno también tiene que pulir ese rol y me parece que a mí como artista es el que se me fue designado en este momento, solamente ser un canal para esas voces y sueños que en otro espacio no están teniendo cabida.

“Creo que juzgar con una vara tan dura a chicos que muchas veces se han visto obligados para sobrevivir en cometer delitos o incluso el consumo de drogas ha sido para intentar sobrellevar a veces el peso y la violencia institucional que hay”

-¿Tienes una relación importante con los sueños? Claramente el soñar despierto o durmiendo es un eje fundamental en tu película.

-Sí, muy importante. Como Mapuche, los “peumas” son algo sumamente importante porque todo tiene que ver con un espiral. Eso nos permite comunicarnos también con ancestros, con pasado, presente… Entonces para mí es sumamente importante lo que me van revelando los sueños y creo que esa forma en que me contaron a mí mis relatos, la forma en la que yo me aproximo a los “peumas” o a los sueños está quedando marcado en mi cine (se ríe). La gente me pregunta “¿hay algo de la temática Mapuche o que tú seas Mapuche en ese cine?”. Inherentemente sí. Porque es lo que me conforma. Creo que eso está un poco plasmado en el tratamiento de la película y por eso también fue importante el retratar más el inconsciente o mi imaginario del inconsciente de estos chicos que la realidad pura y dura en la película.

“Tenemos que estar atendiendo también a quienes más nos están pidiendo y que no tienen voz propia para exigir en estos momentos”

-Finalmente, ¿cuál es la importancia de no dejar de soñar incluso en los espacios donde prima la desilusión?

-Creo que estamos en una sociedad en donde hay mucha violencia, mucha opresión y en donde constantemente hay tratos indignos y en donde se intenta romper el espíritu. Aquí yo recuerdo a Raúl Zurita que también vivió tanto dolor y tortura en su encierro, pero que hablaba de eso, de la resiliencia, de que nunca nos pueden cortar esa libertad, esa pequeña esperanza que nos hace aferrarnos a la vida. Creo que es importante nunca coartar esa posibilidad que tiene que ver con el sueño, nunca permitir que nos quiebren el espíritu y creo que es importante resguardar que nuestra infancia nunca deje de poder soñar. A mí me ha tocado visitar comunidades en donde gran porcentaje de los niños que asistían al colegio eran Mapuches. Me llevaban a veces a conversar, tras mi película, simplemente para que los niños y niñas me vieran y vieran que una persona real, de carne y hueso, similar a ellos, podía contar una historia, porque a veces hemos sido tratados de manera tan indigna que no sentimos que nuestras historias sean valiosas. Creo que el empoderar, el tratar con dignidad y el decir que es importante soñar es algo que parece pequeño, pero muy poderoso en nuestro país que ha sido tan maltratado.

“Creo que es importante nunca coartar esa posibilidad que tiene que ver con el sueño, nunca permitir que nos quiebren el espíritu y creo que es importante resguardar que nuestra infancia nunca deje de poder soñar”

Afiche “Mis Hermanos Sueñan Despiertos”

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