Leo Caprile, comunicador: “¡Maduro me cae como el orto, pero también me caía mal Pinochet!”

Vive en el campo, prácticamente a solas. Está en paz, está relajado. Aquí el conductor de radio y televisión habla de su tranquilidad, de su nuevo emprendimiento, de la política, de los candidatos, de su futuro político en alguna municipalidad, de la tele, y, sobre todo, de sí mismo, de su búsqueda. De lo que es en realidad.

Esta leyenda de las comunicaciones vive a ocho kilómetros de Curacaví e informa que, verídicamente, está en paz. Y que su vida ha cambiado. Según parece, él, la leyenda viva, Leo Caprile, ya no se estimula con los focos, sino con la quietud. Tiene 62 años y luce una melena de azteca, larga y negra: no registra una sola cana. Es un joven con tres arrugas y dos hijos y ha sido, desde hace cuarenta y cinco años, un héroe del micrófono. Pero los hechos son tajantes: el héroe dio un viraje y se instaló a vivir para siempre en la naturaleza.  

Hoy Leo es un filósofo que reside en el campo.  

-¿Aló? ¿Aló?

En estos momentos trata de aparecer en un Zoom. Sujeta virilmente un cigarro apagado en la boca, se ajusta un sombrero de Indiana Jones. A continuación, Leo Caprile, a tono con su relajo, dirá un garabato:

-No escucho, huevón.

-Le decía que ahora se parece a Harrison Ford…

-No escucho, huevón -insiste, mordiendo el tabaco, como un John Wayne de Curacaví. Tabaco, sombrero, voz firme: al reportero le da la sensación que Leo, cobijado en la soledad del campo, ajeno al maquillaje y a los cócteles, ha adquirido unos modales de macho salvaje, un look más rústico, tal vez, en efecto, está en Modo John Wayne, en actitud rural. Y, por ejemplo, ahora pone los ojos achinados enfocando la cámara o el sol. Es un cowboy forjado en Limache.

-Ahora te escucho, huevón.

Y ríe, sin razón, con ínfulas masculinas:

-JAJAJA. Te escucho. Tuve que resetear -y camina mientras va siendo enfocado por el viejo Lenovo.

Y de pronto, sin ceremonias, se desprende del sombrero. Y le brotan las mechas largas.

-Tengo más pelo que la cresta.

Se lo peina con ira.

Es una chasca hipnótica, de rockero, un pelo joven. Es que Leo Caprile nació en 1959, en el auge de Paul Anka, pero no tiene edad. Sólo es Leo Caprile, una marca. Leo Caprile, el famoso conductor que lee libros, el ronco más simpático de Chile. 

-¿Con quién vive ahora, Leo?

-Conmigo mismo.

-¿Y su esposa?

-A veces viene. JAJAJA.

Su esposa se llama Irina Toro y, lógicamente, engendró a dos toros de apellido Caprile. Uno de los toros Caprile estudia Diseño y el otro es un torito en etapa colegial. Irina, la esposa, oscila entre la ciudad y la pradera. A veces se interna en el Territorio Caprile y se topa con el marido en estado bucólico y entonces se duerme en sus brazos. El fiero alfa, Leo, no sale del campo. Vive entre árboles y el ganado. Entre el pasto y el viento. Ocupa su tiempo en filosofar, en cultivar vegetales, en fumar mirando abejas. 

-Y tengo mi estudio de radio justo en el bar.

-¿Es una metáfora?

-No, huevón, es la verdad. Transmito desde aquí para Radio Azúcar.

-¿Qué más hace?

-Recojo tomates. El campo es mucha pega. Tengo que preparar el almuerzo. Pero… ¿te digo algo?

-Por favor…

Y Leo respira.

-Esta huevada es media mística, pero… estoy entregado a un fuerte diálogo con la naturaleza, con los árboles, con el pasto, con los animales, con los perros.

-¿Se enriquece?

