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Raúl Zurita: “Es un error garrafal demonizar a Kast (…) Pero yo me suicido antes que votar por él”

Al día siguiente del segundo aniversario del estallido social en Chile, Raúl Zurita dedicó casi dos horas de su tiempo a conversar con The Clinic. En esta entrevista, analiza el Chile de hoy, comenta sobre su apoyo a Boric y critica a la derecha. También profundiza sobre su obra literaria, el paisaje y su incursión en la música. "El rol del arte es siempre sembrar la esperanza", sostiene.

Su cuerpo, dice, funciona como una sala llena de niños inquietos. Niños que juegan de un lado hacia el otro hasta que un adulto -el papá, la mamá, un familiar cualquiera o un profesor- les dice “congelados”.

El freezing, le explicó hace más de 20 años el neurólogo, es uno de los efectos del Parkinson: sin ninguna señal previa se le paralizan las piernas como si le hubieran congelado. Quiere moverse para un lado, pero su cuerpo se queda quieto y se cae.

Raúl Zurita (71) dice que esta enfermedad lo tiene “entumecido” y que debido a eso no pudo -aunque quería- participar en las manifestaciones del segundo aniversario del estallido social. “Habría ido feliz, como fui hace dos años, pero me caigo con mucha facilidad y se me hace muy difícil desplazarme, y me es imposible correr, cuando hay mucha gente”.

Y claro, el poeta no puede correr. Pero solo físicamente. Porque sus palabras hacen lo que a sus piernas les fue limitado.

Premio Nacional de Literatura de Chile (2000), José Lezama Lima de Cuba (2006), Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda (2016), Iberoamericano de Letras José Donoso (2017) e Iberoamericano de Poesía Reina Sofía (2020), entre otros, Raúl Zurita sigue imparable. Escribe, da entrevistas, conversa con jóvenes estudiantes, tuitea y está siempre con la mirada puesta en lo que ocurre en el país.

En ese sentido, aunque no pudo ir a Baquedano el pasado 18 de octubre, sí siguió de cerca con su esposa, la escritora Paulina Wendt, todo lo que ocurrió. Y al día siguiente a primera hora, minutos antes de esta entrevista, publicó en sus redes sociales, con letras mayúsculas: HONOR Y GLORIA.

Era un homenaje, en parte, al abogado y periodista Carlos Berger, que justamente en un mes de octubre, pero de 1973, fue una de las primeras víctimas de la Caravana de la Muerte. Y también “a todos los caídos, en aquella época y ahora”.

-¿Cómo evalúa usted el estallido social?

-Bueno, en el estallido nace una profunda movilización, un profundo descontento con un sistema injusto que se impuso a la fuerza, pero que es injusto hasta la barbarie y han documentado todo tipo de desigualdad… Es una explotación que en un momento dado estalla y estalla con toda la manifestación del mismo estallido, como la del 18 de octubre.

¿Y ahora en su segundo aniversario?

-En 2019 se juntaron de una solo vez unas dos millones de personas. Hubo una presión de una profunda mayoría y una gran esperanza. Pero a dos años igualmente ves que ninguna de las complicaciones de ese momento se ha resuelto. Al contrario, están agudizadas en muchos contextos. Entonces vemos que el estallido fue -y es- una profunda alegría y una esperanza para muchos, pero también vemos que se está haciendo desconfianza (en su contra), está siendo atacado por todos los ámbitos por la derecha.

Pese a que usted destaca la esperanza, vimos que ayer (18 de octubre de 2021) la mayoría de los políticos, desde el gobierno hasta Boric, se posicionaron en contra de la violencia. ¿Qué opina de que se destaque esto de las manifestaciones?

