La imagen muestra a Carlos Peña frente a una biblioteca

Agencia Uno

Carlos Peña: “Boric tiene que darse cuenta que no se ganan las elecciones apelando a la propia generación”

Decían que Chile era profundamente desigual, un globo inflado por la injusticia y que de pronto estalló. El diagnóstico fue totalmente excesivo”, afirma aquí el rector de la UDP en vista de los resultados de las elecciones presidenciales recientes. Ahora, dice, la elección será estrecha. “Kast tiene grandes posibilidades de ganar, pero no tiene asegurada la segunda vuelta".

Muy al comienzo del estallido social de octubre del 2019, Carlos Peña desenfundó una tesis que recibió disparos desde muchos lados. El rector de la UDP señaló entonces que no se trataba de una sociedad que despertó de pronto, sino que de un malestar propio de la modernidad, de países que habían dado un salto a un mejor vivir. Y habló de los grupos medios, del valor de su esfuerzo y de los miedos que le rondaban. El corazón de su tesis tenía también un destinatario: el Frente Amplio, la nueva generación que entraba a la política con viento fresco. Pensaba entonces -y lo reitera hoy-, que  esos jóvenes sobredimensionaron el diagnóstico y vieron una revolución donde no la había.

Hoy, cuando la elección presidencial dejó un remolino de preguntas, Carlos Peña vuelve a mirar y responde a las interrogantes que rondan en el aire: ¿Qué pasó? ¿Cómo fue que la derecha de José Antonio Kast quedó instalada en la primera posición? ¿Se condice eso con los resultados del plebiscito y de la Convención Constitucional? ¿Hay un sentimiento de contra estallido? ¿Gabriel Boric puede remontar a sólo tres semanas de la segunda vuelta presidencial?

Este abogado, doctor en Filosofía, lee los datos de la elección desde su propia indagación intelectual. Ha venido masticando el fenómeno político y social desde antes del 2019 y lo ha estampado en varios libros y ensayos: “Pensar el malestar: La crisis de octubre”, “La Cuestión Constitucional” y en su última entrega: “La política de la Identidad”.

-¿Todo lo que vivimos de octubre del 2019 en adelante era mentira? ¿Chile no había despertado o nunca se trató de un despertar?

Desde luego, lo que hubo el 18 de octubre del año 2019 fue un fenómeno sorprendente, pero asociado a una sociedad que había cambiado muy radicalmente sus condiciones materiales. Pero no es verdad que la sociedad chilena se hubiera visto poseída por un anhelo de transformación y que, de un día para otro, rechazara los 30 años previos del proceso modernizador. Eso no es verdad.

-Pero sí había un cuestionamiento volcado en la calle sobre el Chile que se construyó en las ultimas décadas, ¿o no?

Siempre me pareció falaz, una tontería, un exceso interpelativo. Más bien, lo que yo vi ese 18 de octubre del 2019 -y pienso que el tiempo ha mostrado que era correcto este diagnóstico– es que hubo una revuelta de fuerte espíritu generacional y en torno al cual se arremolinó  un conjunto de malestares propios de una sociedad como la chilena, que había experimentado un proceso modernizador dejando pendientes cuestiones como las pensiones y la salud, que suelen ser muy acuciantes para sectores medios. Pero allí no hubo nada sorprendente.

“No es verdad que la sociedad chilena se hubiera visto poseída por un anhelo de transformación y que, de un día para otro, rechazara los 30 años previos del proceso modernizador. Eso no es verdad”.

-¿No es sorprendente haber llegado a un liderazgo de derecha dura? ¿No es una reacción pendular acaso?

-Era predecible. O sea, si el desorden seguía, era predecible que las personas votaran a un candidato de derecha. Estas cosas han ocurrido. Sucedió en el 68 en Francia con de Gaulle, donde acabó ganando la derecha con Pompidou. En la memoria de todos está lo que le ocurrió a José Luis Rodríguez Zapatero con los indignados en España, y acabó ganando Mariano Rajoy. Entonces, pensar que lo que había ocurrido en Chile era un rechazo radical de la modernización en vez de una expresión de la misma, y con un fuerte acento generacional, siempre me pareció exagerado. Lo dije en su momento y recibí varios insultos

-Lo recuerdo. Lo dijiste en esos mismos días del estallido….

-Y era así, ¿no? Un movimiento generacional intensísimo alrededor del cual se arremolinaron un conjunto de demandas. Ese ha sido el proceso. Y me parece que ahora estamos en medio de otro despertar.

