La imagen muestra a Fernando de Laire, sociólogo, y distintos líderes de extrema derecha detrás

Columna de Fernando de Laire: El abismo de la “descivilización” por vía democrática

La historia contemporánea muestra que se puede caer al abismo de la “descivilización” por vía democrática; es una pendiente sutil, colmada de mensajes tranquilizadores: atrévete, no es para tanto. Hasta que, ex post, la realidad muestra que tras una sonrisa apaciguadora se escondía una mueca grotesca.

Ya no es un simple coqueteo, es un hecho meridiano. La “centroderecha” y amplias capas del electorado se lanzaron sin pudor a los brazos del ultraderechista José Antonio Kast, y éste tiene posibilidades reales de ceñirse la banda presidencial.

Paradojalmente, el ex UDI cosecha en un clima social que el Mao revolucionario bosquejó con una fórmula muy sugerente: “Hay desorden bajo el cielo; la situación es excelente”. 

En tal sentido, varios analistas han sostenido que la elección se jugará sobre los ejes orden versus caos, seguridad versus inseguridad o estabilidad versus incertidumbre, tanto en materia de orden público como económico. Son distintas formas de nombrar lo mismo. No obstante, el problema es más complejo y vale la pena que el conjunto de la oposición, y también la derecha democrática, lo aquilaten. 

El sociólogo Oliver Nachtwey –inspirado en Norbert Elías– ha estudiado el proceso de “descivilización” en las sociedades occidentales, definido como una pérdida de control de los impulsos en vastas capas de la población que se sienten inseguras, tanto en sus condiciones materiales de existencia como en su identidad. En efecto, ya sea por una migración descontrolada, por el impacto de la globalización sobre el empleo o por amenazas a su identidad individual y colectiva –entre otros–, están dispuestas a lanzarse a los brazos de un líder autoritario y renegar de valores como el respeto irrestricto de los derechos humanos, aceptando o dando pie a la corrosión del orden democrático. Trump, Orbán, Bolsonaro, Lukashenko y Erdogan son hijos de esta deriva.

Varios analistas han sostenido que la elección se jugará sobre los ejes orden versus caos, seguridad versus inseguridad o estabilidad versus incertidumbre, tanto en materia de orden público como económico. Son distintas formas de nombrar lo mismo. No obstante, el problema es más complejo y vale la pena que el conjunto de la oposición, y también la derecha democrática, lo aquilaten. 

En Chile, es evidente que el péndulo se ha movido desde el momento constituyente al momento bonapartista o restaurador, lo que ofrece la oportunidad para el surgimiento de un ultraderechista sin complejos como Kast. 

El tema del orden público y la acción de grupúsculos que optan por el radicalismo armado en la Araucanía han inflamado la hoguera. Pero hay otros factores que alimentan la ansiedad e inseguridad de muchos. Primero, la migración descontrolada en el Norte, desde luego. 

Segundo, los fantasmas de disolución de la identidad nacional concebida de manera esencialista por la derecha (resumida en la trilogía Huasos Quincheros, rodeo e idolatría de las FF.AA. como “reserva moral de la Patria”); estas ideas han sido alimentadas con fake news y derivan asimismo de una incomprensión de los conceptos de plurinacionalidad y multiculturalidad que están presentes en el debate constitucional. 

En Chile, es evidente que el péndulo se ha movido desde el momento constituyente al momento bonapartista o restaurador, lo que ofrece la oportunidad para el surgimiento de un ultraderechista sin complejos como Kast. 

Tercero, el espectro del “marxismo cultural” que tan bien explotaron Bolsonaro y el pentecostalismo militante en las elecciones brasileras de 2018; dicho espectro explica la animadversión hacia “la ideología de género” y el activismo por los derechos LGBTI, y además hacia los organismos de Naciones Unidas percibidos como agentes corruptores del orden moral tradicional. 

Cuarto, un marcado desbalance, fruto del espíritu del 18 de octubre, entre la preocupación de las fuerzas progresistas por los derechos sociales y su desatención o hasta un cierto desdén por el crecimiento, el control de la inflación y el absurdo de suponer que los inversionistas tienen un comportamiento estático frente a las señales que se emiten desde la esfera política.

Quinto –y esto hay que decirlo– la instalación desde hace algún tiempo de lo que podríamos llamar una Caos-cracia parlamentaria, de naturaleza transversal.

Todo lo anterior explica por qué medidas muy cuestionables incluidas en las Bases Programáticas de Kast le hacen sentido o bien son minimizadas por un amplio electorado: interceptar comunicaciones privadas, recluir en recintos clandestinos, cavar una zanja en la frontera con Bolivia, reconstruir “moralmente” a Chile, eliminar el lenguaje inclusivo, derogar la ley de aborto en tres causales, fomentar el matrimonio tradicional en detrimento de otras formas de familia, eliminar el Ministerio de la Mujer y Equidad de Género, negar el cambio climático, bajar impuestos y desregular aún más para atraer inversión

El tema del orden público y la acción de grupúsculos que optan por el radicalismo armado en la Araucanía han inflamado la hoguera. Pero hay otros factores que alimentan la ansiedad e inseguridad de muchos. Primero, la migración descontrolada en el Norte, desde luego. 

El dilema, entonces, es nítido y perentorio: existen temores e incertezas, nadie puede negarlo, pero es mucho lo que está en juego en esta elección. La historia contemporánea muestra que se puede caer al abismo de la “descivilización” por vía democrática; es una pendiente sutil, colmada de mensajes tranquilizadores: atrévete, no es para tanto. Hasta que, ex post, la realidad muestra que tras una sonrisa apaciguadora se escondía una mueca grotesca. 

Así, en Chile puede emerger –oh, sorpresa– una figura potenciada de lo que Vargas Llosa, en una recordada entrevista en Teletrece, llamó sin ambages una derecha cavernaria. ¡Téngase presente! Esta es una interpelación urgente para todas las fuerzas de oposición, para el electorado menos politizado y también para la derecha liberal y/o democrática.

*Fernando de Laire es Sociólogo de la Universidad de Chile, Doctor en sociología por la Universidad Católica de Lovaina.

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