-Los saqueos, la violencia, etc., contaminan, claro que contaminan. Pero también hay muchos infiltrados y eso se ha comprobado. Pero decir “basta de violencia” es solo una frase retórica. Es un error tratarla (a la violencia) así. Hay que ir más allá. Por ejemplo, no hay ningún reparo histórico a los pueblos originarios. Eso es una deuda de la República de Chile, y es violencia, es una locura. Pero por supuesto, no estoy para nada de acuerdo, y me horroriza que se queme, por ejemplo, una casa con dos ancianos adentro (como ocurrió a mitad de año en La Araucanía). Me horroriza, me causa una pena tremenda… Somos seres humanos.

-En ese sentido, una salida a la crisis en su momento fue el llamado por la Nueva Constitución. ¿Cómo evalúa usted hoy a la Convención Constituyente?

Es una esperanza. Minutos antes de morir, el Presidente Allende se despidió diciendo que se abrirían las grandes Alamedas. Al decir eso, el triunfo del fascismo durante la dictadura no fue absoluto. Y hoy esa frase se hace real con, por ejemplo, la Convención. Pero esta también es un camino lleno de dificultades, en el que van a haber seguramente tropiezos y en el que también hay confrontación, como en la sociedad. Es cosa de pensar en que no sé, las clases pudientes, para llegar a un aeropuerto, tienen un camino propio. Entonces no ven ni una barbaridad, no ven la pobreza, no se topan con nada. No ven que hay gente que después de horas de movilización tiene que llegar a hacer trabajos desde la casa, a cuidar a sus niños… Es un mundo demasiado distinto. Una minoría cuya inmensa mayoría no sabe absolutamente nada.   

Vemos que el estallido fue -y es- una profunda alegría y una esperanza para muchos, pero también vemos que se está haciendo desconfianza (en su contra), está siendo atacado por todos los ámbitos por la derecha.

-¿Considera que hay una reivindicación de las otras minorías, por ejemplo, de los pueblos originarios en la Convención?

-Sí. Que hoy día esté ahí la Elisa Loncon, una mujer extraordinaria, como su presidenta es un gran avance, una gran esperanza para todo su pueblo, todas sus tradiciones, su cultura, sus religiones, sus conceptos religiosos. Yo viví en Temuco y tuve la suerte de conocer a los pueblos mapuches. Ellos me mostraron y me enseñaron cosas alucinantes. Así como los otros pueblos originarios, son una cultura que está por la vida, por la preservación y el cuidado del medio ambiente… No me explico yo cómo convivieron con España una eternidad. Pero todos tienen que convivir en paz. Y creo que en ese sentido la Convención es un gran comienzo.

-También ayer (18 de octubre de 2021) la Convención empezó a desarrollar su función principal, tras haber establecido su reglamento. Pero durante ese proceso, fue blanco de varias críticas, por ejemplo, por su definición de negacionismo…

-Hay una cosa que fue clara: 20% quiere mantener la Constitución de 1980 y el 80% la quiere rechazar, según el plebiscito (del 25 de octubre de 2020). Ahora, sobre el negacionismo, es un pecado contra la humanidad negar que hay ideologías que se sostuvieron sobre la muerte, como el genocidio de los judíos, o negar la bomba de Hiroshima, y en Chile se cometieron crímenes feroces. Tú no puedes negar lo que está frente a tus ojos, porque si los niegas vas a ser un ciego. Los que vivieron en negacionismo, los que niegan los crímenes también niegan la esperanza y esos crímenes se vuelven a presentar.

-En el reglamento el negacionismo también contempla los hechos ocurridos en el marco del estallido social… ¿Cree que entran en el mismo paquete que lo que ocurrió durante la dictadura o contra los pueblos originarios?

-Hay una diferencia, porque el gran tema es mantener gente presa, sin juicio, sin que todavía se haya podido acusarla de algo muy claro. Yo entiendo que se quemaron estaciones de metro, es horroroso, pero ahí tiene que haber habido una planificación, imposible la sincronización. A los cincuenta y tantos tipos que se mantienen que son presos políticos tienen que ser juzgados pertinentemente. No con un policía que entrega las pruebas de los hechos, como se vio con Catrillanca, como se vio con este niño que echaron del puente. Eso es violencia de Estado. Hubo un tiempo en que las mismas personas se dedicaban a separar a los que llamaban provocadores. Pero ahora estamos hasta con una policía en que hay tantos corruptos… A mí me da pena.