-Sí, es una maravilla…

-Y no es anormal lo que dice, Leo… De todos modos ¿hay seres humanos en su entorno o en un radio cercano? -pregunta sutilmente el reportero.

-Hay un gallo.

-¿Un gallo persona? -corrobora la prensa.

(Leo, dada la situación, podría haber estrechado lazos con un ave. Y eso de ninguna manera sería algo ridículo, sino, al contrario, lo engrandecería).  

-Un campesino. Muy buena onda. Un gallo de campo. Arreglamos cosas juntos. 

-¿Se siente solo?

-Yo le digo a mis hijos: hay que aprender a valorar la soledad, no así el individualismo que es otra cosa. 

Tras una pausa, Leo confirma otra de sus actividades.

-Sí, bueno, también tengo un pequeño emprendimiento…

-¿De qué se trata?

-Recibo gente. 

Esta huevada es media mística, pero… estoy entregado a un fuerte diálogo con la naturaleza, con los árboles, con el pasto, con los animales, con los perros.

-¿Con qué objeto recibe gente?

-Recibo gente que, no sé, quiere hacer un evento, alguna actividad, juntarse por algún motivo.

-¿Usted es un anfitrión profesional?

-Y me encanta. Me he dado cuenta de que lo hago bastante bien.

Leo cuenta que recibe a la gente con amabilidad y una agradable producción gastronómica. Ofrece vinos y conversación lúcida. Pasea a los invitados por la casa y tal vez les dona alguna anécdota

-¡Y esto ha ido prendiendo! Empezó como una casualidad y se ha ido difundiendo. Yo no he hecho ninguna promoción…

-¿Y cómo llega la gente?

-No tengo idea. La gente llega sola.

-¿Saben que aquí dan comida?

-Parece que llegan dateados para realizar sus eventos. Yo simplemente los atiendo. Puta, soy seco para atender.

Y suelta al rato:  

-Puta que es rico este silencio, la naturaleza…- y mira a su alrededor.

Lo cierto es que este Leo rural, en fin, se haya partido en dos mitades: es la soledad y el gentío. Este Leo es mitad John Wayne y mitad Mr. Roarke, el anfitrión de La Isla de la Fantasía

APAGUEN LOS FOCOS

-¿Y la televisión?

Prende el cigarro que estaba mordiendo. Suelta el humo. A sus espaldas lo vigila el banderín de Colo-Colo.

-Na -suelta, desinteresado.

-¿Qué?

-Na -insiste.

El reportero lo debe enfatizar: Leo Caprile es un tótem de la radiofonía chilena y es un líder de televisión que animó en todos los canales (TVN, Canal 13, CHV, Mega, La Red), en todos los horarios, de mañana, de noche, en horarios muertos, en horarios vivos. Leo Caprile cocinó, bailó, conversó entre cojines, fue jurado del Festival de Viña, animó festivales en lugares bucólicos, fue formal e informal. Usó corbatas, se abrió la camisa, se rapó en los noventa, se alargó los pelos en el siglo 21. Estuvo afeitado y estuvo con bigotes. Fue lampiño, se dejó patillas, tuvo risas, le enfocaron una decena de llantos. Toda su vida ha estado en vivo y en directo: este hombre es la radio y la tele. Es un Don Francisco sin Miami. 

Y, al mismo tiempo, es el conductor que ha dado un giro. Hoy se vincula más a ese Indiana Jones que muerde el cigarro que a Julio César Rodríguez y su multipresencia mediática.

-¿Usted considera que está en otra?

Silencio. Sonrisa.  

-¿Siente que ya lo hizo todo, que no le seduce el medio?- añade el reportero, abatido.

-O sea… Yo vengo bajando hace rato, yendo a otra parte. No estoy para estresarme por 4 puntos de rating. Ya lo viví. Estoy en una etapa de encantamiento. Estoy en paz aquí en el campo. De hecho, hago radio, que me encanta, pero sin salir de mi casa.

