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Columna de Camila Vallejo y Luna Follegati: Hacia la construcción de un futuro feminista

Es momento de cuestionar el hiato entre feminismo e institucionalidad, enfrentando esas tensiones de manera creativa, sin domesticar ni negar tanto las diferencias internas del movimiento como el coraje contestatario del feminismo.

Una vez más nos encontramos en una encrucijada clave para la historia del movimiento feminista en nuestro país. Y decimos una vez más, porque sabemos que los distintos momentos que ha tenido el feminismo han sido enfáticos en señalar su insistencia en la profundización democrática. Desde el movimiento de los años treinta y cuarenta hasta la articulación feminista en la actualidad, las reivindicaciones de las mujeres han sostenido una constante exigencia: aquella que reclama contra la clausura política en un sistema que se supone igualitario y justo.

Hace más de cien años que la insistencia feminista viene luchando contra lo mismo. Hoy nos organizamos también por la obrera textil que en la década del treinta se alzó contra la desigualdad salarial, por las mujeres que en los cuarenta marcharon contra la exclusión de la política y exigieron con vehemencia derechos que hoy gozamos. Por las trabajadoras en las fábricas que se sindicalizaron, exigiendo resguardo pre y postnatal, y las mujeres que se articularon por políticas de control de natalidad y demandas por derechos sexuales y reproductivos. Por las mujeres mapuche que se alzan contra el neocolonialismo y el reconocimiento de sus culturas ancestrales. Por las campesinas, las defensoras del agua, las obreras y las estudiantes. Hoy no haremos la excepción: exigimos con fuerza que nuestro futuro sea de libertad.

En esta rebeldía, las feministas en su insistencia subversiva sacuden la política. Insisten en las fallas del sistema, en las omisiones, injusticias y exclusiones de las cuales la tradición hace caso omiso. Pero también alteran el orden de los problemas: en los ochenta, bajo una cruenta represión política, se alzaron frente a la dictadura de Pinochet y, a la vez, contra el autoritarismo presente en la esfera privada. Reconstruyeron una historia feminista arrebatada y articularon un “nosotras” que perdura hasta la actualidad. Se alinearon frente a la exigencia de una Democracia Ahora, pero también frente a los resquebrajamientos que la política institucional trae consigo. Nunca ha sido fácil y sabemos que esta vez no será la excepción, pero sin duda de nuestra memoria feminista recompondremos un futuro promisorio.

Al igual que en los ochenta, el movimiento feminista se reconoce como múltiple, desplegado en una diversidad de espacios, apelando a la heterogeneidad del movimiento. Quizás, como antaño, las feministas podremos articularnos en un colectivo transversal de izquierda amplia, diversa y transformadora, apelando no sólo a las demandas específicas del feminismo, sino que a una política feminista general que se propone la construcción de un nuevo futuro. Compañeras, sólo juntas y desde todos los espacios podremos alterar el orden neoliberal y patriarcal que ha sumido nuestras vidas en las estructuras de la violencia.

Las feministas en su insistencia subversiva sacuden la política. Insisten en las fallas del sistema, en las omisiones, injusticias y exclusiones de las cuales la tradición hace caso omiso.

Esta nueva encrucijada histórica confronta feminismo y democracia, pero esta vez articulando una propuesta conjunta, donde el escenario promete el avance de nuestros derechos: con un proceso constituyente en marcha, la posibilidad de un nuevo gobierno con vocación transformadora y un parlamento donde el feminismo se hará presente. Compañeras, es ahora donde el feminismo en cuanto acción, pensamiento y movimiento se puede aunar para empujar articuladamente un proyecto colectivo transformador. Hemos copado todos los espacios, nos tomamos las calles, las instituciones y construiremos desde ahí una política que se sepa igualitaria. Continuemos por esa senda.

Un camino donde las disputas no serán por el lugar que ocupamos las feministas, sino por el contenido y el proyecto que estamos levantando en la multiplicidad de los espacios donde se discute, diseña y disputa la política: desde las calles, la casa, los liceos y escuelas hasta la Constituyente. Es el momento de avanzar conjuntamente, sin sosiego ni descanso, hacia la conquista de nuestros derechos históricamente despojados. Es momento de cuestionar el hiato entre feminismo e institucionalidad, enfrentando esas tensiones de manera creativa, sin domesticar ni negar tanto las diferencias internas del movimiento como el coraje contestatario del feminismo.

Al igual que en los ochenta, el movimiento feminista se reconoce como múltiple, desplegado en una diversidad de espacios, apelando a la heterogeneidad del movimiento.

Compañeras, hoy tenemos la oportunidad de comenzar a ejecutar los cambios que necesitamos. Sabemos que aquello comienza desarticulando las formas en que el neoliberalismo se sostiene en el trabajo de cuidado, en los salarios de miseria, en el endeudamiento constante y la precarización de la vida. En un sistema que se alimenta de nuestra falta de descanso, de las extenuantes jornadas laborales y del trabajo doméstico no remunerado. De una vida la dignidad se ha vuelto lejana. Compañeras, es el momento. Ni un paso sin nosotras.

*Camila Vallejo es diputada por el Distrito 12 y Luna Follegati es historiadora feminista.

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