Daniel Alcaíno, actor: “Yerko vota por Sichel; Alcaíno está con Boric”

El artista vuelve: estrena una obra llamada Sala 13 (Teatro Antonio Varas) y el jueves 18 retorna con un show de Yerko Puchento. Aquí se refiere a los gustos políticos de Yerko, a los gustos políticos de Alcaíno, a las semejanzas y diferencias entre ambos, al país que sueñan, al Chile de hoy, al de ayer, a la vida misma.

Daniel Alcaíno reconoce que, en breves momentos, Yerko Puchento va a despertar. Y tendrá, quizás, un estallido oral. 

Daniel corre la voz:

-Se viene Yerko

-¿Cuándo?

-El jueves 18, compadre- afirma, animado, con el empuje del márketing.

Yerko Puchento duerme en un costado de su cerebro, en el otro lado habita él mismo, Daniel Alcaíno.

-¿Qué hará?

-Un show prendido- avisa Daniel.

-¿Quiénes harán ese show?

-Jorge y yo, compadre.

Jorge López, ya sabemos, es como un dios, es el inventor, el guionista fundamental. Jorge es el Génesis, el autor de La Biblia Puchento, el que puso la primera piedra. Jorge es Pedro Simón, el fundador de la Iglesia Bronceada. Pero Daniel es lo corpóreo, el carisma. La mueca original, el sonido: a Daniel un día le enfocaron dos nalgas al desnudo por estar en posesión del personaje, y Jorge, en ese momento, lucía los pantalones en su lugar. Daniel es el que se expone, Jorge se atrinchera en la penumbra premunido de ingenio y un micrófono. Jorge controla el espíritu de Yerko y Daniel lo pone a caminar. Juntos armaron una vida espectacular.

-¿Están los tiempos…?

-¿Para?- se inquieta Daniel.

-¿El cahuín?

-Hay que ir viendo. Claro que Yerko tira para todos lados. 

Cuando Yerko despierte el 18 de noviembre se encontrará a tres días de las elecciones. Yerko montará a prisa un monólogo titulado “Yértigo Presidencial”, un show con misiles dirigidos a todas las candidaturas. Es un show que se estrenó el año pasado, en la etapa fulminante del estrés, pero que muta en cada montaje.

-En todo caso, aún no tenemos el texto.

-¿Qué espera?

-Es que el texto lo armamos un día antes.

-¿Por flojera?

-No, por actualidad. Yerko habla en caliente, con la realidad saliendo del horno. Nos metemos en lo que pasa. Por ejemplo, nos encantaría tener a Parisi.

-¿Cómo?

-Jaja…

-Jaja- el reportero ríe a destiempo.

-Es que es un cara de palo. Gracias a él, el himno debe incorporar una nueva estrofa.

-¿En qué piensa?

-“O el asilo contra la pensión”- propone Daniel.

-Jaja- el reportero ríe justo a tiempo.

Dicen que Daniel es divertido y que Jorge es súper divertido. Son, ya vimos, el cerebro y el cuerpo. El cerebro, Jorge, es hincha de la U; el cuerpo, Daniel, es hincha de Colo-Colo. El cerebro de Yerko, Jorge, se pasea por Chicureo, probablemente a las carcajadas, allí tiene un restaurante, sugiere el plato del momento a vecinos peinados con partidura. Daniel está afincado en Ñuñoa, rodeado de crespos. “Diferentes, pero complementarios”, adjunta Daniel. 

Cuando Yerko despierte el 18 de noviembre se encontrará a tres días de las elecciones. Yerko montará a prisa un monólogo titulado “Yértigo Presidencial”, un show con misiles dirigidos a todas las candidaturas. Es un show que se estrenó el año pasado, en la etapa fulminante del estrés, pero que muta en cada montaje.

-¿De qué tendencia es Yerko?

-De todas.

-¿Qué opina Yerko, por ejemplo, de Kast?

-Lo encuentra un nerd. Lo encuentra un ganso, un atrasado, siempre con sus Dockers. Y con tantos hijos.

-¿Y qué pasará con Yerko si sale electo Boric? ¿Yerko se irá a Miami?

-Yerko se llenaría de cahuines con las fiestas que, con Boric de Presidente, se podrían armar en el Cerro Castillo en Viña. Uf, ya uno se las puede imaginar. La Karol Cariola, Giorgio, el Presidente, todos embalados. Hasta podría estar la Bachelet con una piscola. Todos en la terraza. Incluso uno los puede imaginar plantando alguna cosita por esos jardines.  

-¿Boric, si consideramos la teoría de la fiesta, sería como un Allende del siglo 21?

-Mm, claro que serían Fiestas Allendistas, pero del Doctor Simi.