-¿Cuál es ese otro despertar?

-El despertar de aquella ensoñación excesiva. No es que la modernización de Chile no tuviera defectos, por supuesto que los tenía. Pero nada de lo que se dijo entonces resultó cierto. Yo espero que la gente más madura, cuando mire para atrás, comprenda que cometió un error. Recordemos que en esos días, todas las personas -rectores universitarios, académicos, para qué decir periodistas, conductores de televisión, matinales- fueron, por decirlo así, partícipes de un descubrimiento moral. Decían que Chile era profundamente desigual, un globo inflado por la injusticia y que de pronto estalló. El diagnóstico fue totalmente excesivo.

“El despertar de aquella ensoñación excesiva. No es que la modernización de Chile no tuviera defectos, por supuesto que los tenía. Pero nada de lo que se dijo entonces resultó cierto. Yo espero que la gente más madura, cuando mire para atrás, comprenda que cometió un error”.

Pero las elecciones posteriores fueron dando sustento a que aquí había un cambio de fondo. El 80/20 del plebiscito; la conformación de la Convención….

-Si uno miraba esto con mayor calma, descubría que el clivaje político, es decir la línea que separa las aguas de las preferencias ciudadanas, hace rato que es un muy ligero, casi etéreo. Eso explica en parte lo que está ocurriendo hoy: que el mismo electorado que votó Apruebo y que fue casi un 80%, ocultaba también un voto de derecha. De hecho, de los cuatro primeros lugares de la presidencial, tres son de derecha: Kast, Parisi y Sichel.  Y tenemos que el Frente Amplio con el Partido Comunista apenas se empinaron sobre el caudal de votos que habían recogido en su primaria. Esa es la realidad.

¿Choque de legitimidades?

-¿Qué estás viendo a partir del 20 de diciembre? ¿Qué Chile apareció? Porque cualquiera de los dos que gane -ya sea Boric o Kast- tendrá al frente un sector difícil de conducir.

-No entiendo por qué todo esto se exageró tanto. Sólo vota la mitad del padrón. Eso era así antes y lo es ahora también. Eso no se condice con la idea de que había una sociedad efervescente, de anhelos de cambio, enfervorizada por una ideología transformadora. Desgraciadamente, no es así. Y, como consecuencia de ello, Chile va a haber, inevitablemente, un cierto choque de legitimidades.

“No entiendo por qué todo esto se exageró tanto. Sólo vota la mitad del padrón. Eso era así antes y lo es ahora también. Eso no se condice con la idea de que había una sociedad efervescente, de anhelos de cambio, enfervorizada por una ideología transformadora”.

-¿Expresadas de qué modo?

-Si gana la derecha en la segunda vuelta, van a haber dos fuerzas con legitimidades encontradas. Por una parte, la Convención Constitucional y, por otra, el Presidente y el Congreso. Habrá que ver cómo se resuelve ese conflicto de legitimidad.

-¿Y si gana Boric?

-El problema va a subsistir. Va a haber prácticamente la mitad de la ciudadanía, de un electorado, que no se va a sumar al proyecto transformador, como suele llamarse. Insisto: la mayoría gigantesca que fue el Apruebo y que la izquierda se apresuró en endosarla para sí, auto-atribuyéndosela, resultó que no era tal. Chile sigue siendo un país con una cierta inercia sociológica donde las aguas se dividen entre estos dos polos.

Has puesto el foco en la nueva generación. ¿Por qué no lograron imponerse? ¿Faltó calle? ¿O los adultos los miraron con cierto endiosamiento?

-Lo que hubo fue una especie de beatería juvenil. Se venía expandiendo en Chile por muchos años. Eso  consistía en creer que los jóvenes eran depositarios de una especie de sabiduría de la que los más viejos careceríamos. Una fuente de virtudes, de bondad, de buenos propósitos, lo que no es del todo cierto, porque la maldad, la tontería, la estupidez y la inteligencia se distribuyen por igual entre todos los grupos etarios. Todas las generaciones somos una fuente de virtudes y de vicios.

-¿Y en qué consistiría esa fascinación juvenil?

-Que bastaba ser joven para creer que lo que se decía, las consignas que se formulaban, los errores que se cometían, todo se comprendía. Recordemos al propio Gabriel Boric, que es un hombre inteligente y de quien tengo una buena impresión, enarbolando estúpidamente una camiseta con el rostro agujereado de Jaime Guzmán. Bastaba con que luego pidiera disculpas, para que todo fuera olvidado. Suma y sigue. Estuvimos presos de una cierta beatería juvenil cuya principal víctima son los propios jóvenes. 