Leo cuenta que recibe a la gente con amabilidad y una agradable producción gastronómica. Ofrece vinos y conversación lúcida. Pasea a los invitados por la casa y tal vez les dona alguna anécdota. 

-¿No le dan ganas de salir?

-¡Imagínate que hace un año que no compro una pilcha!

-¡Pero tiene que salir, Leo, es necesario…!

-Estoy en otra cosa. Yo siempre he tenido una cosa espiritual.

Todos lo saben: Leo es hondo. A Leo le tocan la oreja y él de inmediato cita a un filósofo. Su nombre, Leo, ya lo indica: por algo es la conjugación protagónica del verbo leer. Le gusta pensar, es un adicto a la reflexión. Desde ya, aquí abreviamos algunas de sus reflexiones:

-En la tele está todo hecho. La diferencia la hacen los conductores.

La siguiente reflexión engloba la esencia de la televisión:

-Compadre, la tele es el arte de contar cosas.

Y luego:

-Como comunicador de la vida sé cuando un comunicador es de verdad o es de mentira. Con sólo mirarlo.

En este punto interviene la prensa:

-¿A qué apunta?

Leo arroja humo. Se sacude la melena. 

-A muchos comunicadores que intentan cumplir cierto rol social, pero que uno sabe que eso no está metido filosóficamente en ellos.

Dice que quiso ser agrónomo, pero que al ser hijo del señor Luis Alberto Caprile, un díscolo rico en carisma, terminó convertido en comunicador. Su mamá era profesora de bordado y dictaba clases para aprender a ser dueña de casa. 

Yo vengo bajando hace rato, yendo a otra parte. No estoy para estresarme por 4 puntos de rating. Ya lo viví. Estoy en una etapa de encantamiento. Estoy en paz aquí en el campo. De hecho, hago radio, que me encanta, pero sin salir de mi casa.

-La tele jamás me puso nervioso. La tele jamás me obsesionó. Yo hacía tele y me iba para mi casa. 

-Debe volver a la tele- le desliza el reportero.

Leo fuma.

-Na… -acota. 

Y mira el campo.

-¿Sabes lo que me gustaría?

-Qué.

-Un programa de entrevistas

-Lo veo en eso…

-Me gustaría un programa de entrevistas en que yo fuera siempre el entrevistado…

-¿Qué se preguntaría?

-No sé. Pero ese entrevistado diría lo que se le pare la raja.

Y suelta más humo. Y de fondo se escuchan unas gallinas. 

Y Leo está feliz.

LA VIDA EMPEZÓ

Y Leo de pronto deja de estar feliz. Ocurre que el reportero le pone un tema que estorba el relajo: hablemos de Chile, le dice con torpeza. Hablemos de este país en aprietos, le dice otra vez. Y a John Wayne se le acaba la paz interior y entonces comunica que está muy preocupado. 

-Yo siempre he sido de izquierda. De formación republicana.

-¿Qué teme?

-Creo que nos están haciendo estúpidos.

-¿Tiene certezas al respecto o es un pálpito?

-O sea, huevón, hay dos opciones: o nos están haciendo estúpidos o somos un país muy estúpido. ¡Mira lo que está pasando!

El reportero intenta rápidamente mirar lo que está pasando.

Leo da detalles:

-¡¡No puedo creer que el que lidere entre los presidenciables ahora sea Kast!!

-Lo dicen las encuestas…

Y Leo emite una risa sarcástica.

-Ja. Las encuestas.

La tele jamás me puso nervioso. La tele jamás me obsesionó. Yo hacía tele y me iba para mi casa. 

-Pero, Leo, ¿qué hace usted si gana Kast?

-¿Cómo?

-¿Se iría de Chile, por ejemplo?

-Noo. Si yo no tengo problemas con el capitalismo. Si bien durante la pandemia tuve que ordenarme, vender algunas cosas, debido a que pasé de animar seis festivales al año a animar uno solo, en fin, pese a todo eso, si gana Kast a mí no me perjudica directamente. Pero sé que a muchos otros sí. Por eso yo llamo a votar con generosidad, no pensando en uno mismo.