De pronto, una pregunta lo trae al piso.

-¿Por quién votará Yerko?

Piensa un segundo. 

-Yerko vota por Sichel.

-¿Qué?

-Le da ternura.

Alcaíno le ha creado sin querer una ideología a Yerko Puchento. 

-¿Yerko vota por la dulzura?

-Así parece, ese tipo de cosas lo conmueven– enfatiza Daniel, inmutable.

-¡El voto emocional del que habla Marta Lagos!- se ufana el reportero-. El ciudadano no lee los programas de gobierno. Únicamente se fija en lo que transmite la mirada de un candidato.

-Mmm- Daniel da un bufido. Se despeina una zona medular de sus rulos para adquirir un aspecto más atrevido. El reportero no demora la pregunta:

-¿Y por quién vota Alcaíno?

Él no lo piensa. 

-Boric. Alcaíno está con Boric.

Pero no sonríe.

Alcaíno parece que sin más remedio, vota a Boric.

Yerko se llenaría de cahuines con las fiestas que, con Boric de Presidente, se podrían armar en el Cerro Castillo en Viña. Uf, ya uno se las puede imaginar. La Karol Cariola, Giorgio, el Presidente, todos embalados.

Los sueños y la rabia

Daniel Alcaíno es un hombre sereno que se casó con Berta, una actriz de ascendencia napolitana que tiene el don de la simpatía y también del alarido. A Daniel, en contraparte, le gusta el silencio, las personas sintéticas, los borrachos con corbata que apoyan el codo en la barra. A Daniel le agrada la antigüedad. 

-El borracho que te cuenta algo sabio.

Daniel tiene 49 años, un hijo y poca ropa. Daniel, además, tiene pocos bienes, tal vez sólo esa casa en que convive con un fragmento de Italia, y música.  Daniel asegura que no tiene apego por las cosas, le gusta lo intangible. Un verso. Una metáfora. Una canción. Le gusta la música de la izquierda romántica: el folk andino, Pato Manns, Quilapayún, Víctor Jara. 

-¿Sabes lo que busco?- irrumpe.

-¿Qué?

-El Chile que no me dejaron vivir. 

-¿Cuál es ese Chile?

-El Chile bonito, compadre. El Chile con palabras. Un Chile donde se valore a los viejos sabios de la tribu. 

Y se le arranca una frase melancólica:

-Yo quiero estar cerca de lo que me prohibieron cuando niño. Antes se pudo ver a Víctor Jara en una población, a Violeta tomando once en cualquier café. Antes existían Los Juegos Florales, había Clásicos Universitarios con espectáculos, había cultura, poesía, Neruda por allá, Mario Lorca por acá. 

-¿Y entonces qué siente ahora, Daniel?- lo examina el reportero.

-Siento que llegué tarde a una fiesta. La fiesta ya sucedió…

Por ese motivo, Daniel avanza hacia atrás: la nostalgia lo lleva a estudiar a viejos estadistas. Y mientras Berta Lasala invita a sus amigas a conversar sobre asuntos simples y cómicos, por allá al fondo Daniel Alcaíno escruta un parlante para escuchar un discurso del Che Guevara.

Daniel aclara su hobby profundo:

-Yo memorizo discursos.

Es un memorizador en tiempos de ocio. Una aspiradora de instantes cruciales. Y ahora mismo se lanza con el inicio de un discurso del Che Guevara, en la ONU. “Señor Presidente, señores delegados…”. Etc.

Daniel Alcaíno es un hombre sereno que se casó con Berta, una actriz de ascendencia napolitana que tiene el don de la simpatía y también del alarido. A Daniel, en contraparte, le gusta el silencio, las personas sintéticas, los borrachos con corbata que apoyan el codo en la barra. A Daniel le agrada la antigüedad. 

Y luego menciona otro.

-¿Cuántos discursos se sabe?

-Uf, caleta.

Memoriza palabras, poemas, canciones, lo que esté a su alcance. Fidel Castro, Martin Luther King, líderes sindicales, Salvador Allende, Bertold Brecht.  Nada lo detiene: es Alcaíno afiebrado, la cabeza plagada de momentos históricos.

Una pausa. 

-Disculpe, pero…- el reportero de pronto da un viraje.

-Qué pasa…

Se miran.

-¿Es usted un revolucionario?

-¿Cómo?

-Hay gente que piensa que usted es un activista en la sombra, un anarquista desbocado…

Daniel ríe.

-Jajaja…

El reportero ríe.

-Jajaja…

Al rato, de forma abrupta, se ponen serios.

-¡Claro, ahora yo soy Aucán Alcaíno!- reclama Daniel.