Lo que hubo fue una especie de beatería juvenil. Se venía expandiendo en Chile por muchos años. Eso  consistía en creer que los jóvenes eran depositarios de una especie de sabiduría de la que los más viejos careceríamos. Una fuente de virtudes, de bondad, de buenos propósitos, lo que no es del todo cierto“.

-¿Por qué?

-Porque a los jóvenes hay que tratarlos como personas inteligentes y adultas. Además, ¡tampoco son tan jóvenes, por favor! La mayoría se acerca a los 40 años. Sin embargo, se han visto invadidos por una especie de identidad puramente generacional. Es cuestión de ver el discurso de Boric esa noche de la elección en que apelaba a su grupo, sin ningún sentido de nacionalidad. Entonces, estamos presos de una cuestión generacional y de una política fuertemente identitaria, lo que yo creo es un error para la izquierda.

-A tu juicio, ¿eso explicaría el fenómeno de José Antonio Kast?

-Es raro citarse a sí mismo, pero yo dije que o se controlaba el desorden que se estaba iniciando o va a terminar ganando la derecha más autoritaria. Esto es evidente. El miedo al otro, el miedo a la incerteza, a no saber a qué atenerse, es uno de los temores más fuertes en la vida social. Y  la tarea de un buen político es atender a ese miedo, mitigarlo, apagarlo, en vez de exacerbarlo o incentivarlo.

-¿Y qué dejó de hacer la izquierda?

-El gran problema de la izquierda representada en el Frente Amplio es que no tiene una agenda creíble de orden público. Se rehúsa a admitir algo que todos sabemos: que quien se dedica a la política tiene que pactar con el diablo. Tiene que disponerse a usar la fuerza del Estado, a producir orden. Pero la izquierda ha evitado pronunciarse sobre este tema.

“El gran problema de la izquierda representada en el Frente Amplio es que no tiene una agenda creíble de orden público. Se rehúsa a admitir algo que todos sabemos: que quien se dedica a la política tiene que pactar con el diablo. Tiene que disponerse a usar la fuerza del Estado, a producir orden”.

-¿Por qué?

-Porque tiene culpa a la hora de pensar en la fuerza reunida en el Estado. Pero quien aspira a dirigir el país tiene que tener una agenda de orden público creíble. Nada de esto ha tenido, desgraciadamente, el Frente Amplio. Se ha idealizado la violencia callejera, se ha hecho de algo que es vil algo romántico. Y el resultado electoral está a la vista. Se ha permitido, por esta vía, la instalación de la derecha más cavernaria.

-¿Y qué advertencia harías de esta derecha? ¿Es la reedición del pinochetismo?

-Es una derecha que conecta bien con el ideario más tradicional de la derecha. Su idea de nacionalidad se opone radicalmente a las políticas identitarias del Frente Amplio, que en vez de territorio nacional, habla de “los territorios”. La derecha más tradicional tiene, en cambio, un discurso que apela a un imaginario más compartido. Este es un factor que, creo yo, no hay que desdeñar. Lo otro es que la derecha tiene un apego al tipo de modernización que Chile ha emprendido y que subraya el valor del esfuerzo personal, de la familia, que son cosas que le hacen sentido a las personas. Este no es un debate de filosofía moral. Esto se llama política.

-Pero también hay temas de libertades en juego, ¿no? La sociedad chilena es bastante más liberal que conservadora.

-Sin duda, esta derecha tiene un problema: piensa que hay una forma de vida intrínsecamente mejor que cualquier otra. Cree que hay una forma de ejercer la sexualidad que es mejor que cualquier otra. Y eso puede apartarla del sentido común de la mayoría. Pero yo creo que Kast va a empezar a decir lo obvio. Que una cosa son sus convicciones y otra, en cambio, las convicciones que está dispuesto a tolerar en el espacio público. Esto va a ocurrir  evidentemente.

Algunos dicen que Kast podría ser una involución. ¿Lo crees también?

-¿Pero por qué? La idea de que las sociedades modernas siempre tienen garantizados los ideales liberales, es una idea desgraciadamente falsa. Los ideales liberales son muy frágiles y siempre están amenazados. Ya sea por el anhelo de la derecha de imponer orden a ultranza y de promover una sola forma de vida. O por una izquierda que ve en la modernidad capitalista una especie de pecado, una suerte de culpa que le hace arriscar la nariz frente al consumo, la movilidad, el ansia y la ambición de los grupos medios.