-¿Pena?

-Sí, por los tipos cuyo sueño era ser carabinero. Hay que ser sinceros: los matan, son maltratados con jornadas de trabajo larguísimas, con compañeros seguramente drogados, jóvenes e inexpertos. Y dentro de la tropa se define una dinámica de apuntar a 50 metros con una lacrimógena a un ser humano… Siento mucha pena por ellos. Las tropas van a las calles sin entrenamiento, como carne de cañón que recibe todos los insultos y no están donde deben estar. Podemos estar en un círculo vicioso donde todo tiene que ser transformado.

¿Y confía en que esta institución sea reformada para ser más humana?

-No. No se puede construir nada sobre las bases en las que se asentó.  No hay interés de reformar su carácter, de refundar. Y está mal su base.

Cr´édito: Agencia Uno.

¿Qué más diría usted que es necesario reformar?

-Todos los organismos de seguridad. No se puede así, los robos que hay ahí, de comandancias en jefe, son vergonzosos. Necesitamos a un Ejército preparado para la paz, no para el desalojo; preparado para construir casas; preparado para ayudar a la gente cuando salga de sus condiciones de miseria; preocupado de hacer caminos… Y hay tantas otras cosas que hacer es un país necesitado como este. Estar preparados para la paz y no la guerra y ese concepto, fuera de llenarnos de recursos enormes que se gastan en políticas de guerras que nunca suceden, liberaría una cantidad de energía que podría haberse aprovechado en beneficios de todos, sobre todo de los más pobres, los más humildes.

Siento mucha pena por ellos. Las tropas van a las calles sin entrenamiento, como carne de cañón que recibe todos los insultos y no están donde deben estar. Podemos estar en un círculo vicioso donde todo tiene que ser transformado.

“COMPLETAMENTE IGNORANTE”

-¿Qué candidato cree que podría hacer surgir ese Chile que usted sueña y esas transformaciones que usted desea para el país?

-Soy un partidario de Boric.

¿Qué opina de las críticas que se le han hecho, por ejemplo, por ser muy joven o inexperto en relación a la maquinaria estatal?  

-Mira, ha habido Papas que han sido Papas a los 22 años y reyes que han sido reyes a los 21 años. En ambos casos hay quienes han sido geniales y otros que han sido un desastre. Eso no dice nada. Pero le puede hacer muy bien a la calle, a la ciudadanía, el tener un Presidente profundamente bien intencionado. Yo veo a Boric como un joven idealista bien intencionado y ¡Dios mío, en esta época tan oscura, la gente bien intencionada ya casi no habla!

-¿Cree que va a ganar?

Creo que sí, y por bastante de hecho. Encomendemos al cielo que sea así. Ojalá que las cosas sean mucho mejor.

-Pero en las últimas encuestas hemos visto un auge del candidato de extrema derecha, José Antonio Kast. ¿Qué le parece esto?

-Primero, creo que es un error garrafal demonizar a Kast. La necesidad de orden, de amor por pérdidas de empleo, etc., son cosas reales. No se saca nada con decir: “mira estos tontos que se creen esas cosas que él dice”. Yo creo que Kast ha analizado muy bien eso. La paz y la seguridad también es buscar esperanza dentro de la política. Y creo que un gran político aquí será el que sea capaz de ver todos esos ámbitos también. Pero yo le tengo terror a Kast y yo me suicido antes que votar por él, por lo que representa, que es todo lo contrario de lo que yo creo pensar. Ahora, si él crece, esto también es algo real.