Daniel avanza hacia atrás: la nostalgia lo lleva a estudiar a viejos estadistas. Y mientras Berta Lasala invita a sus amigas a conversar sobre asuntos simples y cómicos, por allá al fondo Daniel Alcaíno escruta un parlante para escuchar un discurso del Che Guevara.

El reportero le aclara que el rumor viene desde que le intervinieron los teléfonos. Se le acusó de liderar revueltas. De, justamente, pasar plata a revoltosos. “No”, ataja Daniel, “quedó claro que no era cierto. Dijeron que yo orquestaba todo. Y quedó todo en nada”. Y dice: “Voy a las marchas, a las que puedo, a muchas”. ¿Lanza piedras? “No”, dice. “¿Ha tenido en sus manos una molotov?”, preguntamos. “Jajaja…no…”, responde. ¿Ha dado plata a encapuchados? “No”, dice. Alcaíno no es el líder, señoras y señores. No monitorea incendios. No da la orden de romper un local. Sólo va a las marchas, o bien, admite, “a los funerales de algún cabro que haya caído”. Y dice: “Fui al funeral del Neco”. Y agrega: “Fui al funeral de Valdebenito”. Y a este otro, y al de una niña. Argumenta: “Porque me conmovió lo que pasó. Porque algunos son mis amigos de la Garra Blanca”. Y allí abraza a alguien, guarda silencio, queda estupefacto. Sólo eso, caramba, el gesto humano, el último adiós, la flor en la tumba, una lágrima con espesor. “Y, claro”, dice, ya en modo emputecido, “está la jerga derechista con la frase: Él Valida La Violencia. Y me pregunto: ¿Qué mierda es la violencia? ¿Qué es, ah? ¿Matar a gente por la espalda no es violencia? ¿Pagar sueldos indignos no es violencia?”. Respira.

-Es sólo buscar la dignidad…- razona en voz alta.

De manera, supone el reportero, que él no es Aucán Alcaíno. Él no lanza una molotov. Es un actor que quiere que vuelva el pasado. Que vuelvan los grandes discursos, que vuelvan las palabras. Es un artista que quiere que haya más canciones, más verbos, más aire puro. Un utópico.

-Usted, finalmente, es un utópico, un romántico- le comenta el reportero.

-Ja.

Y él asiente.

Él y yo

Ante la consulta: “¿Usted se considera burgués?”; el señala: “Claro que sí. Soy un burgués porque estoy dentro de la burguesía”. Pero luego declara que, verídicamente, es un burgués que no sale a comprar. Es un burgués que no pide a Rappi. Es un burgués tirado en el sofá, escuchando a Fidel.

Y dice:

-No quiero que nadie se agache para servirme.

-¿Usted no piensa como Yerko?

-No sé, a veces trato de no pensar…

-¿Qué lee Yerko Puchento?

-Lee a Baradit, para conocer un poco de historia, pero algo que sea rápido. Lee a Fernando Villegas. Lee las columnas de Carlos Peña. Y ahora último le están gustando mucho las columnas de Cristián Warnken.

“Y, claro”, dice, ya en modo emputecido, “está la jerga derechista con la frase: Él Valida La Violencia. Y me pregunto: ¿Qué mierda es la violencia? ¿Qué es, ah? ¿Matar a gente por la espalda no es violencia? ¿Pagar sueldos indignos no es violencia?”. Respira.

-¿Y qué lee Daniel Alcaíno?

-A Javier Cercas. A la Nona Fernández, Marcelo Leonart…

-¿Le cansa tener que hacer reír?

-Mm…a veces, un poco…

-¿Prefiere hacer pensar?

-Nooo. Yo nunca podré hacer pensar.

Prepara su obra de teatro, Sala 13, que se dará el fin de semana en el Teatro Antonio Varas y que tiene un afiche en blanco y negro. Prepara la reaparición de Yértigo Presidencial que se dará vía streaming el jueves 18 y que tiene un afiche a todo color. Las dos caras de Alcaíno. La densidad y la ligereza. La sombra y el arcoíris. 

-¿Su mundo es magnífico?

-Chucha- suelta.

Y agrega: 

-Sí. Tengo suerte.

-¿Cuál es el objetivo de Yerko?

-Se dedica a huevear. Pero él tiene una esperanza…

-¿Cuál?

-Yerko Puchento tiene la secreta esperanza de no ser tan huevón. 

-¿Lo logra?

Daniel Alcaíno, el actor, el de las mil caras, el utópico, el memorizador de discursos, mueve la cabeza y apunta:

-Él se cree vivo. Pero es huevón- y en ese momento la conexión queda congelada. Como si alguien nos estuviera espiando. 

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