Columna de Diana Aurenque: Bendita “encerrona”

Transvalorar significa ser capaces de invertir los valores, tener razones o experiencias que justifiquen que aquello que normalmente consideramos “malo” se torne en su opuesto “bueno”. La “encerrona” a Kast en el último debate es un ejemplo notable.

El último debate presidencial organizado por ANATEL ilustró una posibilidad que Nietzsche, hace dos siglos, indicó con convicción: la transvaloración. Como nunca, vimos la interpelación directa a un candidato, José Antonio Kast, efectuada tanto por sus contendientes como por los periodistas. Vimos una “encerrona” a Kast. Y nos alegramos; ¿notamos la transvaloración?

Transvalorar significa ser capaces de invertir los valores, tener razones o experiencias que justifiquen que aquello que normalmente consideramos “malo” se torne en su opuesto “bueno”. La “encerrona” a Kast es un ejemplo notable. Porque si bien las encerronas son actualmente quizás una de las acciones delictuales más comunes y condenadas en el país, esta vez la encerrona es aplaudida.

No porque nos guste ver a personas encerradas violentamente, sino porque hubo algo hermoso en ver a un candidato encerrado a confrontarse a sí mismo, obligado a hacerse cargo de lo que sostiene su programa político. No se trató de exigirle cuentas sobre hechos del pasado, políticos o privados, ni tampoco de atacarlo con falsos argumentos o calumnias oportunistas.

Kast fue confrontado con Kast; nada más dichoso, bendito como dice la palabra, que ver algo de verdad en la política.

Y esa belleza bendita fue posible sólo por poner de una buena vez al centro de toda atención, no a la persona Kast, sino a su voz en un texto. Un texto que en cuanto programático no es mera palabra al viento, sino letra que promete y, en el caso de su promesa presidencial, nos encadena al retroceso.

Luego de meses de noticias anecdóticas sobre los presidenciables -de su salud, ex trabajos o amistades-, al fin los grandes medios de comunicación exponen lo que debe estar al centro en cualquier elección de tal alto rango: las ideas expresadas en el programa político.

Kast fue confrontado con Kast; nada más dichoso, bendito como dice la palabra, que ver algo de verdad en la política.

A pocos días de la elección presidencial, los grandes y pequeños medios se dan el trabajo de leer los extensos programas políticos, confrontarlos con los dichos de sus autores y exponerlos como ciertos, falsos o incorrectos. Ya no más indagar en lo puramente sabroso, en chascarros que despiertan la curiosidad, pero poco o nada contribuyen a conocer mejor a los candidatos.

El último debate presidencial en su “encerrona” a Kast se rehabilita la importancia del texto, de la lectura crítica y deliberativa que cada ciudadano debería poder hacer o, en su defecto, conocer al menos por medio de quienes se dedican profesionalmente a la comunicación.

Como nunca en estos tiempos de elecciones, se demuestra como decisivo el trabajo de los medios de comunicación y del periodismo en su contribución a generar una opinión pública informada; despierta y atenta, gracias a su resguardo, ante cualquier manipulación oportunista de rostros sonrientes y miradas serenas.

Luego de meses de noticias anecdóticas sobre los presidenciables -de su salud, ex trabajos o amistades-, al fin los grandes medios de comunicación exponen lo que debe estar al centro en cualquier elección de tal alto rango: las ideas expresadas en el programa político.

Al fin algo del antiguo imperio de la verdad parece revitalizarse. Sea por un genuino deseo racional, o más bien, por la amenaza inminente de elegir a un candidato que encubre discursos retrógrados con máscaras de libertad.

Como sea, la encerrona a Kast de los últimos días no sólo es dichosa y bendita, sino también honesta.

*Diana Aurenque es filósofa. Directora del Departamento de Filosofía, USACH.

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