-¿Y qué piensa de la derecha hoy en Chile? Tras el estallido social muchos pensaron que no habría posibilidades de que un candidato de derecha sucediera a Piñera y hoy eso está en entredicho.

-La derecha es completamente ignorante. Ignorante, temerosa, egoísta. Pero hay un pueblo, como los pequeños comerciantes, que responden a eso, que sienten que necesitan ser protegidos y se mueven hacia la derecha. Yo a esos tipos les tengo el máximo respeto, cariño, piensen lo que piensen. Pero la derecha no reconoce la reacción violenta, la molestia. Ahí muestra su gran interés, su abnegada raza y descendencia.

Yo veo a Boric como un joven idealista bien intencionado y ¡Dios mío, en esta época tan oscura, la gente bien intencionada ya casi no habla!

¿Cómo evalúa usted la derecha que representa Sebastián Sichel?

-No sé, lo veo como un juicio constante del gobierno, esa es la verdad de las cosas.

­-¿Cómo así?

-Lo encuentro tierno e incluso hasta me da un poco de pena. Te explico: un día se amparan en Sichel y están rimbombante con él. Pero es una cosa de la política, y la derecha es tremendamente cruel en ese sentido, hace siempre el “si te he visto no me acuerdo”. Es lo que está pasando ahora con Sichel: la derecha cree ahora que le sirve Kast.

¿Ve factible que el centro se una en torno a un candidato para evitar un auge o una segunda vuelta con Kast en la papeleta?

-Veo que la gente de Sichel que votaría por Boric es aquella que se asusta con un triunfo de Kast. Y Provoste… Difícil que tenga por donde crecer.

-¿Qué opina de ella?

-Tengo una muy buena opinión de Provoste. Es una mujer fuerte, inteligente y valiente. Yo estoy con Boric, pero no tengo ningún problema en decirlo.

-Independiente de quien llegue a La Moneda, se enfrentará a un Chile completamente distinto al de hace cuatro años. Usted ha dicho que cada tiempo carga una herida. ¿Con qué cicatrices tendrá que lidiar el próximo mandatario chileno?

-La gran cicatriz de Chile es el horror que se formó acá. Es un horror que no se ha curado ni se va a curar.

-¿Se refiere a la dictadura?

-También. A cualquier crueldad. Las heridas no van a cicatrizar nunca, porque no se mata a una persona una sola vez. A una persona se le mata infinitas veces. Se la mata en cada lugar donde pudo estar y no está, en cada centímetro de tierra que pudo pisar y ya no existe. Matar es resentido por eso.

Te explico: un día se amparan en Sichel y están rimbombante con él. Pero es una cosa de la política, y la derecha es tremendamente cruel en ese sentido, hace siempre el “si te he visto no me acuerdo”. Es lo que está pasando ahora con Siche

“SOLO QUEDARÁ EL SONIDO DEL MAR”

Aunque se define como ateo, hay un verso bíblico que sorprendió a Raúl Zurita desde que lo conoció. Dice así: “estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo” (Evangelio de San Lucas, capítulo 10, versículo 17-24).

Ese verso lo impresionó porque sintió que cada ser humano es algo que se enciende un segundo, que los demás alcanzan a ver, y luego se apaga.

Quizás por eso escribió dos poemas sobre sueños en el que brinda un homenaje a los detenidos desaparecidos y dice:

Cuando la visión de todos los pueblos de todos los seres de todo el amor se despejó sobre este mundo igual que un océano elevándose sobre la mañana Es el Jordán de las alturas decimos nosotros viendo el río de la Vía Láctea ancho cruzado de paz recortando las costas de la noche Es la Cruz del Sur se largan las rompientes de la nueva tierra desfondándose en el cielo allí donde el universo se tiende y nosotros lloramos mirando emerger nuestras viejas caras en el firmamento iluminadas saludándonos.

Quizás por eso, también, el poeta ha dedicado varios momentos de su vida a ocupar el cielo como una página en blanco para sus obras.