“Sin duda, esta derecha tiene un problema: piensa que hay una forma de vida intrínsecamente mejor que cualquier otra. Cree que hay una forma de ejercer la sexualidad que es mejor que cualquier otra. Y eso puede apartarla del sentido común de la mayoría”.

VENTAJAS

Con esas cartas sobre la mesa, ¿darías  por ganada a esta derecha de Kast o crees que Boric  tiene espacio para remontar?

-No sabemos quién va a ganar. Seamos realistas: es una elección estrecha, pero con una ventaja a favor de Kast. ¿O alguien piensa, en algún desvarío, que los votantes de Sichel y Parisi van a votar por Boric? ¿Y que todos los votantes de Yasna Provoste van a votar por Boric? Lo más probable es que no.

-¿Kast tiene ventaja?

-Yo creo que Kast tiene grandes posibilidades de ganar, pero no tiene asegurada la segunda vuelta. Por supuesto que no. Y si se me permite que dé una preferencia, yo espero que no.

“No sabemos quién va a ganar. Seamos realistas: es una elección estrecha, pero con una ventaja a favor de Kast. ¿O alguien piensa, en algún desvarío, que los votantes de Sichel y Parisi van a votar por Boric? ¿Y que todos los votantes de Yasna Provoste van a votar por Boric? Lo más probable es que no”.

-¿Y qué debería hacer Boric en los días que quedan?

-Boric tiene que hacer un gran esfuerzo por elaborar una agenda creíble de orden público, pero que vaya más allá de meras declaraciones. Boric es un hombre de declaraciones, de afirmaciones lingüísticas. Él dice: “Yo prometo orden, prometo gobernabilidad“. Pero no. Esto requiere estar dotado de una cierta estructura que haga plausible su afirmación. Él necesita elaborar una agenda de orden público muy clara y concreta. También necesita acabar con la idealización de la violencia callejera, sin complejos. En el fondo, dejar de tener un discurso puramente generacional.

-¿Por qué insistes tanto en ese punto? ¿Es un nudo central?

-Sin duda. Boric tiene que darse cuenta que no se ganan las elecciones apelando a la propia generación, que siempre es una minoría. ¿Cómo no entienden esto que es tan evidente? No se puede seguir siendo estudiante universitario toda la vida. Eso acaba en algún momento. Un político de veras es un político que apela a todos los públicos

¿Qué posibilidades tiene Boric de sacudirse del que ha sido hasta ahora? 

-Bueno, el gran problema de Boric, del Frente Amplio y del PC, es que requieren del apoyo de las mismas fuerzas políticas a las que derogaron durante mucho tiempo. Para ellos, los gobiernos de la Concertación fueron una suma de errores, de traiciones, cómplices inconscientes del neoliberalismo. Y ahora, sin embargo, requieren el apoyo de aquellas mismas personas y sectores políticos que habrían sido quiénes configuraron ese Chile que había que dejar atrás. Por supuesto que es difícil, pero debe hacer el esfuerzo.

“La clave del discurso de Boric, si sirve de algo lo que yo pueda decir en esta materia, es que deje de apelar a una generación. Tiene que recuperar el sentido universalista de la política”.

-¿Tiene tiempo?

-Ojalá no sea muy tarde, para torcer el discurso.

“La izquierda debiera elaborar un discurso que reconozca la trayectoria vital de las personas. Pero para eso, se requiere tener un discurso político sin moralina, que mire la realidad cara a cara, que comprenda que Chile es más diverso y fuertemente individualizado. Hay que atender a esa realidad”.

-¿Cuál de todos los discursos?

-Este discurso generacional, tipo Techo para Chile, que ve a las mayorías como grupos mendigantes que requieren ayuda, caridad, no le hace sentido a las mayorías. La izquierda debiera elaborar un discurso que reconozca la trayectoria vital de las personas. Pero para eso, se requiere tener un discurso político sin moralina, que mire la realidad cara a cara, que comprenda que Chile es más diverso y fuertemente individualizado. Hay que atender a esa realidad.

En tú análisis, ¿las posibilidades de Boric de reformularse son escasas?

-Son difíciles. Yo aspiro a que lo logre, pero es difícil. No vale la pena engañarse. Es difícil, por las limitaciones de su propio discurso que establece límites invisibles al potencial de Boric. Yo sugiero que lo modifique. A lo mejor, todavía hay tiempo. El talento de un político consiste en acompasarse rápidamente a los tiempos. 

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