-¿Y Boric?

-Bueno, tiene cosas buenas. Me gusta eso de la economía circular. Creo que puede traer alegría, eso de subirse a un árbol. La libertad. Pero a mucha gente parece que le preocupa que esté ligado a los comunistas.

-¿Le dan miedo los comunistas?

-Para nada. 

Y luego exclama:

-¡En todo caso a mí Maduro me cae como el orto, pero también me caía mal Pinochet! ¡El dictador es lo peor de la especie humana!

-¿Y Parisi?

-Es un maniquí que salió de la tienda Boss y que ha dejado un rastro de chanchullos.

-¿Y Artés?

-Un romántico. Vive una fantasía política, pero es un viejo lindo.

¡¡No puedo creer que el que lidere entre los presidenciables ahora sea Kast!!

Y le cae bien MEO, no opina tanto de Provoste ni de Sichel. Y cree que la política está sucia, que nadie ayuda al urgido, que nadie le da un bono responsable al vulnerable. No hay solidaridad, reclama. Al pobre lo dejan esquinado. Y que Kast, bueno, de que es nazi, es nazi. Y de que MEO es obstinado, es obstinado. Todos anhelan el poder, el prestigio, la gloria, la mención en los libros. Y el reportero lo mira, atónito, y le confiesa con honestidad.

-¿Por qué no está en la política, Leo?

-Me lo han ofrecido muchas veces.

-¿Qué hará?

-Puta…

-Es el momento…- lo estimula la prensa subjetiva.

Y Leo abre su corazón electoral y admite:

-Puede que sea candidato en algo ligado a lo municipal.

-¿Alcalde? 

-Mm…me gusta lo que hacen los alcaldes. Es muy probable que asuma esa función.

-¿Será el alcalde de Curacaví?

-No diré el lugar. Es una zona bucólica, con poca gente. Lo que me gusta.

Y, entre risas, dice la frase de los políticos:

-Estoy en periodo de reflexión.

Pero, por el momento, insiste, es el hombre libre, el vaquero de melena negra, el que colecta los tomates. El ídolo en soledad. El animador zen. El que fuma y fuma (“Puta qué rico es fumar”) bajo la parra releyendo a Parra. Es Caprile sin prisas, en plena vida.

-Yo desde chico quise ser viejo.

-¿Por qué?

-Quería ser sabio, ser consejero. No tener presiones sexuales. Pero te voy a decir algo que me he dado cuenta…

-Diga.

-Cuando te haces viejo, vuelves a ser niño.

-¿Cómo?

-¡Todo lo que te prohíben, lo quieres hacer! Pero la gracia es que ahora no le tienes que pedir permiso a nadie…

-¿Pero qué ha hecho, Leo?

-No sé, huevón…estoy en una edad en que me permito ser más simpático. ¡Ahora soy un anfitrión feliz! ¡Y fumo! ¡Y como! ¡Y voy a gozar hasta el último día!

-Está gozando, Leo…

-Siempre viví pensando que no tenía que opinar, que lo mío es la entretención. Siempre estaba el miedo a desperfilarse.

-¿Y qué piensa ahora?

-Ojalá hubiese sido más valiente. Ojalá hubiese sido más combativo en el peak de mi carrera…¡¡¡Ojalá hubiese nacido desperfilado!!! 

Y se queda con una mano en el mentón, meditando.

Puede que sea candidato en algo ligado a lo municipal

-Siempre hay tiempo para desperfilarse, Leo- lo apoya el reportero.

Leo sonríe.

-Mira -dice- la vida se empieza a gozar a los 50. Nada te apura. Y, bueno, yo ya despegué hace rato. ¿Y sabes algo?

-Qué…

Leo pone la mirada en otra parte, como si se hablara a sí mismo.

-Yo estaría todo el día jugando de guata con mis perros…

-Como un niño…

-Como un niño… -repite, despacio, como si al fin se hubiese liberado de algo.

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