Ahora, tiene previsto usar otra página, también de la naturaleza: los acantilados. Se trata de un proyecto que viene desarrollando desde hace más de cinco años y que consiste en 22 versos proyectados sobre los acantilados chilenos.

Algunos de ellos, que ya ha dado a conocer cada cierto tiempo a través de sus redes sociales, son:

Verás un mar de piedras,

Verás margaritas en el mar,

Verás un Dios de hambre,

Verás el hambre,

Verás un país de sed,

Verás no ver,

Y llorarás.

La idea es que este último verso desaparezca con la luz de un nuevo día y solo se escuche, de fondo, el sonido del mar. “Si he trabajado, hasta lo posible, con mi vida, también debo trabajar con la imagen de mi muerte”, dice. “Cuando todo termine, solo quedará el sonido del mar”.

Esa es la razón, también, del título de su más reciente libro, la novela “Sobre la noche el cielo y al final el mar”, que -entre otras muchas cosas- mezcla sus visiones y recuerdos.

-En su obra usted ha mostrado una relación importante con los paisajes y la memoria. Lo cito: “La pasión humana construye los paisajes, son el telón de fondo de la gesta humana y de las crisis”. En el caso de este libro no es distinto. ¿Por qué?

Bueno, de partida Chile es una partícula: una partícula extremadamente frágil, basta que la Cordillera de los Andes se cierre unos cuantos kilómetros y no nos vemos, o que el Pacifico suba unos cuantos metros y se cae encima… Pero además, los ríos, las montañas, el paisaje en sí mismo acogió los cuerpos que han arrojado y los acunaron. Fueron la única piedad que tantos seres humanos no tuvieron en esta dictadura sudamericana y en el mundo: los paisajes. Y pasan los años, y uno ve todavía las familias de miles de detenidos desaparecidos, sus seres queridos, que no sabemos dónde están…. Probablemente no lo sabremos nunca, pero sí tenemos la certeza de que viven en nuestros corazones y viven al cuidado de estos paisajes, de que ahí están.

-Incluso en momentos como aquellos, como se ve en su libro y el Colectivo de Acciones Artísticas (CADA), usted ha encontrado en la palabra un refugio. Eso se ha mantenido hasta hoy. Pareciera tener una fe inquebrantable en el arte…

Sí. El rol del arte es siempre sembrar la esperanza. Los seres humanos somos la raza más perversa, más terrible. Pero somos capaces de expresarnos. Aunque sea en un grito. Incluso en la situación más desesperante no vivimos dos minutos sin la esperanza de un nuevo día. Podemos vivir días sin agua, pero siempre tenemos nuestros sueños. Por eso creo que sin el arte ningún cambio es posible. Si el arte termina, significaría que los sueños han terminado.

Si he trabajado, hasta lo posible, con mi vida, también debo trabajar con la imagen de mi muerte.

-Qué curioso. En su libro usted dice “los jóvenes sueñan y en cambio los viejos ven visiones”. Veo que sigue soñando… ¿Pero ve visiones?

-(Se ríe). Los jóvenes sueñan cosas increíbles. Y nunca piensan que van a ser viejos. No viven con eso, ¿me entiendes? Yo creo que un viejo puede creer más en Dios que un joven. Yo, por ejemplo, ya no soy tan ateo como yo creía.

-Eso es una novedad.

-(Se ríe). No porque me haya caído un paraíso encima, pero estoy más compasivo y piadoso…

-¿En qué cree usted?

-Creo que cuando lo que hay a tu alrededor se derrumba, todo se derrumba.

-¿Diría eso de su vida?

-Mmm… En algunos momentos, quizás. Yo no he sido precisamente un santo. Pero tampoco he sido un tipo malo.

-¿Está satisfecho con quien es hoy?

-Estoy en paz. En un rato más va a venir uno de mis hijos, estoy con la mujer que amo, llevamos como 20 años juntos. Si ves eso, está todo bien. Pero en el fondo, nunca va a estar todo bien. Nunca va a bastar con lo que tenemos. Porque yo veo lo que pasa a una cuadra y media de mi casa y me da pena. Veo y sé que no se puede estar bien. Aunque tampoco se puede estar todo el día martirizando, ¿me entiendes? Porque te vuelves loco.

“CANCIONES DE AMOR, DE LOCURA Y DE MUERTE”

Aunque Raúl Zurita no corre, sus palabras -además de llegar a todas partes- hoy cantan y bailan.

Hace más de 10 años el poeta comenzó su acercamiento con la música, de la mano de la banda González y Los Asistentes, liderada por Gonzalo Henríquez. Ahora, se tomó un respiro de la escritura larga y está redactando letras de canciones.

Zurita junto a González y Los Asistentes

“Me junté con un grupo muy joven, me pidieron que hiciéramos unas letras y me fui entusiasmando y ya estamos casi listos. Ha sido una forma también de sacarme el libro de encima, que fue bien pesado, pero tenemos letras interesantes”, dice.

-¿De qué se tratan las canciones?

-Son canciones de amor, de locura y de muerte.

-¿El proceso de escritura de una canción dista mucho de los demás escritos?

­-Sí, la canción siempre va a tener un estribillo que te va a salvar, es más fácil en ese sentido (se ríe). Pero no siempre, es cosa de mirar a Bob Dylan, Cat Stevens, Neil Diamond. Es difícil, la música tiene muchas exigencias. Nosotros hicimos unas cosas bien raras, luego vamos a ver qué pasa.

-¿Pretenden hacer presentaciones en vivo?

-Sí, pero la fecha todavía no está confirmada…

­-¿Lo pone ansioso?

-Bueno, un poquito nervioso. Siempre el fracaso y lo ridículo están al lado (se ríe). Antes yo podía leer mis poemas parado, de pie… Me temo que ahora tendré que hacerlo sentado. ¡Qué diablos!

Yo creo que un viejo puede creer más en Dios que un joven. Yo, por ejemplo, ya no soy tan ateo como yo creía.

Pero lo más importante ahí es su voz…

-Sí, es verdad. La primera vez que me presenté yo creía que me iba a desmayar de susto. Creí que no iba a ser capaz, estaba aterrado… Quizás ahora me pase lo mismo, pero voy a salir, y si me desmayo a los dos segundos, ese ya es otro problema (se ríe). La diferencia es que ahora no son poemas con música detrás: son canciones.

-¿Y dónde queda la poesía en todo esto?

-Buena pregunta. Creo que la poesía es la esperanza de lo que perdieron las personas, es el amor de lo que siempre ha carecido de amor. Pero la música… es un gran género. El amor, el desamor, la traición, toda la experiencia humana tiene una canción que te representa.

¿Cuál es la canción que representa mejor el momento en que usted y Chile están hoy?

-Hay una canción que es tan triste, pero que me gusta tanto… “Ne me quitte pas”, de Jacques Brel (que dice, por ejemplo, Déjame convertirme en / La sombra de tu sombraLa sombra de tu mano / La sombra de su perro / No me dejes). Pero no representa lo que estamos viviendo ahora. Creo que la canción más representativa de este momento es “El derecho de vivir en paz”, de Víctor Jara.

-¿Pese a que sea una canción que ha sido manoseada y usada por otros sectores, por ejemplo, contrario a las protestas?

-Sí. Es la esperanza hecha canción.

Una palabra recurrente en esta entrevista fue la esperanza. No deja de ser sorprendente que una persona que pasó por tantas heridas, como usted, la siga trayendo a la luz.

Imagínese si no… Vivo en un segundo piso e incluso si me tiro por el balcón solo me voy a quebrar un par de huesos (se ríe y luego se pone serio). Pero no hay que olvidar: sin heridas no hay arte, ni poesía.

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